La montaña se había visto cubierta por los hielos, su corazón frío la alejaba, la hacía inhóspita. El sol se ocultaba como si necesitara de su alegría para aparecer radiante.
Azotaban fuertes vientos contra ella, y, a la mirada del viajero, aparecía hierática, distante, incluso tenebrosa.
El desgaste de los días la iba achatando, se iba a dejar envejecer. Pero la vida, en sus giros llevó al águila a anidar en ella. Todo el interior de la montaña, al sentir la huella que dejaba el ave, se removía. La naturaleza dio paso a un milagro de alegría. La cubrió de ternura la hierba. Los árboles la acariciaban con su sombra, el sol la daba vida.
A sus pies, muy escondida nació una flor preciada llenándola de sentimiento. Su orquídea silvestre cada noche se renovaba en ella cuando el ave reposaba en su dominio.
Esa linterna me persigue para que no se haga oscuridad en mí. A veces me deslumbra. A la luz quedo, para que en mi se fijen. Diana de todos los dardos.
Rutilando están las estrellas fijas en todos los acontecimientos, guardianas. Mis pisadas se posan sobre el dorado polvo. Huella de elefante para el enemigo es.
Las rejas forjadas por los sentimientos, me oprimen, y me cuesta partir. Peregrina seré sin caminos trazados, huyendo de toda estancia en donde la luz se espese.
No sé por qué estoy aquí, pero sé que hay caminos al frente, y debo elegir, seguir adelante. Nunca hay vuelta atrás.
Hay formas de pasar, ensuciando, o no dejando una huella de tropiezo. Tengo una mente tan amplia que puede crear, nos da la oportunidad; pero puedo atrofiarla, o llenarla de sombras.
Me he encontrado monstruos, y luz. Todo es cuestión de saber apartar, de saber borrar y andar.
El todo no lo puedo modificar, pero puedo allanar el camino, limpiar los abrojos, facilitarlo. Alguien caminará detrás.
Yo he decidido dar los pasos suaves para no arrancar la hierba.
" Por supuesto, te acuestas como un ángel de nieve más pesado que el bronce, más ligero que el corcho sobre el amante cuyo espasmo finalmente te regocija bajo tu fuego helado la carne se hace estatua y a la larga, es preciso que, muerto, me acostumbre a recibirte en mi lecho. "
Si uno no se encuentra en una determinada situación no puede saber qué palabra molesta y ofende a aquellos que sí se encuentran en esa situación; por consiguiente, debe aceptar su propuesta. El caso típico es la decisión de utilizar la palabra invidente en lugar de ciego. Se puede considerar legítimamente que no hay nada ofensivo en el término ciego y que su uso no solo no merma, sino que refuerza el sentido de respeto y solidaridad que se debe a quienes están incluidos en esta categoría (siempre se ha hablado con cierta nobleza de Homero como del gran vate ciego); pero si quienes pertenecen a esa categoría se encuentran más cómodos con la designación de invidentes, estamos obligados a respetar su deseo.
¿Le molesta el nombre de barrendero a la persona que se dedica a ese honrado trabajo? Pues bien, si así lo desean quienes ejercen ese oficio, utilizaremos la palabra técnico ecológico. Paradójicamente, si algún día los abogados se sintieran molestos con esta denominación (tal vez por el eco de términos despectivos como abogaducho o abogado de causas perdidas) y pidieran ser llamados técnicos legales, sería una muestra de cortesía atenerse a este uso.
¿Por qué a los abogados no se les ocurriría nunca cambiar su denominación (imagínense a Gianni Agnelli pidiendo ser llamado el técnico legal Agnelli)? Porque, obviamente, los abogados están bien considerados en la sociedad y disfrutan de una excelente situación económica. Por tanto, lo que ocurre es que muchas veces la decisión PC representa una forma de eludir problemas sociales no resueltos aún, enmascarándolos mediante un uso más educado del lenguaje. Si se decide que a las personas que van en silla de ruedas ya no se las llama minusválidas ni tampoco discapacitadas, sino personas con capacidades diferentes, y luego no se les construyen rampas para acceder a los lugares públicos, evidentemente se ha suprimido la palabra, pero no el problema. Lo mismo cabe decir de la sustitución de desempleado por desocupado de larga duración o de despedido por en transición programada entre cambios de carrera. Véase a este propósito el libro de Edoardo Crisafulli, Igiene verbale. Il politicamente corretto e la libertà linguistica, editado por Vallecchi, que desvela todas las contradicciones, los pros y los contras de esta tendencia.
Esto explica por qué un sector exige el cambio del nombre y poco después, aunque se mantienen intactas algunas condiciones de partida, exige una nueva denominación, en una huida hacia delante que podría no tener fin si, además del nombre, no cambia también la cosa. Se producen incluso saltos hacia atrás cuando un sector exige el nuevo nombre, pero luego en el lenguaje privado mantiene el antiguo, o vuelve a él como un desafío (Wikipedia observa que en algunas bandas juveniles afroamericanas se utiliza de forma arrogante la palabra nigger, pero ¡ay del que se atreva a utilizarla si no es uno de los suyos!; es parecido a lo que ocurre con los chistes de judíos, de escoceses o de leperos, que solo pueden contarlos los judíos, los escoceses o los habitantes de Lepe).
(…)
Otro caso problemático ha sido el de las lesbianas: durante mucho tiempo el que deseaba parecer correcto temía utilizar esta palabra, del mismo modo que no utilizaba los términos despectivos habituales para referirse a los homosexuales, y hablaba tímidamente de sáficas. Luego se descubrió que los hombres homosexuales deseaban ser llamados gays, y las mujeres se definían tranquilamente como lesbianas (debido, asimismo, a la carga literaria que encierra el término), por lo que era del todo correcto llamarlas así.
(…)
La exportación de lo PC a otros países ha dado lugar a nuevos retorcimientos del lenguaje, y es de sobra conocida por todos la polémica (no zanjada) sobre si es más respetuoso llamar a una mujer abogada o abogado, y he visto que en un texto estadounidense se preguntan si es realmente correcto llamar poetess a una mujer poeta, como si fuese tan solo la mujer de un poeta (y también en este caso entran en juego los usos consolidados, porque entre nosotros poetessa [poetisa] está ya tan aceptado como professoressa [profesora], mientras que sonaría extraño y hasta ofensivo banchieressa o banchiera [banquera]).
En Estados Unidos, las degeneraciones de lo PC han impulsado la aparición de una gran cantidad de falsos y divertidísimos diccionarios PC, en los que a veces no se sabe muy bien si cierto término en realidad ha sido propuesto o se ha inventado con intención puramente crítica. De hecho, junto a sustituciones ya corrientes, se encuentran socialmente separado por encarcelado, funcionario del control bovino por cowboy, corrección
geológica por terremoto, residencialmente flexible por vagabundo, ereccionalmente limitado por impotente, horizontalmente accesible por mujer de mala vida, regresión folicular por calvicie y hasta carente de melanina para indicar un hombre blanco.
(…)
Como puede verse, se trata de una cuestión complicada. Solo nos queda establecer que es políticamente correcto usar las palabras, incluida la de PC, en su sentido propio y, si se quiere ser PC en ese sentido, hacerlo utilizando el sentido común (sin llamar a Berlusconi persona verticalmente desfavorecida pendiente de poner remedio a una regresión folicular), ateniéndose solamente al principio fundamental de que es humano y civilizado eliminar del lenguaje corriente las palabras que hacen sufrir a nuestros semejantes.
Me gusta mi nombre cuando lo pronuncian tus labios. El reposo toma mi cuerpo dejando abierta la puerta a tu recuerdo. Furtivamente tomaste mi corazón, rescatándolo de las tinieblas.
Eres como el delicado tejido que uno gusta de acercarse a la cara entornando los ojos, Me elevas al sueño aunque yo me resista. Medito sobre tu misterio, eres como el arcón milenario que se guardó protegiéndolo. Lo abro, y entre sedas me extravío, sin poder llegar al fondo.
Pero díganme, ¿hay algo más noble y más digno de alabanza que la contemplación del ombligo con el fin de conducir el pensamiento hacia los inextricables laberintos de la cavilación? ¿No es este, acaso, el ideal del filósofo que nos propone Aristóteles? ¿Qué cosa más loable que, partiendo de esa humilde cicatriz que nos recuerda nuestra fábrica mortal, elevarnos hacia las inmateriales regiones de la especulación inane? La omphaloskepsis no solo no es criticable, es un desiderátum, un camino de perfección del espíritu, una meta sublime. Mirarnos el propio ombligo -con reconcentrada atención, con infinita paciencia, con íntimo cariño- luego, despejando la mente de cualquier preocupación mundana, subir, subir, subir, hasta perdernos en el vacío de la nada inconmensurable. ¿Qué utopía más bella que esta? En una de las formulaciones del imperativo categórico, Kant afirmaba algo así como: "obra de tal manera que el principio que guía cada uno de tus actos pueda ser elevado a ley universal". Si aplicamos esta máxima a la cuestión en debate, resultaría un mundo de "omphaloskepticos", es decir, miríadas de contempladores del propio ombligo. ¿Se imaginan lo que sería eso?: una multitud de pura pasividad, un manso paraíso. Nada de las angustias del 12%, de tener que sufrir porque no tenés subsidio con el que seguir trabajando, de calcular si te conviene pedir el retiro voluntario y comprar un taxi, de despertarte a la mitad de la noche pensando que tiraste los mejores años de tu vida por algo que nunca existió -o, al menos, que ya no existe-. No señor, nada de eso ocurriría si todos nos ejercitáramos asiduamente en la práctica de la omphaloskepsis. En lugar de trabajos y afanes, encontraríamos la etérea pero nunca defraudadora sensación de vagar eternamente por áticas colinas, ocasionalmente iluminadas por lagos donde, como otros tantos Narcisos, pudiéramos contemplar con serenidad la incomparable imagen de nuestro propio rostro.
(...)
Claro, algunos objetarán que el ombligo es un accidente algo indigno de nuestra anatomía, un reservorio de mugre, una inesperada solución de continuidad en la línea que une (o separa) el vientre y el abdomen. Puede ser. Pero hay que tomar también en cuenta los valores simbólicos asignados al ombligo por distintas culturas. Es sabido que Cuzco significa ombligo (del cosmos), que el omphalós era la piedra cónica colocada en el templo de Apolo en Delfos y considerada el centro del mundo, así como la isla de Calypso es llamada ombligo en la Odisea, por ser el centro del mar. Si los griegos, esos sabelotodos, reverenciaban un vulgar pedruzco, ¿por qué no habremos nosotros de elevar a la dignidad de objeto privilegiado de nuestra mirada a ese resto carnal de nuestra dependencia nutricia? En el Diccionario Hispánico Universal de editorial Jackson (sí, la del Tesoro de la Juventud) se afirma que la onfalomancia es el arte de adivinar cuántos hijos tendrá una mujer a partir de examinar cuántos nudos trae el cordón umbilical de su primer bebé.
(...)
Finalmente, no nos queda más remedio que recurrir a ese diccionario del dialecto madrileño conocido como "de la Real Academia". Allí dice que, "encogérsele a uno el ombligo", es una expresión que significa amedrentarse o desalentarse, mientras que "haberle cortado el ombligo a uno" quiere decir tener captada su voluntad. Bueno, debo confesar que, en varios sentidos, mi ombligo está ya bastante encogido. En cuanto a que me lo hayan cortado, ah no, eso no: mi ombligo, mi aliento y mi voluntad siguen ahí, resistiendo a pie firme. Y para hacer justicia a lo que predico, ya es hora que abandone este inútil discurso y me sumerja en la honda, insondable, beatífica contemplación de mi adorado pupo.
El roce de tus labios en mis párpados Creó un campo de ternura cuyas ondas se extienden hoy rozando todas las paredes del alma
No caigo de ese campo ni en tiempo, ni en espacio. Una palabra no es capaz de emborronar su recuerdo, tampoco el granizo de dolor que a acuda a mi.
Me ceñiste en tu mirada con este traje cómodo que ya no me permite salir de ti. Y tu voz, ese canto lejano que me hace andar como sonámbula en un sueño
Tu beso es llama, quemadura que no deja de arder en el recuerdo. Y yo siempre sumida en esta locura.
Sigilosa se va acercando a mi, y en mis ojos pone la neblina del sueño. Como siempre me resisto, pero hoy no puedo acompañarla. Ha pesado la tristeza.
Un foco se ha encendido en mi interior. Alumbra potente dejando pasar la película de la obra interminable. Mi cerebro maquina y labora hasta que mis párpados se niegan a cerrarse.
Las sábanas se pliegan al roce de mi piel hasta llegar a molestarme, y, en un acto olímpico, decido levantarme. El estómago me susurra, de manera tenue, que necesita un trasvase de líquidos. Me convence con promesas de que alcanzaré el sueño.
Mi mirada todo lo abarca, y desespero al pensar que cortas son las horas, que larga es esta obra; pero como siempre la calma llega a mi en la confianza de que mañana será otro día.
No me niegues los sueños para acompañar tu oscuridad, hoy quisiera en ellos sentir, el amor de él.
Sedna era una muchacha Inuit que había provocado la ira de su padre al rechazar a todos sus pretendientes humanos, se casó con un perro y alumbró varios cachorros. Horrorizado, su padre la lanzó al mar, y le cortó los dedos cuando trató de subirse nuevamente a la barca. Sedna se hundió en el fondo del mar donde se conviritó en un poderoso espíritu y sus dedos cortados se transformaron en las primeras focas.
Como señora de los mares, Sedna es importantísima para la supervivencia humana. Sin embargo, el maltrato que recibiera por parte de su padre la ha hecho muy caprichosa, por lo cual si no es aplacada de manera constante se ocupa de encerrar a los animales marinos, y la humanidad muere de hambre. Cuando esto sucede, un chamán debe viajar hasta su casa y enfrentarse a los terribles guardianes hasta implorar a Sedna, cara a cara.
Para los Inuit todos los pecados de la humanidad caen en el océano y se acumulan en el pelo de Sedna en forma de grasa y suciedad. Cuando el Chaman viaja hacia Sedna, debe ocuparse de limpiar y trenzar sus cabellos porque ella no puede hacerlo ya que su padre le cortó los dedos. En agradecimiento por esta tarea, Sedna libera a los animales y la humandidad vuelve a comer.
¿Está bien o está mal? Intenta encontrar un lugar Al cual todos nosotros podamos pertenecer Ser como uno solo Intenta seguir sobreviviendo Si nos unificamos Realmente deberíamos intentar...
Todo este tiempo Dando vueltas y vueltas Cometimos los mismos errores Que siempre hemos encontrado Seguramente ahora Podríamos continuar Hacer un mundo mejor No, no puede estar mal
Vengamos juntos Ahora mismo Oh si En dulce armonía
Vengamos juntos Ahora mismo Oh si En dulce armonía
Vengamos juntos Ahora mismo Oh si
El tiempo se está pasando Deja que no haya dudas Debemos ordenar las cosas Si nos preocupamos Como decimos que lo hacemos No sólo palabras vacías Por una semana o dos
Haz del mundo Tu prioridad Trata de vivir tu vida Ecológicamente Juega una parte En un esquema mayor Trata de vivir el sueño En una escena más ancha
Vengamos juntos Ahora mismo Oh si En dulce armonía
Vengamos juntos Ahora mismo Oh si En dulce armonía
Vengamos juntos Ahora mismo Oh si En dulce armonía
Vengamos juntos Ahora mismo Oh si En dulce armonía
Oh si Oh si Oh si Oh si Oh si Oh si
Vengamos juntos Ahora mismo Oh si En dulce armonía
Vengamos juntos Ahora mismo Oh si En dulce armonía
Vengamos juntos Ahora mismo Oh si En dulce armonía
Un molde vacío, y en el fondo unos ojos que no quieren mirar. Al asomarse, se cierran por miedo a llenarse.
¿Qué mar será su contenido? Sereno o bravo, mar misterioso que atemoriza. ¡Tantos ríos plateados van a dar a el! Mejor aire que no pesa, y en una brisa se escapa todo deseo.
Molde seco, quizá sólo mortero. Es igual, es mi deseo.
Dos hombres, habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos le preguntó al otro:
- ¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?
- No, gracias a Dios, yo lo olvidé todo - Contestó -
- ¿Y tú?
- Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas - respondió el otro -
Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:
- Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso.
Ya no velo al amor en la noche. Su ausencia siempre se nota en mis momentos de crisis. Tal parece que el universo se pusiera de acuerdo para apagar todas las estrellas en días como esos. Quizá todo problema haya que purgarlo en soledad.
Viene a mi una mezcla de desasosiego y calma, voy aprendiendo a dominar las penas.
Domino el sueño y me levanto impasible, ya la tristeza ha perdido batalla. Sólo es cuestión de dejarse mecer por la vida. No me paro a escuchar los sonidos de la noche, ni me agita el bullicio de la mañana. La mentira ya no me enciende, y el deseo se terminará apagando. Voy reafirmándome en mi propio ser.
La soledad ha dejado de asustarme, nos estamos haciendo cómplices. Tampoco me siento fría, tan solo indiferente o, mejor dicho, indolente.
Un frondoso bosque, selvático. No sé como ir apartando cada obstáculo cuando la naturaleza me lo pone difícil. Siempre se corta la palabra a tiempo para dejarme llena de preguntas que quizá nunca tengan una respuesta.
Pirámide resistente, impenetrable eres. Yo arena que te cubre sin descubrir el secreto. No me atrevo a soñar humo.
El miedo que no tuve se acerca cadencioso, pero no evita este sentido expectante, este deseo que no se atreve a escapar entre barrotes por miedo a herirse.
Pensando, me resulta curioso ver como nos preocupamos enseguida que vemos un amigo enfermo de gravedad, e intentamos hacerle la vida más grata, por si el fin pudiera estar próximo. Lo mismo sucede con los enfermos terminales y sus cuidados paliativos. Estos van dirigidos a hacerles sus últimos días más agradables.
Mi pregunta es esta, ¿por qué no hacer la vida agradable siempre a quienes queremos?, ¿por qué hay que esperar a que estén en las últimas? Imagino que la respuesta es que sólo valoramos en su justa medida lo que perdemos.
Quizá lo nuestro sea un andar siempre buscando y, cuando tenemos algo, lo dejamos ya en segundo plano, perdiendo el interés. Hay una necesidad de búsqueda, o sed de sensaciones nuevas siempre en nosotros.
Había estado diez días en el frente cuando ocurrió. La experiencia de ser impactado por una bala es muy interesante y pienso que merece la pena describirla con detalle.
Fue en la esquina de un parapeto, a las cinco en punto de la mañana. Esta era siempre una hora peligrosa, porque teníamos el amanecer a nuestras espaldas, y si sacabas la cabeza por encima del parapeto su silueta se delineaba perfectamente contra el cielo. Estaba hablando con los centinelas que se preparaban para un cambio de guardia. De repente, a mitad de decir algo, sentí --es muy difícil describir lo que sentí, aunque lo recuerdo con la mayor de las vivezas.
Por decirlo de alguna manera fue como la sensación de estar en el centro de una explosión. Pareció haber un sonoro bang y un flash cegador de luz alrededor mío, y caí en un tremendo shock - sin dolor, sólo un violento shock, como el que obtienes de una terminal eléctrica; con él una sensación de debilidad absoluta, un sentimiento de ser golpeado y blanqueado hasta la nada. Los sacos de arena enfrente de mí retrocedieron a una inmensa distancia. Me imagino que es sentir lo mismo que si te cayera un rayo. Supe inmediatamente que me habían dado, pero por el ruido y la luz pensé que fue un rifle cercano que se había caído accidentalmente y se había disparado. Todo ocurrió en un espacio de tiempo mucho menor que un segundo. Al momento siguiente mis rodillas cedieron y estaba cayendo, mi cabeza golpeando el suelo con un violento choque que, para mi alivio, no dolió. Tenía una sensación de indiferencia y sorpresa, una conciencia de estar malherido, pero sin dolor en el sentido ordinario.
El centinela americano con el que hablaba dijo: ¡Hey! ¡Estás herido! La gente se arremolinó alrededor. Hubo el revuelo habitual - ¡Levantádle! ¿Dónde le han dado? ¡Abridle la camisa! etc. etc. El americano pidió un cuchillo para cortar mi camisa, Sabía que había uno en mi bolsillo e intenté cogerlo pero descubrí que mi brazo derecho estaba paralizado. No teniendo dolor, sentí una vaga satisfacción. Esto debería satisfacer a mi esposa, pensé; ella siempre me quiso herido, lo que me salvaría de ser muerto cuando la gran batalla viniera. Fue entonces que se me ocurrió preguntarme dónde estaría herido y cómo de grave. No podía sentir nada, pero era consciente de uqe la bala me había impactado en algún lugar del cuerpo por delante.
Cuando intenté hablar descubrí que no tenía voz, sólo un débil gritito, pero al segundo intentó conseguí preguntar dónde había sido herido. En la garganta dijeron, Harry Webb, nuestro camillero, había traído una venda y una de las pequeñas botellas que nos daban con las vendas de emergencia para disparos. Conforme me levantaron un montón de sangré salió de mi boca. Sentí el alcohol, que de normal escocería como el demonio, caer en la herida con un agradable frescor. Me tumbaron de nuevo mientras alguien traía una camilla.
Tan pronto supe que la bala había cruzado limpia mi cuello, pensé que estaba acabado. Nunca había oído de hombre o animal que sobreviviera a una bala que le atravesara el cuello. La sangre se derramaba por una comisura de mi boca. "La arteria está destrozada", pensé. Me pregunté cuánto duras cuando tienes la carótida cortada. No muchos minutos presumiblemente. Todo estaba muy borroso.
Debieron pasar unos dos minutos en los cuales asumí que me habían matado. Y eso fue también interesante --quiero decir, es interesante conocer cuáles serían tus pensamientos en ese momento. Mi primer pensamiento, bastante convencional, fue para mi esposa. Mi segundo fue un violento resentimiento de tener que dejar este mundo que, cuando todo está dicho y hecho, encaja conmigo bastante bien. Era hora de sentir eso vívidamente. La mala suerte me enfureció. ¡La ausencia de sentido en todo eso! Caer, no en la batalla, sino en una esquina perdida de las trincheras, ¡por el descuido de un momento! Pensé, también, en el hombre que me había disparado --Me pregunté cómo sería, si sería español o extranjero, si sabía que me había dado y todo eso. No tuve ningún resentimiento hacia él. Reflexioné que siendo un fascista yo lo habría matado si hubiera podido, pero si hubiera sido hecho prisionero en ese momento y traído ante mí, simplemente le hubiera felicitado por su buena puntería. Puede ser, en cambio, que si de verdad te estuvieras muriendo tus pensamientos fueran bastante diferentes.
Me acababan de poner en la camilla cuando mi brazo paralizado volvió a la vida y empezó a doler como un maldito. Imaginé que me lo debía haber roto en la caída; pero el dolor me dio confianza, porque sabía que las sensaciones no se vuelven más agudas cuando uno se está muriendo. Comencé a sentirme más normal y a compadecerme de los cuatro pobres diablos que sudaban y andaban a tumbos con la camilla a hombros. Había milla y media hasta la ambulancia, un mal viaje por una vía resbaladiza y con escombros. Supe qué esfuerzo era ese, ayudando a cargar un herido uno o dos días antes. Las hojas de álamo plateado que, a veces, poníamos en las camillas me rozaban el rostro. Pensé que era una buena cosa estar vivo en un mundo donde crecen álamos plateados. Pero con todo el dolor de mi brazo era diabólico, haciéndome jurar y luego intentando no jurar, porque cada vez que respiraba demasiado fuerte, sangre emergía de mi boca.
Corta la vida de una esperanza. Ahora ella pare abortos que nunca verán la luz. Una alegría fingida en cada baile de máscaras. Una vida con el dolor alegre del que nada dice sucederle.
Intuición de sol en noche eterna. Amor de luz en oscuridad obscena. Viento que sacude haciendo tiritar a su paso, despojando quimeras, arrastrando a la tierra.
Una vista al vacío, una ciega mirada que traspasa el fondo opaco, iterativo. Un no saber comprender, ni encontrar la causa; una lanza clavada en la tierra y unos labios que besan la hierba. Manos que se aferran al suelo, y un susurro acabado y quedo del que le abandonaron las fuerzas.
Querer poner fin al principio, y abocarse a una espiral sin fin. Sentir el mareo batido en el cerebro por las vueltas, y acabar, sólo acabar.
Me adelanté dejándolos atrás. Necesitaba sentir el rumor de las hojas de los pinos, y no podía ser con su parloteo. El secreto de mi felicidad está entre ellos, en la tierra, el aire limpio...Allí soy yo, reinando sobre todo, sin dominarlo, sintiéndome. Sólo los recuerdos felices se mantienen en nebulosa que me rodea. Los malos, no tienen dominio donde la naturaleza les aplasta.
Me dirijo al lago, me gusta reflejarme y perderme en las aguas quietas. De camino, una pareja feliz, se pierde en el amor; yo no miro para no evocar mis encuentros. Aposentada ya en la orilla, busco la chimenea. Cayó, como tantas otras cosas que los hombres dejan al descuido.
Abajo se sienten pasos, carreras. Son los niños que juegan correteando por el pueblo. Entre las algas, sus espíritus juegan en burbujas de agua. El pueblo duerme, con sus risas, y sus llantos, bajo el agua.
Es fácil saltarse toda ley. Ya dicen que el que hizo la ley hizo la trampa. También debe serlo acudir a la imaginación para no asfixiarse en tanta mentira.
Maravillarse ante lo realmente bello, y no ante los espejismos. Toda rotura se restaura en la calma. Las cosas que hacemos tan difíciles son sencillas, sólo hay que quitarle nudos al corazón retorcido.
Nadie es capaz de arrebatar los sueños y los sueños perdidos se renuevan. En la lluvia, un sueño cada gota; en la brisa plumas blancas en el espacio. Lo vivido nadie nos lo quita, vendrán detrás nuevas o mejores cosas, jamás las mismas. No me hace falta que un trozo de mi vida sea excelso en el otro, tan sólo quiero que sea para mi un íntimo tesoro.
Un cambio para nadie, a nadie hay que demostrarle nada. No hay que ser superior para el otro, pero si gigante para nuestra idea. Al que no ve, no hace falta enseñarle. Arcano interno que sólo puede descubrir el poseedor de la clave, no hace falta más.
El olvido para lo que no mereció la pena, y el peligro para correr tras el. Magia para cambiar los tiempos, estaciones y momentos. Un abrazo para el azar, divertido juego de la vida. Ya no quiero crear ídolos expuestos al latrocinio. Nada que se haya de ir con facilidad deseo.
Era bella, elástica, con una piel tierna del color del pan y los ojos de almendras verdes, y tenía el cabello liso y negro y largo hasta la espalda, y una aura de antigüedad que lo mismo podía ser de Indonesiá que de los Andes. Estaba vestida con un gusto sutil: chaqueta de lince, blusa de seda natural con flores muy tenues, pantalones de lino crudo, y unos zapatos lineales del color de las bugambilias. “Esta es la mujer más bella que he visto en mi vida”, pensé, cuando la vi pasar con sus sigilosos trancos de leona, mientras yo hacía la cola para abordar el avión de Nueva York en el aeropuerto Charles de Gaulle de París. Fue una aparición sobrenatural que existió sólo un instante y, desapareció en la muchedumbre del vestíbulo. Eran las nueve de la mañana. Estaba nevando desde la noche anterior, y el tránsito era más denso que de costumbre en las calles de la ciudad, y más lento aún en la autopista, y había camiones de carga alineados a la orilla, y automóviles humeantes en la nieve. En el vestíbulo del aeropuerto, en cambio, la vida seguía en primavera. Yo estaba en la fila de registro detrás de una anciana holandesa que demoró casi una hora discutiendo el peso de sus once maletas. Empezaba a aburrirme cuando vi la aparición instantánea que me dejó sin aliento, así que no supe cómo terminó el altercado, hasta que la empleada me bajó de las nubes con un reproche por mi distracción. A modo de disculpa le pregunté si creía en los amores a primera vista. “Claro que sí”, me dijo. “Los imposibles son los otros”. Siguió con la vista fija en la pantalla,de la computadora, y me preguntó qué asiento prefería: fumar o no fumar. —Me da lo mismo —le dije con toda intención—, siempre que no sea al lado de las once maletas. Ella lo agradeció con una sonrisa comercial sin apartar la vista de la pantalla fosforescente. —Escoja un número —me dijo—: tres, cuatro o siete. —Cuatro. Su sonrisa tuvo un destello triunfal. —En quince años que llevo aquí —dijo—, es el primero que no escoge el siete. Marcó en la tarjeta de embarque el número del asiento y me la entregó con el resto de mis papeles, mirándome por primera vez con unos ojos color de uva que me sirvieron de consuelo mientras volvía a ver la bella. Sólo entonces me advirtió que el aeropuerto acababa de cerrarse y todos los vuelos estaban diferidos. —¿Hasta cuándo? —Hasta que Dios quiera —dijo con su sonrisa. La radio anunció esta mañana que será la nevada más grande del año. Se equivocó: fue la más grande del siglo. Pero en la sala de espera de la primera clase la primavera era tan real que había rosas vivas en los floreros y hasta la música enlatada parecía tan sublime y sedante como lo pretendían sus creadores. De pronto se me ocurrió que aquel era un refugio adecuado para la bella, y la busqué en los otros salones, estremecido por mi propia audacia. Pero la mayoría eran hombres de la vida real que leían periódicos en inglés mientras sus mujeres pensaban en otros, contemplando los aviones muertos en la nieve a través de las vidrieras panorámicas, contemplando las fábricas glaciales, los vastos sementeras de Roissy devastados por los leones. Después del mediodía no había un espacio disponible, y el calor se había vuelto tan insoportable que escapé para respirar. Afuera encontré un espectáculo sobrecogedor. Gentes de toda ley habían desbordado las salas de espera, y estaban acampadas en los corredores sofocantes, y aun en las escaleras, tendidas por los suelos con sus animales y sus niños, y sus enseres de viaje. Pues también la comunicación con la ciudad estaba interrumpida, y el palacio de plástico, transparente parecía una inmensa cápsula espacial varada en la tormenta. No pude evitar la idea de que también la bella debía estar en algún lugar en medio de aquellas hordas mansas, y esa fantasía me infundió nuevos ánimos para esperar. A la hora del almuerzo habíamos asumido nuestra conciencia de náufragos. Las colas se hicieron interminables frente a los siete restaurantes, las cafeterías, los bares atestados, y en menos de tres horas tuvieron que cerrarlos porque no había nada qué comer ni beber. Los niños, que por un momento parecían ser todos los del mundo, se pusieron a llorar al mismo tiempo, y empezó a levantarse de la muchedumbre un olor de rebaño. Era el tiempo de los instintos. Lo único que alcancé a comer en medio de la rebatiña fueron los dos últimos vasos de helado de crema en una tienda infantil. Me los tomé poco a poco en el mostrador, mientras los camareros ponían las sillas sobre las mesas a medida que se desocupaban, y viéndome a mí mismo en el espejo del fondo, con el último vasito de cartón y la última cucharita de cartón, y pensando en la bella. El vuelo de Nueva York, previsto para las once de la mañana, salió a las ocho de la noche. Cuando por fin logré embarcar, los pasajeros de la primera clase estaban ya en su sitio, y una azafata me condujo al mío. Me quedé sin aliento. En la poltrona vecina, junto a la ventanilla, la bella estaba tomando posesión de su espacio con el dominio de los viajeros expertos. “Si alguna vez escribiera esto, nadie me lo creería”, pensé. Y apenas si intenté en mi media lengua un saludo indeciso que ella no percibió. Se instaló como para vivir muchos años, poniendo cada cosa en su sitio y en su orden, hasta que el lugar quedó tan bien dispuesto como la casa ideal donde todo estaba al alcance de la mano. Mientras lo hacía, el sobrecargo nos llevó la champaña de bienvenida. Cogí una copa para ofrecérsela a ella, pero me arrepentí a tiempo. Pues sólo quiso un vaso de agua, y le pidió al sobrecargo, primero en un francés inaccesible y luego en un inglés apenas más fácil, que no la despertara por ningún motivo durante el vuelo. Su voz grave y tibia arrastraba una tristeza oriental. Cuando le llevaron el agua, abrió sobre las rodillas un cofre de tocador con esquinas de cobre, como los baúles de las abuelas, y sacó dos pastillas doradas de un estuche donde llevaba otras de colores diversos. Hacía todo de un modo metódico y parsimonioso, como si no hubiera nada que no estuviera previsto para ella desde su nacimiento. Por último bajó la cortina de la ventana, extendió la poltrona al máximo, se cubrió con la manta hasta la cintura sin quitarse los zapatos, se puso el antifaz de dormir, se acostó de medio lado en la poltrona, de espaldas a mí, y durmió sin una sola pausa, sin un suspiro, sin un cambio mínimo de posición, durante las ocho horas eternas y los doce minutos de sobra que duró el vuelo a Nueva York. Fue un viaje intenso. Siempre he creído que no hay nada más hermoso en la naturaleza que una mujer hermosa, de modo que me fue imposible escapar ni un instante al hechizo de aquella criatura de fábula que dormía a mi lado. El sobrecargo había desaparecido tan pronto como despegamos, y fue reemplazado por una azafata cartesiano que trató de despertar a la bella para darle el estuche de tocador y los auriculares para la música. Le repetí la advertencia que ella le había hecho al sobrecargo, pero la azafata insistió para oír de ella misma que tampoco quería cenar. Tuvo que confirmárselo el sobrecargo, v aun así me reprendió porque la bella no se hubiera colgado en el cuello el cartoncito con la orden de no despertarla. Hice una cena solitaria, diciéndome en silencio lo que le hubiera dicho a ella si hubiera estado despierta. Su sueño era tan estable, que en cierto momento tuve la inquietud de que las pastillas que se había tomado no fueran para dormir sino para morir. Antes de cada trago, levantaba la copa y brindaba. —A tu salud, bella. Terminada la cena apagaron las luces, dieron la película para nadie, y los dos quedamos solos en la penumbra del mundo. La tormenta más grande del siglo había pasado, y la noche del Atlántico era inmensa y limpida, y el avión parecía inmóvil entre las estrellas. Entonces la contemplé palmo a palmo durante varias horas, y la única señal de vida que pude percibir fueron las sombras de los sueños que pasaban por su frente como las nubes en el agua. Tenía en el cuello una cadena tan fina que era casi invisible sobre su piel de oro, las orejas perfectas sin puntadas para los aretes, las uñas rosadas de la buena salud, y un anillo liso en la mano izquierda. Como no parecía tener más de veinte años me consolé con la idea de que no fuera un anillo de bodas sino el de un noviazgo efímero. “Saber que duermes tú, cierta, segura, cauce fiel de abandono, línea pura, tan cerca de mis brazos maniatados”, pensé, repitiendo en la cresta de espúmas,de champaña el soneto magistral de Gerardo Diego. Luego extendí la poltrona a la altura de la suya, y quedamos acostados más cerca que en una cama matrimonial. El clima de su respiración era el mismo de la voz, y su piel exhalaba un hálito tenue que sólo podía ser el olor propio de su belleza. Me parecía increíble: en la primavera anterior había leído una hermosa novela de Yasunarl Kawabata sobre los ancianos burgueses de Kyoto que pagaban sumas enormes para pasar la noche contemplando a las muchachas más bellas de la ciudad, desnudas y narcotizadas, mientras ellos agonizaban de amor en la misma cama. No podían despertarlas, ni tocarlas, y ni siquiera lo intentaban, porque la esencia de¡ placer era verlas dormir. Aquella noche, velando el sueño de la bella, no sólo entendí aquel refinamiento senil, sino que lo viví a plenitud. —Quién iba a creerlo —me dije, con el amor propio exacerbado por la champaña—: Yo, anciano japonés a estas alturas. Creo que dormí varias horas, vencido por la champaña y los fogonazos mudos de la película, Y desperté con la cabeza agrietada. Fui al baño. Dos lugares detrás del mío yacía la anciana de las once maletas despatarrada de mala manera en la poltrona. Parecía un muerto olvidado en el campo de batalla. En el suelo, a mitad del pasillo, estaban sus lentes de leer con el collar de cuentas de colores, y por un instante disfruté de la dicha mezquina de no recogerlos. Después de desahogarme de los excesos de champaña me sorprendí a mí mismo en el espejo, indigno y feo, y me asombré de que fueran tan terribles los estragos del amor. De pronto el avión se fue a pique, se enderezó como pudo, y prosiguió volando al galope. La orden de volver al asiento se encendió. Salí en estampida, con la ilusión de que sólo las turbulencias de Dios despertaran a la bella, y que tuviera que refugiarse en mis brazos huyendo del terror. En la prisa estuve a punto de pisar los lentes de la holandesa, y me hubiera alegrado. Pero volví sobre mis pasos, los recogí, y se los puse en el regazo, agradecido de pronto de que no hubiera escogido antes que yo el asiento número cuatro. El sueño de la bella era invencible. Cuando el avión se estabilizó, tuve que resistir la tentación de sacudirla con cualquier pretexto, porque lo único que deseaba en aquella última hora de vuelo era verla despierta, aunque fuera enfurecida, para que yo pudiera recobrar mi libertad, y tal vez mi juventud. Pero no fui capaz. “Carajo”, me dije, con un gran desprecio. “¡Por qué no nací Tauro!”. Despertó sin ayuda en el instante en que se encendieron los anuncios del aterrizaje, y estaba tan bella y lozana como si hubiera dormido en un rosal. Sólo entonces caí en la cuenta de que los vecinos de asiento en los aviones, igual que los matrimonios viejos, no se dan los buenos días al despertar. Tampoco ella. Se quitó el antifaz, abrió los ojos radiantes, enderezó la poltrona, tiró a un lado la manta, se sacudió las crines que se peinaban solas con su propio peso, volvió a ponerse el cofre en las rodillas, y se hizo un maquillaje rápido y superfluo, que le alcanzó justo para no mirarme hasta que la puerta se abrió. Entonces se puso la chaqueta de lince, pasó casi por encima de mí con una disculpa convencional en castellano puro de las Américas, y se fue sin despedirse siquiera, sin agradecerme al menos lo mucho que hice por nuestra noche feliz, y desapareció hasta el sol de hoy en la amazonia de Nueva York.
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se le puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes como te digo que te quiero cuando digo: “qué calor hace”, “dame agua”, “¿sabes manejar?”, “se hizo de noche”…Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho “ya es tarde”, y tú sabías que decía “te quiero”.)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tu quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar aun panteón.
El fuego se extiende silencioso sobre los campos. El campesino duerme, mientras se asola todo lo sembrado.
Se han desvanecido las ramas donde íbamos colgando los miedos, para empezar a hablar. Ya no puedo ir llevando paja a ese nido aun informe.
Hoy están los cielos cenicientos, de mirarse en nosotros. Afónico el canto de ese pájaro que siempre nos rondaba, no puede tocar tu hombro con el ala. Planea sobre el campo devastado, y ya no nos encuentra.
Cierto día en un monasterio budista tibetano, encontraron muerto a uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un sustituto.
El Gran Maestro convocó a todos los discípulos para determinar quien sería el nuevo centinela. El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una magnífica mesita en el centro de la enorme sala en la que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un jarrón de porcelana muy raro, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria belleza y dijo:-
’Aquí está el problema’. Asumirá el puesto el primer monje que lo resuelva.
Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro.
¿Qué representaría?, ¿Qué hacer?, ¿Cuál es el enigma?
En ese instante, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y ... ¡¡ZAZ!! Destruyó todo de un sólo golpe.
Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo: -
’Usted será el nuevo Guardián del Monasterio’.
Moraleja de la Historia :
No importa cuál sea el problema. Ni que sea algo lindísimo. Si es un problema, precisa ser eliminado, un problema es un problema, no importa que se trate de una mujer sensacional , o de un hombre guapo y maravilloso o de un gran amor que se acabó, por más hermoso que sea o haya sido, si no existiera más sentido para ella en tu vida, tiene que ser suprimida.
Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en el pasado y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus corazones y mentes, espacio que es indispensable para recrear la vida.
Existe un proverbio Chino que dice:
’Para que tú puedas beber vino en una copa que se encuentra llena de Té, es necesario primero tirar el té, y entonces podrás servir y beber el vino.’
Limpia tu vida, comienza por las gavetas, armarios, hasta llegar a las personas del pasado que no tienen más sentido y que están ocupando espacio en tu corazón.
El pasado sirve como lección, como experiencia, como referencia, sirve para ser recordado, no revivido. Usa las experiencias del pasado en el presente, para construir tu futuro. ¡Necesariamente en ese orden!
’Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos’.
No me abandones asi, hablando sola de ti ven y devuelveme al fin la sonrisa que se fue una vez mas tocar tu piel, en uno suspirar, recuperemos lo que se ha perdido.
Coro:
Regresa a mi quiereme otra vez, borra el dolor que alimento cuando te separaste de mi dime que si no quiero llorar regresa a mi. no puedo olvidar..
traeme el amor que se fue traeme a la dicha tambien quiero que vengas a mi y me vuelvas a querer no vuelvas si tu no estas tienes que agregar mi vida se apaga sin ti a mi lado
Regresa a mi quiereme otra vez borra el dolor que alimento cuando te separaste de mi dime que si no quiero llorar regresa a mi. ohohoh...
no me abandones asi hablando sola de ti devuelveme la pasion de tus besos.
regresa a mi quiereme otra vez borra el dolor que alimento cuando te separaste de mi dime que si no quiero llorar regresa a mi
Regresa a mi oh baby y dime que si me quieres regresa a mi mi vida que sin ti se que no puedo ohohohoho nono.. no puedo amar...
Cava en tu entraña bulle, y colma el vaso de tu ternura. Humedezco mis manos en ese tu vino espumoso que te desata, hasta empapar y secar, sin dejar escapar tu diaria caricia.
Después, dentro de ti, como un mar en calma, emprendo un canto de sirena para poder llegar a tus profundidades.
Sombra tuya soy en tus meditaciones. Brisa pujando por un resquicio de tu ventana. Fantasma tranquilo en un rincón de tu alma.
Aparentemente cada vez estamos más concienciados de los problemas que hay en el mundo, como el del hambre. Nuevas ONG se van ocupando del tema, y muchas personas dicen pertenecer a ellas, y participar activamente; pero la realidad es que el hambre en el mundo ha aumentado sus tasas, que cada vez hay más.
A todo esto se le añade el peligro de los biocombustibles, de tal forma que quizá algún día haya una lucha entre satisfacer el hambre, o crear combustibles con las plantas alimenticias. Bien es cierto que se pide que sea a partir de plantas no alimentarias, o de desechos de estas; pero no hay total seguridad de que se cumpla viendo como funcionan las cosas.
Es lógico que al igual que cada día estamos más deshumanizados, también nos descuidemos más a la hora de las ayudas a los más necesitados.
En casa de Tomasita, su padre, ya estaba harto de las elevadas facturas de teléfono. Las tarifas se cobraban por minutos, exactamente tres.
Un día se le encendió una luz. Seguramente que al pasar por un escaparate, acudió a él la feliz idea. El caso es que se presentó en su casa con la solución a sus muchos quebraderos de cabeza. Un reloj de arena con la cuenta de tres minutos.
Advirtió a su mujer que se controlara, que la mayoría de las palabras eran innecesarias. Allí estaba la solución, la panacea. El reloj, con un mecanismo al alcance de cualquier tonto, simplemente cambiarle de posición.
Fervorosa lo llevaba a rajatabla, su marido llevaba toda la razón, los gastos eran excesivos, y había que atajar por algún sitio. Tendría que aleccionar a Tomasita, a la que le gustaba colgarse.
Y Tomasita aprendió bien la lección. Divertía hablar pendiente de aquel reloj de arena, dándole vueltas y más vueltas. No contribuiría mucho al ahorro, pero si para su armonía. Se ensimismaba en el paso de los granos de arena, de tal manera que ya podía soportar el discurso de la cargante de Ramona. También su mirada se perdía en el, de manera intensa, cuando Genaro le soltaba esos palabros que la hacían poner tan melancólica.
Ahora, para Tomasita, las sobremesas junto al teléfono duraban mucho más, su carácter se había apaciguado, y la factura aún estaba por llegar.
No me abandones asi, hablando sola de ti ven y devuelveme al fin la sonrisa que se fue una vez mas tocar tu piel, en uno suspirar, recuperemos lo que se ha perdido.
Regresa a mi quiereme otra vez, borra el dolor que alimento cuando te separaste de mi dime que si no quiero llorar regresa a mi. no puedo olvidar..
traeme el amor que se fue traeme a la dicha tambien quiero que vengas a mi y me vuelvas a querer no vuelvas si tu no estas tienes que agregar mi vida se apaga sin ti a mi lado
Regresa a mi quiereme otra vez borra el dolor que alimento cuando te separaste de mi dime que si no quiero llorar regresa a mi. ohohoh...
no me abandones asi hablando sola de ti devuelveme la pasion de tus besos.
regresa a mi quiereme otra vez borra el dolor que alimento cuando te separaste de mi dime que si no quiero llorar regresa a mi
Regresa a mi oh baby y dime que si me quieres regresa a mi mi vida que sin ti se que no puedo ohohohoho nono.. no puedo amar...
Toda la naturaleza, escribió Yeats, está llena de gente invisible. Algunos de ellos son feos y grotescos, otros, malintencionados o traviesos, muchos tan hermosos como nadie haya jamás soñado, y los hermosos no andan lejos de nosotros cuando caminamos por lugares espléndidos y en calma”. ¿Qué significan estas palabras del gran poeta irlandés? Que hay que saber relacionarse con lo que no conocemos, con lo que no se entrega fácilmente a nuestros sentidos o nuestra comprensión. De todo esto hablan los cuentos que contamos a los niños. Nos prometen la compañía insuperable, la conversación en una gruta del bosque, el juego en el río con los seres de las corrientes, el encuentro con un elfo de la luz, que son las criaturas más delicadas que existen. Los cuentos hablan de lo que no hemos vivido, de ese lugar donde algo se perdió o donde no pudimos penetrar nunca. Su reino no es el reino de lo probable, sino el de lo posible. Es decir, el reino del alma. Es un error pensar que los adultos no tenemos que escucharlos.
Me saturo de imposibles, rellenando este corazón hambriento. Me pierdo en los sueños, como las aves en el aire, en busca de alimento.
La fatalidad me guía a senderos rebosantes, que como lava sueltan sentimientos atados. En sus lías me pierdo, desenredándome en la nada.
Mi desesperanza se hace poesía muda, ulular de viento en una noche fría.
Todo lo cubre el desastre futuro, desde donde me miras en mis premoniciones. Instalado en el lado de las desdichas del alma, mi alma, yo apago. Interpongo la tiniebla sin esperarla, y me dirijo al cementerio, ante la fosa vacía. Soy la primera que vela mi amor muerto.
Se acelera el ritmo de la vida, hay que terminar rápido, si mañana se ausenta; si no escuchó mi nudillo ensangrentado llamando a su puerta
En la aparente quietud se transfiere una apariencia de muerte. Soterrada late una emoción cuyo palpitar va en aumento, acariciando las entretelas, golpeando flojo y lento.
No hay gotas de llanto en el sudor seco, ni en el temor contenido. En la mirada duermen las fuentes con estalactitas. El sueño eterno del agua espera su caricia.
Preparo una fiesta, y en bandejas van pasando tus palabras. Sólo son el aroma de tu voz, Despacio las como, las mastico poco a poco. Nada habrá que me arrebate una sola letra. Iré escrutándolas en la casa de bacterias, allí fermentarán hasta hacerse sentimiento.
Hilos en el aire. Con mis dedos los intento trenzar. Esa brisa que me roza es tu palabra, el aliento que exhalas y que aspiro, lo que anima al latido de mi sangre.
Hiedra en mi piel es tu pensamiento, y por el siempre escalo hacia mi misma, a mi centro. Soplo sobre la ceniza, por si quedó un rescoldo, voy a prender en el este sentimiento, como si fuera un papel, una tea ardiente.
Hoy siento el aleteo de mil jilgueros en el aire, y quiero sujetarme a sus alas como a un sueño. Sé que es el viaje a ninguna parte, pero podré rozar las nubes.
Abajo el sarcófago espera la caída. Retíralo hoy, alarga el tiempo de que mis ojos tomen forma de cielo.
Contrólate a ti mismo hasta en tu casa; no hagas, ni aún en el lugar más secreto, nada de lo que puedas avergonzarte.
Confucio
Hace años leía mucho a Confucio, me gustaba su afán de la búsqueda de la belleza.
Y esta cita que pongo ahora, recuerdo que yo la tenía muy en cuenta. A veces guardamos más las formas cuando estamos acompañados. Estuve tiempo procurando hacer, lo poco que sabía muy bien, intentando que casi todo me saliera lo más bello posible, rodeándome de cosas que me parecían bellas...
Todo tiene su tiempo...Hay épocas para cada cosa; pero lo que si es cierto, es que si hubiera seguido con ello, me hubiera perfeccionado bastante.
Pienso en otras épocas de mi vida, en las costumbres que tenía. Algunas veces creo que debería volver a retomar algunas cosas, pero luego pienso, que pasado un tiempo, añoraré algo de lo que ahora haga.
En mi cielo al crepúsculo eres como una nube y tu color y forma son como yo los quiero. Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces y viven en tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies, el agrio vino mío es más dulce en tus labios, oh segadora de mi canción de atardecer, cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estás presa, amor mío, y mis redes de música son anchas como el cielo. Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. En tus ojos de luto comienza el país del sueño.
En tiempos de siembra aprende, en la cosecha enseña y en el invierno goza.
Conduce carro y arado sobre los huesos de los muertos.La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría.
La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad.
Quien desea y no actúa engendra la plaga.
El gusano cortado perdona el arado.
Sumergid en el río a quien ama el agua.
El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.
Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca llegará a estrella.
La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.
A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena.
Las horas de la locura el reloj las mide; pero ningún reloj puede medir las de la sabiduría.
Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa.
Expone número, peso y medida en año de escasez.
No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas.
El cuerpo muerto no venga injurias.
El acto más sublime consiste en poner a otro ante ti.
Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio.
La necedad es el atuendo de la bellaquería, la vergüenza es el atuendo del orgullo.
Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los lupanares con ladrillos de religión.
La altivez del pavo real es la gloria de Dios.
La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios.
La cólera del león es la sabiduría de Dios.
La desnudez de la mujer es obra de Dios.
El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora.
El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del mar huracanado y la espada destructora son porciones de la eternidad demasiado grandes para que las aprecie el ojo humano.
El zorro condena a la trampa, no a sí mismo.
El júbilo impregna; las penas procrean.
Que el hombre vista la melena del león y la mujer el vellón de la oveja.
Para el pájaro el nido, para la araña su tela, para el hombre la amistad.
El egoísta y sonriente necio y el necio que frunce malhumorado el ceño han de considerarse sabios, que podrían ser cetros.
Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado. La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo y el elefante vigilan los frutos.
La cisterna contiene; el manantial rebosa.
Un pensamiento llena la inmensidad.
Presto has de estar para decir lo que piensas que así el ruin te evitará.
Todo lo que es posible creerse es imagen de la verdad.Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando se avino a aprender del cuervo.
El zorro provee para sí mismo; pero Dios provee para el león.
Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anochecer y duerme por la noche.
Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce.
Como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las plegarias.
Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción.
Del agua estancada espera veneno.
No sabrás lo que es bastante hasta saber lo que es más que bastante.
¡Escucha los reproches de los tontos! ¡Forman un título regio! Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua las barbas de la tierra.
El débil en coraje es fuerte en astucia.
El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer tal como el león no interroga al caballo sobre cómo atrapar la presa.
Quien recibe agradecido da copiosas cosechas.
Si otros no hubiesen sido tontos, tendríamos que serlo nosotros.
El alma de la dulce delicia no puede mancillarse. ver un águila ves una porción de genio.
¡Alza la cabeza!Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar en ellas sus huevos, el sacerdote reserva su anatema para las mejores dichas.
Crear una florecilla es labor de eras.
La condena estimula, la bendición relaja.
El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más nueva.
¡Las oraciones no aran!¡ Los elogios no cosechan!La cabeza es lo Sublime; el corazón, lo patético; los genitales, la Belleza.
Como el aire es al ave o el mar al pez es el desdén para el despreciable.El cuervo quisiera que todo fuese negro; el buho, que todo fuese blanco.La exuberancia es belleza.
Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto.
El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del genio.
Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril. La verdad nunca puede decirse de modo que sea comprendida sin ser creída.
¡Basta! o demasiado.Los antiguos poetas animaban todos los objetos sensibles con dioses o genios.
Les prestaban nombres de bosques, ríos, montañas, lagos ciudades, naciones y de todo lo que sus dilatados y numerosos sentidos podían percibir.
Y en particular estudiaban el genio de cada ciudad o país y los colocaban bajo el patrocinio de su divinidad mental.
Hasta que se formó un sistema del cual algunos se aprovecharon para esclavizar al vulgo pretendiendo comprender o abstraer las divinidades mentales de sus objetos.
Así comenzó el sacerdocio.Que escogió formas de culto tomándolas de cuentos poéticos. Hasta que por fin sentenciaron que eran los dioses quienes habían ordenado aquello.Así los hombres olvidaron que todas las deidades residen en el pecho humano
Al salir me gusta el bullicio, sólo me gustan los lugares llenos de soledad cuando hace sol y, este, calienta. Me gusta ver las calles sembradas de escaparates. Las zonas residenciales, donde las tiendas se apilan en un gran centro comercial, me resultan frías, y a veces tristes. Son como pequeñas ciudades dormitorio.
La verdad es que no siempre al caminar uno se fija en las caras de los demás, pero son bultos que hacen compañía al pensamiento. Andas sumida en tus problemas y, de repente, uno de esos espectros en el que tú no reparabas, te despierta con un saludo. La sonrisa sale automática, como también es automático el devolverla.
La polución te envuelve, pero lleva tantos años de compañera que se convirtió en los zorros plateados del cuello de tu abrigo, ya no la notas. Al fin y al cabo tu mente está igual de contaminada con tantas cosas que no llegas a comprender. La injusticia de la vida es la hebilla del cinturón que va atado a tu cadera.
Y sigues caminando, ya no esperas sorpresas, sólo vas contando los pasos que no saben a donde se dirigen.
Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado. Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es, sepas ser sin desesperar.
Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien confiar sin dudar
Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas. Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro
Te deseo además que seas útil, más no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.
Igualmente, te deseo que seas tolerante, no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.
Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.
Te deseo de paso que seas triste. No todo el año, sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.
Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.
Te deseo que acaricies un perro, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, sentirás bien por nada.
Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuantas vidas está hecho un árbol.
Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico, Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero
frente a ti y digas: "Esto es mío". sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.
Te deseo también que ninguno de tus defectos muera, pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, hablen sobre amor para recomenzar.
Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más nada que desearte.
Hasta en las lecturas se va imponiendo la realidad. Cada vez se escribe menos sobre el hombre en contacto con la naturaleza. Los escritos ya van tomando un cariz más realista, y se nos representa la ciudad. Y es que creo que cada día nos vamos apartando un poco más de ella. Se está convirtiendo en poesía, en recuerdo; y es que a veces se queda lejana, y no todo el mundo dispone de medios para desplazarse a cada rato. Quizá algún día se nos presente en botellas, para poder ver la hierba en diminutas maquetas.
Creo que aún tengo suerte de poder ir a disfrutar del campo; pero un día como hoy, en el que me encantaría poder respirar aire limpio, no puedo hacerlo y; a veces, los humanos, formamos un ambiente que ahoga.
Allí la soledad es sueño y renovación, el individuo es paisaje, belleza; los conflictos son el sonido de las hojas al movimiento del aire.
Quiero seguir leyendo sobre temas bucólicos, para gris, ya tengo el día, con sus nubes de agua, y las de polución.
Seguramente la vanidad va acompañada de la soberbia, también de la fantasía, pues es muy fácil erigirse en dios de papel. Lo bueno que tiene es que requiere su esfuerzo, su mantenimiento. Hay que tener un mínimo de formación diaria para mantener el palmito.
Lo malo, porque todo tiene su parte buena y mala, es que por mantenerse, se puede echar mano a la crueldad. Es como una especie de comida que se necesita para saciar el apetito vanidoso. Nerón era vanidoso, y aunque en grado sumo, es un ejemplo de a lo que puede llevar este defecto.
Hay algo con lo que el vanidoso no cuenta, y es que en el fondo no es más que un ser inferior que necesita esforzarse mucho para mantener en pie la auto estima.
Ya no sé si fue el amor, o la edad, lo que me llevó al olvido de muchas cosas, entre ellas el arte de la seducción. La amnesia se apodera de mi de tal manera, que quien me ame tendrá que hacerlo por mis desencantos.
Me he vuelto tan poco sorpresiva como la rutina, y ahora me llega el recuerdo de cómo el amor me iba empujando de la infancia a la adolescencia. Más adelante la pasión me empujó al vacío.
Hoy nado perdida entre esperanzada y no, negándome a dejar de creer en el idilio.
Mucha gente te ve pero nadie lo hace como yo lo hago Para en las sombras de tu luz alejado, sentarme y esperar
Te necesito- Necesito tu luz De las sombras no puedo escapar No me ves- No me conoces Pero te vengo amando desde siempre Estimándote - adorándote Esperándote - deseándote Sintiéndote - viviéndote Acompañándote - exaltándote No puedo seguir sin tí
Esta es la mañana siguiente Y mi alma destrozada yace esperando Esta es la mañana siguiente Y un nuevo dia comienza
Niebla densa y misteriosa. Me adentro entre bellas quimeras, engañosos soplos al corazón. En cada haz de luz detengo mis ojos, soñando alegrías, descubriendo el sol. Mi cintura siente tu abrazo y despacio, acariciante te diluyes en mi alma
Parece que ser responsables nos asusta, o nos resistimos a ello. Da la impresión de que si somos responsables no haremos lo que queramos, no podremos ser espontáneos, que tendremos que ser demasiado racionales. Pero yo no lo creo así, para mí la responsabilidad es asumir lo que hacemos, sea espontáneo, diferente, o como sea.
Ser responsable no es aceptar un deber, es seguir el camino de lo que se quiere, y cuando uno hace lo que quiere lo arrostra siempre. Vivir como uno quiere es un desafío y una aventura.
I En las aguas profundas que acunan las estrellas, blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio, flota tan lentamente, recostada en sus velos... cuando tocan a muerte en el bosque lejano.
Hace ya miles de años que la pálida Ofelia pasa, fantasma blanco por el gran río negro; más de mil años ya que su suave locura murmura su tonada en el aire nocturno.
El viento, cual corola, sus senos acaricia y despliega, acunado, su velamen azul; los sauces temblorosos lloran contra sus hombros y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.
Los rizados nenúfares suspiran a su lado, mientras ella despierta, en el dormido aliso, un nido del que surge un mínimo temblor... y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.
II ¡Oh tristísima Ofelia, bella como la nieve, muerta cuando eras niña, llevada por el río! Y es que los fríos vientos que caen de Noruega te habían susurrado la adusta libertad.
Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena, en tu mente traspuesta metió voces extrañas; y es que tu corazón escuchaba el lamento de la Naturaleza –son de árboles y noches.
Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo rompió tu corazón manso y tierno de niña; y es que un día de abril, un bello infante pálido, un loco miserioso, a tus pies se sentó.
Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca! . Te fundías en él como nieve en el fuego; tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra. –Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.
III Y el poeta nos dice que en la noche estrellada vienes a recoger las flores que cortaste , y que ha visto en el agua, recostada en sus velos, a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.
Tal vez no te he tratado Tan bien como debería Tal vez no te he amado Tanto como debería Cosas pequeñas que tendría que haber dicho y hecho Simplemente nunca me tomé el tiempo
Siempre estuviste en mi mente Siempre estuviste en mi mente
Tal vez nunca te abracé Todos esos momentos tan solitarios Y supongo que nunca te dije Que estaba feliz de que fueras mía Si te hice sentir así Chica, siento mucho haber estado tan ciego
Siempre estuviste en mi mente Siempre estuviste en mi mente
Dime, dime que tu dulce amor no ha muerto Dame, dame otra oportunidad Para mantenerte satisfecha, satisfecha
Cosas pequeñas que tendría que haber dicho y hecho Simplemente nunca me tomé el tiempo Siempre estuviste en mi mente Siempre estás en mi mente Siempre estás en mi mente
Tal vez no te he tratado Tan bien como debería Tal vez no te he amado Tanto como debería
Tal vez nunca te abracé Todos esos momentos tan solitarios Y supongo que nunca te dije
Sólo el agua libre corre limpiamente. En su cuna, con la caricia del aire, y la mirada del sol. Impregna el silencio de su melodía, y yo, cerca de ella, dejo nadar el pensamiento.
La música de un piano imaginario acompaña el fin de todo. Al levantarme, mi paso será totalmente nuevo, despojado de pesos. Hay mucho terreno para las flores, y no voy a perder la primavera.
Utilizaré el truco del silencio para pasar el tiempo. Todo fluirá tranquilo, sin memoria. La lluvia purificará lo muerto.
Todo quedará en dulce embeleso, y en cada hueco, melodía o silencio.
Roxanne no tiene que ponerte en esa luz roja paseando las calles por dinero no te preocupas de si está mal o si esta bien Roxanne no tienes que vestir ese vestido esta noche Roxanne no tiene que vender tu cuerpo a la noche
(Christian sings:) sus ojos sobre tu cara su mano sobre tu mano sus labios acariciando tu cuerpo es mas de lo que puede soportar!
(Bailarines de Tango cantan Roxanne de fondo mientras Christian sigue cantando:) Christian: Porqué haces que mi corazón llore? Bailarines de tango: ROXANNE!(etc) Chirstian: sentimientos contra los que no puedo luchar! eres libre de dejarme pero no me engañes! ...y por favor creeme cuando digo que te quiero!
(silencio, alguien dice algo en español)
Bailarines de tango(mientras Christian canta): ROXANNE! no tiene que ponerte en esa luz roja! no tienes que vestir ese vestido esta noche! ROXANNE! no tienes que ponerte en esa luz roja! ROXANNE! no tienes que vestir ese vestido esta noche! ROXANNE! ROXANNE! ROXANNE! ROXANNE!
Christian: Porqué haces que mi corazón llore? sentimientos contra los que no puedo luchar! ROXANNE! ROXANNE! te quiero! te quiero! te quiero! te quiero!
El aire nos mueve, y nosotros somos hojas arrancadas que en rimeros diferentes moramos, una sola ráfaga me ha llevado a ti. Hoy noto la pisada de una gran bota, pero no me importa, mi pecíolo alado te roza. Permíteme que, tras la lluvia, juntos nos sequemos. Vamos a habitar ese rincón apartado del viento, para que nada nos separe.
Cuando dejo perder mi mirada, somos aves, saltando por el parque, revoloteando a cada movimiento de unos pasos cercanos. Osadas, pudiéndonos librar de las pisadas, pudiéndonos besar en una rama.
Somos árbol, testigo de la vida bajo el sol. Tronco entrelazado, raíz profunda.
Somos sueño en mi mente loca, imaginación perfecta, vuelo escabroso. Te tengo, nadie puede evitarlo