SakkarahRomanticismo |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007. Resumen
La montaña. La montaña se había visto cubierta por los hielos, su corazón frío la alejaba, la hacía inhóspita. El sol se ocultaba como si necesitara de su alegría para aparecer radiante. Azotaban fuertes vientos contra ella, y, a la mirada del viajero, aparecía hierática, distante, incluso tenebrosa. El desgaste de los día la iba achatando, se iba a dejar envejecer. Pero la vida, en sus giros llevó al águila a anidar en ella. Todo el interior de la montaña, al sentir la huella que dejaba el ave, se removía. La naturaleza dio paso un milagro de alegría. La cubrió de ternura la hierba. Los árboles la acariciaban con su sombra, el sol la daba vida. A sus pies, muy escondida nació una flor preciada llenándola de sentimiento. Su orquídea silvestre cada noche se renovaba en ella cuando el ave reposaba en su dominio. El águila la llenaba de primavera. Sakkarah Melodía en un beso.![]() En el horizonte sin límite, Sur o no sur.![]()
To beast or not to beast, that is the hueso. (Sarampión Mamá, que esto es contagioso!) Me voy porque acá no se puede, Me voy porque aquí no me alcanza, (Disculpe, la embajada de Italia?) No sé por qué pasa lo que me pasa, Sur... (A babor!) No sé por qué pasa lo que me pasa, quizás sea mi niñez De pesca y más mandangas.![]() Don ..., me habla usted de los pescadores. Sakkarah en el papel de Isabel II Blog del día![]() Muchas gracias A mi manera por haberte acordado de mí. Yo no te voy a meter en la lista para no repetir, y que sean distintos; pero quiero decir aquí, que me encanta tu blog, porque es muy variado en temas, por lo agradable y querida que eres, y porque haces poesía de todo lo que lees. Pongo también de muestra el premio (La jarrita) para los que a continuación nombraré. Las bases de este premio son: 1º- Escribir un post mostrando el Premio Blog del Día y citar el nombre del blog que te lo regala. (De esta manera se podrá seguir la cadena). 2º- Elegir un mínimo de siete blogs que estimes que se han destacado por alguna razón. Tema, belleza, poesía, diseño, originalidad, etc.. Poner sus nombres y los enlaces a ellos y avisarles. (A su blog). 3º- (Opcional). Exhibir el premio en tu blog. Y ahora voy con los 10 blogs a destacar: El orden es al azar, los 10 me encantan. En realidad todos; pero tengo que decir un número determinado. 1) Respirando. Me gustan sus ideas, su manera de tratar los temas. La admiro. 2) El espacio de Gea.Crea belleza al escribir, y en el diseño de su blog. Admirable, también. 3) El furgonauta Original, con diseños hechos por él, un humor admirable (se ríe hasta de su sombra), y es un buen escritor. Un socio completo, no hay nada que no lo haga bien. 4) Javier Luján Un hombre que escribe muy bien, muy humano, y gran persona. 5) Argonauta enmascarado Me gustan sus reflexiones, su filosofía. Es un placer pensar en su compañía. 6) La ventana del alma Me encanta porque es un romántico, que hace hermosas poesías y, a la vez, un hombre muy preocupado por los temas sociales de su país. 7) La cueva del dinosaurio Aparte de escribir muy bien, cada letra despide humanidad, y deja entrever una bellísima persona. También muy preocupado por todo el tema social. 8) Amora Un lugar que empieza, donde se puede encontrar buena música, mucha belleza de imágenes, y una personalidad muy positiva. 9) Camins a la sorra Se respira serenidad, belleza en su música, y transparencia de un alma bella como la de Tarek. 10) MDM Buena fotógrafa, y aún mejor escritora. Una buena persona. Nombraría a todos los que conozco. Todos son destacables, pero me alargo mucho. Desde que te perdi.![]()
Las cosas no andaban bien, nada me salía, mi vida era un túnel sin salida, pero… Desde que te perdí se están enamorando todas de mí Desde que te perdí las puertas Desde que te perdí nunca tuve tal libertad Desde que te perdí la vida me sonríe sin cesar, De ágape en ágape, Desde que te perdí hago lo que me da la gana Desde que te perdí tomamos unas cañas por ahí, Desde que te perdí, desde que me perdiste Citas![]() Hay que acostumbrarse a vivir con los enemigos, ya que no a todos podemos hacerles nuestros amigos. Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses. Alexis Tocqueville El verdadero heroísmo está en transformar los deseos en realidades y las ideas en hechos Alfonso Rodríguez Castelao Es más fácil luchar por unos principios que vivir de acuerdo con ellos Alfred Adler Los mayores progresos de la civilización se experimentan inicialmente como sus peores amenazas Alfred North Whitehead Entre...![]() Entre las mal colocadas, y deformes losas, nació un jardín salvaje de Pensamientos enanos. La belleza siempre sorprende en los sitios más inesperados. Sakkarah Sexualidad Artistas de boquilla: algunas mujeres egipcias, no siempre prostitutas, estaban especializadas en la felación. Eran conocidas como felatrices. Cleopatra fue una de las más famosas felatrices del Mundo Antiguo, pues complació oralmente a más de un millar de varones.
Así no hay quien entre: uno de los métodos anticonceptivos más curiosos descritos en uno de los papiros médicos hallados en Kahún consistía en embadurnar a conciencia el sexo de la mujer con una solución viscosa confeccionada con estiércol de cocodrilo.
Un gusto morboso: no pocos egipcios sentían una perversa atracción sexual por los cuerpos sin vida. Es por ello por lo que los familiares de una joven o una mujer bella, para evitar actos de necrofilia, nunca entregaban el cadáver a los embalsamadores hasta que pasaban varios días y empezaba a tener un aspecto nauseabundo
¡Y un rábano!: Con el paso del tiempo los castigos por adulterio en la Antigua Grecia se suavizaron. En éstos, la punición del hombre consistía en insertarle un rábano por el ano y depilarle las posaderas. En otros la infiel se exhibía atada a una columna en el ágora y después se la paseaba de la manera más humillante a lomos de un burro.
“Piercing” preventivo: los romanos celosos hacían que se les insertara un enorme pasador o una anilla en el prepucio de los esclavos, para impedir que tuvieran relaciones sexuales con el ama, sus hijas y otras esclavas.
Un verdugo servicial: para no violar el mandamiento que impedía la ejecución de mujeres vírgenes, Tiberio ordenó que antes fuesen violadas por el verdugo. Desconocido
Sobre el encerado.![]() Sobre el encerado de la vida se van probando los colores, hasta descubrir cuál nos hace más feliz. Nuestra mirada atenta en los maestros, no impide que volemos hacia ese mundo donde se encuentra todo lo soñado. A veces el vuelo es tan alto, que nos perdemos sorbos de realidad que nos servirían para encarar mejor la vida. ¡Si todo fuera tan fácil como borrar nuestras equivocaciones en una pizarra…!pero nuestra tiza es una fina aguja que se hunde haciendo surcos. En el silencio de esta clase hace falta reír. Elevar esa carcajada que a veces sueltan los niños, para que haga eco en el otro borrando la figura de la tristeza. Sakkarah Citas![]() Una mujer puede cambiar la trayectoria vital de un hombre. Severo Ochoa La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Benjamín Franklin Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo. Benjamín Franklin No hay nada tan cierto en el mundo como la muerte y los impuestos. Benjamín Franklin Quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea. Benjamín Franklin Roturando![]() Roturando la vida con la fuerza de un arado. Ahogando su hiel con la palabra de agua. Mudo corazón ante el granizo de sentimientos. Canto risueño para el oído de quien ama. Inmenso y anónimo, ante mis ojos se muestra. Un lago en el que leo y no descifro. Movimiento silencioso y felino de atractivo recorrido. Presencia entre la luz, tú Sakkarah L'ULTIMO BACIO
mágica serenidad indulgencia escondida mil violines tocan al viento aquellos violines tocan al viento Cuentos de fantasmas.![]() Los dos fantasmas, uno azul y otro blanco, se encontraron frente a la caverna consabida. Se saludaron en silencio y avanzaron un buen trecho, sin pisarse las sábanas, cada uno sumido en sus cavilaciones. Era una noche neblinosa, no se distinguían árboles y muros, pero allá arriba, muy arriba estaba la luna. Es curioso, dijo de pronto el fantasma blanco, es curioso cómo el cuerpo ya no se acuerda de uno. Por suerte, porque cuando uno se acordaba era para que sufriésemos. ¿Sufriste mucho?, preguntó el fantasma azul. Bastante. Hasta que lo perdí de vista, mi cuerpo tenía quemaduras de cigarrillos en la espalda, le faltaban tres dientes que le habían sido arrancados sin anestesia, no se habían olvidado cuando le metían la cabeza en una pileta de orina y excremento, y sobre todo se miraba de vez en cuando sus testículos. Oh-fue la única sílaba que pronunció o pensó o suspiró el fantasma azul. ¿Y vos?- preguntó a su vez el otro.¿También tu cuerpo te transmitía sufrimientos? No tanto mi cuerpo sino el de los otros. ¿De otros? ¿Acaso eras médico? No precisamente. Yo era el verdugo. El fantasma blanco recordó que allá arriba, muy arriba, allá estaba la luna. La miró sólo porque tenía necesidad de encandilarse. Pero la luna no es el sol. Con una punta de su sábana impoluta se limpió la brizna de odio. Luego se alejó, flotando, blanquísimo en la niebla protectora, en busca de algún Dios o de la nada. Mario Benedetti Recién nacidos...![]() Recién nacidos morían. La distancia se encargaba de sellarlos en el recuerdo, para que de esa manera pervivieran sosteniendo un amor imposible y unilateral. Tras un encuentro eterno en el tiempo, en sus labios volvían a posarse, evocando el juego húmedo de su lengua en el pasado, y atesorando de nuevo el néctar que se diluiría en instantes. En el árbol del frío, hay un nido escaso, débil en su construcción. Allí el ave que en su día alzó el vuelo, no se posará. Unos labios coralinos lo esculpieron susurrando un nombre sin respuesta. Nido de piedra te hicieron y, el aire va llevando las tiernas ramas que un día, tú y yo tejimos ente el frío. Sakkarah Caruso![]()
y corre fuerte el viento sobre una vieja terraza de frente al golfo de Sorrento un hombre abraza una muchacha después de que habia llorado después se aclara la voz y vuelve a comenzar el canto Te quiero mucho
es una cadena ya que disuelve la sangre en las venas Vio las luces en medio al mar penso a las noches alla en América pero eran solo las lamparas y la blanca estela de una hélice sintio el dolor en la musica se levanto del piano pero cuando vio la luna salir de una nube hasta la muerte le parecio mas dulce. Miro en los ojos a la muchacha aquellos ojos verdes como el mar
Potencia de la lirica donde cada drama es un falso que con un poco de maquillaje y con la mimica puedes convertirte en otro Pero dos ojos que te observano asi tan cerca y de verdad te hacen olvidar las palabras confunden los pensamientos. Asi se hizo todo mas pequeño aun las noches alla en America
como la estela de una hélice
pero después él no se lo penso tanto
y volvio a su canto Cirujía dental![]() Hace mas de 7500 años que se practica la cirugía dental. Aunque lógicamente no con los mismos médios, en la edad de piedra ya tenian cuidado de la dentadura. A esta conclusión han llegado los antropólogos Roberto Macchiarelli y David Frayer, basándose en diversos fósiles de entre 9000 y 7500 años de antiguedad hallados en Merhgarh (Pakistán). Redactado por Turrente Sobre la rama. Sobre la rama, acurrucada en el nido, siempre dispuesta a volar.Observando las sierpes desde altura. Agito mis alas para cerciorarme de su fuerza. Ellas me pueden mantener sobre toda poder que se arrastra.Yo moro en la altura del pasaje donde conviven cardos con amapolas. Libre de las ataduras me transporta el viento. Esquivo al ave de rapiña en mi pirueta por el espacio. Solo acepto lo que se me lega sin pedirme, mi verdad no la vendo ni la impongo. Soy más humana que la misma humanidad. Sakkarah Another Brick In The Wall.![]()
No necesitamos ninguna educación "¡Incorrecto, hágalo otra vez!" Quiso...![]() Quiso, con el silencio, presionar el corazón, como si se tratase de una botella; pero el sonido sordo del amor salía líquido, haciendo caminos por el alma.Amanecía, y su mente adquiría la claridad que despierta al sueño vivido. Se sentó frente al Universo y pidió una estrella. Apuró la magia sin prisas, el color iba irisando el espacio; y el eco le devolvió en susurros, la voz de su amado. Sakkarah Dime que quieres de mí.
de estrellas que se han perdío y universos que no conoces. Dime que quieres de mí, si yo lo que tengo no es nada y quizás lo encuentre una noche lo pierda al llegar la mañana. Dime que quieres de mí. Dime que quieres de mí, dime donde lo lleva la noche Que hoy tengo el alma partía y la luna no me conoce Dime que quieres de mí. A veces quisiera poder levantarme y largarme de aquí lerelereleré Ayyy el miedo no deja dormir. Dime que quieres de mi, llévame donde muera la noche, donde hundir este barco de dudas y librarme de lo malo que a veces habita en mí. Dime que quieres de mí. Dime si cuando llegue la noche, volveré a pensar en ti... A veces quisiera encontrar la locura que me empuja a vivir.. Meme![]() Mi arma, me ha metido en este lío. No sé si lo sabré hacer… El caso es que me ha encantado pasarme por su blog, y disfrutar de sus escritos, de sus cosas. Y…dicho lo cual, me pongo manos a la obra respondiendo el test. Edad: Uff, me preocupa lo mal que anda mi memoria últimamente… Día de la semana: El viernes, porque da paso a dos días de fiesta. Mes: No hay uno especial. Los que pertenecen a primavera y verano. Algo que no soportes de una persona. El teatro, la injusticia, y la mentira. Si quieres ligarte a alguien, ¿Cómo lo haces? Uy, si yo lo supiera. Eso estoy esperando, que me digan como. ¿Te gusta conducir? No. Sé que soy un peligro para la humanidad. Algo que eches de menos La juventud Tres cosas que te gustan de ti Que soy sincera Tres cosas que no te gustan de ti. Mi falta de interés por la política Tres cosas que te den miedo: La violencia Tres cosas que llevas puestas ahora: Un pantalón, Tres cosas sin las que podrías vivir cada día: Joyas Tres de tus cantantes o grupos preferidos ahora: Música de Chopin Tras canciones favoritas en este momento: Sorry Seems To Be The Hardest Word Tres cosas que quieras en una relación Confianza Dos verdades y una mentira Estoy enamorada Tres cosas que te atraigan del sexo opuesto: Una gran personalidad Tres cosas que no puedes hacer: Matar
Relacionarme con las personas Tres cosas que estás deseando hacer ahora Estar con las personas que quiero Tres sitios donde te gustará ir de vacaciones Grecia Tres cosas que te gustaría hacer antes de morir: Amar Tres cosas que te hacen llorar: Ver sufrir de los demás Tres cosas que te hacen sonreír Los niños Tres cosas que te hacen reír a carcajadas La gracia de algunas personas Tres cosas que te parezcan maravillosas El nacimiento de un niño Tres cosas que te hacen la boca agua: Una langosta Tres cosas que te gustaría que te pasasen este fin de semana Que me quisiera quien quiero Nomino a Perjudicante, Amora,y Rebelde para que hagan también este meme Quiso pensar...![]() Quiso pensar, y pensó tanto que olvidó la lectura por completo. Enredada en su pensamiento, escalaba una vida extraña. Ya no la importaba nadie, era ella con su mundo imposible a cuestas. Sus ligaduras se iban debilitando y rompiendo, a poco tiempo de llegar a la cima. Al fin, pendía de un hilo y se adentraba en las espumas de la nada. Allí sintió el frío que taladraba los huesos de sus piernas, y se aferró a una roca para salvarse. Necesitaba un libro. Todo lo que necesitas lo encuentras en el lugar apropiado. Ante sus ojos, con sus páginas abiertas, la esperaba. Ella ávidamente leía, mientras iba tornando el calor a su cuerpo. Ya sentía sus pies, y se encontró ligera para poder correr en pos de la imaginación perdida. Sakkarah El extraño.![]() Infeliz es aquel a quien sus recuerdos infantiles sólo traen miedo y tristeza. Desgraciado aquel que vuelve la mirada hacia horas solitarias en bastos y lúgubres recintos de cortinados marrones y alucinantes hileras de antiguos volúmenes, o hacia pavorosas vigilias a la sombra de árboles descomunales y grotescos, cargados de enredaderas, que agitan silenciosamente en las alturas sus ramas retorcidas. Tal es lo que los dioses me destinaron... a mí, el aturdido, el frustrado, el estéril, el arruinado; sin embargo, me siento extrañamente satisfecho y me aferro con desesperación a esos recuerdos marchitos cada vez que mi mente amenaza con ir más allá, hacia el otro. No sé dónde nací, salvo que el castillo era infinitamente horrible, lleno de pasadizos oscuros y con altos cielos rasos donde la mirada sólo hallaba telarañas y sombras. Las piedras de los agrietados corredores estaban siempre odiosamente húmedas y por doquier se percibía un olor maldito, como de pilas de cadáveres de generaciones muertas. Jamás había luz, por lo que solía encender velas y quedarme mirándolas fijamente en busca de alivio; tampoco afuera brillaba el sol, ya que esas terribles arboledas se elevaban por encima de la torre más alta. Una sola, una torre negra, sobrepasaba el ramaje y salía al cielo abierto y desconocido, pero estaba casi en ruinas y sólo se podía ascender a ella por un escarpado muro poco menos que imposible de escalar. Debo haber vivido años en ese lugar, pero no puedo medir el tiempo. Seres vivos debieron haber atendido a mis necesidades; sin embargo, no puedo rememorar a persona alguna excepto yo mismo, ni ninguna cosa viviente salvo ratas, murciélagos y arañas, silenciosos todos. Supongo que, quienquiera que me haya cuidado, debió haber sido asombrosamente viejo, puesto que mi primera representación mental de una persona viva fue la de algo semejante a mí, pero retorcido, marchito y deteriorado como el castillo. Para mí no tenían nada de grotescos los huesos y los esqueletos esparcidos por las criptas de piedra cavadas en las profundidades de los cimientos. En mi fantasía asociaba estas cosas con los hechos cotidianos y los hallaba más reales que las figuras en colores de seres vivos que veía en muchos libros mohosos. En esos libros aprendí todo lo que sé. Maestro alguno me urgió o me guió, y no recuerdo haber escuchado en todos esos años voces humanas..., ni siquiera la mía; ya que, si bien había leído acerca de la palabra hablada nunca se me ocurrió hablar en voz alta. Mi aspecto era asimismo una cuestión ajena a mi mente, ya que no había espejos en el castillo y me limitaba, por instinto, a verme como un semejante de las figuras juveniles que veía dibujadas o pintadas en los libros. Tenía conciencia de la juventud a causa de lo poco que recordaba. Afuera, tendido en el pútrido foso, bajo los árboles tenebrosos y mudos, solía pasarme horas enteras soñando lo que había leído en los libros; añoraba verme entre gentes alegres, en el mundo soleado allende de la floresta interminable. Una vez traté de escapar del bosque, pero a medida que me alejaba del castillo las sombras se hacían más densas y el aire más impregnado de crecientes temores, de modo que eché a correr frenéticamente por el camino andado, no fuera a extraviarme en un laberinto de lúgubre silencio. Y así, a través de crepúsculos sin fin, soñaba y esperaba, aún cuando no supiera qué. Hasta que en mi negra soledad, el deseo de luz se hizo tan frenético que ya no pude permanecer inactivo y mis manos suplicantes se elevaron hacia esa única torre en ruinas que por encima de la arboleda se hundía en el cielo exterior e ignoto. Y por fin resolví escalar la torre, aunque me cayera; ya que mejor era vislumbrar un instante el cielo y perecer, que vivir sin haber contemplado jamás el día. A la húmeda luz crepuscular subí los vetustos peldaños de piedra hasta llegar al nivel donde se interrumpían, y de allí en adelante, trepando por pequeñas entrantes donde apenas cabía un pie, seguí mi peligrosa ascensión. Horrendo y pavoroso era aquel cilindro rocoso, inerte y sin peldaños; negro, ruinoso y solitario, siniestro con su mudo aleteo de espantados murciélagos. Pero más horrenda aún era la lentitud de mi avance, ya que por más que trepase, las tinieblas que me envolvían no se disipaban y un frío nuevo, como de moho venerable y embrujado, me invadió. Tiritando de frío me preguntaba por qué no llegaba a la claridad, y, de haberme atrevido, habría mirado hacia abajo. Se me antojó que la noche había caído de pronto sobre mí y en vano tanteé con la mano libre en busca del antepecho de alguna ventana por la cual espiar hacia afuera y arriba y calcular a qué altura me encontraba. De pronto, al cabo de una interminable y espantosa ascensión a ciegas por aquel precipicio cóncavo y desesperado, sentí que la cabeza tocaba algo sólido; supe entonces que debía haber ganado la terraza o, cuando menos, alguna clase de piso. Alcé la mano libre y, en la oscuridad, palpé un obstáculo, descubriendo que era de piedra e inamovible. Luego vino un mortal rodeo a la torre, aferrándome de cualquier soporte que su viscosa pared pudiera ofrecer; hasta que finalmente mi mano, tanteando siempre, halló un punto donde la valla cedía y reanudé la marcha hacia arriba, empujando la losa o puerta con la cabeza, ya que utilizaba ambas manos en mi cauteloso avance. Arriba no apareció luz alguna y, a medida que mis manos iban más y más alto, supe que por el momento mi ascensión había terminado, ya que la puerta daba a una abertura que conducía a una superficie plana de piedra, de mayor circunferencia que la torre inferior, sin duda el piso de alguna elevada y espaciosa cámara de observación. Me deslicé sigilosamente por el recinto tratando que la pesada losa no volviera a su lugar, pero fracasé en mi intento. Mientras yacía exhausto sobre el piso de piedra, oí el alucinante eco de su caída, pero con todo tuve la esperanza de volver a levantarla cuando fuese necesario. Creyéndome ya a una altura prodigiosa, muy por encima de las odiadas ramas del bosque, me incorporé fatigosamente y tanteé la pared en busca de alguna ventana que me permitiese mirar por vez primera el cielo y esa luna y esas estrellas sobre las que había leído. Pero ambas manos me decepcionaron, ya que todo cuanto hallé fueron amplias estanterías de mármol cubiertas de aborrecibles cajas oblongas de inquietante dimensión. Más reflexionaba y más me preguntaba qué extraños secretos podía albergar aquel alto recinto construido a tan inmensa distancia del castillo subyacente. De pronto mis manos tropezaron inesperadamente con el marco de una puerta, del cual colgaba una plancha de piedra de superficie rugosa a causa de las extrañas incisiones que la cubrían. La puerta estaba cerrada, pero haciendo un supremo esfuerzo superé todos los obstáculos y la abrí hacia adentro. Hecho esto, me invadió el éxtasis más puro jamás conocido; a través de una ornamentada verja de hierro, y en el extremo de una corta escalinata de piedra que ascendía desde la puerta recién descubierta, brillando plácidamente en todo su esplendor estaba la luna llena, a la que nunca había visto antes, salvo en sueños y en vagas visiones que no me atrevía a llamar recuerdos. Seguro ahora de que había alcanzado la cima del castillo, subí rápidamente los pocos peldaños que me separaban de la verja; pero en eso una nube tapó la luna haciéndome tropezar, y en la oscuridad tuve que avanzar con mayor lentitud. Estaba todavía muy oscuro cuando llegué a la verja, que hallé abierta tras un cuidadoso examen pero que no quise trasponer por temor a precipitarme desde la increíble altura que había alcanzado. Luego volvió a salir la luna. De todos los impactos imaginables, ninguno tan demoníaco como el de lo insondable y grotescamente inconcebible. Nada de lo soportado antes podía compararse al terror de lo que ahora estaba viendo; de las extraordinarias maravillas que el espectáculo implicaba. El panorama en sí era tan simple como asombroso, ya que consistía meramente en esto: en lugar de una impresionante perspectiva de copas de árboles vistas desde una altura imponente, se extendía a mi alrededor, al mismo nivel de la verja, nada menos que la tierra firme, separada en compartimentos diversos por medio de lajas de mármol y columnas, y sombreada por una antigua iglesia de piedra cuyo devastado capitel brillaba fantasmagóricamente a la luz de la luna. Medio inconsciente, abrí la verja y avancé bamboleándome por la senda de grava blanca que se extendía en dos direcciones. Por aturdida y caótica que estuviera mi mente, persistía en ella ese frenético anhelo de luz; ni siquiera el pasmoso descubrimiento de momentos antes podía detenerme. No sabía, ni me importaba, si mi experiencia era locura, enajenación o magia, pero estaba resuelto a ir en pos de luminosidad y alegría a toda costa. No sabía quién o qué era yo, ni cuáles podían ser mi ámbito y mis circunstancias; sin embargo, a medida que proseguía mi tambaleante marcha, se insinuaba en mí una especie de tímido recuerdo latente que hacía mi avance no del todo fortuito, sin rumbo fijo por campo abierto; unas veces sin perder de vista el camino, otras abandonándolo para internarme, lleno de curiosidad, por praderas en las que sólo alguna ruina ocasional revelaba la presencia, en tiempos remotos, de una senda olvidada. En un momento dado tuve que cruzar a nado un rápido río cuyos restos de mampostería agrietada y mohosa hablaban de un puente mucho tiempo atrás desaparecido. Habían transcurrido más de dos horas cuando llegué a lo que aparentemente era mi meta: un venerable castillo cubierto de hiedras, enclavado en un gran parque de espesa arboleda, de alucinante familiaridad para mí, y sin embargo lleno de intrigantes novedades. Vi que el foso había sido rellenado y que varias de las torres que yo bien conocía estaban demolidas, al mismo tiempo que se erguían nuevas alas que confundían al espectador. Pero lo que observé con el máximo interés y deleite fueron las ventanas abiertas, inundadas de esplendorosa claridad y que enviaban al exterior ecos de la más alegre de las francachelas. Adelantándome hacia una de ellas, miré al interior y vi un grupo de personas extrañamente vestidas, que departían entre sí con gran jarana. Como jamás había oído la voz humana, apenas sí podía adivinar vagamente lo que decían. Algunas caras tenían expresiones que despertaban en mí remotísimos recuerdos; otras me eran absolutamente ajenas. Salté por la ventana y me introduje en la habitación, brillantemente iluminada, a la vez que mi mente saltaba del único instante de esperanza al más negro de los desalientos. La pesadilla no tardó en venir, ya que, no bien entré, se produjo una de las más aterradoras reacciones que hubiera podido concebir. No había terminado de cruzar el umbral cuando cundió entre todos los presentes un inesperado y súbito pavor, de horrible intensidad, que distorsionaba los rostros y arrancaba de todas las gargantas los chillidos más espantosos. El desbande fue general, y en medio del griterío y del pánico varios sufrieron desmayos, siendo arrastrados por los que huían enloquecidos. Muchos se taparon los ojos con las manos y corrían a ciegas llevándose todo por delante, derribando los muebles y dándose contra las paredes en su desesperado intento de ganar alguna de las numerosas puertas. Solo y aturdido en el brillante recinto, escuchando los ecos cada vez más apagados de aquellos espeluznantes gritos, comencé a temblar pensando qué podía ser aquello que me acechaba sin que yo lo viera. A primera vista el lugar parecía vacío, pero cuando me dirigí a una de las alcobas creí detectar una presencia... un amago de movimiento del otro lado del arco dorado que conducía a otra habitación, similar a la primera. A medida que me aproximaba a la arcada comencé a percibir la presencia con más nitidez; y luego, con el primero y último sonido que jamás emití -un aullido horrendo que me repugnó casi tanto como su morbosa causa-, contemplé en toda su horrible intensidad el inconcebible, indescriptible, inenarrable monstruo que, por obra de su mera aparición, había convertido una alegre reunión en una horda de delirantes fugitivos. No puedo siquiera decir aproximadamente a qué se parecía, pues era un compuesto de todo lo que es impuro, pavoroso, indeseado, anormal y detestable. Era una fantasmagórica sombra de podredumbre, decrepitud y desolación; la pútrida y viscosa imagen de lo dañino; la atroz desnudez de algo que la tierra misericordiosa debería ocultar por siempre jamás. Dios sabe que no era de este mundo -o al menos había dejado de serlo-, y, sin embargo, con enorme horror de mi parte, pude ver en sus rasgos carcomidos, con huesos que se entreveían, una repulsiva y lejana reminiscencia de formas humanas; y en sus enmohecidas y destrozadas ropas, una indecible cualidad que me estremecía más aún. Estaba casi paralizado, poro no tanto como para no hacer un débil esfuerzo hacia la salvación: un tropezón hacia atrás que no pudo romper el hechizo en que me tenía apresado el monstruo sin voz y sin nombre. Mis ojos, embrujados por aquellos asqueantes ojos vítreos que los miraba fijamente, se negaban a cerrarse, si bien el terrible objeto, tras el primer impacto, se veía ahora más confuso. Traté de levantar la mano y disipar la visión, pero estaba tan anonadado que el brazo no respondió por entero a mi voluntad. Sin embargo, el intento fue suficiente como para alterar mi equilibrio y, bamboleándome, di unos pasos hacia adelante para no caer. Al hacerlo adquirí de pronto la angustiosa noción de la proximidad de la cosa, cuya inmunda respiración tenía casi la impresión de oír. Poco menos que enloquecido, pude no obstante adelantar una mano para detener a la fétida imagen, que se acercaba más y más, cuando de pronto mis dedos tocaron la extremidad putrefacta que el monstruo extendía por debajo del arco dorado. No chillé, pero todos los satánicos vampiros que cabalgan en el viento de la noche lo hicieron por mí, a la vez que dejaron caer en mi mente una avalancha de anonadantes recuerdos. Supe en ese mismo instante todo lo ocurrido; recordé hasta más allá del terrorífico castillo y sus árboles; reconocí el edificio en el cual me hallaba; reconocí, lo más terrible, la impía abominación que se erguía ante mí, mirándome de soslayo mientras apartaba de los suyos mis dedos manchados. Pero en el cosmos existe el bálsamo además de la amargura, y ese bálsamo es el olvido. En el supremo horror de ese instante olvidé lo que me había espantado y el estallido del recuerdo se desvaneció en un caos de reiteradas imágenes. Como entre sueños, salí de aquel edificio fantasmal y execrado y eché a correr rauda y silenciosamente a la luz de la luna. Cuando retorné al mausoleo de mármol y descendí los peldaños, encontré que no podía mover la trampa de piedra; pero no lo lamenté, ya que había llegado a odiar el viejo castillo y sus árboles. Ahora cabalgo junto a los fantasmas, burlones y cordiales, al viento de la noche, y durante el día juego entre las catacumbas de Nefre-Ka, en el recóndito y desconocido valle de Hadoth, a orillas del Nilo. Sé que la luz no es para mí, salvo la luz de la luna sobre las tumbas de roca de Neb, como tampoco es para mí la alegría, salvo las innominadas fiestas de Nitokris bajo la Gran Pirámide; y, sin embargo, en mi nueva y salvaje libertad agradezco casi la amargura de la alienación. Pues aunque el olvido me ha dado la calma, no por eso ignoro que soy un extranjero; un extraño a este siglo y a todos los que aún son hombres. Esto es lo que supe desde que extendí mis dedos hacia esa cosa abominable surgida en aquel gran marco dorado; desde que extendí mis dedos y toqué la fría e inexorable superficie de pulido espejo. H.P. Lovecraft Qioero quedar... Quiero quedar grabada a fuego en tu entraña, que mi voz resuene dulce y ausente en tu oído. Quiero ser lejana en tu desesperación. Sueño deseado e inalcanzable, punzada de celos en tu interior. Curva y cambio en tu camino, etérea sombra que se aleja. Musa en tu inspiración, recuerdo imborrable en tu conciencia. Sakkarah Tuyo siempre.
No importa si no venis conmigo, Te seguiria por todas partes y volveria a la ciudad, Si alguna vez no me vuelven a ver, Y volveria por todas partes para encontrarte y preguntarte, Muda Ando perdida. Camino entre la gente como ciega. Te busco donde sé que no estás, porque eres un desaparecido. Aire, sólo aire. ¿No te das cuenta que no tengo un aroma para seguirte? El eco no me puede hablar de ti. Te buscaré a donde se me va la vida. Hago tiempo para encontrar arrestos para morir, y el tiempo me va dando la espalda. Es un viaje hacia lo incomprendido, para acabar asomando mi cuerpo a esa balconada. Mi mirada fugaz no reverberará la voz de mi alma; pero el puñal si alcanzará mi corazón. Muda, ya me tienes muda. Sakkarah |