SakkarahRomanticismo |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007. Resumen
Las gotas...![]() Las gotas de agua, que tras el baño, Sakkarah Debí asustarme. Debí asustarme cuando, en la nada de mi recuerdo, sentí la vida. Un sueño, aún no soñado, se presentaba con luces en mis ojos. Reflejos olvidados iban sacudiendo mi memoria. Inservibles para evitar los tropiezos, hacían luz en mí tardíos; pero cada inflexión de ellos me hacia avanzar hacia sueños que parecían inalcanzables. Sólo se puede vivir lo soñado. ¿Qué pesadillas pudo albergar mi mente para los instantes aciagos? Intuyo que fueron impulsos para esta onírica vivencia en que me encuentro. Sakkarah ¿Qué es lo objetivo?![]() ¿Qué es lo objetivo? ¿Por qué razón sólo lo que se capta con los ojos? La imaginación, nuestra mente, también tiene algo que decir, es otra manera de ver. La realidad es el conjunto de la persona y lo que ella considera que compone su entorno. La verdad la da su pensamiento. Hay personas que se infringen a sí mismas pesadas cadenas de normas, para que su voluntad las acepte. Así vivir, es como carne entre corsé. que lo único que puede hacer es llenar de moretones el alma. En realidad bastantes leyes nos impone el convivir con el resto, para encima nosotros ser nuestros propios verdugos. Además, todo por agradar al resto, o por coger un buen número en medio de verdaderos desconocidos.El caso es que nos resulta dura nuestra individualidad, nos sentimos más felices cuando sentimos la aprobación del resto; y ser uno mismo termina siendo algo fatigoso, una intensa lucha. Hay que escoger entre la comodidad, o la alteración apasionada. Sakkarah Ya es tarde.![]() Sobre el cuerpo muerto revolotean las mariposas Hacen cabriolas, no se alejan del fétido olor de la nada. El difunto no va a abrir los ojos, no verá los colores tras esta lluvia de besos Vivo encerrada en el cementerio de las sensaciones rotas, con la lápida abierta en espera del suicidio del amor. A punto de inmolarme, tarde para mi, te he descubierto, imposible y grande, dentro habitarás conmigo. Sakkarah Comedida y discreta.![]() Yo, reina del Nilo y reencarnación de Isis, amo mi tierra, pero tengo que soportar la afrenta de que se me considere alejandrina, lo cual quiere decir tierra de nadie. A pesar de ello me he molestado en tomar la legua egipcia Sakkarah haciendo de Cleopatra Funeral de un jefe vikingo.![]() «Un día murió uno de los jefes de la expedición vikinga y el embajador pudo seguir los ritos funerarios desde su comienzo hasta su final. Para empezar colocaron el cadáver en una tumba provisional sobre la que instalaron un tosco tejado y allí estuvo durante diez días mientras le confeccionaban el vestuario mortuorio. »Si el difunto era un hombre pobre construían una rudimentaria barca en la que le colocaban y le quemaban después. Pero si era un hombre rico, de su fortuna hacían tres partes: una para su familia, otra para los vestidos mortuorios y otra para preparar una bebida muy fuerte, llamada nabidh, que los deudos y amistades del difunto bebían sin descanso hasta el día de la incineración del cadáver. »Cuando un gran personaje muere los familiares preguntan a sus esclavos, hombres y mujeres, quién quiere morir con él y acompañar al difunto a ultratumba. Si alguien dice «yo», ya no puede volverse atrás. La esclava, porque generalmente son mujeres las que se ofrecen para el sacrificio, se ve separada de la familia y confiada a dos jóvenes muchachas que cuidan de ella, la acompañan adondequiera que va y la lavan cuidadosamente. »Mientras tanto se confeccionan los vestidos que ha de llevar el cadáver y la esclava bebe y canta continuamente sin perder la alegría. »Cuando llegó el día en que el hombre tenía que ser incinerado y la muchacha con él, los asistentes cogieron una barca, la colocaron sobre las arenas de la playa y a su alrededor pusieron gran cantidad de madera. »Sobre la barca depositaron la cama en que había dormido el difunto y la cubrieron con colchones y almohadas de brocado. Llegó en esto una vieja, a la que llamaban el Angel de la Muerte, encargada de arreglar todo el paramento que se había preparado y de matar a la esclava. »Fueron luego todos a la tumba en que habían sepultado al muerto, al que desenterraron junto con unas botellas de nabidh, frutas y otros alimentos. Vistieron el cadáver con pantalones, botas, una túnica y un caftán de brocado con botones de oro y colocaron sobre su cabeza una gorra de brocado y pieles de marta. Le llevaron a la barca, le sentaron sobre el colchón y lo sostuvieron con cojines y almohadas. Colocaron junto a él el imprescindible nabidh, frutas, plantas olorosas, pan, carne y cebolla. Después partieron en dos a un perro y lo dejaron a sus pies. Mataron dos caballos a los que previamente habían hecho correr hasta que estuvieron sudados, los cortaron a trozos con los sables y su carne fue colocada sobre la barca; lo mismo hicieron con dos vacas, un gallo y una gallina. »Mientras esto sucedía la esclava que debía morir visitaba a los diversos jefes del campamento y se unía sexualmente con ellos, que, cuando terminaban la agradable ceremonia, le decían: «Di a tu amo que lo hemos hecho por amor a él." »Cuando llegó el momento de la oración del viernes pusieron los hombres a la esclava sobre una ancha tabla y la levantaron tres veces lo más arriba que podían mientras ella pronunciaba unas palabras. Cuando terminó la ceremonia le presentaron una gallina a la que cortó la cabeza y que fue depositada en la barca como se había hecho con los otros animales.» El viajero que narra esta ceremonia preguntó a un intérprete qué había dicho la muchacha mientras la elevaban sobre la tabla. La primera vez había dicho: «He aquí que veo a mi padre y a mi madre.» La segunda vez: «He aquí que veo sentados a todos mis parientes muertos.» Y la tercera: «He aquí que veo a mi amo sentado en el paraíso y el paraíso es hermoso y verde. Con él hay hombres y muchachas y me llama. Llevadme hacia él.» «La llevaron a la barca, en donde ella se quitó dos brazaletes y los entregó a la mujer llamada el Ángel de la Muerte. Dio otras joyas a las muchachas y subió inmediatamente a la barca funeraria. »Después los hombres la rodearon con escudos y bastones. Le entregaron una copa de nabidh que bebió de un trago. Después cantó la joven unas estrofas con las que se despedía de sus compañeras. Le entregaron una segunda copa y varias más, tras lo cual entró en el lugar que ocupaba el cadáver de su amo. »Los hombres golpeaban sus escudos para que no se oyesen los gritos de la esclava y uno tras otro, hasta seis, cohabitaron con ella. A continuación la acostaron al lado de su amo. Dos la cogieron por los pies y otros dos por las manos. El Angel de la Muerte le colocó una cuerda en el cuello dándole una vuelta y entregó las extremidades a dos hombres para que tirasen de ella. Se acercó a la muchacha y con un puñal le atravesó el corazón mientras los dos hombres la estrangulaban. »A continuación el más joven de los parientes del muerto cogió una antorcha y completamente desnudo, con una mano cubriendo el orificio de su ano, prendió fuego a los maderos que rodeaban la barca. Después todos, con teas y leños, ayudaron a propagar el incendio, que destruyó la barca y todo lo que contenía. » Extractado del libro "Intimidades de la Historia", de Carlos Fisas, editorial Planeta. Quiero...![]() Quiero emprender el camino de un sueño, y la mente me lleva lejos, muy lejos. Llego a perderme en la fantasía, vivo el futuro en su reino; pero de repente despierto, y me doy cuenta que he corrido mucho, demasiado. Mi imaginación ha recorrido largos y anchos caminos, se me fue por autovías. Es entonces cuando me paro y recapacito. Me digo que no, que seguramente mi gran sueño me anda rondando cerca, tan cerca que aún no he sido capaz de verlo. Sakkarah La energía.![]() Seguramente todos tenemos la misma energía, pero no todos somos tan activos, o nerviosos en apariencia. Imagino que la repartimos de forma diferente. Unos la usan buceando dentro de sí mismos, otros en locas carreras contra el tiempo.
Sakkarah Safo![]() la razon 24/06/05 «Mi una vez tierno cuerpo ha alcanzado la edad adulta/ Mi cabello se ha vuelto blanco en vez de oscuro/ Mi corazón se ha vuelto pesado, mis piernas ya no me sostienen», dicen tres de los versos rescatados por West. «No envejecer, siendo humanos, es imposible», concluye luego. Las 101 palabras están estructuradas en doce versos que forman seis parejas. Aproximadamente el 90 por ciento del texto es original, y el traductor sólo ha tenido que rellenar varios huecos de las cuatro primeras líneas. Autor: norlingen Oso![]() Oso hembra, perezoso y triste. La vuelta al bar.![]() La vuelta al bar, después de haber pasado meses, no tenía nada sorprendente. Adosados a su barra, más o menos los de siempre. Algunos de ellos en su rincón favorito, porque somos animales de costumbres, y nos asociamos siempre, o casi siempre, a unos lugares determinados. Sakkarah Esfuerzo![]() Yo tengo claro que todo lo que queramos conseguir ha de ser a base de esfuerzo, pero, como muchas otras cosas, aunque lo sé, no me prodigo en ello. Todo el mundo que ha conseguido algo importante, le costó mucho, y hoy me dio por pensar en ello. Decia Tito Livio, qe todo esfuerzo se volvía ligero con el hábito, y es cierto. El hábito acelera nuestras manos, nuestro cuerpo, nuestra mente...y nos da seguridad en lo que hacemos. Hoy en día nos gusta todo lo que no suponga trabajo, lo fácil, y esto lleva a no valorar nada, pero a la vez a perder el entusiasmo por la vida, al desencanto. De todas formas, para esforzarnos, primero hay que tener una meta clara, una ilusión por la que luchar. Perder la esperanza...esto es otro obstáculo enorme para empeñarse en algo. Debe ser la razón por la que mi esfuerzo en la mayoría de los casos, es nulo Sakkarah Corre la savia.![]() Corre la savia en el tallo haciendo estallar el color que a la mirada, ciega y vivifica. Sakkarah Soy![]() Soy el que sabe que no es menos vano Que el vano observador que en el espejo De silencio y cristal sigue el reflejo O el cuerpo (da lo mismo) del hermano. Soy, tácitos amigos, el que sabe Que no hay otra venganza que el olvido Ni otro perdón. Un dios ha concedido Al odio humano esta curiosa llave. Soy el que pese a tan ilustres modos De errar, no ha descifrado el laberinto Singular y plural, arduo y distinto, Del tiempo, que es de uno y es de todos. Soy el que es nadie, el que no fue una espada En la guerra. Soy eco, olvido, nada. Borges Dirigir al resto.![]() Tenemos la manía de dirigir al resto con la disculpa de que queremos lo mejor para ellos. Eso sólo hace entorpecer su libertad Por querer tanto a un periquito, me lo cargué Pensé que lo mejor para él era estar al sol, a la luz, y...con 40º murió de una insolación. Lo pasé muy mal, y ya no tenía remedio. Con los seres humanos pasa lo mismo, no valen nuestras buenas intenciones, porque no siempre entendemos al otro Es muy difícil ponerse en la piel de los demás, y aun habiendo vivido lo mismo, nunca podrá ser igual, las circunstancias jamás se repiten Sakarah Me siento generosa![]() Hoy me siento generosa, no quiero contarles cual es mi perfume; pero sí le aviso a las damas que en él va parte del éxito que tengo con los hombres Sakkarah en el papel de Cleopatra Su ráfaga.![]() Fue tan fuerte su ráfaga, que cegada descendí a los infiernos. Allí purgué mi soberbia abatida, mi orgullo herido. Me daban la humildad a cucharones y no quería tomarla. Me resistía a perder el poco amor propio que me quedaba. La ira era incontrolable en mi lengua, incluso los celos se apoderaron de mí. Pensé en no salir nunca de esas llamas, prefería arder que perder todo lo que me invitaba a moverme, a vivir. Sakkarah
Un asesinato.![]() Es de noche. La criadita Varka, una muchacha de trece años, mece en la cuna al nene y le canturrea:
Una lamparilla verde encendida ante el icono alumbra con luz débil e incierta. Colgados a una cuerda que atraviesa la habitación se ven unos pañales y un pantalón negro. La lamparilla proyecta en el techo un gran círculo verde; las sombras de los pañales y el pantalón se agitan, como sacudidas por el viento, sobre la estufa, sobre la cuna y sobre Varka. La atmósfera es densa. Huele a piel y a sopa de col. El niño llora. Está hace tiempo afónico de tanto llorar; pero sigue gritando cuanto le permiten sus fuerzas. Parece que su llanto no va a acabar nunca. Varka tiene un sueño terrible. Sus ojos, a pesar de todos sus esfuerzos, se cierran, y, por más que intenta evitarlo, da cabezadas. Apenas puede mover los labios, y se siente la cara como de madera y la cabeza pequeñita cual la de un alfiler.
balbucea. Se oye el canto monótono de un grillo escondido en una grieta de la estufa. En el cuarto inmediato roncan el maestro y el aprendiz Afanasy. La cuna, al mecerse, gime quejumbrosa. Todos estos ruidos se mezclan con el canturreo de Varka en una música adormecedora, que es grato oír desde la cama. Pero Varka no puede acostarse, y la musiquita la exaspera, pues le da sueño y ella no puede dormir; si se durmiese, los amos le pegarían. La lamparilla verde está a punto de apagarse. El círculo verde del techo y las sombras se agitan ante los ojos medio cerrados de Varka, en cuyo cerebro semidormido nacen vagos ensueños. La muchacha ve en ellos correr por el cielo nubes negras que lloran a gritos, como niños de teta. Pero el viento no tarda en barrerlas, y Varka ve un ancho camino, lleno de lodo, por el que transitan, en fila interminable, coches, gentes con talegos a la espalda y sombras. A uno y otro lado del camino, envueltos en la niebla, hay bosques. De pronto, las sombras y los caminantes de los talegos se tienden en el lodo. -¿Para qué hacéis eso? -les pregunta Varka. -¡Para dormir! -contestan-. Queremos dormir. Y se duermen como lirones. Cuervos y urracas, posados en los alambres del telégrafo, ponen gran empeño en despertarlos.
canturrea entre sueños Varka. Momentos después sueña hallarse en casa de su padre. La casa es angosta y obscura. Su padre, Efim Stepanov, fallecido hace tiempo, se revuelca por el suelo. Ella no le ve, pero oye sus gemidos de dolor. Sufre tanto -atacado de no se sabe qué dolencia-, que no puede hablar. Jadea y rechina los dientes. -Bu-bu-bu-bu... La madre de Varka corre a la casa señorial a decir que su marido está muriéndose. Pero ¿por qué tarda tanto en volver? Hace largo rato que se ha ido y debía haber vuelto ya. Varka sueña que sigue oyendo quejarse y rechinar los dientes a su padre, acostada en la estufa. Mas he aquí que se acerca gente a la casa. Se oye trotar de caballos. Los señores han enviado al joven médico a ver al moribundo. Entra. No se le ve en la obscuridad, pero se le oye toser y abrir la puerta. -¡Encended luz! -dice. -¡Bu-bu-bu! -responde Efim, rechinando los dientes. La madre de Varka va y viene por el cuarto buscando cerillas. Unos momentos de silencio. El doctor saca del bolsillo una cerilla y la enciende. -¡Espere un instante, señor doctor! -dice la madre. Sale corriendo y vuelve a poco con un cabo de vela. Las mejillas del moribundo están rojas, sus ojos brillan, sus miradas parecen hundirse extrañamente agudas en el doctor, en las paredes. -¿Qué es eso, muchacho? -le pregunta el médico, inclinándose sobre él-. ¿Hace mucho que estás enfermo? ¡Me ha llegado la hora, excelencia! -contesta, con mucho trabajo, Efim-. No me hago ilusiones... -¡Vamos, no digas tonterías! Verás cómo te curas... -Gracias, excelencia; pero bien sé yo que no hay remedio... Cuando la muerte dice aquí estoy, es inútil luchar contra ella... El médico reconoce detenidamente al enfermo y declara: -Yo no puedo hacer nada. Hay que llevarle al hospital para que le operen. Pero sin pérdida de tiempo. Aunque es ya muy tarde, no importa; te daré cuatro letras para el doctor y te recibirá. ¡Pero en seguida, en seguida! -Señor doctor, ¿y cómo va a ir? -dice la madre-. No tenemos caballo. -No importa; les hablaré a los señores y os dejarán uno. El médico se va, la vela se apaga y de nuevo se oye el rechinar de dientes del moribundo. -Bu-bu-bu-bu... Media hora después se detiene un coche ante la casa; lo envían los señores para llevar a Efim al hospital. A los pocos momentos el coche se aleja, conduciendo al enfermo. Pasa, al cabo, la noche y sale el Sol. La mañana es hermosa, clara. Varka se queda sola en casa; su madre se ha ido al hospital a ver cómo sigue el marido. Se oye llorar a un niño. Se oye también una canción:
A Varka le parece su propia voz la voz que canta. Su madre no tarda en volver. Se persigna y dice: -¡Acaban de operarle, pero ha muerto! ¡Santa gloria haya!... El doctor dice que se le ha operado demasiado tarde; que debía habérsele operado hace mucho tiempo. Varka sale de la casa y se dirige al bosque. Pero siente de pronto un tremendo manotazo en la nuca. Se despierta y ve con horror a su amo, que le grita: -¡Mala pécora! ¡El nene llorando y tú durmiendo! Le da un tirón de orejas; ella sacude la cabeza, como para ahuyentar el sueño irresistible y empieza de nuevo a balancear la cuna, canturreando con voz ahogada. El círculo verde del techo y las sombras siguen produciendo un efecto letal sobre Varka, que, cuando su amo se va, torna a dormirse. Y empieza otra vez a soñar. De nuevo ve el camino enlodado. Infinidad de gente, cargada con talegos, yace dormida en tierra. Vorka quiere acostarse también; pero su madre, que camina a su lado, no la deja; ambas se dirigen a la ciudad en busca de trabajo. -¡Una limosnita, por el amor de Dios! -implora la madre a los caminantes-. ¡Compadeceos de nosotros, buenos cristianos! -¡Dame el niño! -grita de pronto una voz que le es muy conocida a Varka-. ¡Otra vez dormida, mala pécora! Varka se levanta bruscamente, mira en torno suyo y se da cuenta de la realidad: no hay camino, ni caminantes, ni su madre está junto a ella; sólo ve a su ama, que ha venido a darle teta al niño. Mientras el niño mama, Varka, de pie, espera que acabe. El aire empieza a azulear tras los cristales; el círculo verde del techo y las sombras van palideciendo. La noche le cede su puesto a la mañana. -¡Toma al niño! -ordena a los pocos minutos el ama, abotonándose la camisa-. Siempre está llorando. ¡No sé qué le pasa! Varka coge al niño, lo acuesta en la cuna y empieza otra vez a mecerle. El círculo verde y las sombras, menos perceptibles a cada instante, no ejercen ya influjo sobre su cerebro. Pero, sin embargo, tiene sueño; su necesidad de dormir es imperiosa, irresistible. Apoya la cabeza en el borde de la cuna, y balancea el cuerpo al par que el mueble, para despabilarse; pero los ojos se le cierran y siente en la frente un peso plúmbeo. -¡Varka, enciende la estufa! -grita el ama, al otro lado de la puerta. Es de día. Hay que comenzar el trabajo. Varka deja la cuna y corre por leña a la porchada. Se anima un poco; es más fácil resistir el sueño andando que sentado. Lleva leña y enciende la estufa. La niebla que envolvía su cerebro se va disipando. -¡Varka, prepara el samovar! -grita el ama. Varka empieza a encender astillas, mas su ama la interrumpe con una nueva orden: -¡Varka, límpiale los chanclos al amo! Varka, mientras limpia los chanclos, sentada en el suelo, piensa que sería delicioso meter la cabeza en uno de aquellos zapatones para dormir un rato. De pronto, el chanclo que estaba limpiando crece, se infla, llena toda la estancia. Varka suelta el cepillo y empieza a dormirse; pero hace un nuevo esfuerzo, sacude la cabeza y abre los ojos cuanto puede, en evitación de que los chismes que hay a su alrededor sigan moviéndose y creciendo. -¡Varka, ve a lavar la escalera! -ordena el ama, a voces-. ¡Está tan cochina, que cuando sube un parroquiano me avergüenzo! Varka lava la escalera, barre las habitaciones, enciende después otra estufa, va varias veces a la tienda. Son tantos sus quehaceres, que no tiene un momento libre. Lo que más trabajo le cuesta es estar de pie, inmóvil, ante la mesa de la cocina, mondando patatas. Su cabeza se inclina, sin que ella lo pueda evitar, hacia la mesa; las patatas toman formas fantásticas; su mano no puede sostener el cuchillo. Sin embargo, es preciso no dejarse vencer por el sueño: está allí el ama, gorda, malévola, chillona. Hay momentos en que le acomete a la pobre muchacha una violenta tentación de tenderse en el suelo y dormir, dormir, dormir... Transcurre así el día. Llega la noche. Varka, mirando las tinieblas enlutar las ventanas, se aprieta las sienes, que se siente como de madera, y sonríe de un modo estúpido, completamente inmotivado. Las tinieblas halagan sus ojos y hacen renacer en su alma la esperanza de poder dormir. Hay aquella noche una visita. -¡Varka, enciende el samovar! -grita el ama. El samovar es muy pequeño, y para que todos puedan tomar té hay que encenderlo cinco veces. Luego Varka, en pie, espera órdenes, fijos los ojos en los visitantes. -¡Varka, ve por vodka! Varka, ¿dónde está el sacacorchos? ¡Varka, limpia un arenque! Por fin la visita se va. Se apagan las luces. Se acuestan los amos. -¡Varka, abraza al niño! -es la última orden que oye. Canta el grillo en la estufa. El círculo verde del techo y las sombras vuelven a agitarse arte los ojos medio cerrados de Varka y a envolverle el cerebro en una niebla.
canturrea la pobre muchacha con voz soñolienta. El niño grita como un condenado. Está a dos dedos de encanarse. Varka, medio dormida, sueña con el ancho camino enlodado, con los caminantes del talego, con su madre, con su padre moribundo. No puedo darse cuenta de lo que pasa en torno suyo. Sólo sabe que algo la paraliza, pesa sobre ella, la impide vivir. Abre los ojos, tratando de inquirir qué fuerza, qué potencia es ésa, y no saca nada en limpio. Sin alientos ya, mira el círculo verde, las sombras... En este momento oye gritar al niño y se dice: «Ese es el enemigo que me impide vivir.» El enemigo es el niño. Varka se echa a reír. ¿Cómo no se le ha ocurrido hasta ahora una idea tan sencilla? Completamente absorbida por tal idea se levanta, y, sonriendo, da algunos pasos por la estancia. La llena de alegría el pensar que va a librarse al punto del niño enemigo. Le matará y podrá dormir lo que quiera. Riéndose, guiñando los ojos con malicia, se acerca con tácitos pasos a la cuna y se inclina sobre el niño. Le atenaza con entrambas manos el cuello. El niño se pone azul, y a los pocos instantes muere. Varka entonces, alegre, dichosa, se tiende en el suelo y se queda al punto dormida con un sueño profundo. Anton Pavlovich Chejov Poesía pura.![]() Deshaced este verso. Quitadle los caireles de la rima el metro, la cadencia y hasta la idea misma. Aventad las palabras, y si después queda algo todavía eso será la poesía. León Felipe Rare bird - SympathyGracias, Margot, por mostrarmela.
Camino de los sueños.![]() Camino de los sueños, con el paso lento, aunque sea el final. Separados por una amplia banda, mirándonos, sin podernos rozar Una locura seguir la pista hacia la nada. Quiza haya que dejarse llevar. Me ofrezco a la vida, me recuesto sobre sus brazos, y cierro lo ojos. Ella me posará como si se tratara del despertar de un cuento Mi pelo al viento, como alazán al galope entre praderas Ya no hay obstáculos, mi mente ha bajado la guardia. Aferrada a la vida paseo en la ventisca Sakkarah En la hora mala.![]() En la hora mala, los asideros se alejan, la soledad nos hace isla, y el mar que nos rodea se hace intransitable. Solos ante la inmensidad del dolor, el que nadie acalla. El alma lacia, como hoja seca en un rimero del suelo, y el crujir de los pasos que aplastan haciendo añicos el espíritu. La vida como suela de bota gigante, que distraida y sin piedad nos reduce a nada. Veneno líquido la palabra que hiere, o el acto. La serenidad se fuga ante el espejismo, porque nada nos puede dañar sin nosotros consentirlo; pero hay dardos que llevan los vocablos por los sombríos corredores de la mente hasta engañarla. Caen las endebles murallas que nos defienden Estamos abocados al vacío. Lóbrego el paso en la desconfianza, espesa la sangre de la herida que no cierra. El dolor abarca el mayor espacio, y pocas veces deja un resquicio a la alegría. Sakkarah Me trasladé.![]() Me trasladé a su ciudad, dejaba atrás mis nervios rotos; ese desgarro que se siente en el alma cuando se rompe con todo, cuando de tu vida debes borrar lo imborrable. Sólo había tenido dos opciones entre las que escoger: Mi eterno infierno, en el que quedaba una parte de mi ser, o hacer la maleta del tiempo para correr tras los sueños.
Abrí el armario y saqué el vestido de esperanza, los zapatos de valor y un bolso de rebeldía. El interior desnudo, como mi alma.
Al entrar en la habitación, me recosté en la cama dejando fluir las lágrimas del olvido. Quería que al encontrarme con él sólo me iluminara mi sonrisa. El cansancio pudo con el llanto, y, al fin, quedé dormida. En mis sueños desfiló toda una vida de amor que culminaba en la escena de dos ancianos enamorados, paseando por la orilla de la playa de la mano Él, aun a veces, la sujetaba por la cintura. Tuve un bello despertar, me encontraba llena de confianza. Empezaba a realizar mi gran sueño, el que me acompañó toda una vida. Busqué el móvil y marqué ese número mágico del que salía una voz que hacía vibrar mi cuerpo. Sólo faltaban unos instantes para nuestro encuentro. Marqué sin ninguna inquietud, sólo el corazón latía desacompasado, emocionado. Las palomas se van apartando de mi paso cansado. Saben que no miro donde piso, mis pies se arrastran por el peso del alma. Frenan los coches y, sus conductores me gritan cosas ininteligibles para mi. La gente a veces me empuja a mi paso, llevan prisa por llegar a un lugar determinado. No hace falta tiempo, ni lugar cuando se va hacia el camino de la nada. Sólo encontrar una sima donde dejar caer este cuerpo tan pesado que siempre me acompaña.
Un salto en mi pensamiento me avisa de que algo ha pasado. En mi oído solo se escucha: “Apagado o fuera de cobertura” Esas palabras palpitan en lugar de mi corazón.
El frenazo chirría despertándome. Sólo se escucha un grito, enorme, hace eco en mi vacío; pero...ya viene la paz del eterno sueño. Sakkarah Every Breath You Take.![]() Cada respiración que tomas Bailarina La mano vacía, de donde se habían escapado las caricias, toma forma guiada por la nota musical. Su aura de ave la acompaña sin ella saberlo, y el ritmo de la vida va ondulando su cadera. Como polvo de estrellas, lleva prendida a su cintura la huella de la mano amada; su pirueta en el aire, la hace prendida del recuerdo. Están tensos los músculos de la espera, y los párpados se cierran con la melodía; siempre propensos a soñar. Sus cejas marcan la interrogación que deja la duda no resuelta, y en su rostro se suceden los gestos ensayados en las ausencias. Un hermético enigma se apodera de su pecho, dejándola paralela al suelo. Sigue la música mientras su corazón enamorado palpita con fiereza, y en el aire danzan sus sombras en un intento de huída. Sakkarah You And Me.![]()
Todo lo que hago, todo lo que siento Porque tu y yo Somos uno para el otro, Porque tu y yo Que día es hoy,que mes es? Con su permiso. (Juana la loca)![]() Sé que todos ustedes me conocen, quiero refugiarme aquí, porque será el único sitio donde adivino me voy a sentir comprendida. No me gustaría que ustedes me juzgaran tan mal como lo hizo la historia conmigo Sakkarah en el papel de Juana la loca Mi viejo.![]()
Yo lo miro desde lejos, Viejo mi querido viejo El tiene los ojos buenos Yo tengo los años nuevos Viejo mi querido viejo, Con sus grandes orejillas...![]() Con sus grandes orejillas, y sus ojos fijos me miraba de manera insistente. Yo quería comprender en su mirada. Sabía que allí se reflejaba mi futuro, que todo dependía de poder leer en esos ojos enormes. Me quedaba hipnotizada, y mi vuelta a la realidad no me aclaraba gran cosa. Cuando me cansaba me alejaba, y corría tras de mí para ponerse enfrente. Era insistente, quería que descifrara los signos grabados en chispitas negras sobre el tono marrón del iris. Yo prefería hablarle, pues con un movimiento de su boca podría entender, pero sus labios permanecían sellados. A veces pensaba que él sólo era una paranoia más de mí agotada mente. Entonces lo tocaba, y mi tacto no podía engañarme. Esa piel viscosa y gris no era una imagen creada por mí. Era real, tanto, como que mi corazón aún latía. Salí de la casa dando un portazo. Ya no soportaba más la sensación de verme acosada por su compañía. Me dirigí a la alameda. A esas horas estaba vacía, y allí, en sus jardines, yo me sentía feliz. Al fin podía respirar, y sentir en la cara la fresca brisa. No duraría mucho esta sensación. A mi lado, muy pegado a mi se encontraba él. Esta vez me sujetó la cara para que no pudiera desviar mi vista de la suya, y leí. Pude ver ese gran río de cascada azulada y blanca espuma. Entonces me di cuenta que aún, a pesar de todo, la vida me había reservado un paraíso. Supe que jamás me encontraría sola, porque el río no dejaría de fluir. Siempre me acompañaría la húmeda sensación de mi piel, después de la caricia del agua. Sakkarah Paisaje![]() Me pasé tanto tiempo jugando a las casitas en los arroyuelos secos, que ahora quisiera jugar en casa a sentarme de nuevo en ellos, a respirar ese aire sano, y esa paz de los campos castellanos con su mies amarilla. Sakkarah Construir sobre recuerdos.![]() Construir la vida sobre recuerdos, es hacerlo sobre pilares de algodón y pintarla del color de la añoranza. Es querer dormir en una fina tela de araña y despertar en el suelo. Arquitecto de monumentos caricaturescos soy, peón de absurdos. Intentar atrapar el tiempo que pasó, es como atrapar el aire. Un mito llevo en el corazón, verdugo cruel que decapita mi vida. Curvas se vuelven, las líneas rectas que intento trazar en mi sendero. Mi futuro se convierte en una incógnita sin solución, adivinanza sin sentido. Sakkarah Pequeñas memorias.![]() Caía la lluvia, el viento zarandeaba los árboles deshojados, y de tiempos pasados viene una imagen, la de un hombre alto y delgado, viejo, ahora que está más cerca, por un camino inundado. Trae un callado al hombro, un gabán embarrado y antiguo, y por él se deslizan todas las aguas del cielo. Delante vienen los cerdos, con la cabeza baja, rozando el suelo con el hocico. El hombre que así se aproxima, difuso entre las cuerdas de lluvia, es mi abuelo. Viene cansado, el viejo. Arrastra consigo setenta años de vida difícil, de privaciones, de ignorancia. Y no obstante es un hombre sabio, callado, que sólo abre la boca para decir lo indispensable. Habla tan poco que todos nos callamos para oírlo cuando en el rostro se le enciende algo así como una luz de aviso. Tiene una manera extraña de mirar a lo lejos, incluso siendo ese lejos la pared de enfrente. Su cara parece haber sido tallada con una azuela, fija aunque expresiva, y los ojos pequeños y agudos, brillan de vez en cuando como si algo que estuviera pensando hubiera sido definitivamente comprendido. Es un hombre como tantos otros en esta tierra, en este mundo, tal vez un Einstein aplastado bajo una montaña de imposibles, un filósofo, un gran escritor analfabeto. Algo que no podrá ser nunca. (...) Pero la imagen que no me abandona en esta hora de melancolía es la del viejo que avanza bajo la lluvia, obstinado, silencioso, como quien cumple un destino que no podrá modificar. José Saramago Una atmósfera... Una atmósfera sin color definido, mezcla de las pinceladas de la vida. En el ambiente flotan mis divagaciones; quedan, nada las destruye. ¿Dónde irán a parar? Se convierten en hechos algunas de ellas, otras siguen flotando en el tiempo y espacio. La pereza acude a apoderarse de mí, sólo me permite recrearme en lo que pienso. Es la raíz de ese árbol que crecerá luego. A los objetos los envuelve una neblina de ensueños, todos cobran vida expectantes. Ellos silenciosos, escuchan donde no hay palabras, y callan. Cuando pienso, el universo entero habla, me instruye. Todo es bello, sólo necesita el lugar adecuado para guardar la armonía. Yo busco mi lugar, voy a su encuentro. Sakkarah El hombre político.![]() Es cangrejo porque se vuelve atrás de sus mismas opiniones francamente: abeja en el chupar: reptil en el serpentear: mimbre en lo flexible. aire en el colarse: agua en seguir la corriente: espino en el agarrarse a todo: aguja imantada en girar siempre hacia su norte: girasol en mirar al que alumbra: muy buen cristiano en no votar: y asemejarse, en fin, por lo mismo al camello en poder pasar largos días de abstinencia; así es que en la votación más decidida álzase el ministerial y exclama: Me abstengo: pero como aquel animal, sin perjuicio de desquitarse de la larga abstinencia a la primera ocasión. Mariano José de Larra Inocencia![]() Es tan fácil perder la inocencia...Pero llegando al infinito con el pensamiento, es recuperable. Sólo entendiendo toda reacción humana, se restablece. Siempre, al juzgar los hechos del otro, tenemos que movernos a su escenario, tomar el papel de la otra persona y comenzar la actuación con el pensamiento. Sakkarah Siempre digo...![]() Siempre digo que el tiempo es un invento del hombre, pero el caso es que a mí no me puede faltar el reloj de la muñeca. Me gustaría que el día tuviera el doble de horas. Quizá el hombre creó esta medida para poder organizarse. Es como si todo nos lo tuvieran que dar dentro de un orden. Si ahora nos dijeran que nos quedamos sin él...nos iba a costar mucho vivir. ¿Cómo haríamos para quedar con los amigos?. Cuando estuviéramos hablando con alguien muy pesado, de esos que no nos sueltan, y quisiéramos irnos, ¿Qué le diríamos? ¿Me voy que llego tarde? Y para ir a trabajar a la empresa, ¿siempre seríamos puntuales? El trabajo se tendría que pagar por cantidades desarrolladas de lo que sea, no por horas. Por una cosa o por otra, siempre vivimos dentro de esquemas, nosotros mismos a lo largo de la vida, nos hemos ido acortando la libertad. Si no existiera el tiempo, la primavera no empezaría el 21 de Marzo, lo haría cuando los brotes en las plantas, y demás detalles lo anunciaran. Sara Montiel no se podría quitar años...y mil cosas más. Sakkarah Mil lazos.![]() Mil lazos invisibles a ti me atan Sakkarah Sola Begoña le tomaba amor a los objetos, disfrutaba, los compraba y se rodeaba de ellos. Su casa estaba llena de muebles. Era una manera de llenar los vacíos, esos que te hacen sentir sola. También era sociable, y se llenaba de amistades. Le gustaba salir e ir por la calle tropezándose con ellos y saludando. Pero era voluble. Un buen día se levantaba y la estorbaba todo. Tanto objeto sólo le quitaba espacio, y le daba quehacer en la limpieza. Al salir a la calle no sentía ganas de pararse; daba grandes rodeos para no tener que saludar. No le apetecía comunicarse con nadie. No es que fuese mala amiga, pero necesitaba estar sola. Sus amistades sabían que si tenían necesidad de estar con ella, la encontrarían. En realidad lo que la sucedía es que se encontraba perdida. Andaba metida en un laberinto y no podía encontrar la salida. Sabía que actuando así terminaría sola; pero no podía ir en contra de lo que su más íntimo impulso la empujaba a hacer. Sakkarah |