Duerme mi niña, cierra los ojos, quizá tengas un bello sueño. Hoy la vida no te ha traído lo que más amabas, lo que deseabas. Quizá lo puedas soñar.
Tu sigue amando, sigue esperando, Abre la puerta de tu corazón cada mañana, quizá el un día decida entrar y quedarse. Quizá un día te recuerde, quizá se de cuenta que te ama y note el gran amor que tu le entregas.
Duerme mi niña, cierra los ojos, quizá mañana al despertar. Siempre hay algún milagro, nunca pierdas la esperanza.
La vida ha sido injusta contigo, tu te equivocaste, pero ya pagaste. Ahora estás muy enamorada y no puedes vivir este amor. Él se aleja siempre, pero quizá se de cuenta alguna vez de que te ama y... que tu no eres culpable de tu situación.
Duerme mi niña, cierra los ojos, Un día, al despertar, quizá la vida te quiera sonreir y tengas su amor
Tu has intentado hacer siempre lo mejor, y te has enamorado con un loco amor. Estás llena de pasión, pero no sabes de él
Duerme mi niña, cierra los ojos, quizá mañana... Sueña cosas bellas mientras esperas.
Quizá el amor me haga perder el control de mis sensaciones y el de mi vida, pero yo vivo de amor, el me sostiene. Soy una mujer apasionada hasta no poder más
De este amor que siento se han aprovechado para desposeerme de mi reinado, mi padre, mi gran amor y mi hijo, Carlos. Son muchos años los que llevo recluida, van a hacer cincuenta, pero el amor sostiene mi vida
Soy una mujer de fe y sé que mis oraciones siempre serán escuchadas. En ellas pido que él me ame. Sólo quiero su amor. Por encima de reinos y poder, sólo su amor...Sé que moriré nombrando a Jesucristo crucificado. En él pongo mi mirada en su cruz, la que yo también llevo pero con la ligereza que me da este sentimiento
Siempre ofrezco mi rosario diario a la Virgen, por él, mi Felipe; el hombre al que tanto deseo Mi libro con los misterios se lo encargué al mejor ilustrador, Simón Bening.. Sé que la Virgen no dejará de interceder para que él no me olvide; para que esté con quien esté, por encima de todas, siempre llegue a él mi recuerdo, el recuerdo de tantas noches de pasión...
Cada señal me orienta al camino del absurdo. Descanso en las letras. Un alfiler de esperanza permanece hiriéndome el pensamiento. Los instantes se escapan por la ranura de mis dedos goteando en la incertidumbre que me acompaña Monótonos mis días llenos de amor vivo y agitado Sólo me limitan mis fantasmas.
En ocasiones el cielo aparece ante mi vista amenazante, queriendo mostrar mi pequeñez humana. Es entonces cuando al mirarlo, le envío el reflejo de tus ojos. El se calma, menguando, ante el poder del amor. Y otras muchas, me hace sentir sus lágrimas de soledad con su lluvia. Es en estos momentos, cuando con mi mano acaricio sus gotas contra mi piel.
Ni el viento, con su rugir vehemente, es capaz de achicar mi sentimiento. Impotente se me hace brisa, para emular tu caricia.
En la noche, mi pensamiento hacía que mi vista se dirigiera a una pequeña luz, una llama que se iba extinguiendo. Unos labios soplaban cada día para apagar la fogata de ese amor. Seguidamente, sus pasos se encaminaban hacia una escalera de caracol, estrecha. Lentamente iba bajando los peldaños que la descolgaban de la pasión. Sus pies llevaban el peso del que parte sin ganas, del obligado por las circunstancias a emigrar de sí mismo, de su propia vida.
Dios amor con cara ambigua que se va difuminando. Hoy con mis dedos voy cerrando tus párpados. Despojándote de tu túnica, te desnudo para ver la crudeza de tu realidad esquiva.
El hálito de una mariposa en mis alas para el vuelo que me aleja de la adoración.
El dolor huye dando paso a la euforia, la sonrisa. Mi cabello esparcido en tu pecho Mientras mis brazos te abarcan. Ahora, sí viene la placidez del sueño Hasta que al roce de tus labios Mis párpados tomen vida.
Sin esfuerzo crecen las flores de los árboles en primavera.
Pensando en esto, deduzco que no me debo sentir triste cuando las cosas en las que tenía puesta mi confianza no salen bien.
Quizá quiera provocar situaciones que aún no tienen que llegar. Esperaré la felicidad sin esforzarme en buscar o ir tras nada.
Difícil conseguirlo y muy fácil pensarlo; pero la vida es un campo de entrenamiento y de estudio. Me costará, pero igual que soy tan tozuda para otras cosas, tendré que hacer lo mismo con esto.
Se acabó el sufrimiento o tristeza gratuíta. No hay nada más seguro que dejarse guiar por las leyes de la naturaleza. Habrá que pararse a observarlas ya que yo formo parte de ella, y es lógico que me deje guiar.
La puerta se abre, y el amor traspasa en brazos el umbral . En el blanco lecho los cuerpos soñados yacen en el sopor de la pasión. Puedo ver como duermes, sentir tu calor que aún me quema. Las paredes encierran suspiros; el sillón se hace mudo testigo, y la alfombra aún vibra por el contacto de la piel de tus pies.
Espesa nube envuelve este pensamiento. Lo encarcela en nieblas para que no pueda huir. Las manos gigantes de la vida lo oprimen hasta hacerlo realidad. Mi despertar a tu lado se hará cierto, sin muros infranqueables, sin oponente ninguno. No será algo postizo y pasajero, por ello este gran preámbulo. Sagrada inspiración que se verá colmada, piedra activa..
El olor que levanta la lluvia me emborracha de añoranzas. La tarde se torna gris y evoca al recuerdo. Me abrigo sintiendo el contacto cálido de la lana; y le evoco.
El recuerdo del pueblo, con el sereno croar de las ranas en aquel charco del paseo. La soledad se agradece; que ni un solo murmullo se interponga en el recuerdo. Mis pasos hacia un sitio perdido, camino de la vida, haciéndome un lugar entre el tiempo.
Hoy rugieron los cielos amenazantes con el relámpago. A cubierto, sentada en la cama entre miedos y recuerdos, agradezco el calor de un techo. En la oscuridad del día se refleja la belleza que se esconde en las ruinosas casas, en las hierbas que nacen descuidadas.
Si nos atenemos a la idea de selección natural y evolución, en está época que nos toca vivir siempre sobrevivirá el más fuerte; pero no sólo fuerte, sino el más cruel, el más frío. Son los que más posibilidades tienen. Estos tendrán descendencia, e inculcaran a sus hijos su pensamiento.
En la ojeada del animal solitario se refleja el pensamiento del hombre. La soledad buscada en rebeldía, el orgullo autosuficiente. Alejado del amor, blandiendo la espada contra su destino.
La crueldad ganada a la vida, corre por los laberintos esofágicos mientras la lluvia se esconde, o se hace nieve para reposo del lobo. La tristeza se oculta en su faz interesante.
Una flor capta su mirada, y se abstrae viajando donde la esperanza vive y lleva su nombre
Su iris cuenta las estrellas, y en una se pierde, humedeciendo una lágrima su seca mirada.
Colgada de los horarios, sin ganas de acudir a mis responsabilidades. Un pequeño conato de agobio al pensar en esas tareas que elegí en su día, y la cadena que tanto me pesa. Me encamino como quien se tiene que enfrentar a un destino que pusieron sobre sus hombros, sin importar el peso ni la resistencia. Son tan pocas las sorpresas que suelo encontrar, que me da la sensación que yo misma cerré el libro de la vida.
Es una neblina en el alma que hace flotar sin rumbo, que nubla los reinos reales y fantásticos. Ya ni distingo la corteza de los árboles grises. La música, parte de mi ser, no mueve un solo nervio, no impele, no me empuja como siempre. ¿Habrá algo que me asiente en el suelo y abra los abismos para que pueda ver?
En estos momentos estoy recordando, la vida da muchas vueltas. Recuerdo mi niñez, ¡era tan estudiosa! Además muy devota, tanto, que quería meterme monja, menos mal que el destino no lo quiso así, pues la vida sin haber conocido a Felipe, no hubiera sido tan hermosa
No me importa esta tristeza que me invade, ni esta apatía, pues viví los más bellos momentos. No toda mujer disfruta en su vida de una pasión como la mía. Aún recuerdo cómo nos enamoramos nada mas conocernos. Felipe, tan apasionado como yo, no podía esperar....por eso no pudimos llegar hasta los esponsales oficiales sin consumar nuestro amor
Recuerdo a mis suegros, él era un gigante de dos metros, que con su fuerza hercúlea, subía de un salto al caballo con su armadura de 15 kilos, pero tenía un antiestético mentón ; y ella era muy guapa. Mi hijo Carlos tuvo la mala suerte de heredar ese mentón tan horrible de su abuelo. Al recordar me hace gracia pensar como vino al mundo. Yo no podía perder de vista a Felipe, él me amaba mucho, pero era muy mujeriego. No tenía toda la culpa. El hecho de ser rey, ya hace que todas las cortesanas se vuelvan locas. De todas formas yo sé que no pudo encontrar en otras las vivencias que teníamos en la alcoba. Le amaba demasiado y quise hacer que mis recuerdos fueran imborrables. Por esta razón no tenía prisa para dar a luz, prefería estar junto a él, vigilándolo y en el momento de defecar le tuve en el cuarto de baño. Es buena la originalidad y su nacimiento lo fue
Retomando el hilo del mentón de mi hijo, se hace curioso pensar cómo son los campesinos. Quizá sea la ignorancia que es atrevida, pero no tienen complejo ninguno. Llegan a comportarse de manera zafia y grosera.. Carlos no era capaz de cerrar la boca, por su mentón y cuando procedente de Flandes llegó por primera vez a España, un campesino español le espetó: "Cuidado, Señor, aquí las moscas son insolentes". Cuando Carlos todo indignado me lo contaba, no pude contener la risa, pues imaginaba como se quedaría ante una osadía tal. Siempre hay anécdotas para recordar que me hacen sonreír
Un beso que no se da, una quimera en el aire, un no saber ni presentir. Una duda, muchas preguntas, y la boca sellada.
La ternura suelta se expande, y quizá no sea recogida en un pequeño frasco de amor; puede ser que sólo fluya resbalando hasta el suelo. Si allí queda, yo me limitaré a pasar sobre ella con paso decidido. No voy a mirar el pavimento siendo el cielo tan azul.
El alma se asoma, se deja ver siendo valiente. Si un dardo la alcanza, quedará herida y necesitará descanso, pero tozuda, volverá a encaramarse a la palabra.
Suave piel alcanzable sólo al tacto del amor. Se cubre de soles o sedas en la espera.
Es muy fácil no adivinarme, y yo, ya sólo dejaré la respuesta a quien la encuentre en caminos insondables.
Como agua que va subiendo por las gradas del tiempo, inundado poco a poco, sepultando, así es la muerte, siempre amenazante y expectante, atenta a los tropiezos.
En líneas escritas se esconde la vida, con retórica o no, se escapa entre los recovecos de las letras, en los suspiros del que piensa. Late en los dedos.
Erigirse, tomar forma para nada, para que caigan los naipes del castillo,allí tumbados no confían en las manos que vuelva a elevarlos. Aún quedan reflejos para moverse en contadas ocasiones en esta lucha constante entre vida y finitud. Pujan en el alma ante la falta de ilusión,rompen, despedazan en sus desencuentros.
Los pies de barro, se van deshaciendo al calor que despiden las decepciones.
Todo a mí alrededor son caras conocidas sitios gastados, caras gastadas. Listas y despiertas para sus carreras diarias hacia ningún sitio, hacia ningún sitio. Sus lágrimas empañan las gafas inexpresivas, inexpresivas. Oculto mi cabeza, quiero ahogarme en mi pena no hay mañana, no hay mañana.
En cierto modo resulta divertido, en cierto modo triste. Los sueños en los que agonizo son los mejores que he tenido. Resulta duro de decir, duro de aceptar cuando la gente camina en círculos. Es un mundo desquiciado.
Niños esperando el día en que se sentirán bien Feliz cumpleaños, feliz cumpleaños Programados para sentir en el modo en que deberían Siéntate y escucha, siéntate y escucha. En el colegio estaba muy nervioso Nadie me conocía, nadie me conocía. Maestro dime cual es mi lección mira a través de mi, mira a través de mi.
En cierto modo resulta divertido, en cierto modo triste. Los sueños en los que agonizo son los mejores que he tenido. Resulta duro de decir, duro de aceptar cuando la gente camina en círculos. Es un mundo desquiciado. Amplia tu mundo. Mundo loco.
Hay un momento en el que convergen todas las dudas, todas las heridas. Debes ser fuerte para vivir medianamente feliz, si no lo eres, en ese instante algo se rompe en el alma. Puede que sea simplemente cansancio, pero se tiene la sensación que cae sobre los hombros todo el peso del mundo,y a la pupila se asoma una tristeza insondable.
En los momentos que todo se te niega, no deseas seguir andando, no comprendes el por qué debes respirar, si no hay para qué, o para quién.
Todo da igual, todo sobra, solo se desea dormir, pero ese sueño no acude, y la mente comienza a dar vueltas como una noria en la feria de la nada. Allí en el callejón sin salida.
Un grito lastimero ha cruzado el espacio. El manto etéreo se ha roto, quedando el universo bajo la influencia del azar.
El placer depende de tus manos que en posición de danza atraviesan el aire intentándolo atrapar. Un trozo de brisa entre tus dedos se ha quedado prendido, y con mirada ilusionada lo recreas ante tu rostro sonriente.
El puño cerrado esconde el secreto, que disimuladamente aprietas a veces contra tu pecho. Diminuta distancia y breves temporadas, van engarzadas como piedras preciosas en el broche de aura que llevas prendido.
Nada había para poder saciar su apetito. Se tenía que conformar recogiendo los mendrugos de pan sobrantes de otras casas. Solía guardar silencio. Veía y callaba, hasta que un día decidió quejarse. Ese día fue su sentencia, se hizo molesta al denunciar lo que estaba sucediendo.
Inútiles eran sus palabras, pues todas iban cayendo al vacío. Nunca se sintió querida, y ahora lo expresaba.
Se sentía presa de sus sentimientos y cuando se apaciguaba. La sombra ponía ante sus ojos un carrusel de luces que la cegaban, haciéndola volver loca. Sabían que nada tenía, sólo sus mendrugos; pero esa sombra encontraba placer viendo como se removían sus entrañas.
Se había dado cuenta que de nada valía quejarse, era un trabajo limpio que no dejaba rastro. No quería entenderla, no la escuchaba.
Ya, totalmente ciega, se había replegado en sí misma. Nada quería saber de nadie. No recogería más mendrugos. No deseaba nada. Sólo un temor anidaba en ella, la sombra y sus luces.
Finezas del amado, finezas del amor...me suena a cosa lejana, perdida. En donde lo escaso parece un mundo, se pone la nada. Todo va a la abundancia, como el dinero al rico.
Es tan difícil lucir lo poco...
Ser tronco para que el leñador lo desguace, y calentar en un hogar desconocido. Ser frío que da calor. Pertenecer a un cuento olvidado, ser cristal empolvado.
Parque sin enamorados, letra sin música de una canción. Voz en off.
Me encontré en todas mi facetas, sólo tuve que buscarme. Ahora me reconozco en ellas y haré un nuevo propósito de mejorarlas.
No quiero engañarme. Vivo en un cuerpo imperfecto, tengo un futuro incierto, más un pasado que, como todos, nunca podré cambiar.
Va creciendo mi fuerza y no por ello se debilita el sentimiento. Tampoco venzo la dura batalla que se presenta día a día, pero voy tomando el poder dentro de mí hasta ocupar el reinado de mi misma.
Pena y amor, instantes vivos, en una coctelera, se mueven en mi interior. Ilusión para unos, olvido para otros, pero soy.
Fuego y amor atados en mi con una lazada ardiente. Esperándolo todo, sin desistir, sin cejar en ese lejano empeño que se aleja.
Muchos se detienen y sigo andando como si arrastrase la cadena de un misterio. Estupefactos me ven adentrarme en la noche, donde erijo mi reinado. Ausente está el compañero de mis ritos, pero la pira arde.
El extraño aroma del amor entró en mi vida, endiosándome antes de partir sin desvirgar mi sentimiento. El movimiento de mis manos dibuja signos de ausencia cada noche, y el agua resbala por mi cuerpo, como caricia de un recuerdo que hace deshacer mi piel mientras desentraña sus secretos.
Cuando fluyen las lágrimas, el alma rebosa sentimiento Llegar a ti es morar en la mansión de la belleza Ya te soñaba en la cuna y de tu mano voy por reinos de tinieblas o luces, pero a tu lado
Por encima del sol está un lugar para nosotros, más allá de las estrellas, más allá de la fantasía; en dónde sólo cabe el eco del amor, con el color de tu nombre y la luz de tu mirada
Sólo tu podrías rasgar la vida, sólo tú abrazas este sentimiento en una caricia que me llega a lo profundo
Lo ocupas todo, te apoderas hecho melodía A la justicia das sentido, eres el soplo de la libertad
Y en un abrazo me pierdo en tu mundo, en el mío, el que será nuestro
Hay veces que nos acostumbramos tanto a que nos regalen, que nuestro oído se hace sordo a las peticiones. Pero también puede ocurrir al contrario, que demos y demos, aun sin pedir, y recibamos poco o nada.
Es como si el mundo estuviera dividido en dos bandos: Los dadivosos, y los egoístas.
Cuando tenemos que pedir se hace triste y trabajoso. Incluso a veces el pedir lo que nos corresponde. Sin embargo hay muchas personas que se adelantan y, sin tener que hacerlo, te traen lo que saben que tú necesitas. Por regla general lo suelen hacer los amigos, o las personas que son muy detallistas. Lo malo de esto, es acostumbrarnos a los detalles; hay personas que tanto se llegan a acostumbrar, que no valoran a la persona que se los ofrece. Lo llegan a considerar incluso una obligación, y el día que les falta se quejan.
En el reino de la rosa, la soledad del jardín, me pierdo. Ebria de mi perfume cierro los ojos ya no quiero llenar el corazón con palabras que a mi me hieren.
Sólo mi aroma es real, en un capullo cerrado al mundo, al oro.
El viento y la lluvia llevan mis pétalos meciéndose en lo etéreo, donde nadie podrá ya alcanzarme.
Las palabras adquieren alas en mi soplo por ignorarlas
Lejana aún la oscuridad del otoño, el sol me ciega. Siento el dolor de mis propias espinas.
Silencio haré entre la hierba. No calificaré lo que siento, lo dejaré sin nombre en mi propio olvido
Las lágrimas fueron tan cortas como la ausencia de las cigüeñas.
Ya no me quita la luz la sombra de la tristeza. Entre las pajas del nido, encuentro la respuesta. Todo vuelve, la vida restaura, y allí tendré su mirada cada amanecer. Caí sin tocar el suelo, sin palpar el llanto callado de la piedra. El roce hizo herida de corta sangre, que ha parado el líquido incoloro de otra palabra.
Está al llegar su imagen a contraluz. Erguida señal de que el amor retorna. Se llenará de flores el lugar donde la raíz del árbol no pudo engarzarse entre la tierra. Y el clamor, la cadencia de su voz, nacerá como espejo de sol entre la brisa.
Hoy la palabra va mutilando el tiempo hasta llegar a tus brazos. Los pasos alados y lentos acortaron ya las distancias. Invisibles sonrisas, robadas a unos labios, acompañan mi día.
No es que muera de amor, muero de ti. muero de ti, amor, de amor de ti, de urgencia mía de mi piel de ti, de mi alma de ti y de mi boca y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mí, muero de ambos, de nosotros, de ese desgarrado, partido, me muero, te muero, lo morimos. Morimos en mi cuarto en que estoy solo, en mi cama en que me faltas, en la calle donde mi abrazo va vacío, en el cine y los parques, los tranvías, los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza y mi mano tu mano y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire para que estés fuera de mí, y en el lugar en que el aire se acaba cuando te echo mi piel encima y nos conocemos en nosotros, separados del mundo, dichosa, penetrada, y cierto, interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos entre los dos, ahora, separados, del uno al otro, diariamente, cayéndonos en múltiples estatuas, en gestos que no vemos, en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre que no muerdo ni beso, en tus muslos dulcísimos y vivos, en tu carne sin fin, muero de máscaras, de triangulos obscuros e incesantes. Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo, de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
Resulta curioso que uno de los mas famosos consumidores de leche de burra fuera el rey Francisco I (Cognac, 1494-Rambouillet, 1547), rey de Francia entre 1515 y 1547. Cuentas las crónicas que enfermo y agotado por sus numerosas orgías y sus también numerosas guerras mando llamar a su corte a un famoso médico judío de Constantinopla. Dicho medico tras reconocerle cuentan que, le receto únicamente como tratamiento para sus males el consumo de grandes cantidades de leche de burra. Al parecer su recuperación fue tan rápida que todos los cortesanos empezaron a imitarle y a beber también leche de burra, con el consiguiente aumento de su demanda.
También en España se conocían las propiedades de la leche de burra, por lo que su consumo era muy recomendado por los médicos. Cuenta una anécdota que durante la guerra de Sucesión, después de las victorias de Brihuega y Villaviciosa y tras las entrada de Felipe V en Zaragoza en enero de 1711 unos médicos de la ciudad recetaron a la reina María Luisa Gabriela de Saboya el consumo de leche de burra y quinina como remedio para la tuberculosis que padecía; todo en contra de la opinión de los dos médicos franceses que cuidaban de la reina. Parece ser que unos días después y para sorpresa de la corte se produjo una espectacular recuperación de la reina, que lejos de estar acostada por su enfermedad, se paseaba por las estancias del palacio.
La sangría, como tratamiento médico, comenzó a practicarse en la Antigüedad, estando indicada para casi todas las enfermedades. Al parecer los médicos consideraban que el paciente mejoraba; pero lo que realmente ocurría es que la fiebre o el delirio del enfermo se atenuaba como consecuencia de la somnolencia asociada a la disminución de la sangre en el cuerpo. Así los médicos practicaban la sangría como primer tratamiento en cualquier enfermo, llegando a alcanzar la extracción de sangre el medio litro. Parece ser que incluso era efectuada en mujeres embarazadas, con el consiguiente riesgo durante el parto.
Una calurosa tarde de julio de 1698 Juan Tomás Rocaberti y Froilán Díaz, inquisidor general y confesor real respectivamente, preocupados por la salud espiritual del monarca, se sentaron a dictar una solicitud urgente; de ella, según pensaban, dependía el futuro del reino.
Su destinatario era un fraile dominico, vicario del convento de la Encarnación de Cangas de Tineo, en Asturias, y con línea directa con el Demonio. Los apurados clérigos deseaban que el fraile hablase inmediatamente con el Maligno y le preguntase en qué consistía el hechizo que afligía al atormentado rey Carlos.
No se demoró el religioso asturiano en satisfacer la demanda que tan insignes miembros de la Corte le habían hecho llegar desde Madrid. Entró en trance, parlamentó con Lucifer y, obtenida la respuesta, corrió por los pasillos del convento para devolver a toda prisa la carta... con el enigma desvelado:
"Me dijo el demonio anoche que el Rey se halla hechizado maléficamente para gobernar y para engendrar. Se le hechizó cuando tenía 14 años, con un chocolate en el que se disolvieron los sesos de un hombre muerto para quitarle la salud y los riñones, para corromperle el semen e impedirle la generación".
Sí, esta era la España de hace tres siglos en todo su esplendor místico.
Después de 44 años de reinado, 42 de amoríos y revolcones, unos 50 hijos y centenares de amantes (no faltaron duquesas, marquesas, cómicas, damas de honor, prostitutas y decenas de sirvientas), Felipe IV abandonó este mundo la última semana del verano de 1665. Tanta rijosidad y tanta actividad venérea sólo le habían procurado un heredero, que, para más inri, tenía sólo cuatro años y era una criatura raquítica y repelente que acababa de echar los dientes y aún no se había destetado.
Para evitar la mala imagen de coronar como rey de España a un mamoncete de cuatro años los médicos decidieron suspender la lactancia, que llevaban a cabo catorce sufridas nodrizas. Le prescribieron papillas y, como no se podía mantener en pie, encargaron al sastre unos gruesos cordones parar sostenerle mientras recibía a los embajadores extranjeros. Aquel día, el de su presentación en público como titular de la monarquía más poderosa del planeta, marcaría el principio de un larguísimo calvario que duraría 35 años.
Se ha dicho mil veces que Carlos II fue el monstruoso producto final de la consaguinidad de los Austrias, que se pasaron dos siglos casándose entre ellos y trayendo al mundo una progenie de príncipes cada vez más deficientes, cada vez más tarados. Nada más cierto. Su madre era la sobrina carnal de su padre y, escalando en el árbol genealógico, encontramos que tenía doce veces el apellido Habsburgo. Un ejemplar genéticamente puro y totalmente idiota.
Aprendió a andar a los seis años, a hablar a los diez, hasta los doce no supo leer y no se vio capaz de escribir –aunque fuese solo su firma: "Yo, el Rey"– hasta los quince años. Físicamente echaba para atrás. "Asusta de feo", apuntó un embajador en una carta a su soberano. Enclenque y encanijado, de piel macilenta, ojos huidizos y nariz ganchuda que casi tocaba el labio. Heredó el prognatismo y el belfo caído de la familia. Ambos los multiplicó por dos. Nunca pudo masticar en condiciones, lo que, unido a sus delicadas digestiones, le condenaron a padecer vómitos continuos y una diarrea crónica.
Su drama personal fue, además, parejo al de la corona que le había caído en suerte. La recibió de capa caída, y a su muerte se desencadenó una larga guerra de sucesión que liquidaría por siempre las posesiones de la familia en Europa.
No estoy de acuerdo en que para acercarse a las multitudes, haya que usar un disfraz. Siempre suelen existir ciertos miedos antes de enfrentarse a un grupo de personas en el que no conoces a nadie, pero el ser sociable los vence, y una vez vencidos, da muchas satisfacciones el trato con los demás. Más que nada es que enriquece. Al igual pasa con los viajes. Yo era muy poco viajera, no me gustaba. Las personas que me oían decir esto, casi me veían como un bicho raro. La primera vez que di un viaje largo, fue a un lugar que yo encuentro lleno de magia, y eso hizo que ahora, siempre que se me presente la oportunidad, esté dispuesta a viajar, e incluso que añore los viajes cuando no los tengo.
Aun siendo bueno estar entre la multitud, no por ello es menos bueno tener momentos de soledad. Todos necesitamos de ellos. Es el momento en el que nos encontramos con nosotros mismos, y en el que asimilamos todo lo que hemos vivido.
La soledad puede estar muy bien poblada por la imaginación, por las ilusiones, por los recuerdos, etc. Una cosa es pasear en solitario, ensimismados en nuestros pensamientos, y otra, muy diferente, hacernos personas cerradas y egoístas. Puede suceder también que la pereza juegue un papel importante en la soledad, pero esa soledad, no es la soledad de la que hablo, de la que necesitamos todos al menos unos momentos.
Hoy he bebido las tinieblas. La ofuscada noche se hizo en mi alma agarrándose a los barrotes de lluvia. Duerme el amor en los corazones, mientras yo paso silenciosa no queriendo ya despertarlos. Me engaño poniéndome gasas de libertad al cuello, donde antes quedaron las marcas asfixiantes del olvido.
En el desierto de sus palabras, mis pasos hacen eco, y duelen los ojos en el silencio de las estrellas. Se ha desprendido la palabra Amor de mis escritos, y enredada a mis tobillos la llevo arrastrando como serpentina al acabar la fiesta.
Traspasando el encapotado cielo, vela una luz. Aún mis dedos no tienen fuerza para tirar del fino hilo de luminosa seda.
Recipiente con un fondo de agua clara en el que vierten los despojos. La base se fue horadando lentamente, volviéndose arena para abrazarse al agua.
Cansada laja que sólo fía ya del destino, expuesta a que roben el polvo que la cubre. Esa gravidez sobre ti sólo estará; El peso de la vida que no el mío.
Encadenada a lo ignoto, mi risa es caudal que no quiere agotarse. Transito en el camino de mis desconocidos sueños.
Siempre he sido reacio a ser trasplantado de pulmón. Siempre he tenido escrúpulos de todo tipo. El que otra persona, naturalmente más joven, tenga que morir para yo pueda seguir viviendo me parecía una injusticia tan tremenda y tan cruel que me horrorizaba, sobre todo cuando pensaba en mis hijos al ponerme en el lugar de las víctimas.
Como la “lista de espera” es un proceso en el que te da tiempo a pensar mucho, más que nada porque se hace muy larga la espera debido a la escasa cantidad de donaciones válidas, ya que hay que descartar los fallecidos en accidentes de automóviles, porque la mayoría resultan con los pulmones destrozados a consecuencia del golpe, te vas convenciendo de que no puedes hacer nada para evitar esas muertes.
Otra de las cosas que me hacen rechazar el ser trasplantado es portar dentro de mi cuerpo unas vísceras, quizás las más importantes, como son los pulmones, de otra persona, por muy altruista que ésta sea, pero que cada vez que tosas o incluso respires, notarás que tu boca se llena de aliento que no es tuyo.
Después está el preoperatorio; la operación, que pasa a ser una de las más complicadas de la cirugía, en las que te abren cual codorniz, te cortan tus pulmones para ponerte otros. No hablemos del postoperatorio ni el tener que pasar lo que te quede de vida tomando pastillas anti-rechazo.
Sí, lo haré por todos…, si es que llega ese donante compatible. Y, mientras tanto, seguiré aguantando mis insuficiencias respiratorias diarias y mis microinfartos cerebrales hasta que el cuerpo aguante.
Y si el cuerpo no aguanta hasta ese día deseado y temido, quiero dejar constancia que, en lo positivo, está mi mujer, de la que he disfrutado casi cincuenta años, porque nuestra relación viene desde que éramos críos, y que aún seguimos queriéndonos y necesitándonos, aunque, a veces, me he quedado con la sensación de que no me he portado con ella como su bondad y su amor hacia mí se merecía.
De mi hija, estoy tan orgulloso, que no solamente creo, sino que afirmo, que jamás padre alguno tuvo la suerte de tener una hija como la que he tenido yo, y creo que por ese motivo ha sido premiada con un hombre bueno, trabajador y justo, y con unos hijos sanos, simpáticos y agraciados.
El varón es como yo, a veces no sabe o le cuesta expresar sus sentimientos, pero el chaval es un cúmulo de virtudes, exceptuando las mencionadas, pero aquí aplicamos aquello que “de casta le viene al galgo”.
Bueno, y de los pequeños, de los nietos, ¿para qué hablar? Yo era de los que decía que los hombres se idiotizaban al ser abuelos, y cuando me ha tocado a mí, he sido el primero del concurso, con mucha diferencia al segundo.
Los amigos lo han sido de verdad, y a las personas que les he dado mi cariño, siempre ha sido con sinceridad, aunque a veces, por motivos disversos, la amistad no haya podido ser como hubiésemos deseado.
Ojalá dentro de unos años este escrito me parezca una pesadilla, un mal sueño, y todo siga como ha estado hasta la llegada de la enfermedad.
Hace veinte años me operaron de cáncer de colon y aquí estoy. ¿No hay un refrán que dice que no hay una sin dos? Pues si ni lo hay, me lo invento y salgo de ésta también.
La Gran Muralla China (en chino Chang Cheng) es la única obra humana que puede verse desde el espacio. Esta obra de fortificación se extiende por 2.400 kilómetros, desde la provincia de Kansu, pasando por el Sur del desierto del Gobi, hasta la península de Liadong (golfo de Bonai). El objetivo de la Gran Muralla fue defender al país de las incursiones de los hunos. Fue edificada a tramos por los estados del Norte de China, hasta que en 221 a.C. el rey Cheng (o Zheng) del país de Quin (dinastía Ch'in) unificó y pacificó China y mandó unir los distintos tramos de la muralla.
El baluarte fue modificado en varias fases, durante los siglos XV y XVI. La Muralla está formada por bloques de piedra y tierra, tiene una base de 7 m. de ancho y una altura media de 9 m. En la parte superior discurre un camino adoquinado de 5 m. de ancho, con torres de guardia de unos 12 m., desde las que se enviaban señales a Xianyang (o Chianyang, Shaanxi), capital del imperio de Shi Huangdi (259-210 a.C., o She Huang-ti). La obra se realizó por condenados a cadena perpétua y costó un elevado número de vidas humanas.
¿Se puede predecir lo que una persona va a llegar a ser? Lo más seguro es que sean muchas las cosas que se puedan intuir de antemano, pues siempre hay signos. Lo que sucede es que, en este mundo de prisas, ¿quién se para a descifrarlos? Incluso la estadística puede ser un signo, pero no siempre fiable.
En la vida hay signos, coincidencias, casualidades... Estas últimas quizá no lo sean, pudiera ser que fueran algo establecido que tiene que suceder en este intrincado caminar por la vida.
Esto me lleva a pensar en los refranes, aunque signifique apartarse del inicio del tema. Los dichos populares suelen cumplirse. Son sentencias sabias nacidas de la observación.
En realidad nos hace falta pararnos, observar, necesitamos tiempo, o calma. Es interesante descifrar el misterio de la vida. Yo diría que mucho más interesante que ocuparnos de las entradas y salidas del vecino, o que el acoso al otro por ociosidad y aburrimiento.
Tras la cortina de luz dejé escondidos los sueños. Tendidas mis palabras en las ramas del viejo árbol. Hay impresas en mi alma transparentes huellas, De tal forma, que mis ojos no puedan leer en ellas
Como una flor, cercada por el arrastre de la víbora de la apariencia engañosa, fui yo. Inclinaba mis pétalos en forma de caricia, y su roce eléctrico, me despojó de la inocencia.
Ahora frío mármol que entorna los ojos al calor del fuego, pero no se licua. Laguna de hielo que devuelve el brillo, y no se enternece en aguas.
Por presumir, a mis amigos les conte. Que en el amor niguna pena me aniquila, que pa provarles, de tus besos me olvide, y me bastaron unos tragos de tequila.
Les platique que me encontre con otro amor, Y que en sus brazos fui dejando de quererte. Que te aborresco desde el dia de tu traicin y que hay momentos que he deseado hasta tu muerte.
Aca entre Nos, Quiero que sepas la verdad, no te he dejado de adorar, alla en mi triste soledad me han dado ganas de gritar salir corriendo y preguntar que es lo que ha sido de tu vida.
Aca entre nos, Siempre te voy a recordar y hoy que a mi lado ya no estas no queda mas confesar que ya no puedo soportar que estoy odiando sin odiar porque respiro por la herida.
Y ay Martin no cabe duda que tambien de dolor se canta Cuando llorar no se puede.
Aca entre Nos, Quiero que sepas la verdad, no te he dejado de adorar, alla en mi triste soledad me han dado ganas de gritar salir corriendo y preguntar que es lo que ha sido de tu vida.
Aca entre nos, Siempre te voy a recordar y hoy que a mi lado ya no estas no queda mas confesar que ya no puedo soportar que estoy odiando sin odiar porque respiro por la herida.
Acércate, ven, pon tu oído en mi corazón. Mira como late, ¿lo sientes? Sí, es amor, su ritmo, su cadencia...Es lo que por ti siento. Abierto está para ti, puedes penetrar en él y sentirte acariciado por su latido. Todo tuyo es, no tengo más tesoros que ofrecerte, simplemente soy corazón. No vayas más allá, no hay otra cosa que amor.
Ya sé, te entiendo, no es suficiente. Este fuego no termina de abrasarte, lo comprendo. Hay alguien más que cubre todos tus anhelos. Esta mueca de mi cara es sólo un gesto, fue sólo una punzada, un dolor en él. Sí, ha sido fuerte, pero no te preocupes, pasará.
¿Qué hago?, coso. La arteria que bombeaba pasión parece que se ha roto. Sí, la pérdida es importante, pero aún no he muerto. Intento cerrar la herida. Más que coser, bordo con recuerdos. No, ya no abre la puerta, se han cerrado todas sus estancias, dejó de latir y guarda silencio. Ese crespón negro lo colgó la tristeza. Así es ella, infinita, lúgubre...
Yo muero extrañamente... no me mata la vida, no me mata la muerte, no me mata el amor; muero de un pensamiento mudo como una herida... ¿No habéis sentido nunca el extraño dolor de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida, devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor? ¿Nunca llevásteis dentro una estrella dormida que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?
¡Cumbre de los martirios...! ¡llevar eternamente, desgarradora y árida, la trágica simiente clavada en las entrañas como un diente feroz!
Pero arrancarla un día en una flor que abriera ¡milagrosa, inolvidable!... ¡Ah, más grande no fuera tener entre las manos la cabeza de Dios!
Mi casa tiene innumerables puertas, pero todas de salida. Por tal razón, no hay aromas nuevos, y el ambiente se ha hecho espeso.
Una tienda sin pedidos, regalos apuntados en el debe de la memoria del tiempo. Siempre urgente, atravieso las puertas al exterior, como un misil que explota antes de llegar a su destino. La aldaba cuelga llena de orín, sin conocer el toque de la mano suave.
Un rumor de voces rebelándose, claman por no recibir nunca el refuerzo. Salen las palabras y no vuelven; un pueblo que habita mi mansión en aras de extinguirse. Engalanadas con sus barrocos trajes, siempre esperan a la reina que no llega. Salió prometiendo su vuelta, y su trono ha sido habitado por pequeños arácnidos que tejen la desdicha.
Amor, palabra que salió acompañada de un batallón de sentimientos, y no encuentra la entrada en esta heredad de evasiones.