Suave brisa.
Querían pasarla al salón, pues las llamas de la chimenea secarían sus ropas y le quitarían el frío. No se puede derretir el hielo en el corazón, ni secar las lágrimas de la injusticia.
La casa estaba amueblada, aparentemente eran de maderas nobles. Sólo hacía falta abrir algún cajón para cerciorarse de que no solo era apariencia. A veces, cuando uno se siente atacado, fluye lo innoble. ¿No debería ser la bondad inherente al ser? Si es bondad es en todo momento. Entiendo la ira, pero existe el perdón, la reconciliación, y el reconocimiento de la equivocación. Claro que…no todos somos sabios, no todos rectifican.
Antes estaba de moda empapelar las paredes. Nos encanta cubrir las vergüenzas; ¿con palabras tal vez?. Y el cuerpo, en la botica está la mitad de la belleza; pero hay que despojarse de lo superfluo a la hora de dormir, se puede dar el susto del siglo.
Esto no es malo, lo malo es cuando se te enquista un pensamiento, entonces las personas se pueden volver enfermizas, obsesivas. Un virus en el cuerpo, ratones en la casa.
Sakkarah
cuando te vas
se duerme
un sueño de amor
que nunca muere
cuando no piensas en mi
donde estas donde estas?
no puedo encontrarte y yo sigo sin saber
hacia donde ir
cuando te vas tan lejos
un poco de mi
se desvanece
nada es lo mismo sin ti
donde estas , donde estas?
las horas no pasan
solo puedo esperar
que vulevas a mi
cuando recuerdes que todo a pasado
y nada te aleje de aqui
y con los años yo seguire como siempre a tu lado
por que te amo
donde estas donde estas???
no puedo encontrarte
y yo sigo sin saber
hacia donde ir .
Eterno abrazo de amor será en nuestro lecho. Los dedos dibujando fantasías por tu piel y tu aliento encendiendo una llama en lo más hondo de mi ser. Las palabras se harán susurros incoherentes en un baile de pasión de nuestros cuerpos No se sacia este deseo incontrolado, y en el ambiente tu fresco aroma se desprende emborrachándome
Sakkarah
Despacio, tu palabra penetró la roca
en la que fui esculpiendo mi corazón
Unos versos desmoronaron mi fuerza.
Desataste las alas
que batirán sin tregua hasta encontrarnos.
Hoy quiero devorar la vida, que se me hace corta
Desde la fantasía tendí un puente que atravieso,
con apacibles pasos, a tu encuentro.
La luz traspasa las ranuras que quedaron en mi alma.
Mi cuerpo se eleva dando un saldo al día.
Me guía la melodía de tu verbo
Sakkarah
Solía pensar que no podía seguir,
Y que la vida no era más que una canción triste.
Pero ahora, conozco el significado del amor verdadero.
Estoy apoyado en los brazos eternos.
Si puedo verlo, entonces puedo hacerlo.
Si sólo creo en eso, no hay nada en eso.
Creo que puedo volar.
Creo que puedo tocar el cielo.
Pienso sobre eso día y noche.
Abrir las alas e irme volando.
Creo que puedo volar muy alto.
Me veo corriendo a través de aquella puerta abierta.
Creo que puedo volar.
Creo que puedo volar.
Creo que puedo volar.
Ya ves, estuve a punto de largarme a llorar.
A veces el silencio puede parecer tan ruidoso.
Hay milagros en la vida que debo alcanzar,
Pero primero, sé que comienza dentro de mí.
Si puedo verlo, entonces puedo hacerlo.
Si sólo creo en eso, no hay nada en eso.
Creo que puedo volar.
Creo que puedo tocar el cielo.
Pienso sobre eso día y noche.
Abrir las alas e irme volando.
Creo que puedo volar muy alto.
Me veo corriendo a través de aquella puerta abierta.
Creo que puedo volar.
Creo que puedo volar.
Creo que puedo volar.
La frase "el perro es el mejor amigo del hombre" fue dicha por primera vez por un abogado.
Desconocido
Esta sencilla carta
que no verán tus ojos ausentes y morenos,
ese mínimo saldo de la vida
la escribo porque el alma me reclama
que la deje vivir de tu recuerdo.
Porque mi sangre no aprendió a olvidarte,
porque tú me acompañas en el tiempo,
porque fuiste lo simple, lo callado,
lo dulce, lo pequeño,
que nos deja sentirnos algo buenos...
Escribirle a la novia de la infancia,
es ponerle "balaca" al pensamiento.
Es ignorar la palabra ortografía
que sin "s" no admite pensamiento.
Es situar en el clima de unos labios
todo el rubor que encienden los cerezos.
Es recordar dos ojos infantiles
en donde estaba repetido el cielo.
Es volver a vivir sencillamente,
es encontrarse elemental y bueno,
es fechar una carta desde el alma,
y de estampilla colocarle un beso.
Extraño el sol sobre mi piel, un paseo en soledad por el campo, el recuerdo de una caricia. Quisiera sentir la tibia brisa rozando mis mejillas. Una sorpresa, una letra, unas palabras quedas al oído...
Atrapada en esta apatía que me ata, y resta vitalidad. Me encuentro en una cárcel de barrotes trazados por mi imaginación. Espero al carcelero con las llaves para abrir la puerta, y la instancia que me de la libertad; pero sé muy bien que todo está abierto, que las calles me esperan, que una mirada me busca.Yo aquí, ciega, amarrada, y confusa. Sujeta a unas letras que me pierden en quimeras, y me apedrean con recuerdos. Son hostiles a mi libertad, y yo, sumisa, en su vaciedad me extiendo, y me pierdo.
Sakkarah
A veces, en la vida, no sólo se nos presentan dos caminos, sino varios a la vez; de tal forma que parecemos indecisos. Puede ser que tomemos la decisión precipitadamente, por el brillo de cualquiera de ellos.
En un caso que se pueda prestar a confusión lo mejor es serenarse y no dedicarse a razonar. No siempre la razón es la que debe dirigir. La razón parte de las premisas de lo que nos han enseñado, no es libre puesto que no es lo que nos sale de lo profundo, de lo que llamamos corazón.
Sólo cuando podemos invadir la libertad del otro, o nuestro sentimiento se dirige a herir, es cuando debemos sacar el arma que llevamos guardada, la razón.
Sakkarah
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
Proverbio persa.
Estaba furioso de no tener zapatos; entonces encontré a un hombre que no tenía píes, y me sentí contento de mi mismo.
Proverbio
Mientras el tímido reflexiona, el valiente va, triunfa y vuelve.
Proverbio griego
El amor hace pasar el tiempo; el tiempo hace pasar el amor.
Proverbio italiano
Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman.Proverbio irlandés
Decidió salir al jardín. Alto y fuerte, con su vestimenta sencilla aunque de marca. Su aspecto a veces era la de un hombre serio, otras la de un niño grande. Sonreían sus ojos aún más que sus labios.
El amaba su jardín, los pocos días que iba por allí, se recreaba cuidándolo. Sus rosas lucían siempre bellas, pues heredó de su madre el amor a aquellas flores. Aspiraba el aire perfumado, era exquisito para los aromas.
Sintió unos pasos que se acercaban. Un andar sigiloso, pero no había presencia. Un ente invisible y sagaz estaba ante sus ojos. Si hubiera podido divisarle hubiera notado su implacable mirada.
Pocas veces le visitaba. Pocas molestias le daba. Pasado un rato, nuestro sencillo y gran hombre, se encontraba sumergido en un serio pensamiento. Una lucha titánica contra la presencia invisible. Esta vez se le resistía, ya que con anterioridad siempre había vencido saliéndose con la suya.
Se le acusaba de un grave delito, no era la primera vez que le había sucedido, pero esta vez lo había hecho lentamente, utilizando la tortura.
Su pensamiento voló, llevándole a un tiempo atrás. Allí estaba ese cuerpo inerme. Recordó su agonía mientras moría, y su propia sonrisa. Aquella sonrisa feliz que le salía al desembarazarse de una carga tan pesada. No había utilizado cianuro potásico, sino un arma mucho más letal, mas eficiente. Utilizó el olvido.
No, esa presencia no lograría manejarle. Aunque fuera su conciencia, no sucumbiría ante ella,. Nadie sería capaz de hacer que le llegase un solo recuerdo que tocara esa fibra sensible. Había matado al amor
Sakkarah
Cuando a su nido vuela el ave pasajera
A quien amparo disteis, abrigo y amistad
Es justo que os dirija su cántiga postrera,
Antes que triste deje, vuestra natal ciudad.
Al pájaro viajero que abandonó su nido
Le disteis un abrigo, calmando su inquietud;
¡Oh! tantos beneficios, jamás daré al olvido
durable cual mi vida será mi gratitud.
En prueba de ella os dejo lo que dejaros puedo,
Mis versos, siempre tristes, pero los dejo así;
Porque pienso, a veces que entre sus letras quedo,
Porque al leerlos creo que os acordáis de mí.
Voy, pues, a referiros una sencilla historia,
Que en mi alma desolada, honda impresión dejó;
Me la contaron... ¿Dónde?... es frágil mi memoria...
Acaso el héroe de ella... o bien, la soñé yo.
Era una linda rosa, brillante enredadera,
Tan pura, tan graciosa, espléndida y gentil.
Que era el mejor adorno de la feliz pradera,
La joya más valiosa del floreciente abril.
Al pie de ella crecía un pobre pensamiento,
Pequeño, solitario, sin gracia ni color;
Pero miró a la rosa y respiró su aliento
Y concibió por ella el más profundo amor.
Mirando a su querida pasaba noche y día.
Mil veces ¡ay! le quiso su pena declarar;
Pero tan lejos siempre, tan lejos la veía,
Que devoraba a solas su pena y su pesar.
A veces le mandaba sus tímidos olores,
Pensando que llegaba hasta su amada flor;
Pero la brisa, al columpiar las flores,
Llevábase muy lejos la pena de su amor.
El pobre pensamiento mil lágrimas vertía,
Desoladoras lágrimas, de acíbar y de hiel,
Mientras la joven rosa, sin ver a otras crecía,
Y mientras más crecía, más se alejaba de él.
Llega un jazmín en tanto a la pradera bella,
También él a la rosa al punto que la vio;
Pero él fue mas dichoso, pudo llegar hasta ella,
Le declaró su pena, y al fin la rosa amó...
¿Comprenderéis ahora al pobre pensamiento,
Al ver correspondido a su feliz rival?
¿No comprendéis su horrible, su bárbaro tormento
Al verse condenado a suerte tan fatal?
Después lo transplantaron; vivió en otras praderas
Indiferiencia, olvido y hasta placer fingió:
Miraba flores lindas, brillantes y hechiceras,
Pero su amor constante y fiel compareció.
Por fin una mañana, estando muy distante,
El céfiro contóle las bodas del jazmín;
Él escuchó sonriente, y ciego y delirante,
loco placer fingiendo, creyó olvidar al fin.
Pero al siguiente día con lágrimas le vieron
las flores, e ignorando su oculto padecer,
«Tú lloras, pensamiento, tú lloras», le dijeron:
«No es nada, contestóles, es llanto de placer».
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Ved la sencilla historia que os ofrecí contaros,
acaso os entristezca pero la dejo así;
adiós, adiós, ya parto; me atrevo a suplicaros
que la leáis a solas y os acordéis de mí.
Manuel Acuña
Mi yo, mi sentimiento. Tan pendiente de mí, que el resto no está, no vive.
Dentro de mí, aislándome para sentirme, sentirle, busco la soledad. Dolor de ser, rebelión contra la vida que transcurre. Elevarme, sólo atravesar tiempo, universos. Apasionada mujer que danza, lee.
Todo lo que me traba me inquieta, quiero romper, salir. ¿Adónde?, a mi sueño.
No atiendo a la razón, impuesta en sociedades, por el hombre. Salvaje corazón el que me guía por caminos del misterio, de la magia.
Intuición en que camino constantemente, el instinto me ha perdido, me perderá. Sólo sentir, vivir por dentro.
Utopía pura, sabiduría ideal. Me desespero al exigirme la perfección que no alcanzo. Quiero actividad, y me frustra cerrándome en esta pasividad. No hay anhelo que me alcance. Perdí mi norte, tan solo tengo mi humanidad, que pesa.
Insegura por no ver realizados mis ideales, mi destino está desconectado, sólo la suerte me puede acompañar; pero yo veo como se aleja, huye.
No soy real, vagando entre nubes me encuentras. Sobrevolando esta realidad tan gris que no me responde cuando la llamo. No hay norma que me pueda atar.
Sakkarah