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Sakkarah

Mi tristeza.

Mi tristeza.

¡Cuanta razón!

¡Cuanta razón!

DILEMA DE DINER: Las corbatas limpias atraen la sopa.

COMENTARIO DE CHURCHILL SOBRE EL HOMBRE: En ocasiones, el hombre tropieza con la verdad pero, casi siempre, evita caerse y sigue adelante.

winter light

Meme

Meme

Eilen Me pasa esete MEME, y yo espero que lo sigáis.

5 cosas mías que desconocéis.

1- He dejao de fumar, y era de más de dos cajetillas.

2- Hago yoga, me gusta

3- Voy a bailes de salón

4- Me estoy aficionando a los helados

5- Me gustan las minifaldas.

Le paso el MEME, para que lo continuen a Distinto, La sombra, Margot
MDM

Te quiero...

Te quiero...

Te quiero porque tienes las partes de la mujer
en el lugar preciso
y estás completa. No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.
Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras hojas.

Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya
que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.
Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.

¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.

Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.


Jaime Sabines

¿Será posible?

¿Será posible?

  El periódico Jakarta Post afirmó que, según los expertos, el puente de Ampera, en Palembang, capital de la provincia de Sumatra del Sur, en Indonesia, está en muy mal estado. Cuando hay tráfico pesado incluso se inclina visiblemente. Azmi Lakoni, del departamento de Obras Públicas, ha declarado que el motivo es que mucha gente se ha acostumbrado a aligerar sus vejigas en la base del puente. Los orines de los transeúntes han provocado la corrosión de uno de los pilares, lo que ha dañado la estructura. Ahora desvían los vehículos pesados para evitar el colapso del puente

Desconocido

Alejandro Dumas.

Alejandro Dumas.

Cuando el amor desenfrenado entra  en el corazón, va royendo todos los demás sentimientos, vive a expensas del honor, de la fe y de la palabra dada

 

Alejandro Dumas

 

El amor inspira las más grandes hazañas e impide realizarlas

 

Alejandro Dumas

 

Es deber aquello que exigimos de los demás

 

Alejandro Dumas

 

Para toda clase de males hay dos remedios: el tiempo y el silencio

 

Alejandro Dumas

 

El hombre nace sin dientes, sin cabello y sin ilusiones. Y muere lo mismo, sin dientes, sin cabellos y sin ilusiones

 

Alejandro Dumas

Dust in the Wind

La estancia doble.

La estancia doble.

Una estancia parecida a una divagación, una estancia verdaderamente espiritual, de atmósfera quieta y teñida levemente de rosa y azul.

Toma en ella el alma un baño de pereza aromado de pesar y de deseo. Es algo crepuscular, azulado, róseo; un ensueño de placer durante un eclipse.

Tienen los muebles formas alargadas, postradas, languidecentes. Tienen los muebles aire de soñar; creeríaselos dotados de vida sonambulesca, como vegetales y minerales. Hablan las telas una lengua muda, como las flores, como los cielos, como las puestas de Sol.

Ninguna abominación artística en las paredes. En relación con el sueño puro, con la impresión no analizada, el arte definido, el arte positivo, es blasfemia. Aquí todo tiene la suficiente claridad, la deliciosa obscuridad de la armonía.

Un olor infinitesimal, exquisitamente elegido, al que se mezcla una levísima humedad, nada en la atmósfera, donde mecen al espíritu adormilado sensaciones de invernadero.

Llueve abundante muselina delante de las ventanas y delante del lecho; derramase en cascadas nivosas. En el lecho está acostado el Ídolo, la soberana de los ensueños. Pero ¿cómo está aquí? ¿Quién la trajo? ¿Qué virtud mágica la instaló en este trono de ensueño y de placer? ¿Qué importa? ¡Ahí está! La reconozco.

Esos son los ojos cuya llama atraviesa el crepúsculo, miras sutiles y tremendas que reconozco en su malicia espantosa. Atraen, subyugan, devoran las miradas del imprudente que las contempla. A menudo estudió esas estrellas negras que imponen curiosidad y admiración.

¿A qué demonio benévolo debo hallarme así, rodeado de misterio, de silencio, de paz y de perfumes? ¡Oh beatitud! Lo que solemos llamar vida, aun en su más dichosa expansión, nada tiene de común con la vida suprema, que ahora conozco y saboreo de minuto en minuto, de segundo en segundo.

¡No! ¡Ya no hay minutos, ya no hay segundos! Desapareció el tiempo; reina la Eternidad, una eternidad de delicias.

Pero un golpe terrible, pesado, resonó en la puerta, y, como en sueños infernales, me ha parecido recibir un golpe de azadón en el estómago.

Luego ha entrado un espectro. Es un alguacil que viene a torturarme en nombre de la ley, una infame concubina que viene a dar gritos de miseria y a echar las liviandades de su existencia sobre los dolores de la mía, o el ordenanza de un director de periódico que viene a pedir más original.

La estancia paradisíaca, el ídolo, la soberana de los ensueños, la Sílfide, como decía Renato el grande, toda aquella magia desapareció al golpe brutal del espectro.

¡Horror! ¡Ya recuerdo!, ¡ya recuerdo! ¡Sí! Este desván, esta morada del Eterno hastío, es la mía. ¡Estos son los muebles necios, polvorientos, descantillados; la chimenea sin llama y sin ascua, mancillada por los escupitajos; las tristes ventanas llenas de polvo en que trazó surcos la lluvia; los manuscritos llenos de tachones, sin concluir; el calendario en que el lápiz marcó las fechas siniestras!

Y este perfume de otro mundo, del que me embriagué con sensibilidad perfeccionada, ¡ay!, reemplazado está por un fétido olor a tabaco, mezclado con no sé que nauseabundo moho. Aquí se respira ahora lo rancio de la desolación.

En este mundo estrecho, pero tan henchido de repugnancia, sólo un objeto conocido me sonríe: la ampolla de láudano, vieja y terrible amiga, como todas las amigas; ¡ay!, fecunda en caricias y traiciones.

¡Ah, sí! El tiempo reapareció; el tiempo reina ya como soberano; y con el horrible viejo volvió todo su acompañamiento de recuerdos, pesares, espasmos, miedos, angustias, pesadillas, cóleras y neurosis.

Os aseguro que ahora los segundos están acentuados fuerte y solemnemente; que cada uno al saltar del reloj dice: «¡Soy la Vida, la insoportable, la implacable Vida!»

No hay más que un segundo en la vida humana que tenga por misión el anuncio de una buena nueva, la buena nueva que a todos los causa inexplicable miedo.

¡Sí!, el Tiempo reina; ha recobrado la dictadura brutal. Me azuza como a un buey, con su doble aguijón: «¡Arre, borrico! ¡Suda, esclavo! ¡Vive condenado!»

Charles Baudelaire

ArribaAbajo

Humanidad.

Humanidad.

Coge altura mi persona cuando intento elevarme a los sueños. El campo me invita a ser natural, a despojarme de todo adorno superfluo, y cuando piso el asfalto me hace recordar la dureza de la vida, y del hombre.

El río se lo llevan las prisas, la brisa la envuelven los papeles. Rimero de bicicletas sobre la fuente, cemento sobre los huertos. Actividad fatal que acude a la añoranza en los tiempos serenos.

Prisa, tiempo, distancia, miedos…

Hoy, al sol, me sentaré a soñar en ese lugar solitario. Hoy sentiré toda mi humanidad, dejaré que pese sobre mis hombros.

Sakkarah

Veneno.

Veneno.

Veneno en el pensamiento, en la palabra,

y la necesidad de apartarse de todo.

Miedo al silencio y la soledad recomendadas.

 

Se cayó la ilusión como aceite desparramado.

Resbaladizo el terreno que ya piso.

 

¿Cómo sellar unos labios que gritan?

¿Cómo silenciar lo injusto?

Arde la palabra, y sale sin juicio, sin concierto.

Tras ella el corazón.

 

Licor que abrasa, este trago de amor.

Sakkarah

En mi cuerpo.

En mi cuerpo.

En mi cuerpo tus caricias de polen y miel. Mi pulso latiendo con una cadencia extraña. La brisa con su sonido de flauta calaba los huesos, y mi voz arrastraba las palabras fundidas, como metal, por el fuego que hay en mí. Te amo.

Quisiera asaltar tu memoria, ponerle asedio, para que no olvides ese pequeño cuento que escribimos con caricias. Yo cada día me introduzco en el espejo de tus aguas, para volver a encontrar aquella mirada mía tan enamorada.

Me refugio en las sombras que proyecta tu cuerpo, en ese largo beso que aún golpea salvaje en mi recuerdo.

Sakkarah

Uno crece...

Uno crece...

Uno crece cuando no hay vacío  de esperanza,

ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe.

Uno crece cuando acepta la realidad y 
tiene aplomo

de vivirla.

Cuando acepta su destino,  pero tiene la voluntad de

 trabajar para cambiarlo.

Uno crece asimilando lo que deja por detrás,

construyendo lo que tiene por delante y

proyectando lo que puede ser el porvenir.

Crece cuando supera, se valora, y sabe dar frutos.

Uno crece cuando abre camino dejando huellas,

asimila experiencias... Y siembra raíces!.

Uno crece cuando se impone metas, sin importarle

comentarios  ni prejuicios,

cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes,


cuando cumple con su labor,  sin importarle

 los otros pareceres.

Uno crece cuando se es fuerte por carácter,

sostenido por formación,  sensible por temperamento...

Y humano por nacimiento!.

Uno crece cuando enfrenta el invierno

aunque pierda las hojas.


Recoge flores aunque tengan espinas y

marca camino aunque se levante el polvo.

Uno crece cuando es capaz de afianzarse

con residuos de ilusiones,


capaz de perfumarse, con residuos de flores...

Y de encenderse con residuos de amor...!

Uno crece ayudando a sus semejantes,

conociéndose a sí mismo y dándole a la vida

 más de lo que recibe.

Uno crece cuando se planta para no retroceder...

Cuando se defiende como águila

para no dejar de volar...

 Cuando se clava como ancla

y se ilumina como estrella.   

Entonces... UNO CRECE

Desconocido

El último romántico.

Hippo sings

Dulce tortura.

Dulce tortura.

Polvo de oro en tus manos fue mi melancolía;
sobre tus manos largas desparramé mi vida;
mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;
ahora soy un ánfora, de perfume vacia.

Cuánta dulce tortura quietamente sufrida,
cuando, picada el alma de tristeza sombría,
sabedora de engaños, me pasaba los días
besando las dos manos que me ajaban la vida.


Alfonsina Storini

Gracias...

Gracias...

En el olvido.

En el olvido.

Cada lágrima que tu derrames
será un estremecimiento que sentiré en la distancia.
Con mi mano halada la secaré sin dejarla resbalar.
Como brisa, te sujetaré en tu vuelo por los sueños.
Seré luz sobre la nieve cuando sientas que tu corazón se enfría.
Como el sol acamaré tus sentimientos como campos de espigas.
Seré lluvia en la sequedad de tu sentir.

Cada mañana sentirás en tu rostro mi caricia.
Mariposa de vivos colores me tornaré en tu risa.
Y esa estrella olvidada, la irisada,
velará junto a mí siempre por ti.
En esta eterna distancia que pusiste, allí estaré.

Sakkarah

Al pie...

Al pie...

Al pie de la sima nos asomamos al futuro. Las brumas nos lo cubren y bajo ellas los túneles del misterio.

Tú siempre me llevaste de la mano por ellos, de tal manera que en cada recodo, aparecía una luz distinta, de colorido diferente. Iluminaban el interior haciendo aparecer estancias en las que se olvidaba el tiempo, el mundo...

Inagotables estancias, dispuestas para irse abriendo a cada paso que tu des. Infinita la paciencia que crece sobre las brumas. Una espera que va atada a la cintura para ese largo paseo del amor.

Sakkarah

¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué, dime, bien mío, las rosas
tan pálidas yacen?
¿Por qué están en su césped tan muertas
las violas azules?... ¿Lo sabes?

¿Por qué, dime, tan flébil gorjea
la alondra en el aire?
¿Por qué exhalan balsámicas yerbas
hedor de cadáver?

¿Por qué llega tan torvo y sombrío
el sol a los valles?
¿Por qué, dime, se extiende la tierra,
cual sepulcro, tan parda y salvaje?

¿Por qué yazgo tan triste y enfermo
yo propio?... ¿Lo sabes?
¿Por qué, aliento vital de mi alma,
por qué me dejaste?

Enrique Heine