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Sakkarah

Citas.

Citas.

"Cuando la muerte, aunque sea la de un animal, resulta divertida para alguien, estamos renunciando sencillamente a una de las mejores facetas de lo humano: la piedad".

Jaquín Araújo


"La obsesión por acaparar es lo único que sobra de este mundo donde tanto falta".

Joaquïn Araújo


"El mundo, domesticado hasta el aburrimiento por toda suerte de convencionalismos e intereses".

Joaquín Araújo


"Como no sabían que era imposible, lo hicieron".

Anónimo


"Si el toreo es un arte el canibalismo es gastronomía"

Anónimo

Y yo.

Y yo.

El roce de tus labios en mis párpados
Creó un campo de ternura
cuyas ondas se extienden hoy
rozando todas las paredes del alma

No caigo de ese campo ni en tiempo, ni en espacio.
Una palabra no es capaz de emborronar su recuerdo,
tampoco el granizo de dolor que a acuda a mi.

Me ceñiste en tu mirada con este traje cómodo
que ya no me permite salir de ti.
Y tu voz, ese canto lejano
que me hace andar como sonámbula en un sueño

Tu beso es llama,
quemadura que no deja de arder en el recuerdo.
Y yo siempre sumida en esta locura.

Sakkarah

Mi casa.

Mi casa.

Mi casa tiene innumerables puertas, pero todas de salida. Por tal razón, no hay aromas nuevos, y el ambiente se ha hecho espeso.

Una tienda sin pedidos, regalos apuntados en el debe de la memoria del tiempo. Siempre urgente, atravieso las puertas al exterior, como un misil que explota antes de llegar a su destino. La aldaba cuelga llena de orín, sin conocer el toque de la mano suave.

Un rumor de voces rebelándose, claman por no recibir nunca el refuerzo. Salen las palabras y no vuelven; un pueblo que habita mi mansión en aras de extinguirse. Engalanadas con sus barrocos trajes, siempre esperan a la reina que no llega. Salió prometiendo su vuelta, y su trono ha sido habitado por pequeños arácnidos que tejen la desdicha.

Amor, palabra que salió acompañada de un batallón de sentimientos, y no encuentra la entrada en esta heredad de evasiones.

Sakkarah

Lo inefable.

Lo inefable.

Yo muero extrañamente... no me mata la vida,
no me mata la muerte, no me mata el amor;
muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevásteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?

¡Cumbre de los martirios...! ¡llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas como un diente feroz!

Pero arrancarla un día en una flor que abriera
¡milagrosa, inolvidable!... ¡Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!

Delmira Agustini

acercate

acercate

Acércate, ven, pon tu oído en mi corazón. Mira como late, ¿lo sientes? Sí, es amor, su ritmo, su cadencia...Es lo que por ti siento. Abierto está para ti, puedes penetrar en él y sentirte acariciado por su latido. Todo tuyo es, no tengo más tesoros que ofrecerte, simplemente soy corazón. No vayas más allá, no hay otra cosa que amor.

Ya sé, te entiendo, no es suficiente. Este fuego no termina de abrasarte, lo comprendo. Hay alguien más que cubre todos tus anhelos. Esta mueca de mi cara es sólo un gesto, fue sólo una punzada, un dolor en él. Sí, ha sido fuerte, pero no te preocupes, pasará.

¿Qué hago?, coso. La arteria que bombeaba pasión parece que se ha roto. Sí, la pérdida es importante, pero aún no he muerto. Intento cerrar la herida. Más que coser, bordo con recuerdos. No, ya no abre la puerta, se han cerrado todas sus estancias, dejó de latir y guarda silencio. Ese crespón negro lo colgó la tristeza. Así es ella, infinita, lúgubre...

Sakkarah 

Aca entre nos.


Por presumir, a mis amigos les conte.
Que en el amor niguna pena me aniquila,
que pa provarles, de tus besos me olvide,
y me bastaron unos tragos de tequila.

Les platique que me encontre con otro amor,
Y que en sus brazos fui dejando de quererte.
Que te aborresco desde el dia de tu traicin
y que hay momentos que he deseado hasta tu muerte.

Aca entre Nos, Quiero que sepas la verdad,
no te he dejado de adorar, alla en mi triste soledad
me han dado ganas de gritar salir corriendo
y preguntar que es lo que ha sido de tu vida.

Aca entre nos, Siempre te voy a recordar
y hoy que a mi lado ya no estas no queda mas confesar
que ya no puedo soportar que estoy odiando sin odiar
porque respiro por la herida.

Y ay Martin no cabe duda que tambien de dolor se canta
Cuando llorar no se puede.

Aca entre Nos, Quiero que sepas la verdad,
no te he dejado de adorar, alla en mi triste soledad
me han dado ganas de gritar salir corriendo
y preguntar que es lo que ha sido de tu vida.

Aca entre nos, Siempre te voy a recordar
y hoy que a mi lado ya no estas no queda mas confesar
que ya no puedo soportar que estoy odiando sin odiar
porque respiro por la herida.

No forzar.

No forzar.

Está comprobado que si intentamos forzar las cosas para que ocurran, sucede lo contrario. El proceso de los sucesos tiene que seguir su propio curso.


Cuando se necesita la alabanza, esta no acude, no hay labios que la pronuncien. Si se busca, no se encuentra.


Nuestra mente está hecha a los éxitos y los fracasos, todo lo solemos pasar por ese tamiz, de ahí las envidias, las competiciones.

Sakkarah

Tras la cortina de luz

Tras la cortina de luz

Tras la cortina de luz dejé escondidos los sueños.
Tendidas mis palabras en las ramas del viejo árbol.
Hay impresas en mi alma transparentes huellas,
De tal forma, que mis ojos no puedan leer en ellas

Como una flor, cercada por el arrastre de la víbora
de la apariencia engañosa, fui yo.
Inclinaba mis pétalos en forma de caricia,
y su roce eléctrico, me despojó de la inocencia.

Ahora frío mármol
que entorna los ojos al calor del fuego, pero no se licua.
Laguna de hielo que devuelve el brillo,
y no se enternece en aguas.

Hoy vivo alejada de los húmedos silencios.

 

 

 

 

Sakkarah

¿Se puede predecir?

¿Se puede predecir?

¿Se puede predecir lo que una persona va a llegar a ser? Lo más seguro es que sean muchas las cosas que se puedan intuir de antemano, pues siempre hay signos. Lo que sucede es que, en este mundo de prisas, ¿quién se para a descifrarlos? Incluso la estadística puede ser un signo, pero no siempre fiable.

En la vida hay signos, coincidencias, casualidades... Estas últimas quizá no lo sean, pudiera ser que fueran algo establecido que tiene que suceder en este intrincado caminar por la vida.

Esto me lleva a pensar en los refranes, aunque signifique apartarse del inicio del tema. Los dichos populares suelen cumplirse. Son sentencias sabias nacidas de la observación.

En realidad nos hace falta pararnos, observar, necesitamos tiempo, o calma. Es interesante descifrar el misterio de la vida. Yo diría que mucho más interesante que ocuparnos de las entradas y salidas del vecino, o que el acoso al otro por ociosidad y aburrimiento.

Sakkarah

La gran muralla china.

La gran muralla china.

  • La Gran Muralla China (en chino Chang Cheng) es la única obra humana que puede verse desde el espacio. Esta obra de fortificación se extiende por 2.400 kilómetros, desde la provincia de Kansu, pasando por el Sur del desierto del Gobi, hasta la península de Liadong (golfo de Bonai). El objetivo de la Gran Muralla fue defender al país de las incursiones de los hunos. Fue edificada a tramos por los estados del Norte de China, hasta que en 221 a.C. el rey Cheng (o Zheng) del país de Quin (dinastía Ch'in) unificó y pacificó China y mandó unir los distintos tramos de la muralla.

  • El baluarte fue modificado en varias fases, durante los siglos XV y XVI. La Muralla está formada por bloques de piedra y tierra, tiene una base de 7 m. de ancho y una altura media de 9 m. En la parte superior discurre un camino adoquinado de 5 m. de ancho, con torres de guardia de unos 12 m., desde las que se enviaban señales a Xianyang (o Chianyang, Shaanxi), capital del imperio de Shi Huangdi (259-210 a.C., o She Huang-ti). La obra se realizó por condenados a cadena perpétua y costó un elevado número de vidas humanas.

  • Desconocido

    Trasplante

    Trasplante

    Siempre he sido reacio a ser trasplantado de pulmón. Siempre he tenido escrúpulos de todo tipo. El que otra persona, naturalmente más joven, tenga que morir para yo pueda seguir viviendo me parecía una injusticia tan tremenda y tan cruel que me horrorizaba, sobre todo cuando pensaba en mis hijos al ponerme en el lugar de las víctimas.

    Como la “lista de espera” es un proceso en el que te da tiempo a pensar mucho, más que nada porque se hace muy larga la espera debido a la escasa cantidad de donaciones válidas, ya que hay que descartar los fallecidos en accidentes de automóviles, porque la mayoría resultan con los pulmones destrozados a consecuencia del golpe, te vas convenciendo de que no puedes hacer nada para evitar esas muertes.

    Otra de las cosas que me hacen rechazar el ser trasplantado es portar dentro de mi cuerpo unas vísceras, quizás las más importantes, como son los pulmones, de otra persona, por muy altruista que ésta sea, pero que cada vez que tosas o incluso respires, notarás que tu boca se llena de aliento que no es tuyo.

    Después está el preoperatorio; la operación, que pasa a ser una de las más complicadas de la cirugía, en las que te abren cual codorniz, te cortan tus pulmones para ponerte  otros. No hablemos del postoperatorio ni el tener que pasar lo que te quede de vida tomando pastillas anti-rechazo.

    Sí, lo haré por todos…, si es que llega ese donante compatible. Y, mientras tanto, seguiré aguantando mis insuficiencias respiratorias diarias y mis microinfartos cerebrales hasta que el cuerpo aguante.

    Y si el cuerpo no aguanta hasta ese día deseado y temido, quiero dejar constancia que, en lo positivo, está mi mujer, de la que he disfrutado casi cincuenta años, porque nuestra relación viene desde que éramos críos, y que aún seguimos queriéndonos y necesitándonos, aunque, a veces, me he quedado con la sensación de que no me he portado con ella como su bondad y su amor hacia mí se merecía.

    De mi hija, estoy tan orgulloso, que no solamente creo, sino que afirmo, que jamás padre alguno tuvo la suerte de tener una hija como la que he tenido yo, y creo que por ese motivo ha sido premiada con un hombre bueno, trabajador y justo, y con unos hijos sanos, simpáticos y agraciados.

    El varón es como yo, a veces no sabe o le cuesta expresar sus sentimientos, pero el chaval es un cúmulo de virtudes, exceptuando las mencionadas, pero aquí aplicamos aquello que “de casta le viene al galgo”.

    Bueno, y de los pequeños, de los nietos, ¿para qué hablar? Yo era de los que decía que los hombres se idiotizaban al ser abuelos, y cuando me ha tocado a mí, he sido el primero del concurso, con mucha diferencia al segundo.

    Los amigos lo han sido de verdad, y a las personas que les he dado mi cariño, siempre ha sido con sinceridad, aunque a veces, por motivos disversos, la amistad no haya podido ser como hubiésemos deseado.

    Ojalá dentro de unos años este escrito me parezca una pesadilla, un mal sueño, y todo siga como ha estado hasta la llegada de la enfermedad.

    Hace veinte años me operaron de cáncer de colon y aquí estoy. ¿No hay un refrán que dice que no hay una sin dos? Pues si ni lo hay, me lo invento y salgo de ésta también.

    Discóbolo

    Recipente

    Recipente

    Recipiente con un fondo de agua clara
    en el que vierten los despojos.
    La base se fue horadando lentamente,
    volviéndose arena para abrazarse al agua.

    Cansada laja que sólo fía ya del destino,
    expuesta a que roben el polvo que la cubre.
    Esa gravidez sobre ti sólo estará;
    El peso de la vida que no el mío.

    Encadenada a lo ignoto,
    mi risa es caudal que no quiere agotarse.
    Transito en el camino de mis desconocidos sueños.

    Sakkarah

    Hoy

    Hoy

    Hoy he bebido las tinieblas. La ofuscada noche se hizo en mi alma agarrándose a los barrotes de lluvia. Duerme el amor en los corazones, mientras yo paso silenciosa no queriendo ya despertarlos. Me engaño poniéndome gasas de libertad al cuello, donde antes quedaron las marcas asfixiantes del olvido.

    En el desierto de sus palabras, mis pasos hacen eco, y duelen los ojos en el silencio de las estrellas. Se ha desprendido la palabra Amor de mis escritos, y enredada a mis tobillos la llevo arrastrando como serpentina al acabar la fiesta.

    Traspasando el encapotado cielo, vela una luz. Aún mis dedos no tienen fuerza para tirar del fino hilo de luminosa seda.

    Sakkarah

    No estoy de acuerdo.

    No estoy de acuerdo.

    No estoy de acuerdo en que para acercarse a las multitudes, haya que usar un disfraz. Siempre suelen existir ciertos miedos antes de enfrentarse a un grupo de personas en el que no conoces a nadie, pero el ser sociable los vence, y una vez vencidos, da muchas satisfacciones el trato con los demás. Más que nada es que enriquece. Al igual pasa con los viajes. Yo era muy poco viajera, no me gustaba. Las personas que me oían decir esto, casi me veían como un bicho raro. La primera vez que di un viaje largo, fue a un lugar que yo encuentro lleno de magia, y eso hizo que ahora, siempre que se me presente la oportunidad, esté dispuesta a viajar, e incluso que añore los viajes cuando no los tengo.

    Aun siendo bueno estar entre la multitud, no por ello es menos bueno tener momentos de soledad. Todos necesitamos de ellos. Es el momento en el que nos encontramos con nosotros mismos, y en el que asimilamos todo lo que hemos vivido.

    La soledad puede estar muy bien poblada por la imaginación, por las ilusiones, por los recuerdos, etc. Una cosa es pasear en solitario, ensimismados en nuestros pensamientos, y otra, muy diferente, hacernos personas cerradas y egoístas. Puede suceder también que la pereza juegue un papel importante en la soledad, pero esa soledad, no es la soledad de la que hablo, de la que necesitamos todos al menos unos momentos.

    Sakkarah

    Carlos II, el ocaso de una dinastía enferma.

    Carlos II, el ocaso de una dinastía enferma.

    Una calurosa tarde de julio de 1698 Juan Tomás Rocaberti y Froilán Díaz, inquisidor general y confesor real respectivamente, preocupados por la salud espiritual del monarca, se sentaron a dictar una solicitud urgente; de ella, según pensaban, dependía el futuro del reino.
    Su destinatario era un fraile dominico, vicario del convento de la Encarnación de Cangas de Tineo, en Asturias, y con línea directa con el Demonio. Los apurados clérigos deseaban que el fraile hablase inmediatamente con el Maligno y le preguntase en qué consistía el hechizo que afligía al atormentado rey Carlos.
    No se demoró el religioso asturiano en satisfacer la demanda que tan insignes miembros de la Corte le habían hecho llegar desde Madrid. Entró en trance, parlamentó con Lucifer y, obtenida la respuesta, corrió por los pasillos del convento para devolver a toda prisa la carta... con el enigma desvelado:
    "Me dijo el demonio anoche que el Rey se halla hechizado maléficamente para gobernar y para engendrar. Se le hechizó cuando tenía 14 años, con un chocolate en el que se disolvieron los sesos de un hombre muerto para quitarle la salud y los riñones, para corromperle el semen e impedirle la generación".
    Sí, esta era la España de hace tres siglos en todo su esplendor místico.
    Después de 44 años de reinado, 42 de amoríos y revolcones, unos 50 hijos y centenares de amantes (no faltaron duquesas, marquesas, cómicas, damas de honor, prostitutas y decenas de sirvientas), Felipe IV abandonó este mundo la última semana del verano de 1665. Tanta rijosidad y tanta actividad venérea sólo le habían procurado un heredero, que, para más inri, tenía sólo cuatro años y era una criatura raquítica y repelente que acababa de echar los dientes y aún no se había destetado.
    Para evitar la mala imagen de coronar como rey de España a un mamoncete de cuatro años los médicos decidieron suspender la lactancia, que llevaban a cabo catorce sufridas nodrizas. Le prescribieron papillas y, como no se podía mantener en pie, encargaron al sastre unos gruesos cordones parar sostenerle mientras recibía a los embajadores extranjeros. Aquel día, el de su presentación en público como titular de la monarquía más poderosa del planeta, marcaría el principio de un larguísimo calvario que duraría 35 años.
    Se ha dicho mil veces que Carlos II fue el monstruoso producto final de la consaguinidad de los Austrias, que se pasaron dos siglos casándose entre ellos y trayendo al mundo una progenie de príncipes cada vez más deficientes, cada vez más tarados. Nada más cierto. Su madre era la sobrina carnal de su padre y, escalando en el árbol genealógico, encontramos que tenía doce veces el apellido Habsburgo. Un ejemplar genéticamente puro y totalmente idiota.
    Aprendió a andar a los seis años, a hablar a los diez, hasta los doce no supo leer y no se vio capaz de escribir –aunque fuese solo su firma: "Yo, el Rey"– hasta los quince años. Físicamente echaba para atrás. "Asusta de feo", apuntó un embajador en una carta a su soberano. Enclenque y encanijado, de piel macilenta, ojos huidizos y nariz ganchuda que casi tocaba el labio. Heredó el prognatismo y el belfo caído de la familia. Ambos los multiplicó por dos. Nunca pudo masticar en condiciones, lo que, unido a sus delicadas digestiones, le condenaron a padecer vómitos continuos y una diarrea crónica.
    Su drama personal fue, además, parejo al de la corona que le había caído en suerte. La recibió de capa caída, y a su muerte se desencadenó una larga guerra de sucesión que liquidaría por siempre las posesiones de la familia en Europa.
    Ferando Díaz Villanueva

    Leche de burra.

    Leche de burra.

    Resulta curioso que uno de los mas famosos consumidores de leche de burra fuera el rey Francisco I (Cognac, 1494-Rambouillet, 1547), rey de Francia entre 1515 y 1547. Cuentas las crónicas que enfermo y agotado por sus numerosas orgías y sus también numerosas guerras mando llamar a su corte a un famoso médico judío de Constantinopla. Dicho medico tras reconocerle cuentan que, le receto únicamente como tratamiento para sus males el consumo de grandes cantidades de leche de burra. Al parecer su recuperación fue tan rápida que todos los cortesanos empezaron a imitarle y a beber también leche de burra, con el consiguiente aumento de su demanda.

    También en España se conocían las propiedades de la leche de burra, por lo que su consumo era muy recomendado por los médicos. Cuenta una anécdota que durante la guerra de Sucesión, después de las victorias de Brihuega y Villaviciosa y tras las entrada de Felipe V en Zaragoza en enero de 1711 unos médicos de la ciudad recetaron a la reina María Luisa Gabriela de Saboya el consumo de leche de burra y quinina como remedio para la tuberculosis que padecía; todo en contra de la opinión de los dos médicos franceses que cuidaban de la reina. Parece ser que unos días después y para sorpresa de la corte se produjo una espectacular recuperación de la reina, que lejos de estar acostada por su enfermedad, se paseaba por las estancias del palacio.

    La sangría, como tratamiento médico, comenzó a practicarse en la Antigüedad, estando indicada para casi todas las enfermedades. Al parecer los médicos consideraban que el paciente mejoraba; pero lo que realmente ocurría es que la fiebre o el delirio del enfermo se atenuaba como consecuencia de la somnolencia asociada a la disminución de la sangre en el cuerpo. Así los médicos practicaban la sangría como primer tratamiento en cualquier enfermo, llegando a alcanzar la extracción de sangre el medio litro. Parece ser que incluso era efectuada en mujeres embarazadas, con el consiguiente riesgo durante el parto.

    Desconocido

    No es que muera de amor...

    No es que muera de amor...

    No es que muera de amor, muero de ti.
    muero de ti, amor, de amor de ti,
    de urgencia mía de mi piel de ti,
    de mi alma de ti y de mi boca
    y del insoportable que yo soy sin ti.

    Muero de ti y de mí, muero de ambos,
    de nosotros, de ese
    desgarrado, partido,
    me muero, te muero, lo morimos.
    Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
    en mi cama en que me faltas,
    en la calle donde mi abrazo va vacío,
    en el cine y los parques, los tranvías,
    los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
    y mi mano tu mano
    y todo yo te sé como yo mismo.

    Morimos en el sitio que le he prestado al aire
    para que estés fuera de mí,
    y en el lugar en que el aire se acaba
    cuando te echo mi piel encima
    y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
    dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

    Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
    entre los dos, ahora, separados,
    del uno al otro, diariamente,
    cayéndonos en múltiples estatuas,
    en gestos que no vemos,
    en nuestras manos que nos necesitan.

    Nos morimos, amor, muero en tu vientre
    que no muerdo ni beso,
    en tus muslos dulcísimos y vivos,
    en tu carne sin fin, muero de máscaras,
    de triangulos obscuros e incesantes.
    Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
    de nuestra muerte, amor, muero, morimos.

    Jaime Sabines

    Las lágrimas...

    Las lágrimas...

    Las lágrimas fueron tan cortas como la ausencia de las cigüeñas.

    Ya no me quita la luz la sombra de la tristeza. Entre las pajas del nido, encuentro la respuesta. Todo vuelve, la vida restaura, y allí tendré su mirada cada amanecer. Caí sin tocar el suelo, sin palpar el llanto callado de la piedra. El roce hizo herida de corta sangre, que ha parado el líquido incoloro de otra palabra.

    Está al llegar su imagen a contraluz. Erguida señal de que el amor retorna. Se llenará de flores el lugar donde la raíz del árbol no pudo engarzarse entre la tierra. Y el clamor, la cadencia de su voz, nacerá como espejo de sol entre la brisa.

    Hoy la palabra va mutilando el tiempo hasta llegar a tus brazos. Los pasos alados y lentos acortaron ya las distancias. Invisibles sonrisas, robadas a unos labios, acompañan mi día.

    Sakkarah

    En el reino de la rosa.

    En el reino de la rosa.

    En el reino de la rosa,
    la soledad del jardín, me pierdo.
    Ebria de mi perfume cierro los ojos
    ya no quiero llenar el corazón
    con palabras que a mi me hieren.

    Sólo mi aroma es real,
    en un capullo cerrado al mundo, al oro.

    El viento y la lluvia llevan mis pétalos
    meciéndose en lo etéreo,
    donde nadie podrá ya alcanzarme.

    Las palabras adquieren alas
    en mi soplo por ignorarlas

    Lejana aún la oscuridad del otoño,
    el sol me ciega.
    Siento el dolor de mis propias espinas.

    Silencio haré entre la hierba.
    No calificaré lo que siento,
    lo dejaré sin nombre en mi propio olvido

    Sakkarah

    Somos difíciles.

    Somos difíciles.

    Hay veces que nos acostumbramos tanto a que nos regalen, que nuestro oído se hace sordo a las peticiones. Pero también puede ocurrir al contrario, que demos y demos, aun sin pedir, y recibamos poco o nada.

    Es como si el mundo estuviera dividido en dos bandos: Los dadivosos, y los egoístas.

    Cuando tenemos que pedir se hace triste y trabajoso. Incluso a veces el pedir lo que nos corresponde. Sin embargo hay muchas personas que se adelantan y, sin tener que hacerlo, te traen lo que saben que tú necesitas. Por regla general lo suelen hacer los amigos, o las personas que son muy detallistas. Lo malo de esto, es acostumbrarnos a los detalles; hay personas que tanto se llegan a acostumbrar, que no valoran a la persona que se los ofrece. Lo llegan a considerar incluso una obligación, y el día que les falta se quejan.

    Somos difíciles.

    Sakkarah