Después...
Después de formar parte de la luz, o de una estrella, seguí andando. Iban cayendo las capas de ese cielo, y me adentraba en lo desconocido. Allí, una potente luz artificial, una falacia de sol, me tenía entretenida hasta que los plomos se fundieron.
Conocí la noche que no tiene estrellas, ni luna. La que no tiene tonos plateados por los que pasear. No era la noche de los ciegos, pues no sentía la belleza. Era una noche cavernosa y triste.
Y seguí andando, porque uno no puede parar. Se agrietaron las paredes del encierro, y una luz tenue penetraba. Esta vez eché a correr para poder encontrarla. Salí, porque de todo se sale; el día estaba nublado, pero las nubes corren como yo, y sé que dejarán paso al sol.
Sakkarah