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Sakkarah

Paisaje

Paisaje

Me pasé tanto tiempo jugando a las casitas en los arroyuelos secos, que ahora quisiera jugar en casa a sentarme de nuevo en ellos, a respirar ese aire sano, y esa paz de los campos castellanos con su mies amarilla.

En este momento quisiera sentir el calor que pega a primera hora de la tarde en verano, y ver ese cielo tan claro y limpio. Me encantaría tener la mirada perdida en esa carretera estrecha llena de curvas y cuestas que llevaba al pueblo cercano. ¡Tantas veces la recorrí en bicicleta…!

Desearía estar con esa sensación de espera en que aparezca el niño que ocupaba mis sueños en aquel momento, y ese jugar inocente a los sentimientos. Pero los años se suceden y a veces hasta el tiempo es cruel a su paso, no siempre.

Seguramente habrá otros latidos, otras alegrías, y otras esperas ilusionadas. Son mis ojos los que tienen que estar preparados para recrearlas.

Sakkarah

Con sus grandes orejillas...

Con sus grandes orejillas...

Con sus grandes orejillas, y sus ojos fijos me miraba de manera insistente. Yo quería comprender en su mirada. Sabía que allí se reflejaba mi futuro, que todo dependía de poder leer en esos ojos enormes. Me quedaba hipnotizada, y mi vuelta a la realidad no me aclaraba gran cosa.

Cuando me cansaba me alejaba, y corría tras de mí para ponerse enfrente. Era insistente, quería que descifrara los signos grabados en chispitas negras sobre el tono marrón del iris. Yo prefería hablarle, pues con un movimiento de su boca podría entender, pero sus labios permanecían sellados.

A veces pensaba que él sólo era una paranoia más de mí agotada mente. Entonces lo tocaba, y mi tacto no podía engañarme. Esa piel viscosa y gris no era una imagen creada por mí. Era real, tanto, como que mi corazón aún latía.

Salí de la casa dando un portazo. Ya no soportaba más la sensación de verme acosada por su compañía. Me dirigí a la alameda. A esas horas estaba vacía, y allí, en sus jardines, yo me sentía feliz. Al fin podía respirar, y sentir en la cara la fresca brisa. No duraría mucho esta sensación. A mi lado, muy pegado a mi se encontraba él. Esta vez me sujetó la cara para que no pudiera desviar mi vista de la suya, y leí. Pude ver ese gran río de cascada azulada y blanca espuma. Entonces me di cuenta que aún, a pesar de todo, la vida me había reservado un paraíso. Supe que jamás me encontraría sola, porque el río no dejaría de fluir. Siempre me acompañaría la húmeda sensación de mi piel, después de la caricia del agua.

Sakkarah

Mi viejo.

Mi viejo.


Es un buen tipo mi viejo
que anda solo y esperando,
tiene la tristeza larga
de tanto venir andando.

Yo lo miro desde lejos,
pero somos tan distintos;
es que creció con el siglo
con tranvía y vino tinto.

Viejo mi querido viejo
ahora ya camina lerdo;
como perdonando el viento
yo soy tu sangre mi viejo
Yo, soy tu silencio y tu tiempo.

El tiene los ojos buenos
y una figura pesada;
la edad se le vino encima
sin carnaval ni comparsa.

Yo tengo los años nuevos
y el hombre los años viejos;
el dolor lo lleva adentro
y tiene historia sin tiempo.

Viejo mi querido viejo,
ahora ya camina lerdo
como perdonando al viento;
yo soy tu sangre mi viejo.
yo, soy tu silencio y tu tiempo.

Con su permiso. (Juana la loca)

Con su permiso. (Juana la loca)

Sé que todos ustedes me conocen, quiero refugiarme aquí, porque será el único sitio donde adivino me voy a sentir comprendida. No me gustaría que ustedes me juzgaran tan mal como lo hizo la historia conmigo

Nací en un lugar lleno de magia y todo nuestro recorrido nos va marcando en los siguientes pasos de la vida. Mi ciudad es de ensueño, Toledo. Soy la segunda hija de los Reyes Católicos y me siento muy orgullosa de serlo. Mi boda fue planificada por ellos e hicieron la mejor elección ¿Quién no quiere lo mejor para los suyos?

Desde el primer momento me enamoré de él. Era bien llamado el Hermoso, a mi su belleza me tenía arrobada. El es todo un conquistador entre las mujeres, pero a las personas que amamos las amamos tal y como son, sin pretender cambiarlas. Yo por eso no lo logré, no hubo intento. Sólo me dediqué a amarle

Como a casi toda mujer me gusta ser única, no quiero que el amado me comparta y, esto ha sido causa de muchos disgustos para mi, sin olvidar el trato injusto que se me ha dado por ello

Me tengo que retirar a mis aposentos, debo descansar, pero pronto, si ustedes me lo permiten, estaré de nuevo aquí implorando su comprensión

Siempre amanecerá

Loca de amor

Sakkarah en el papel de Juana la loca

You And Me.

You And Me.


Que día es hoy, que mes es?
este reloj parece no estar vivo,
puedo llegar arriba,
y puedo estar en el fondo,
he perdido mucho tiempo.


Porque tu y yo y toda las demás personas
no tienen nada que hacer, nada que perder,
tu y yo y toda las personas...
no dejo de pensar en ti
no puedo cerrar mis ojos

Todo lo que hago, todo lo que siento
parese estar solo dentro de mi
quiero viajar a las estrellas,
no te puedo quitar de mi cabeza,
no puedo alejarme de aquí.

Porque tu y yo
y todas las demás personas,
no tienen nada que hacer,ningún problema;
tu y yo y todas las demás personas...
no dejo de pensar en ti,
no puedo cerrar mis ojos.

Somos uno para el otro,
puedo ser una figura para ti,
todo lo que ella hace es hermoso,
todo lo que ella hace es maravilloso.

Porque tu y yo
y todas las demás personas
no tienen nada que hacer, nada que perder,
tu y yo
y todas las demás personas...
no dejo de pensar en ti,
no puedo cerrar mis ojos...
tu y yo
y todas las demás personas
no tienen nada que hacer, ningún problema,
tu y yo y todas las demás personas...
no dejo de pensar en ti,
no puedo cerrar mis ojos...

Que día es hoy,que mes es?
este reloj parece no estar vivo

Bailarina

Bailarina

La mano vacía, de donde se habían escapado las caricias, toma forma guiada por la nota musical. Su aura de ave la acompaña sin ella saberlo, y el ritmo de la vida va ondulando su cadera. Como polvo de estrellas, lleva prendida a su cintura la huella de la mano amada; su pirueta en el aire, la hace prendida del recuerdo.

Están tensos los músculos de la espera, y los párpados se cierran con la melodía; siempre propensos a soñar. Sus cejas marcan la interrogación que deja la duda no resuelta, y en su rostro se suceden los gestos ensayados en las ausencias. Un hermético enigma se apodera de su pecho, dejándola paralela al suelo. Sigue la música mientras su corazón enamorado palpita con fiereza, y en el aire danzan sus sombras en un intento de huída.

Sakkarah

Vida

Vida

Every Breath You Take.

Every Breath You Take.

Cada respiración que tomas
cada movimiento que haces
cada enlace que rompes
cada paso que tomas
estare mirandote
cada simple día
cada palabra que dices
cada juego que juegas
cada noche que permaneces
estare mirandote
Oh,no puedes ver?
me perteneces
cómo duele mi pobre corazon
con cada paso que tomas
cada movimiento que haces
cada voto que rompes
cada sonrisa que falsificas
cada demanda que estacas
estare mirandote
pues te has ido y estare perdido sin un sueño
sueño en la noche y solo puedo ver tu cara
miro alrededor pero no puedo reemplazarte
me siento demasiado frio y lejano para abrazarte
sigo llorando bebe,bebe, por favor...
Oh, no puedes verlo?
me perteneces
cómo duele mi pobre corazon
con cada respiración que tomas
cada movimiento que haces
cada voto que rompes
cada sonrisa que falsificas
cada demanda que estacas
estare mirandote
cada movimiento que haces
cada paso que tomas
estare mirandote
estare mirandote
estare mirandote
estare mirandote...

Me trasladé.

Me trasladé.

Me trasladé a su ciudad, dejaba atrás mis nervios rotos; ese desgarro que se siente en el alma cuando se rompe con todo, cuando de tu vida debes borrar lo imborrable. Sólo había tenido dos opciones entre las que escoger: Mi eterno infierno, en el que quedaba una parte de mi ser, o hacer la maleta del tiempo para correr tras los sueños.

 

Abrí el armario y saqué el vestido de esperanza, los zapatos de valor y un bolso de rebeldía. El interior desnudo, como mi alma.

 

Al entrar en la habitación, me recosté en la cama dejando fluir las lágrimas del olvido. Quería que al encontrarme con él sólo me iluminara mi sonrisa. El cansancio pudo con el llanto, y, al fin, quedé dormida. En mis sueños desfiló toda una vida de amor que culminaba en la escena de dos ancianos enamorados, paseando por la orilla de la playa de la mano Él, aun a veces, la sujetaba por la cintura.

 Tuve un bello despertar, me encontraba llena de confianza. Empezaba a realizar mi gran sueño, el que me acompañó toda una vida. Busqué el móvil y marqué ese número mágico del que salía una voz que hacía vibrar mi cuerpo. Sólo faltaban unos instantes para nuestro encuentro. Marqué sin ninguna inquietud, sólo el corazón latía desacompasado, emocionado.

Las palomas se van apartando de mi paso cansado. Saben que no miro donde piso, mis pies se arrastran por el peso del alma. Frenan los coches y, sus conductores me gritan cosas ininteligibles para mi. La gente a veces me empuja a mi paso, llevan prisa por llegar a un lugar determinado. No hace falta tiempo, ni lugar cuando se va hacia el camino de la nada.  Sólo encontrar una sima donde dejar caer este cuerpo tan pesado que siempre me acompaña.

 

Un salto en mi pensamiento me avisa de que algo ha pasado. En mi oído solo se escucha: “Apagado o fuera de cobertura” Esas palabras palpitan en lugar de mi corazón.

 

El frenazo chirría despertándome. Sólo se escucha un grito, enorme, hace eco en mi vacío; pero...ya viene la paz del eterno sueño.

Sakkarah

En la hora mala.

En la hora mala.

En la hora mala, los asideros se alejan, la soledad nos hace isla, y el mar que nos rodea se hace intransitable. Solos ante la inmensidad del dolor, el que nadie acalla. El alma lacia, como hoja seca en un rimero del suelo, y el crujir de los pasos que aplastan haciendo añicos el espíritu. La vida como suela de bota gigante, que distraida y sin piedad nos reduce a nada.

Veneno líquido la palabra que hiere, o el acto. La serenidad se fuga ante el espejismo, porque nada nos puede dañar sin nosotros consentirlo; pero hay dardos que llevan los vocablos por los sombríos corredores de la mente hasta engañarla. Caen las endebles murallas que nos defienden Estamos abocados al vacío.

Lóbrego el paso en la desconfianza, espesa la sangre de la herida que no cierra. El dolor abarca el mayor espacio, y pocas veces deja un resquicio a la alegría.

Sakkarah

Camino de los sueños.

Camino de los sueños.

Camino de los sueños,

con el paso lento, aunque sea el final.

Separados por una amplia banda,

mirándonos, sin podernos rozar

Una locura seguir la pista hacia la nada.

Quiza haya que dejarse llevar.

Me ofrezco a la vida,

me recuesto sobre sus brazos,

y cierro lo ojos.

Ella me posará

como si se tratara del despertar de un cuento

Mi pelo al viento,

como alazán al galope entre praderas

Ya no hay obstáculos,

mi mente ha bajado la guardia.

Aferrada a la vida paseo en la ventisca

Sakkarah

Rare bird - Sympathy

Gracias, Margot, por mostrarmela.

 

Poesía pura.

Poesía pura.

Deshaced este verso.
Quitadle los caireles de la rima
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía
eso
será la poesía.

León Felipe

Un asesinato.

Un asesinato.

     Es de noche. La criadita Varka, una muchacha de trece años, mece en la cuna al nene y le canturrea:

                          «Duerme, niño bonito,
que viene el coco...»

     Una lamparilla verde encendida ante el icono alumbra con luz débil e incierta. Colgados a una cuerda que atraviesa la habitación se ven unos pañales y un pantalón negro. La lamparilla proyecta en el techo un gran círculo verde; las sombras de los pañales y el pantalón se agitan, como sacudidas por el viento, sobre la estufa, sobre la cuna y sobre Varka.

     La atmósfera es densa. Huele a piel y a sopa de col.

     El niño llora. Está hace tiempo afónico de tanto llorar; pero sigue gritando cuanto le permiten sus fuerzas. Parece que su llanto no va a acabar nunca.

     Varka tiene un sueño terrible. Sus ojos, a pesar de todos sus esfuerzos, se cierran, y, por más que intenta evitarlo, da cabezadas. Apenas puede mover los labios, y se siente la cara como de madera y la cabeza pequeñita cual la de un alfiler.

                         «Duerme, niño bonito...»,

balbucea.

     Se oye el canto monótono de un grillo escondido en una grieta de la estufa. En el cuarto inmediato roncan el maestro y el aprendiz Afanasy. La cuna, al mecerse, gime quejumbrosa. Todos estos ruidos se mezclan con el canturreo de Varka en una música adormecedora, que es grato oír desde la cama. Pero Varka no puede acostarse, y la musiquita la exaspera, pues le da sueño y ella no puede dormir; si se durmiese, los amos le pegarían.

     La lamparilla verde está a punto de apagarse. El círculo verde del techo y las sombras se agitan ante los ojos medio cerrados de Varka, en cuyo cerebro semidormido nacen vagos ensueños.

     La muchacha ve en ellos correr por el cielo nubes negras que lloran a gritos, como niños de teta. Pero el viento no tarda en barrerlas, y Varka ve un ancho camino, lleno de lodo, por el que transitan, en fila interminable, coches, gentes con talegos a la espalda y sombras. A uno y otro lado del camino, envueltos en la niebla, hay bosques. De pronto, las sombras y los caminantes de los talegos se tienden en el lodo.

     -¿Para qué hacéis eso? -les pregunta Varka.

     -¡Para dormir! -contestan-. Queremos dormir.

     Y se duermen como lirones.

     Cuervos y urracas, posados en los alambres del telégrafo, ponen gran empeño en despertarlos.

                         «Duerme, niño bonito...»,

canturrea entre sueños Varka.

     Momentos después sueña hallarse en casa de su padre. La casa es angosta y obscura. Su padre, Efim Stepanov, fallecido hace tiempo, se revuelca por el suelo. Ella no le ve, pero oye sus gemidos de dolor. Sufre tanto -atacado de no se sabe qué dolencia-, que no puede hablar. Jadea y rechina los dientes.

     -Bu-bu-bu-bu...

     La madre de Varka corre a la casa señorial a decir que su marido está muriéndose. Pero ¿por qué tarda tanto en volver? Hace largo rato que se ha ido y debía haber vuelto ya.

     Varka sueña que sigue oyendo quejarse y rechinar los dientes a su padre, acostada en la estufa.

     Mas he aquí que se acerca gente a la casa. Se oye trotar de caballos. Los señores han enviado al joven médico a ver al moribundo. Entra. No se le ve en la obscuridad, pero se le oye toser y abrir la puerta.

     -¡Encended luz! -dice.

     -¡Bu-bu-bu! -responde Efim, rechinando los dientes.

     La madre de Varka va y viene por el cuarto buscando cerillas. Unos momentos de silencio. El doctor saca del bolsillo una cerilla y la enciende.

     -¡Espere un instante, señor doctor! -dice la madre.

     Sale corriendo y vuelve a poco con un cabo de vela.

     Las mejillas del moribundo están rojas, sus ojos brillan, sus miradas parecen hundirse extrañamente agudas en el doctor, en las paredes.

     -¿Qué es eso, muchacho? -le pregunta el médico, inclinándose sobre él-. ¿Hace mucho que estás enfermo?

     ¡Me ha llegado la hora, excelencia! -contesta, con mucho trabajo, Efim-. No me hago ilusiones...

     -¡Vamos, no digas tonterías! Verás cómo te curas...

     -Gracias, excelencia; pero bien sé yo que no hay remedio... Cuando la muerte dice aquí estoy, es inútil luchar contra ella...

     El médico reconoce detenidamente al enfermo y declara:

     -Yo no puedo hacer nada. Hay que llevarle al hospital para que le operen. Pero sin pérdida de tiempo. Aunque es ya muy tarde, no importa; te daré cuatro letras para el doctor y te recibirá. ¡Pero en seguida, en seguida!

     -Señor doctor, ¿y cómo va a ir? -dice la madre-. No tenemos caballo.

     -No importa; les hablaré a los señores y os dejarán uno.

     El médico se va, la vela se apaga y de nuevo se oye el rechinar de dientes del moribundo.

     -Bu-bu-bu-bu...

     Media hora después se detiene un coche ante la casa; lo envían los señores para llevar a Efim al hospital. A los pocos momentos el coche se aleja, conduciendo al enfermo.

     Pasa, al cabo, la noche y sale el Sol. La mañana es hermosa, clara. Varka se queda sola en casa; su madre se ha ido al hospital a ver cómo sigue el marido.

     Se oye llorar a un niño. Se oye también una canción:

                         «Duerme niño bonito...»

     A Varka le parece su propia voz la voz que canta.

     Su madre no tarda en volver. Se persigna y dice:

     -¡Acaban de operarle, pero ha muerto! ¡Santa gloria haya!... El doctor dice que se le ha operado demasiado tarde; que debía habérsele operado hace mucho tiempo.

     Varka sale de la casa y se dirige al bosque. Pero siente de pronto un tremendo manotazo en la nuca. Se despierta y ve con horror a su amo, que le grita:

     -¡Mala pécora! ¡El nene llorando y tú durmiendo!

     Le da un tirón de orejas; ella sacude la cabeza, como para ahuyentar el sueño irresistible y empieza de nuevo a balancear la cuna, canturreando con voz ahogada.

     El círculo verde del techo y las sombras siguen produciendo un efecto letal sobre Varka, que, cuando su amo se va, torna a dormirse. Y empieza otra vez a soñar.

     De nuevo ve el camino enlodado. Infinidad de gente, cargada con talegos, yace dormida en tierra. Vorka quiere acostarse también; pero su madre, que camina a su lado, no la deja; ambas se dirigen a la ciudad en busca de trabajo.

     -¡Una limosnita, por el amor de Dios! -implora la madre a los caminantes-. ¡Compadeceos de nosotros, buenos cristianos!

     -¡Dame el niño! -grita de pronto una voz que le es muy conocida a Varka-. ¡Otra vez dormida, mala pécora!

     Varka se levanta bruscamente, mira en torno suyo y se da cuenta de la realidad: no hay camino, ni caminantes, ni su madre está junto a ella; sólo ve a su ama, que ha venido a darle teta al niño.

     Mientras el niño mama, Varka, de pie, espera que acabe. El aire empieza a azulear tras los cristales; el círculo verde del techo y las sombras van palideciendo. La noche le cede su puesto a la mañana.

     -¡Toma al niño! -ordena a los pocos minutos el ama, abotonándose la camisa-. Siempre está llorando. ¡No sé qué le pasa!

     Varka coge al niño, lo acuesta en la cuna y empieza otra vez a mecerle. El círculo verde y las sombras, menos perceptibles a cada instante, no ejercen ya influjo sobre su cerebro. Pero, sin embargo, tiene sueño; su necesidad de dormir es imperiosa, irresistible. Apoya la cabeza en el borde de la cuna, y balancea el cuerpo al par que el mueble, para despabilarse; pero los ojos se le cierran y siente en la frente un peso plúmbeo.

     -¡Varka, enciende la estufa! -grita el ama, al otro lado de la puerta.

     Es de día. Hay que comenzar el trabajo.

     Varka deja la cuna y corre por leña a la porchada. Se anima un poco; es más fácil resistir el sueño andando que sentado.

     Lleva leña y enciende la estufa. La niebla que envolvía su cerebro se va disipando.

     -¡Varka, prepara el samovar! -grita el ama.

     Varka empieza a encender astillas, mas su ama la interrumpe con una nueva orden:

     -¡Varka, límpiale los chanclos al amo!

     Varka, mientras limpia los chanclos, sentada en el suelo, piensa que sería delicioso meter la cabeza en uno de aquellos zapatones para dormir un rato. De pronto, el chanclo que estaba limpiando crece, se infla, llena toda la estancia. Varka suelta el cepillo y empieza a dormirse; pero hace un nuevo esfuerzo, sacude la cabeza y abre los ojos cuanto puede, en evitación de que los chismes que hay a su alrededor sigan moviéndose y creciendo.

     -¡Varka, ve a lavar la escalera! -ordena el ama, a voces-. ¡Está tan cochina, que cuando sube un parroquiano me avergüenzo!

     Varka lava la escalera, barre las habitaciones, enciende después otra estufa, va varias veces a la tienda. Son tantos sus quehaceres, que no tiene un momento libre.

     Lo que más trabajo le cuesta es estar de pie, inmóvil, ante la mesa de la cocina, mondando patatas. Su cabeza se inclina, sin que ella lo pueda evitar, hacia la mesa; las patatas toman formas fantásticas; su mano no puede sostener el cuchillo. Sin embargo, es preciso no dejarse vencer por el sueño: está allí el ama, gorda, malévola, chillona. Hay momentos en que le acomete a la pobre muchacha una violenta tentación de tenderse en el suelo y dormir, dormir, dormir...

     Transcurre así el día. Llega la noche.

     Varka, mirando las tinieblas enlutar las ventanas, se aprieta las sienes, que se siente como de madera, y sonríe de un modo estúpido, completamente inmotivado. Las tinieblas halagan sus ojos y hacen renacer en su alma la esperanza de poder dormir.

     Hay aquella noche una visita.

     -¡Varka, enciende el samovar! -grita el ama.

     El samovar es muy pequeño, y para que todos puedan tomar té hay que encenderlo cinco veces.

     Luego Varka, en pie, espera órdenes, fijos los ojos en los visitantes.

     -¡Varka, ve por vodka! Varka, ¿dónde está el sacacorchos? ¡Varka, limpia un arenque!

     Por fin la visita se va. Se apagan las luces. Se acuestan los amos.

     -¡Varka, abraza al niño! -es la última orden que oye.

     Canta el grillo en la estufa. El círculo verde del techo y las sombras vuelven a agitarse arte los ojos medio cerrados de Varka y a envolverle el cerebro en una niebla.

                         «Duerme, niño bonito...»

canturrea la pobre muchacha con voz soñolienta.

     El niño grita como un condenado. Está a dos dedos de encanarse.

     Varka, medio dormida, sueña con el ancho camino enlodado, con los caminantes del talego, con su madre, con su padre moribundo. No puedo darse cuenta de lo que pasa en torno suyo. Sólo sabe que algo la paraliza, pesa sobre ella, la impide vivir. Abre los ojos, tratando de inquirir qué fuerza, qué potencia es ésa, y no saca nada en limpio. Sin alientos ya, mira el círculo verde, las sombras... En este momento oye gritar al niño y se dice: «Ese es el enemigo que me impide vivir.»

     El enemigo es el niño.

     Varka se echa a reír. ¿Cómo no se le ha ocurrido hasta ahora una idea tan sencilla?

     Completamente absorbida por tal idea se levanta, y, sonriendo, da algunos pasos por la estancia. La llena de alegría el pensar que va a librarse al punto del niño enemigo. Le matará y podrá dormir lo que quiera.

     Riéndose, guiñando los ojos con malicia, se acerca con tácitos pasos a la cuna y se inclina sobre el niño.

     Le atenaza con entrambas manos el cuello. El niño se pone azul, y a los pocos instantes muere.

     Varka entonces, alegre, dichosa, se tiende en el suelo y se queda al punto dormida con un sueño profundo.

Anton Pavlovich Chejov

Su ráfaga.

Su ráfaga.

Fue tan fuerte su ráfaga, que cegada descendí a los infiernos. Allí purgué mi soberbia abatida, mi orgullo herido. Me daban la humildad a cucharones y no quería tomarla. Me resistía a perder el poco amor propio que me quedaba. La ira era incontrolable en mi lengua, incluso los celos se apoderaron de mí. Pensé en no salir nunca de esas llamas, prefería arder que perder todo lo que me invitaba a moverme, a vivir.

Así fueron pasando los días. El fuego me hacía entrar en la locura, y quería estar loca. Yo misma me entretenía haciendo de fuelle para que no dejara de arder esa hoguera en la que me habían metido. No veía el cielo y ya no deseaba tocarlo con las manos.

Toda pared, con el tiempo se resquebraja, y una grieta dejó el paso de una pequeña luz. No quería mirarla, pero me hizo despertar y arropada en una manta, traspasé el fuego dirigiéndome hacia ella. Allí se abrió la puerta y una oleada de aire limpio inundó mis pulmones. Sé que respiré y, en ese momento, me di cuenta que yo era cielo, que no tenía que tocarlo.

Ahora solo me alcanza el vuelo libre de las aves, las nubes curiosas que intentan adentrarse en mi.

Sakkarah

 

Me siento generosa

Me siento generosa

Hoy me siento generosa, no quiero contarles cual es mi perfume; pero sí le aviso a las damas que en él va parte del éxito que tengo con los hombres

Podéis probar con un cono de grasa de buey perfumado con mirra u otras fragancias; pero no se os olvide añadirle cera de abejas. Además esto os adornará la cabeza y la grasa os irá chorreando por vuestros vestidos. No os debe asustar esto, se hidratará vuestra piel , que lucirá lustrosa y vuestros vestidos conservarán el aroma. Como os conozco ya un poco, se que estaréis pensado que estarán manchados de grasa, pero es símbolo de riqueza, con lo cual, hablando en vuestro argot , ligaréis más

Cuando os digo que toméis mi mano, no creo que pueda ofenderos, debe ser un placer para vosotros. El otro día gasté 400 denarios solo para perfumarlas y suavizarlas. ¡Es tan bello acariciar! Cualquier hombre desearía un leve roce de mi mano.

Creo que hoy hablé demasiado, pues toda mujer debe conservar sus secretos y rodearse de misterio

Tomad mi mano......

Sakkarah en el papel de Cleopatra

Dirigir al resto.

Dirigir al resto.

Tenemos la manía de dirigir al resto con la disculpa de que queremos lo mejor para ellos. Eso sólo hace entorpecer su libertad

Por querer tanto a un periquito, me lo cargué Pensé que lo mejor para él era estar al sol, a la luz, y...con 40º murió de una insolación. Lo pasé muy mal, y ya no tenía remedio. Con los seres humanos pasa lo mismo, no valen nuestras buenas intenciones, porque no siempre entendemos al otro Es muy difícil ponerse en la piel de los demás, y aun habiendo vivido lo mismo, nunca podrá ser igual, las circunstancias jamás se repiten

Sakarah

Soy

Soy

Soy el que sabe que no es menos vano

Que el vano observador que en el espejo

De silencio y cristal sigue el reflejo

O el cuerpo (da lo mismo) del hermano.

Soy, tácitos amigos, el que sabe

Que no hay otra venganza que el olvido

Ni otro perdón. Un dios ha concedido

Al odio humano esta curiosa llave.

Soy el que pese a tan ilustres modos

De errar, no ha descifrado el laberinto

Singular y plural, arduo y distinto,

Del tiempo, que es de uno y es de todos.

Soy el que es nadie, el que no fue una espada

En la guerra. Soy eco, olvido, nada.

Borges

Corre la savia.

Corre la savia.

Corre la savia en el tallo haciendo estallar el color que a la mirada, ciega y vivifica.

En su loca carrera, a veces, se tropieza y se torna gris. Un gris asfalto, que entristece el alma.

Corre la savia sin fuerza, su riego da tenues rosas. Estos ojos ya serenos, admiran, sólo admiran perdidos en la desesperanza.

Sakkarah

Esfuerzo

Esfuerzo

Yo tengo claro que todo lo que queramos conseguir ha de ser a base de esfuerzo, pero, como muchas otras cosas, aunque lo sé, no me prodigo en ello. Todo el mundo que ha conseguido algo importante, le costó mucho, y hoy me dio por pensar en ello.

Decia Tito Livio, qe todo esfuerzo se volvía ligero con el hábito, y es cierto. El hábito acelera nuestras manos, nuestro cuerpo, nuestra mente...y nos da seguridad en lo que hacemos.

Hoy en día nos gusta todo lo que no suponga trabajo, lo fácil, y esto lleva a no valorar nada, pero a la vez a perder el entusiasmo por la vida, al desencanto. De todas formas, para esforzarnos, primero hay que tener una meta clara, una ilusión por la que luchar.

Perder la esperanza...esto es otro obstáculo enorme para empeñarse en algo. Debe ser la razón por la que mi esfuerzo en la mayoría de los casos, es nulo

Sakkarah