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Sakkarah

Calido sueño

Calido sueño

En un cálido sueño te traigo a mí.

Tu sonrisa y dulzura en mi regazo acojo.
En tus ojos ¿Amor?. Déjame imaginarlo.

Tus fuertes brazos me sostienen, encadenan mi cintura

Tu mano resbalando por mi rostro, me llena de ternura;
Y apreso el mundo cuando me besas los ojos

Acaríciame para que el tiempo no pase,
hasta que mi corazón se reponga,
y los surcos de mi piel alisen.

Sakkarah

Sandra, para ti. (Imagine)

Sueños

Sueños

En la vida humana sólo unos pocos sueños se cumplen, la gran mayoría se roncan.

Jardiel Poncela, Enrique

Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros.

Unamuno, Miguel

Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él.

Shaw, george Bernand

Muéstrame un obrero con grandes sueños y en él encontrarás un hombre que puede cambiar la historia. Muéstrame un hombre sin sueños, y en él hallarás a un simple obrero.

Penny, J.C.

 

La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada.

Duby, George

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

Os deseo un noche de paso, bonita...Y un amanecer bello, en el que vayan surgiendo todos esos sueños que se os realizarán seguro.

Que el 2007 os llegue lleno de amor, que no podáis resistir tanta felicidad...

Besos

Uno ve...

Uno ve...

Uno ve su cuerpo ir haciéndose, desarrollándose; pero no siempre de la manera que a él le gustaría. Podría ser más alto, o un poco menos fuerte...Entonces tendríamos que decir que hay que aceptarse, pero es erróneo. Sucede así porque nos comparamos con el resto. Si no hubiera comparaciones, nos consideraríamos perfectos en lo nuestro.

Con el dinero pasa tres cuartos de lo mismo, cuando más tienes, más necesitas. Esto sucede porque siempre hay otro que posee más cosas que tú, y nos pasamos la vida en una comparación.

La reputación, nos gustaría ser ante los demás un ejemplo; pero, ¿por qué? En realidad deberíamos ser nosotros mismos, haciendo y diciendo lo que nos apetece. Por supuesto, ya que vivimos en sociedad, habrá que llegar hasta donde al resto no se le falte el respeto.

No nacimos libres, ni tendremos nunca una libertad completa. Empezando porque no elegimos cuando nacer, ni en que hogar; y siguiendo porque desde el nacimiento nos vemos inmersos en la sociedad.

De todas formas, la vida podría ser más sencilla, y tendemos siempre a complicarla.

Sakkarah

El saturnismo.

El saturnismo.

El saturnismo, una enfermedad causada por envenenamiento de plomo, que provoca serios trastornos mentales, incluso la muerte, se llama así por las saturnales romanas, fiestas en honor a Saturno en las que se consumían grandes cantidades de vino, ya que el vino se conservaba en ánforas recubiertas con plomo en sus paredes interiores para hacerlas estancas.

Se achaca al saturnismo crónico el comportamiento de emperadores como Calígula, Claudio o Nerón, debido a la gran afición a la bebida que tenían.

Se calcula que el consumo medio de vino en la antigua Roma era de entre uno y cinco litros de vino por persona y día. Sólo en el banquete triunfal del general romano Lúpulo (90 a.C.) se consumieron en la ciudad de Roma cuatro millones de litros.

Desconocido

Je l'aime à mourir

El idiota.

El idiota.

Cuando el sabio señaló la luna, el idiota se quedó mirando el dedo del sabio, y vio que se trataba del índice. Era un dedo arrugado, envuelto en una epidemis desgastada, cuyo tejido anterior se hacía tan fino que el espesor de la sangre, fragmentado en pequeños puntos rojos, se dividía a su vez en forma de tabique, debido a las líneas irregulares que en grupos de cinco separaban a las falanginas de las falangetas. Por la parte posterior, en la superficie de los nudillos, estas líneas eran más numerosas y parecían nervaduras de hoja, pues el sabio era tan viejo que la piel del nudillo era un pellejo de consistencia inerte, y hasta tenía ciertas marcas de los mordiscos leves que el sabio le había dado en los momentos de reflexión.

En los demás dedos del sabio había ciertos vellos, que el idiota apenas conseguía registrar con el ojo, tal era su concentración en el índice, distintos de aquellos por ser lampiño, con los poros más grandes y de una uña más pronunciada, curva y de una pátina tenue de amarillo. Su superficie se adivinaba casi tan lisa como la de un cristal, y brillaba. El contorno de la cutícula estaba perfectamente dibujado; no había en su línea cóncava ni el más mínimo desprendimiento. El nacimiento de la próxima uña, blanco y puntiagudo, formaba con la cutícula un óvalo que el sabio miraba a veces, encontrando en él una especie de centro universal cuyo significado desconocía. Se detuvo por fin el idiota en la parte superior de la uña, que coincidía exactamente con el nivel de la yema y cuyo borde se inclinaba hacia abajo. Allí el idiota vio, perfectamente reflejada y redonda, a la luna.

Gabriel Jiménez Emán

Someone like you (Gracias, lobo...)


He estado buscando durante mucho tiempo
a alguien exactamente igual a tí.
He dado la vuelta al mundo,
esperando cruzarme contigo.
Alguien como tú hace que eso
merezca la pena.
Alguien como tú hace que me sienta
satisfecho. Alguien exactamente
como tú.
He viajado por duras carreteras,
buscando a alguien como tú.
He llevado mi pesada carga,
esperando que la luz llegara
y me iluminara.
Alguien como tú hace que me sienta
satisfecho. Alguien exactamente
como tú.
He estado buscando mi propia alma,
para averiguar donde estabas.
He ido y venido por autopistas,
en todos los países del extranjero.
Alguien como tú...
Recorriendo todo el mundo,
caminando al ritmo de un tambor diferente cada vez.
Pero recientemente me he dado cuenta
de que lo mejor estaba por llegar.
Alguien como tú...

Carlos II (II)

Carlos II (II)

Tan retrasado física y mentalmente estaba que al cumplir los 14 años en que según el testamento de Felipe IV debía ser declarado mayor de edad, su propia madre, doña Mariana de Austria, consiguió que las Cortes mantuvieran su regencia dos años más y con ella la privanza de Valenzuela, increíble episodio tragicómico de aquella España sin rumbo y sin cabeza rectora. Todo lo tenía preparado don Carlos para ser coronado llamando a su hermanastro don Juan José de Austria, el primer bastardo que tuvo Felipe IV, pero bastó una larga conversación con su madre para que saliera llorando de la estancia y ordenara que don Juan José se retirara a Nápoles y Velenzuela a la Embajada de Venecia, cosa que no cumplieron pues el valido regresó enseguida a Palacio y el bastardo, poco después de un año, llamado nuevamente por don Carlos, reuniendo fuerzas en Cataluña y Aragón se acercó a Madrid, donde se le recibió triunfalmente en enero de 1677. Así culminó don Juan José una larga marcha hacia el poder eliminando a sus tres grandes enemigos. Ya en 1667 había logrado expulsar al Jesuita Padre Nithard, Confesor y Confidente de la Reina doña Mariana y en aquellos días iniciales del 77, capturar a Valenzuela acogido al Sagrado de El Escorial desterrándole a Cavite en las Islas Filipinas y sacando de palacio a la Reina Madre.

Poco duró a don Juan José la Privanza puesto que murió el 17 de septiembre de 1679 a consecuencia de una colecistitis calculosa según se vió en la autopsia. De nuevo don Carlos buscó a su madre prometiéndole, con lágrimas en los ojos, que nunca mas se separaría de ella y confió el gobierno al Duque de Medinaceli.

He relatado estos hechos históricos para demostrar una vez más la falta de interés en gobernar como si fuera consciente de su escasa capacidad y poca salud para regir aquel todavía vastísimo Imperio.

Pero tampoco el Rey estaba en esas fechas para pensar en problemas políticos ni militares. A sus 18 años, su pequeño cerebro y su noble corazón estaban ilusionados con su próximo enlace matrimonial que precisamente había comenzado a negociar don Juan José después de la Paz de Nimega en 1678. La elegida era doña María Luisa de Orleáns, jovencita de 17 años, sobrina de su hermana María Teresa, esposa de Luis XIV. Don Carlos se había vuelto loco de amor al conocerla en un retrato, lo contrario que a ella le ocurrió a pesar de que el cuadrito de Claudio Coello venía rodeado en un riquísimo marco de brillantes.

Por circunstancias especiales que en otro momento relataremos, la boda se celebró el 18 de noviembre de 1679 en el pequeño pueblo de Quintanapalla, cerca de Burgos. Sin embargo, ni el entusiasmo de aquella primera noche ya en la Capital ni las del Buen Retiro de Madrid y luego en el Alcázar, ni la buena disposición de la reinecita lograron que se produjera el ansiado embarazo. María Luisa, al año, seguía tan virgen como vino pues ni se consumó el acto matrimonial ni la precocísima eyaculación del Rey “permitían simultanear ambas efusiones” como elegantemente escribían los Médicos de Cámara. Y es que la impotencia de don Carlos era verdadera. Don Carlos, he dicho que, como agudamente ha señalado el Prof. Alonso Fernández, es casi seguro que padeció un Síndrome de Klinefelter, enfermedad genética que consiste en una alteración cromosómica expresada por un cariotipo 47/XXY, es decir, que tienen un cromosoma X supernumerario, lo cual determina una hipofunción testicular, con genitales pequeños y testículos atróficos, una azoospoermia, o sea, falta de formación de espermatozoides e incluso estrechamiento y fibrosis de los túbulos seminíferos. Y ahí está la clave: Carlos II tenía líbido, moderada erección de sus pequeños genitales pero faltaba la secreción espermática, aunque no la prostática que la precede y que los médicos de la época no la distinguían y por eso hablaban de “eyaculación precocísima”. Incluso, en un alarde de investigación detectivesca, el Embajador francés, logró a través de la lavandería de Palacio unos calzoncillos del Rey para que dos médicos de su confianza determinaran si don Carlos era estéril o no. La opinión de un facultativo era positiva y negativa la del otro. Por aquellas fechas un comerciante de tejidos de Delf (Holanda) , llamado Anton van Leeuwerhoeck, ya había observado y comunicado a la Royal Society de Londres las células sanguíneas y los espermatozoides con un microscopio de su invención.

Dr. Antonio Castillo

Continuará...

Tentativa de celos.

Tentativa de celos.

¿Cómo te va la vida con otra?

Más fácil, ¿verdad? Golpe de remo. ¿Cuándo -¿pronto?- por un puente seguro se alejó de ti el recuerdo 

de mí, una isla que flota?

En el cielo, no en el agua.) Almas. No amantes,

sino hermanas son nuestras almas. 

¿Cómo te va junto a una simple mujer? ¿Sin divinidad alguna? Tras haber derrocado a tu reina (tú mismo privado del trono), 

¿cómo vives?, ¿te preocupas?,

¿te enfadas? ¿Cómo estás allevantarte? Con ésa que te ha atado al cuello

su tributo inmortal, el tedio, ¿cómo te va, 

pobrecito mío? «-Estoy harto de convulsiones, de dolor: voy a agenciarme un hogar.» ¿Cómo te va con cualquiera,

a ti, que fuiste elegido por mí? 

¿Es la comida más comestible?

y si te cansa, mala suerte.

¿Cómo puedes vivir con un idolillo, tú, digno antes del Sinaí? 

¿Cómo vives con ésa, tan distinta a nosotros? ¿Una extranjera, costilla de tu pecho?

¿ La vergüenza, ese azote de Zeus,

aún no te ha herido la frente? 

¿Cómo te va la vida? ¿Estás sano? Y las musas, ¿te llaman aún a veces? Y la dicha,

¿se hace ver? ¿Alguna vez? ¿Y esa llaga inmortal -la conciencia- qué, mi pobre? 

¿Cómo vives con un producto

del mercado? ¿Pesa mucho?

Tras el mármol de Carrara,

¿cómo te va con una prótesis de yeso? 

Del mismo bloque tallamos a Dios, para romperIo acto seguido.

¿ Va bien una cienmilésima,

para ti, que conociste a Lilit? 

¿ Estás ya harto de esa mercadería novedosa? Cansado de mi magia, ¿cómo te va con una mujer terrestre que carece .de sextos 

sentidos?

Venga, con franqueza, ¿sois felices? ¿No? ¿Cómo se vive en un abismo sin profundidad amor mío? Cuesta, ¿verdad?

¿Te cuesta tanto como a mí con otro?

Marina Tsvietáieva

Bajo el sauce.

Bajo el sauce.

Caían las hojas del sauce sobre él,
lluvia de versos que evolvía el aire.
Enfrente las rosas le esperaban para ser cortadas,
suspiraban por ser disecadas en sus manos.

Sus recuerdos colegiales salían a mi paso,
invadían mi lejana juventud
La suerte me hizo caer en sus enormes manos,
una figura de porcelana fui en ellas.
Me trató como el que fuera a adquirir una pieza valiosa,
mirome y remirome, pero una maca en mi piel
me marcó con el olvido.
La estancia se quedó vacía,
y mi porcelana helada sin el calor de esas palmas.

El viento mueve las hojas en su fotografia,
el sauce le susurra mis secretos;
pero el tamboril de su nuevo deseo
no le permite oír

La soledad ha quebrado mi loza
Olvidada, los añicos de este corazón,
acarician el suelo

Sakkarah

La pasada primavera.

La pasada primavera.

Esperaba la primavera... Uno pone sus ilusiones adelantándose al tiempo; parece que todo sucederá mañana.

Sin querer planificar, se presentaban los sueños; los inacabados sueños. Ya llegó, y no apareció salpicada de flores, ni de humedades verdes. No ha traído nada para hacer vibrar la astenia. No dejó una rosa en el violín que hace sonar mi melodía.

Ha entrado cono ladrona furtiva arrancándome los bellos recuerdos, para hacer con ellos pasto donde reclinen las hojas secas del próximo otoño. La brisa ha pasado cerca, y mi oído atento no pudo captar el susurro de unas palabras tiernas. Se ha acercado y, en sorprendente remolino huracanado, se llevó el sonido de mi risa.

Un abanico roto de varillas tronchadas, junto a mi pecho, espera el estío

Sakkarah

Blue

Lluvia

Lluvia


La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje. 

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante. 

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe. 

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne. 

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales. 

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre. 

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe. 

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes! 

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres. 

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave. 

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte. 

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

Federico García Lorca

Carlos II

Carlos II

Siempre he tenido un enorme respeto para estudiar a Carlos II como enfermo pues si cualquier personaje de los que hemos publicado tuvo un padecimiento fortuito o circunstancial como puede ser un traumatismo, una infección o una neoplasia, el último monarca de los Austrias fue un enfermo desde el mismo instante de su concepción hasta su muerte.

Una alteración cromosómica congénita que conocemos como Síndrome de Klinefelter, de decisiva trascendencia en este caso y una serie de problemas sanitarios, educacionales, ambientales, políticos y personales influyeron en aquel pobre tarado. Un último cohete de ese gran artificiero que fue Felipe IV culminaba con su sobrina la archiduquesa Mariana de Austria, la que fuera prometida de su hijo Baltasar Carlos, aquella “bárbara consanguinidad” de que decía Marañón. Doña Mariana y Felipe IV ya habían tenido cinco hijos: los dos primeros, niño y niña, murieron pronto; Margarita la gentil princesita de Las Meninas, casó con su primo el Emperador Leopoldo I de Austria y Felipe Próspero, que de lo segundo tuvo poco, murió a los cuatro años el l de noviembre de 1661, pérdida que se borró en menos de una semana pues el domingo 6 de noviembre nació “un robusto varón, de hermosísimas facciones, cabeza proporcionada, pelo negro y algo abultado de carnes” según apareció escrito del modo más adulatorio posible en la “Gazeta de Madrid”, cosa totalmente diferente de lo que comunicó el Embajador de Francia a Luis XIV pocos días después: ”El Príncipe parece bastante débil; muestra signos de degeneración; tiene flemones en las mejillas, la cabeza llena de costras y el cuello le supura” y más adelante, ”asusta de feo”.

No mucho cambió el aspecto de aquella criatura en años sucesivos que sólo conservó la cabeza grande. No menos de catorce amas de cría “titulares” y otras tantas “de respeto” elegidas entre 62 candidatas, le alimentaron durante cuatro años y no continuaron mas porque pareció indecoroso que el rey de España, puesto que ya lo era por haber muerto Felipe IV, estuviera todavía en el periodo de lactancia. A pesar de ese régimen, el niño era enclenque, no sabía hablar y tenía frecuentes catarros y diarreas. Otra cosa muy grave era su escasa musculatura pues hasta los seis años no pudo andar ni casi mantenerse en pie lo que nos permiten diagnosticarle un raquitismo carencial por falta de Vitamina D, agravado porque apenas le sacaban al aire libre y menos a tomar el sol por el temor a los enfriamientos. Como patología infecciosa diremos que además de los padecimientos bronquiales, a los 6 años tuvo sarampión y varicela; a los 10, rubeola y a los 11, viruela. Añádanse a esto, ataques epilépticos hasta los 15 que reaparecieron al final de su vida.

Pero lo más preocupante era su escaso desarrollo intelectual. Fue Carlos II un débil mental que solo pudo comenzar a hablar de modo inteligible a los diez años y nunca supo escribir correctamente; los maestros que le pusieron, ciertamente auténticos “pozos de ciencia” pero malos educadores, tampoco pudieron sacar mas partido de aquel cerebro estrecho y de otra pésima cualidad, la abulia y falta de interés absoluto por el estudio. Y sin embargo, a pesar de ese comportamiento estúpido que en vez de acudir a los Consejos, le hacía irse a la cocina para ayudar a preparar postres, a sus reacciones de cólera imprevistas, a su afición por el chocolate, que como asegura el Prof. Alonso-Fernández le llevó a una adición monoalimentaria de “chocoholismo”, sin embargo y a pesar de todas esas deficiencias, tuvo un enorme sentido de la Religión y sobre todo de la Realeza

Continuará...

Dr Antonio Castillo

Amar.

Amar.

Un amor sin confianza está destinado a morir. La sospecha o la duda no le dejan vivir y ahoga al otro. Pero la confianza se tiene que basar en el no engaño, en la sinceridad, de lo contrario sería imposible confiar en alguien.

El compromiso no es atar al otro a que esté contigo ya que el amor debe ser libre. El compromiso es el de llevar una buena relación mientras esta se haya entablado y dure el amor.

La pasión es un ingrediente básico, y no sólo depende de la atracción física. Depende del entusiasmo, de la admiración, o fascinación que ejerce el otro sobre nosotros.

Siempre se ha dicho, que si amas algo hay que dejarlo libre, si vuelve, es que te ama; si no es tontería querer atar lo que a uno no le pertenece. Quien te ame estará contigo porque así lo desea. Y siempre cada uno debe tener su propio espacio. Pero hay que desprenderse de los miedos, y del ego. El que ama desea hacer feliz al otro.

Comunicarse es imprescindible. El otro tiene que saberse querido. ¿De qué serviría amar al otro si no se entera?

El contacto físico crea vínculos, es la fuerza más poderosa del amor.

Dicen que para recibir amor hay que darlo también. No hay que pensar en lo que te van a dar a ti. Cuando amas tú aportas. El que nunca recibe...no tiene por qué desistir de amar a esa persona, pero si se hace, raro pensar que es correspondido.


La persona que amas debe ser a la vez una amiga. Va unido a la amistad, de esa forma siempre será más duradero.

Hacer que nos respeten y respetar. Eso es básico.


Pero, si algo hay indudable es que amar, llevar una relación, no es fácil nunca.

Sakkarah

Tatuaje

Tatuaje

Cuando su prometido regresó del mar, se casaron. En su viaje a las islas orientales, el marido había aprendido con esmero el arte del tatuaje. La noche misma de la boda, ante el asombro de su amada, puso en práctica sus habilidades: armado de agujas, tinta china y colorantes vegetales dibujó en el vientre de la mujer un hermoso, enigmático y afilado puñal.

La felicidad de la pareja fue intensa, y como ocurre en esos casos, breve. En el cuerpo del hombre revivió alguna extraña enfermedad contraída en las islas pantanosas del oeste. Y una tarde, frente al mar, con la mirada perdida en la línea vaga del horizonte, el marinero emprendió el ansiado viaje a la eternidad.

En la soledad de su aposento, la mujer daba rienda suelta a su llanto y a ratos, como si en ello encontrase algún consuelo, se acariciaba el vientre adornado por el precioso puñal.

El dolor fue intenso, y también breve. El otro, hombre de tierra firme, comenzó a rondarla. Ella, al principio esquiva y recatada, lentamente fue cediendo terreno. Concertaron una cita; y la noche convenida ello lo aguardó desnuda en la penumbra del cuarto. Y en el fragor del combate, el amante, recio e impetuoso, se le quedó muerto encima, atravesado por el puñal

Ednodio Quintero

Te solté la rienda.

Danzan

Danzan

Danzan las letras alrededor de su figura representando imágenes. Imágenes que toman vida y van taladrando el pensamiento.


Se desata una cadena de sentimientos inmóviles, y en su quietud desgastan emulando el cansancio después del ejercicio.


Una actividad incesante se desarrolla en su interior, paralizando todos los sentidos preparados para el entorno exterior. La realidad perdió su fuerza, sus caminos no eran necesarios para el viaje.


La vida adquirió una actividad inusitada y gris. Las puertas iban cediendo ante el empuje del pensamiento, y algunas daban paso a una oscuridad misteriosa. Un laberinto de largos y rancios pasillos llevaba a cada una de ellas.


El cansancio y su falta de interés la hizo llevar su pensamiento a la nada. ¿Habría alguna puerta que la albergara?

Sakkarah