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Sakkarah

El ratón

El ratón

El ratón alucinaba perdido en ese laberinto hexagonal. Se asomaba a las barandillas sintiendo vértigo, para seguir viendo multitud de hexágonos llenos de libros. Subía y bajaba divertido por las escaleras de caracol. Se encontraba encerrado en un mundo de escondites infinitos, y de longitudes cósmicas para él.

No le asustan las luces, porque sabía que en el eterno edificio jamás sería encontrado.

Recorría libro tras libro dejándolos sentir como escalones bajo su panza. A pesar de su poca fuerza, un libro, mal colocado seguramente, cayó de los estantes. Él, curioso, corrió, y subido en el libro, empezó a pasear su astuta mirada por ese sin fin de signos ilegibles que entretenía tanto a los humanos. Se dijo que él no sería menos, que aprendería. Y lo hizo su lugar preferido, en el que pasaba cavilando largas horas.

Llegó un momento en el que se sentía hambriento, y empezó a vagar, sabiendo de antemano, que ni una triste miga podría encontrar en aquel lugar. Decidió que sobrevivir sería indispensable, en un local donde los gatos no existían. Por fin, subido a otro de los múltiples hexágonos prendidos a la pared, empezó a comerse "Las mil y una noches". Presagio de los mil y un retortijones que le iban a dar después en la tripa.

Se revolcaba de dolor, pero terminó ganando la batalla, mientras los libros iban presentando pérdidas en sus cuartillas. No cejó en su afán de descifrar su gran tesoro y, con el tiempo, llegó a sentirse el más importante de los ratones. Supo que en el mundo de los hombres existía la palabra "Biblioteca"

Lleno de cultura, logró salir del laberinto hexagonal, y paseó ufano por las calles, sin temer al hombre, ni a los gatos. Él, el más sabio de los ratones, tenía una palabra que enseñarle a su inmensa descendencia, de la que siempre se sentirían orgullosos toda su prole.

Sakkaah

Distancia

Distancia

No quiero sentir mi imagen reflejada en tus ojos
No quiero romper la belleza en tu retina
Lejos, muy lejos, sólo quedará mi pensamiento.

Las ropas van cayendo sobre el piso
El alma desnuda emprende un largo viaje
En el país del olvido quedará perdida

Nunca, jamás, interceptaré tu mirada
Hoy el infinito se pone por distancia.

Sakkarah

Creador de sueños.

Creador de sueños.

Creador de sueños, que no encuentras uno en tu cajón para regalármelo. Atrapaba tus silencios para traducirlos en palabras, en señales, en hechos. ¡Cuántos rayos le robé al sol con mis pensamientos, que eran simples ilusiones! ¡Cuántas veces me incliné ante el rey avaricioso para que me cediera un solo suspiro! ¡Cuántas alas fabriqué, cuantas plumas sueltas al aire por cada herida...!

Un frasquito lleno de lágrimas perdidas guardo para el recuerdo. Brillan como estrellas que no alumbraron. Una sombra gigante me acompaña hasta que se haga tenue. Inmortal amor, sentimiento del que vivo enamorada. Mi semilla no fue cubierta de tierra, no hay cosechas, ni abundancia; pero siempre será como una luciérnaga perdida.

El viento se lleva mi anhelo, soplando sobre los nevados tejados, enredándose con las nubes. Ya no lo veo en el horizonte, voló sin límite.
Mi sonrisa cubre toda nostalgia. Máscara en este baile de disfraces donde hoy yo comienzo la danza.

Sakkarah

Teodora.

Teodora.

La historia nos cuenta que, en su juventud, Teodora (la futura emperatriz, esposa de Justiniano) era famosa en toda Constantinopla no sólo por su belleza y sus artes amatorias, sino por ser también una intensa actividad sexual: se dice que, durante una fiesta, hizo el amor con los diez invitados y con los treinta criados que les servían

Desconocido

Feliz Navidad.

Feliz Navidad.

No os olvidéis de ser felices...

Mis besos.


Viceversa

Viceversa

Tengo miedo de verte 
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte 
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte 
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea 
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
 
Benedetti

Una ciudad.

Una ciudad.

Sé que es una ciudad por las leves criaturas transparentes que la habitan; por ese cisne mortal y sombrío; por los signos venenosos en los labios de los amantes; por algunos chopos secos en un claustro; porque no siento mis pies y la niebla me envuelve.

En medio de la multitud me pesa la vida como un remordimiento. Las flores son arena, y la arena entre pensamientos yace. No quiero estos muros por horizonte, estas soledades altivas.

Me gustaría saber escribir versos. Sobre aquel terrado me ha parecido ver una estrella pálida...

Joaquín Marín


Sonríes.

Sonríes.

Sonríes, seductora. Sí, esto
aterra mi corazón dentro del pecho,
pues tan pronto te miro un instante,
como ya me es imposible decir una palabra,
pues mi lengua se desmaya: en seguida,
un fuego sutil irrumpe bajo mi piel,
nada veo con mis ojos, zumban
mis oídos,
se me esparce el sudor, un escalofrío
me apresa toda, estoy más pálida
que la hierba y me parece que
falta poco para morir.
Pero todo hay que soportarlo, pues Amor
es así.

Safo

Desnúdenme...

Desnúdenme...

Desnúdenme tus manos lentamente
sobrenadando senos y caderas,
y desliza tus dedos diligente
entre botones, lazos, cremalleras.
Mira mis ojos y ábreme la blusa,
y descuelga los pechos prisioneros,
que mi deseo nada te rehusa,
y ellos son del deseo mensajeros.

Se abren a tí como dos rosas tiernas,
esperando la lengua en los pezones,
y percibo temblores en mis piernas,
y un aire abrasador en los pulmones.

No hay en mi ofrecimiento ambigüedades,
va a tí sin desvergüenza o timidez,
y aunque con tinte de frivolidades,
parece siempre la primera vez.

Besa con humedad mi boca hambrienta,
y haz que ambas lenguas jueguen en contacto,
no ha de haber nada a lo que no consienta ,
mía es la voluntad, tuyo es el acto.

En la espalda hay insólitos caminos
que mi mano jamás ha transitado,
y de tus dedos brotan remolinos
erizando la piel de mi costado.

En breve y delicada sacudida
mis hombros de la blusa se desprenden;
semidesnuda estoy, y enardecida,
y alzo los brazos, que hacia tí se extienden.

Detente brevemente en la cintura,
rodéame en caricias circulares,
y explora el resto de mi arquitectura,
con paso franco a todos mis lugares.

Cae la falda a los pies..., al fin desnuda...
Qué libertad e independencia siento.
No queda en mí vacilación ni duda,
sólo serenidad..., y atrevimiento.

Están mis ojos en tus ojos fijos,
y tus manos me arropan insistentes;
suaves contactos causan regocijos,
lentas fricciones llegan más frecuentes.

Aproxímate más, cúbreme entera,
encadéname a tí, y abre mi rosa,
dame un beso total, de tal manera
que resulte en fusión voluptuosa.

Quédate en pie y recibe el doble abrazo,
y al rodear tu cuerpo con mis piernas,
introduce tu furia de un zarpazo
anegando mis cámaras internas.

El ímpetu, el gemido y los sudores
me dirán que soy tuya y eres mío;
seremos mutuamente posesores,
como el cauce y las aguas en el río.

Francisco Álvarez

El tiempo...

El tiempo...

El tiempo es valioso, y todos necesitamos del de los demás, porque todos necesitamos ser escuchados. Lo malo viene, en que le hemos dado ya un valor tan desmedido, que no deseamos gastarlo en el otro.

Y ahora, como nadie me escucha, yo suelto el discurso en estas letras, y me quedo tan ancha.

Muchas veces nos gusta adornar nuestra vida cuando se la contamos al otro. Craso error el nuestro, el del que desea que le escuchen y encima no se da con sinceridad. Mala ayuda vamos a obtener con ello, aunque en realidad, la ayuda es prestarnos unos minutos de atención.

Se habla de miedos ante los sentimientos, ante el futuro...Yo hoy hablaría del miedo a mostrarle al otro lo que realmente somos. En el fondo, el miedo al rechazo. Pero yo prefiero no ser aceptada, a que a corto plazo se lleven conmigo la desilusión del siglo. Sí, en cuanto se me empiecen a caer las máscaras y me puedan ver la mirada.

Tenemos una necesidad tan enorme de saber, que necesitamos al otro para aprender. Podría el amor ser una pasión por lo desconocido, por poseer eso que del otro no sabemos y nos fascina. Quizá por eso, cuando ya lo conocemos todo de él, no nos sirve y ya lo desechamos.

Bueno, me quedé a gusto ya, y paro.

Sakkarah

Intentando.

Intentando.

Intentando atesorar silencios
para no comprometer otras dichas,
se acabaron mis palabras.

Es un bello sentimiento que no nace,
que asesinan con cada vocablo,
con cada gesto.

A veces, dolor de atenta escucha,
y sonrisas que disfrazan lágrimas.
Sombra, que no árbol,
que sólo refleja en oscuro otro color.

Otoño que nunca se convierte en primavera,
cosecha de hojas negras, caídas para ser ignoradas.
Y el amor, rebelde, a veces habla donde puede.
Y le recoge el silencio.

Amor ajeno de escaparate. Amor lejano.
Nunca amor amado, escuchado….
Amor callado
 

Sakkarah

El fornicio.

El fornicio.

Te besaré en la punta de las pestañas y en los pezones,
te turbulentamente besaré, mi vergonzosa,
en esos muslos de individua blanca,
tocara esos pies para otro vuelo más aire
que ese aire felino de tu fragancia,
te dijera española mía, francesa mía,
inglesa, ragazza, nórdica boreal,
espuma de la diáspora del Génesis
¿Qué más te dijera por dentro?
¿Griega, mi egipcia, romana por el mármol?
¿Fenicia, cartaginesa, o loca,
Locamente andaluza en el arco de morir
con todos los pétalos abiertos,
tensa la cítara de Dios, en la danza del fornicio?
Te oyera aullar, te fuera mordiendo
hasta las últimas amapolas, mi posesa,
te todavía enloqueciera allí, en el frescor ciego,
te nadara en la inmensidad insaciable de la lascivia,
riera frenético el frenesí con tus dientes,
me arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo de otra pureza,
oyera cantar las esferas estallantes como pitágoras,
te lamiera, te olfateara como el león a su leona,
para el sol, fálicamente mía, ¡te amara!.

Gonzalo Rojas


De puntillas.

De puntillas.

De puntillas cruzo el umbral, y camino muy despacio hacia el recuerdo. Allí recojo las alegrías, me complazco en cada escena con la mirada llena de sueños, y todo lo guardo aquí, en el pecho.

Rápido me doy la vuelta, para que nadie me sorprenda intentando robar aquellos instantes de felicidad. Y, cuando llego, procuro hacer acompasada mi respiración, pongo en la cara el gesto del olvido, y en mis labios las palabras frías del que todo lo supera.

Asomada a los balcones de la gran ciudad, contemplo el roce del amor en las parejas, mientras con fuerza, como si fuera una cesta, yo sujeto el pensamiento y sigo caminando.

Sakkarah

Sin motivo.

Sin motivo.

Sin motivos para que me ames,
Sólo se escucha mi corazón.
Mil verdades tuyas son
A cambio de una mentira.
Nací contigo,
Moriré en ti
Soy alga en las aguas de tu alma.
Aprenderé a hacerte feliz.

Sakkarah

Esperanza.

Esperanza.

Me sujetaré a su sentimiento y transparencia. Asida caminaré lentamente hacia un estallido de pasión. Los días lograran poblar mi entraña de alas de mariposas.

 

Confío en que sus manos desnuden mi tristeza, hasta hacer brillar de ilusión cada poro de mi piel.

 

No sé su principio, y aún menos su final; pero él es el pilar que hoy me sostiene. Su gesto tímido arrebata mi ternura.

Sakkarah

Pensamientos.

Pensamientos.

Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído

 Jorge Luis Borges  

La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil, y el escribir, preciso.

 Sir Francis Bacon  

El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

 Miguel de Cervantes Saavedra  

Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a veces, leo para olvidar.

 Giovanni Papini
No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir, y decirlo.
Oscar Wilde

Mis manos.

Mis manos.

Mis manos empiezan a acariciar los minutos, moldeándolos, voy a crear dicha. De cada disgusto haré un poema de esperanza creando nuevos sueños. Se me impone la vida en cada despertar.

 

Lo que es, no tiene otro color del que se ve, sólo hay que cambiar la mirada hasta recorrer el arco iris, No vale la pena el dolor, ni quien lo inflija.

 

En  mi ternura siempre irá implícita la respuesta

Sakkarah


¿Será verdad?

¿Será verdad?

 

"¿Será verdad que cuando toca el sueño con sus dedos de rosa nuestros ojos, de la cárcel que habita huye el espíritu en vuelo presuroso?" 
G.A. Becquer

Deberes.

Deberes.

Son tantos los deberes que abruman. Yo no creo que el hombre tenga que tenerlos, sólo entiendo un deber y un derecho, el del respeto. Todos los demás son pesadas cadenas que a lo largo de los siglos nos hemos impuesto.

La justicia no es más que seguir el dictado del corazón cuando este se conoce. Y conocerse es saber llamar a todo por su nombre, a la envidia, envidia; al rencor, rencor...Así sucesivamente. Saber dejar nuestros defectos sin adornos. Saber que no podemos ser perfectos y no asustarnos de nosotros mismos.

Es curioso como a veces hacemos aspavientos de lo que vemos en otro cuando la mayoría de las veces, ese defecto forma parte de nuestra más íntima raigambre.

Pues eso, que ya esta bien de tantos deberes, que sólo me debo a mí misma.

Sakkarah

Blues.

Blues.

Cayó noviembre como un verso deshojado, sin resuello, inútilmente olvidado. Y ella, que ya no vivía, se deshizo en lágrimas por todas las primaveras encerradas en los necios otoños.

Joaquín Marín