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Sakkarah

Cómo ser afortunado.

Cómo ser afortunado.

"Así habló Arkad, y cuando terminó su narración, uno de sus amigos declaró:

 

-Ciertamente fuiste muy afortunado, porque Algamish te nombró heredero de una parte de sus bienes.

 

-Fui afortunado únicamente porque tuve el deseo de prosperar desde mucho tiempo antes de conocerlo. ¿Acaso durante cuatro años no mostré lo definido de mi propósito, al guardar la décima parte de todo lo que ganaba? ¿Llamarías afortunado a un pescador que durante aáos ha estudiado los hábitos de los peces, de tal manera que cada vez que cambia el viento puede arrojar sus redes cerca de ellos? La oportunidad es una diosa altanera que no pierde su tiempo con aquellos que no se han preparado.

 

"Hiciste gala de una gran fuerza de voluntad al seguir adelante después de perder los ahorros de tu primer año y en esto eres una persona extraordinaria", habló otro.

 

-"Fuerza de voluntad", replicó Arkad. -Qué disparate. ¿Creen que la fuerza de voluntad le otorga a un hombre la fortaleza suficiente para llevar sobre los hombres un peso que el camello no puede llevar, o de arrastrar una carga que el buey no puede mover? La fuerza de voluntad no es otra cosa que el indomable propósito de llevar a cabo una tarea que se ha fijado, hasta terminarla. Si me propongo desempeñar una tarea, por muy insignificante que sea, lo haré hasta el fin. ¿De qué otra manera podría tener confianza en mí mismo cuando se trata de hacer cosas importantes? Si llegara a decirme a mí mismo, 'Durante cien días, cuando cruce el puente que lleva a la ciudad, tomaré un guijarro del camino y lo arrojaré hacia la corriente', así lo haría. Si el séptimo día llegase a cruzar sin acordarme de hacerlo, no me diré, 'Mañana arrojaré dos guijarros en vez de uno, y será lo mismo'. En vez de ello, volvería sobre mis pasos y arrojaría el guijarro. Y el veinteavo día tampoco me diría a mí mismo, 'Arkad, todo esto es en vano. ¿En qué te beneficia el hecho de arrojar un guijarro cada día? Arroja un puñado de una vez y habrás terminado'. No, no diría ni haría eso; cuando me fijo una tarea, debo llevarla a su término, de manera que tengo buen cuidado de no iniciar tareas difíciles e imprácticas, porque me agradan mucho mis ratos de ocio".

 

 

 

George S. Calson

 

 

                      

Citas y proverbios.

Citas y proverbios.

Pensamientos tontos los tenemos todos, pero el sabio se los calla.

Wilhelm Bush


Sólo puede ser feliz siempre el que sepa ser feliz con todo

Confucio


Las personas más insoportables son los hombres que se creen geniales y las mujeres que se creen irresistibles

Asselin, Henry


La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla.

Benjamin Franklin


La persona que no comete nunca una tontería nunca hará nada interesante.

Proverbio inglés

You'll be in my heart.


Ven, deja de llorar.
Todo estará bien.
Sólo toma mi mano,
Tómala fuerte.
Yo te protegeré
De todo lo que te rodea.
Yo estaré aquí,
No llores.

A pesar de ser tan pequeño,
Pareces tan fuerte.
Mis brazos te sostendrán,
Manteniéndote seguro y caliente.
Este vínculo entre nosotros
No puede romperse.
Yo estaré aquí,
No llores.

Porque estarás en mi corazón.
Sí, estarás en mi corazón.
Desde hoy,
Ahora y para siempre.
Estarás en mi corazón,
No importa lo que digan.
Estarás aquí, en mi corazón, siempre.

¿Por qué no pueden entender
Cómo nos sentimos?
Simplemente no confían
En lo que no pueden explicar.
Sé que somos diferentes pero,
Muy dentro de nosotros,
No somos tan diferentes del todo.

Y estarás en mi corazón.
Sí, estarás en mi corazón.
Desde hoy,
Ahora y para siempre.

No los escuches,
Porque ¿qué saben ellos?
Nos necesitamos el uno al otro,
Para tenernos, para aguantar.
Verán con el tiempo,
Lo sé.

Cuando el destino te llama,
Debes ser fuerte.
Quizás no esté contigo,
Pero debes sobrevivir.
Verán con el tiempo,
Lo sé.
Juntos les mostraremos.

Porque estarás en mi corazón.
Sí, estarás en mi corazón.
Desde hoy,
Ahora y para siempre.

Oh, estarás en mi corazón.
No importa lo que digan.
Estarás aquí, en mi corazón, siempre,
Siempre.

Puestos a soñar.

Puestos a soñar.

Puestos a soñar, soñamos muchas cosas. Al hablar de sueños, hablo de propósitos. Muchos de estos propósitos o sueños, sólo nos pasan por el pensamiento, y no nos planteamos ponerlos en acción. 

Puede que esto responda a que tengamos miedo de que nuestro cuerpo físico nos limite; pero yo más bien pienso que lo que nos limita es la mentalidad que nos hemos creado para nuestra edad.

Nos decimos: ¿Si hago esto, que van a pensar?. Van a decir que soy como un niño, dirán que es ridículo para mi edad, eso queda para la gente más joven, eso es una falta de madurez... Y así nos frenamos. 

¿Es bueno frenarse? ¿Es bueno encasillarse cuando uno ya tiene cierta edad?

Sakkarah

Oscura casa

Oscura casa

Oscura casa: otra vez vuelvo aquí
a tu lado, a esta larga calle inhóspita,
puertas donde mi corazón se acostumbró
a palpitar esperando una mano,

Una mano que ya no podré estrechar.
Mírame, pues no puedo dormir
y como un condenado me arrastro
muy de mañana hasta la puerta.

Él no está aquí; pero a lo lejos
comienza de nuevo el rumor de la vida
y como un espectro entre la lluvia
por las calles desiertas rompe el nuevo día.

Alfred Lord Tennyson

Puse...

Puse...

Puse mi vista en el cielo, y me devuelve un color desvaído, como de no querer sujetar los astros para su reflejo en mi mirada. Las calles, sus empedrados, tienen sus líneas desdibujadas. La llave de la luz y de la fuerza se me esconde.

La nada se agazapa en el rimero de mis hojas muertas. A cada paso mío, un soplo de aire aleja un poco más mi felicidad. Tomé a nadie en mis manos, ofreciendo mi torpe caricia; miré con amor al vacío, haciendo una cuna en mi pecho. Sellé mi boca, y adopté el silencio para mecer la nada; pero la respuesta nula me grita mi fracaso en mi oído.

Soy guardiana fiel del desierto, y entre la arena voy enterrando las palabras.

Sakkarah

Take Me To Your Heart.

Take Me To Your Heart.


Escondiéndome de la lluvia y la nieve
Tratando de olvidar, pero no me puedo ir
Observando en una calle concurrida
Escuchando los latidos de mi propio corazón

Hay mucha gente alrededor del mundo
Dime donde encuentro a alguien como tu


Llévame a tu corazón, llévame a tu alma
Dame tu mano antes de que envejezca
Enséñame que es el amor, no tengo ni idea
Enséñame que maravillas pueden ser reales

Dicen que nada es para siempre
Solo estamos aquí hoy
El amor es ahora o nunca
Llévame muy lejos…

Llévame a tu corazón, llévame a tu alma
Dame tu mano y abrázame
Enséñame que es el amor, eres mi estrella guía
Es fácil, llévame a tu corazón

Estando en lo alto de una montaña
Mirando a la luna a través de la claridad del cielo azul
Debería ir y ver a algunos amigos
Pero no me comprenderían

No es necesario hablar mucho sin decir nada
Todo lo que necesito es alguien que me haga cantar

Muda

Muda

Ando perdida. Camino entre la gente como ciega. Te busco donde sé que no estás, porque eres un desaparecido. Aire, sólo aire.

¿No te das cuenta que no tengo un aroma para seguirte? El eco no me puede hablar de ti.

Te buscaré a donde se me va la vida. Hago tiempo para encontrar arrestos para morir, y el tiempo me va dando la espalda. Es un viaje hacia lo incomprendido, para acabar asomando mi cuerpo a esa balconada. Mi mirada fugaz no reverberará la voz de mi alma; pero el puñal si alcanzará mi corazón.

Muda, ya me tienes muda.

Sakkarah

Tuyo siempre.


Si alguna vez no me vuelven a ver,
porque a mi como a todos se me olvida,
algo va a quedar adentro tuyo siempre,
algo que yo te deje alguna vez.

No importa si no venis conmigo,
este viaje es mejor hacerlo solo,
yo te voy a recordar todos los dias,
porque un amor asi nunca se olvida.

Te seguiria por todas partes y volveria a la ciudad,
si me das, otra oportunidad,
de volver a empezar, mejor que antes
quiero darte cada uno de mis instantes,
nunca mas voy a mentir de nuevo,
porque no voy a olvidarte nunca mas.

Si alguna vez no me vuelven a ver,
porque a mi como a todos se me olvida,
algo va a quedar adentro tuyo siempre,
algo que yo te deje alguna vez.

Y volveria por todas partes para encontrarte y preguntarte,
si me das otra oportunidad.
Va a ser mejor que empiece a olvidar,
porque queda mucho tiempo por delante,
algo va a quedar adentro tuyo siempre,
algo que yo te deje alguna vez,
porque no voy a olvidarte nunca mas,
porque yo no te voy a olvidar...!!!

Qioero quedar...

Qioero quedar...

Quiero quedar grabada a fuego en tu entraña, que mi voz resuene dulce y ausente en tu oído. Quiero ser lejana en tu desesperación. Sueño deseado e inalcanzable, punzada de celos en tu interior. 

Curva y cambio en tu camino, etérea sombra que se aleja. Musa en tu inspiración, recuerdo imborrable en tu conciencia.

Sakkarah

El extraño.

El extraño.

Infeliz es aquel a quien sus recuerdos infantiles sólo traen miedo y tristeza. Desgraciado aquel que vuelve la mirada hacia horas solitarias en bastos y lúgubres recintos de cortinados marrones y alucinantes hileras de antiguos volúmenes, o hacia pavorosas vigilias a la sombra de árboles descomunales y grotescos, cargados de enredaderas, que agitan silenciosamente en las alturas sus ramas retorcidas. Tal es lo que los dioses me destinaron... a mí, el aturdido, el frustrado, el estéril, el arruinado; sin embargo, me siento extrañamente satisfecho y me aferro con desesperación a esos recuerdos marchitos cada vez que mi mente amenaza con ir más allá, hacia el otro.

No sé dónde nací, salvo que el castillo era infinitamente horrible, lleno de pasadizos oscuros y con altos cielos rasos donde la mirada sólo hallaba telarañas y sombras. Las piedras de los agrietados corredores estaban siempre odiosamente húmedas y por doquier se percibía un olor maldito, como de pilas de cadáveres de generaciones muertas. Jamás había luz, por lo que solía encender velas y quedarme mirándolas fijamente en busca de alivio; tampoco afuera brillaba el sol, ya que esas terribles arboledas se elevaban por encima de la torre más alta. Una sola, una torre negra, sobrepasaba el ramaje y salía al cielo abierto y desconocido, pero estaba casi en ruinas y sólo se podía ascender a ella por un escarpado muro poco menos que imposible de escalar.

Debo haber vivido años en ese lugar, pero no puedo medir el tiempo. Seres vivos debieron haber atendido a mis necesidades; sin embargo, no puedo rememorar a persona alguna excepto yo mismo, ni ninguna cosa viviente salvo ratas, murciélagos y arañas, silenciosos todos. Supongo que, quienquiera que me haya cuidado, debió haber sido asombrosamente viejo, puesto que mi primera representación mental de una persona viva fue la de algo semejante a mí, pero retorcido, marchito y deteriorado como el castillo. Para mí no tenían nada de grotescos los huesos y los esqueletos esparcidos por las criptas de piedra cavadas en las profundidades de los cimientos. En mi fantasía asociaba estas cosas con los hechos cotidianos y los hallaba más reales que las figuras en colores de seres vivos que veía en muchos libros mohosos. En esos libros aprendí todo lo que sé. Maestro alguno me urgió o me guió, y no recuerdo haber escuchado en todos esos años voces humanas..., ni siquiera la mía; ya que, si bien había leído acerca de la palabra hablada nunca se me ocurrió hablar en voz alta. Mi aspecto era asimismo una cuestión ajena a mi mente, ya que no había espejos en el castillo y me limitaba, por instinto, a verme como un semejante de las figuras juveniles que veía dibujadas o pintadas en los libros. Tenía conciencia de la juventud a causa de lo poco que recordaba.

Afuera, tendido en el pútrido foso, bajo los árboles tenebrosos y mudos, solía pasarme horas enteras soñando lo que había leído en los libros; añoraba verme entre gentes alegres, en el mundo soleado allende de la floresta interminable. Una vez traté de escapar del bosque, pero a medida que me alejaba del castillo las sombras se hacían más densas y el aire más impregnado de crecientes temores, de modo que eché a correr frenéticamente por el camino andado, no fuera a extraviarme en un laberinto de lúgubre silencio.

Y así, a través de crepúsculos sin fin, soñaba y esperaba, aún cuando no supiera qué. Hasta que en mi negra soledad, el deseo de luz se hizo tan frenético que ya no pude permanecer inactivo y mis manos suplicantes se elevaron hacia esa única torre en ruinas que por encima de la arboleda se hundía en el cielo exterior e ignoto. Y por fin resolví escalar la torre, aunque me cayera; ya que mejor era vislumbrar un instante el cielo y perecer, que vivir sin haber contemplado jamás el día.

A la húmeda luz crepuscular subí los vetustos peldaños de piedra hasta llegar al nivel donde se interrumpían, y de allí en adelante, trepando por pequeñas entrantes donde apenas cabía un pie, seguí mi peligrosa ascensión. Horrendo y pavoroso era aquel cilindro rocoso, inerte y sin peldaños; negro, ruinoso y solitario, siniestro con su mudo aleteo de espantados murciélagos. Pero más horrenda aún era la lentitud de mi avance, ya que por más que trepase, las tinieblas que me envolvían no se disipaban y un frío nuevo, como de moho venerable y embrujado, me invadió. Tiritando de frío me preguntaba por qué no llegaba a la claridad, y, de haberme atrevido, habría mirado hacia abajo. Se me antojó que la noche había caído de pronto sobre mí y en vano tanteé con la mano libre en busca del antepecho de alguna ventana por la cual espiar hacia afuera y arriba y calcular a qué altura me encontraba.

De pronto, al cabo de una interminable y espantosa ascensión a ciegas por aquel precipicio cóncavo y desesperado, sentí que la cabeza tocaba algo sólido; supe entonces que debía haber ganado la terraza o, cuando menos, alguna clase de piso. Alcé la mano libre y, en la oscuridad, palpé un obstáculo, descubriendo que era de piedra e inamovible. Luego vino un mortal rodeo a la torre, aferrándome de cualquier soporte que su viscosa pared pudiera ofrecer; hasta que finalmente mi mano, tanteando siempre, halló un punto donde la valla cedía y reanudé la marcha hacia arriba, empujando la losa o puerta con la cabeza, ya que utilizaba ambas manos en mi cauteloso avance. Arriba no apareció luz alguna y, a medida que mis manos iban más y más alto, supe que por el momento mi ascensión había terminado, ya que la puerta daba a una abertura que conducía a una superficie plana de piedra, de mayor circunferencia que la torre inferior, sin duda el piso de alguna elevada y espaciosa cámara de observación. Me deslicé sigilosamente por el recinto tratando que la pesada losa no volviera a su lugar, pero fracasé en mi intento. Mientras yacía exhausto sobre el piso de piedra, oí el alucinante eco de su caída, pero con todo tuve la esperanza de volver a levantarla cuando fuese necesario.

Creyéndome ya a una altura prodigiosa, muy por encima de las odiadas ramas del bosque, me incorporé fatigosamente y tanteé la pared en busca de alguna ventana que me permitiese mirar por vez primera el cielo y esa luna y esas estrellas sobre las que había leído. Pero ambas manos me decepcionaron, ya que todo cuanto hallé fueron amplias estanterías de mármol cubiertas de aborrecibles cajas oblongas de inquietante dimensión. Más reflexionaba y más me preguntaba qué extraños secretos podía albergar aquel alto recinto construido a tan inmensa distancia del castillo subyacente. De pronto mis manos tropezaron inesperadamente con el marco de una puerta, del cual colgaba una plancha de piedra de superficie rugosa a causa de las extrañas incisiones que la cubrían. La puerta estaba cerrada, pero haciendo un supremo esfuerzo superé todos los obstáculos y la abrí hacia adentro. Hecho esto, me invadió el éxtasis más puro jamás conocido; a través de una ornamentada verja de hierro, y en el extremo de una corta escalinata de piedra que ascendía desde la puerta recién descubierta, brillando plácidamente en todo su esplendor estaba la luna llena, a la que nunca había visto antes, salvo en sueños y en vagas visiones que no me atrevía a llamar recuerdos.

Seguro ahora de que había alcanzado la cima del castillo, subí rápidamente los pocos peldaños que me separaban de la verja; pero en eso una nube tapó la luna haciéndome tropezar, y en la oscuridad tuve que avanzar con mayor lentitud. Estaba todavía muy oscuro cuando llegué a la verja, que hallé abierta tras un cuidadoso examen pero que no quise trasponer por temor a precipitarme desde la increíble altura que había alcanzado. Luego volvió a salir la luna.

De todos los impactos imaginables, ninguno tan demoníaco como el de lo insondable y grotescamente inconcebible. Nada de lo soportado antes podía compararse al terror de lo que ahora estaba viendo; de las extraordinarias maravillas que el espectáculo implicaba. El panorama en sí era tan simple como asombroso, ya que consistía meramente en esto: en lugar de una impresionante perspectiva de copas de árboles vistas desde una altura imponente, se extendía a mi alrededor, al mismo nivel de la verja, nada menos que la tierra firme, separada en compartimentos diversos por medio de lajas de mármol y columnas, y sombreada por una antigua iglesia de piedra cuyo devastado capitel brillaba fantasmagóricamente a la luz de la luna.

Medio inconsciente, abrí la verja y avancé bamboleándome por la senda de grava blanca que se extendía en dos direcciones. Por aturdida y caótica que estuviera mi mente, persistía en ella ese frenético anhelo de luz; ni siquiera el pasmoso descubrimiento de momentos antes podía detenerme. No sabía, ni me importaba, si mi experiencia era locura, enajenación o magia, pero estaba resuelto a ir en pos de luminosidad y alegría a toda costa. No sabía quién o qué era yo, ni cuáles podían ser mi ámbito y mis circunstancias; sin embargo, a medida que proseguía mi tambaleante marcha, se insinuaba en mí una especie de tímido recuerdo latente que hacía mi avance no del todo fortuito, sin rumbo fijo por campo abierto; unas veces sin perder de vista el camino, otras abandonándolo para internarme, lleno de curiosidad, por praderas en las que sólo alguna ruina ocasional revelaba la presencia, en tiempos remotos, de una senda olvidada. En un momento dado tuve que cruzar a nado un rápido río cuyos restos de mampostería agrietada y mohosa hablaban de un puente mucho tiempo atrás desaparecido.

Habían transcurrido más de dos horas cuando llegué a lo que aparentemente era mi meta: un venerable castillo cubierto de hiedras, enclavado en un gran parque de espesa arboleda, de alucinante familiaridad para mí, y sin embargo lleno de intrigantes novedades. Vi que el foso había sido rellenado y que varias de las torres que yo bien conocía estaban demolidas, al mismo tiempo que se erguían nuevas alas que confundían al espectador. Pero lo que observé con el máximo interés y deleite fueron las ventanas abiertas, inundadas de esplendorosa claridad y que enviaban al exterior ecos de la más alegre de las francachelas. Adelantándome hacia una de ellas, miré al interior y vi un grupo de personas extrañamente vestidas, que departían entre sí con gran jarana. Como jamás había oído la voz humana, apenas sí podía adivinar vagamente lo que decían. Algunas caras tenían expresiones que despertaban en mí remotísimos recuerdos; otras me eran absolutamente ajenas.

Salté por la ventana y me introduje en la habitación, brillantemente iluminada, a la vez que mi mente saltaba del único instante de esperanza al más negro de los desalientos. La pesadilla no tardó en venir, ya que, no bien entré, se produjo una de las más aterradoras reacciones que hubiera podido concebir. No había terminado de cruzar el umbral cuando cundió entre todos los presentes un inesperado y súbito pavor, de horrible intensidad, que distorsionaba los rostros y arrancaba de todas las gargantas los chillidos más espantosos. El desbande fue general, y en medio del griterío y del pánico varios sufrieron desmayos, siendo arrastrados por los que huían enloquecidos. Muchos se taparon los ojos con las manos y corrían a ciegas llevándose todo por delante, derribando los muebles y dándose contra las paredes en su desesperado intento de ganar alguna de las numerosas puertas.

Solo y aturdido en el brillante recinto, escuchando los ecos cada vez más apagados de aquellos espeluznantes gritos, comencé a temblar pensando qué podía ser aquello que me acechaba sin que yo lo viera. A primera vista el lugar parecía vacío, pero cuando me dirigí a una de las alcobas creí detectar una presencia... un amago de movimiento del otro lado del arco dorado que conducía a otra habitación, similar a la primera. A medida que me aproximaba a la arcada comencé a percibir la presencia con más nitidez; y luego, con el primero y último sonido que jamás emití -un aullido horrendo que me repugnó casi tanto como su morbosa causa-, contemplé en toda su horrible intensidad el inconcebible, indescriptible, inenarrable monstruo que, por obra de su mera aparición, había convertido una alegre reunión en una horda de delirantes fugitivos.

No puedo siquiera decir aproximadamente a qué se parecía, pues era un compuesto de todo lo que es impuro, pavoroso, indeseado, anormal y detestable. Era una fantasmagórica sombra de podredumbre, decrepitud y desolación; la pútrida y viscosa imagen de lo dañino; la atroz desnudez de algo que la tierra misericordiosa debería ocultar por siempre jamás. Dios sabe que no era de este mundo -o al menos había dejado de serlo-, y, sin embargo, con enorme horror de mi parte, pude ver en sus rasgos carcomidos, con huesos que se entreveían, una repulsiva y lejana reminiscencia de formas humanas; y en sus enmohecidas y destrozadas ropas, una indecible cualidad que me estremecía más aún.

Estaba casi paralizado, poro no tanto como para no hacer un débil esfuerzo hacia la salvación: un tropezón hacia atrás que no pudo romper el hechizo en que me tenía apresado el monstruo sin voz y sin nombre. Mis ojos, embrujados por aquellos asqueantes ojos vítreos que los miraba fijamente, se negaban a cerrarse, si bien el terrible objeto, tras el primer impacto, se veía ahora más confuso. Traté de levantar la mano y disipar la visión, pero estaba tan anonadado que el brazo no respondió por entero a mi voluntad. Sin embargo, el intento fue suficiente como para alterar mi equilibrio y, bamboleándome, di unos pasos hacia adelante para no caer. Al hacerlo adquirí de pronto la angustiosa noción de la proximidad de la cosa, cuya inmunda respiración tenía casi la impresión de oír. Poco menos que enloquecido, pude no obstante adelantar una mano para detener a la fétida imagen, que se acercaba más y más, cuando de pronto mis dedos tocaron la extremidad putrefacta que el monstruo extendía por debajo del arco dorado.

No chillé, pero todos los satánicos vampiros que cabalgan en el viento de la noche lo hicieron por mí, a la vez que dejaron caer en mi mente una avalancha de anonadantes recuerdos.

Supe en ese mismo instante todo lo ocurrido; recordé hasta más allá del terrorífico castillo y sus árboles; reconocí el edificio en el cual me hallaba; reconocí, lo más terrible, la impía abominación que se erguía ante mí, mirándome de soslayo mientras apartaba de los suyos mis dedos manchados.

Pero en el cosmos existe el bálsamo además de la amargura, y ese bálsamo es el olvido. En el supremo horror de ese instante olvidé lo que me había espantado y el estallido del recuerdo se desvaneció en un caos de reiteradas imágenes. Como entre sueños, salí de aquel edificio fantasmal y execrado y eché a correr rauda y silenciosamente a la luz de la luna. Cuando retorné al mausoleo de mármol y descendí los peldaños, encontré que no podía mover la trampa de piedra; pero no lo lamenté, ya que había llegado a odiar el viejo castillo y sus árboles. Ahora cabalgo junto a los fantasmas, burlones y cordiales, al viento de la noche, y durante el día juego entre las catacumbas de Nefre-Ka, en el recóndito y desconocido valle de Hadoth, a orillas del Nilo. Sé que la luz no es para mí, salvo la luz de la luna sobre las tumbas de roca de Neb, como tampoco es para mí la alegría, salvo las innominadas fiestas de Nitokris bajo la Gran Pirámide; y, sin embargo, en mi nueva y salvaje libertad agradezco casi la amargura de la alienación.

Pues aunque el olvido me ha dado la calma, no por eso ignoro que soy un extranjero; un extraño a este siglo y a todos los que aún son hombres. Esto es lo que supe desde que extendí mis dedos hacia esa cosa abominable surgida en aquel gran marco dorado; desde que extendí mis dedos y toqué la fría e inexorable superficie de pulido espejo.

H.P. Lovecraft

Quiso pensar...

Quiso pensar...

Quiso pensar, y pensó tanto que olvidó la lectura por completo. Enredada en su pensamiento, escalaba una vida extraña. Ya no la importaba nadie, era ella con su mundo imposible a cuestas. 

Sus ligaduras se iban debilitando y rompiendo, a poco tiempo de llegar a la cima. Al fin, pendía de un hilo y se adentraba en las espumas de la nada. Allí sintió el frío que taladraba los huesos de sus piernas, y se aferró a una roca para salvarse. Necesitaba un libro. 

Todo lo que necesitas lo encuentras en el lugar apropiado. Ante sus ojos, con sus páginas abiertas, la esperaba. Ella ávidamente leía, mientras iba tornando el calor a su cuerpo. Ya sentía sus pies, y se encontró ligera para poder correr en pos de la imaginación perdida.

Sakkarah

Meme

Meme

Mi arma, me ha metido en este lío. No sé si lo sabré hacer… El caso es que me ha encantado pasarme por su blog, y disfrutar de sus escritos, de sus cosas.

Y…dicho lo cual, me pongo manos a la obra respondiendo el test.

Edad:

Uff, me preocupa lo mal que anda mi memoria últimamente…

Día de la semana:

El viernes, porque da paso a dos días de fiesta.

Mes:

No hay uno especial. Los que pertenecen a primavera y verano.

Algo que no soportes de una persona.

El teatro, la injusticia, y la mentira.

Si quieres ligarte a alguien, ¿Cómo lo haces?

Uy, si yo lo supiera. Eso estoy esperando, que me digan como.

¿Te gusta conducir?

No. Sé que soy un peligro para la humanidad.

Algo que eches de menos

La juventud

Tres cosas que te gustan de ti

Que soy sincera
Que mi corazón es capaz de amar
Que con la gente tengo paciencia.

Tres cosas que no te gustan de ti.

Mi falta de interés por la política
Mi pereza
Y que soy algo trágica.

Tres cosas que te den miedo:

La violencia
Las aglomeraciones enormes de gente
El rechazo

Tres cosas que llevas puestas ahora:

Un pantalón,
Una blusa
Unos tenis

Tres cosas sin las que podrías vivir cada día:

Joyas
Complementos
Adornos

Tres de tus cantantes o grupos preferidos ahora:

Música de Chopin
Sabina
Música celta

Tras canciones favoritas en este momento:

Sorry Seems To Be The Hardest Word
Poema de amor
Morena mía

Tres cosas que quieras en una relación

Confianza
Que me mimen
Pasión

Dos verdades y una mentira

Estoy enamorada
Me gustan los niños
Soy piloto

Tres cosas que te atraigan del sexo opuesto:

Una gran personalidad
Simpatía
Que sea apasionado

Tres cosas que no puedes hacer:

Matar
Robar
Dañar queriendo


Tres de tus hobbies favritos

Relacionarme con las personas
La imagen
Lectura

Tres cosas que estás deseando hacer ahora

Estar con las personas que quiero
Viajar a otro país
tomar algo con los amigos

Tres sitios donde te gustará ir de vacaciones

Grecia
Portugal
Hawai

Tres cosas que te gustaría hacer antes de morir:

Amar
Amar
Y amar

Tres cosas que te hacen llorar:

Ver sufrir de los demás
Que sean injustos conmigo
Que no me amen

Tres cosas que te hacen sonreír

Los niños
Las personas con gracia
Todo lo que sea humor.

Tres cosas que te hacen reír a carcajadas

La gracia de algunas personas
Algunas caídas…
Y mis meteduras de pata.

Tres cosas que te parezcan maravillosas

El nacimiento de un niño
Un amanecer
Y estar en los brazos de quien amo

Tres cosas que te hacen la boca agua:

Una langosta
Una tarta de yema
Una granada

Tres cosas que te gustaría que te pasasen este fin de semana

Que me quisiera quien quiero
Salir y divertirme
Estar feliz

Nomino a Perjudicante, Amora,y Rebelde para que hagan también este meme

Dime que quieres de mí.


Dime que quieres de mí, dime que andas buscando esta noche,

de estrellas que se han perdío y universos que no conoces.

Dime que quieres de mí, si yo lo que tengo no es nada

y quizás lo encuentre una noche lo pierda al llegar la mañana.

Dime que quieres de mí.

Dime que quieres de mí, dime donde lo lleva la noche

Que hoy tengo el alma partía y la luna no me conoce

Dime que quieres de mí.

A veces quisiera poder levantarme y largarme de aquí

lerelereleré

Ayyy el miedo no deja dormir.

Dime que quieres de mi, llévame donde muera la noche, donde hundir este barco de dudas y librarme de lo malo que a veces habita en mí.

Dime que quieres de mí.

Dime si cuando llegue la noche, volveré a pensar en ti...

A veces quisiera encontrar la locura que me empuja a vivir..

Quiso...

Quiso...

Quiso, con el silencio, presionar el corazón, como si se tratase de una botella; pero el sonido sordo del amor salía líquido, haciendo caminos por el alma.

Amanecía, y su mente adquiría la claridad que despierta al sueño vivido. Se sentó frente al Universo y  pidió una estrella. Apuró la magia sin prisas, el color iba irisando el espacio; y el eco le devolvió en susurros, la voz de su amado.

Sakkarah

Another Brick In The Wall.

Another Brick In The Wall.


No necesitamos ninguna educación
No necesitamos que controlen nuestros pensamientos
Ni sarcasmo oscuro en el salón de clases
Profesores dejen a los niños en paz
¡Hey! ¡Profesores! ¡Dejen a los niños en paz!
En conjunto es solo, otro ladrillo en el muro.
En conjunto solo eres, otro ladrillo en el muro.

No necesitamos ninguna educación
No necesitamos que controlen nuestros pensamientos
Ni sarcasmo oscuro en el salón de clases
Profesores dejen a los niños en paz
¡Hey! ¡Profesores! ¡Dejen a los niños en paz!
En conjunto es solo, otro ladrillo en el muro.
En conjunto solo eres, otro ladrillo en el muro.

"¡Incorrecto, hágalo otra vez!"
"Si no te comes tu carne, no podrás comer pudín.
"¿Como puedes
comer tu pudín si no te comes tu carne?"
"¡Tu!" "¡Sí, tu detrás de las vertientes de la bici,
párate derecho señora!"

Sobre la rama.

Sobre la rama.

Sobre la rama, acurrucada en el nido, siempre dispuesta a volar.Observando las sierpes desde altura. Agito mis alas para cerciorarme de su fuerza. Ellas me pueden mantener sobre toda poder que se arrastra.Yo moro en la altura del pasaje donde conviven cardos con amapolas. Libre de las ataduras me transporta el viento. Esquivo al ave de rapiña en mi pirueta por el espacio.

Solo acepto lo que se me lega sin pedirme, mi verdad no la vendo ni la impongo. Soy más humana que la misma humanidad.

Sakkarah

Cirujía dental

Cirujía dental

Hace mas de 7500 años que se practica la cirugía dental.

Aunque lógicamente no con los mismos médios, en la edad de piedra ya tenian cuidado de la dentadura. A esta conclusión han llegado los antropólogos Roberto Macchiarelli y David Frayer, basándose en diversos fósiles de entre 9000 y 7500 años de antiguedad hallados en Merhgarh (Pakistán).

En estos fósiles se han localizado once dientes que presentan agujeros de entre 1 y 3 milímetros de ancho y entre 0.5 y 3.5 milímetros de profundidad. Para los antropólogos, se trata de perforaciones intencionadas, que debieron realizarse con algún instrumento especial de pedernal adaptado. También creen que utilizaron algún relleno, aunque no se han encontrado restos.

La cirugía dental de hoy día, por lo tanto, tiene lejanos antecedentes.

Redactado por Turrente

Caruso

Caruso


Aqui donde el mar brilla

y corre fuerte el viento

sobre una vieja terraza de frente al golfo de Sorrento

un hombre abraza una muchacha

después de que habia llorado

después se aclara la voz y vuelve a comenzar el canto

Te quiero mucho


pero tanto tanto tanto, sabes

es una cadena ya

que disuelve la sangre en las venas

Vio las luces en medio al mar

penso a las noches alla en América

pero eran solo las lamparas

y la blanca estela de una hélice

sintio el dolor en la musica

se levanto del piano

pero cuando vio la luna salir de una nube

hasta la muerte le parecio mas dulce.

Miro en los ojos a la muchacha

aquellos ojos verdes como el mar


después, de pronto salio una lagrima


y él creyo que se ahogaba

Potencia de la lirica

donde cada drama es un falso

que con un poco de maquillaje y con la mimica

puedes convertirte en otro

Pero dos ojos que te observano

asi tan cerca y de verdad

te hacen olvidar las palabras

confunden los pensamientos.

Asi se hizo todo mas pequeño

aun las noches alla en America


te das vuelta y ves tu vida

como la estela de una hélice


Ah si, es la vida que termina

pero después él no se lo penso tanto


mas bien se sentia feliz

y volvio a su canto