Blogia

Sakkarah

El destino...

El destino...

El destino lleva las alas heridas,
y en cada cumbre se posa para abrazar nostalgias.
La brisa llega silenciosa a acariciar sus alas.
Sigue su paso sin desvelar sus sueños.
Pequeños destellos de desesperanza adornan el cielo.

Sakkarah 16-3-08

El cuerpo...

El cuerpo...

El cuerpo es un armario lleno de pequeños cajones. Miles de emociones se guardan dentro: ira, alegría, incertidumbre, duda, amor, odio, asco...Los botones que hacen abrirlos son invisibles, y cada persona desde fuera toca uno diferente. Hay personas que tienen mando a distancia, y sólo tocan la ira, o el llanto. No todas son así, hay algunas con buen dedo.

Una mirada puede accionar mil botones. Tiene una fuerza inusitada. Un parpadeo puede borrar un sueño.

La nada es un armario cerrado a cal y canto.

Sakkarah

Una melodía.

Una melodía.

Una melodía en tono bajo, casi imperceptible, se esparce en al ambiente. No llegará a su destino, o el ruido silenciará su mensaje indescifrable a todo oído que no sea el suyo.

En ráfagas serpentea, impetuosa a veces, otras queda. Él, inmerso en su diario quehacer no la escucha. Imperiosa la palabra, indescifrable, soberana entre los aires.

Vocablos envueltos en una amalgama de silencios y caricias, dejados en libertad por unos labios derrotados.

Sakkarah

María Cristina de Borbón.

María Cristina de Borbón.

María de Cristina de Borbón y Fernando VII se casaron el once de diciembre de 1829, tras quedar ese mismo año Fernando, viudo y sin descendencia de su tercera esposa María Josefa Amalia de Sajonia. El tenía cuarenta y cinco años y un aspecto bastante deteriorado por lo desenfrenado de su vida. Ella con tan solo veintitrés estaba en la flor de la vida, y había aceptado con sumisión las presiones familiares que la obligaban a desposarse con su tío y dar los ansiados herederos a la corona española.

María Cristina de Borbón era la cuarta esposa de Fernando VII, pero la tercera esposa desde que subió al trono. Fue considera muy adecuada para mujer de Fernando, sobre todo por ser veintidós años más joven que él, quien debido a su edad tenía ya frecuentes ataques de gota. Se cuenta que supo encandilar con sus zalamerías al rey, dándole los ansiados herederos, aunque no fueran varones, ya que le dio dos hijas, Isabel y Maria Luisa Fernanda.

Las crónicas de la época recogen como, con anterioridad a la boda se produjo entre la princesa María Cristina de Borbón y el rey Fernando VII un carteo que hizo que ambos se conocieran un poco mejor. Parece ser que Fernando conocía bastante bien a la que sería su esposa María Cristina gracias a la hermana de esta, Luisa Carlota, casada con su hermano Francisco de Paula. Luisa Carlota parece que había hablado demasiado bien de su hermana y de lo complaciente que era.
La boda entre María de Cristina de Borbón y Fernando VII se celebró en la hermosa capilla del palacio de Aranjuez. Pero lo que pocas personas saben es que pese a la serenidad que demostró la joven María Cristina, el rey, Fernando VII no podía ocultar su ansiedad por ella, hasta el punto de no poder dejar de fumar. Cuentan además las crónicas que el maduro Fernando tan nervioso estaba que olía mal.

Según se aprecia en sus retratos, la joven reina María Cristina de Borbón era una mujer muy hermosa, con unos grandes ojos oscuros muy expresivos, que resaltaban mucho sobre su blanca tez. Cuentan que, en la última etapa del viaje que la llevaba a Madrid, eligió para vestirse un traje de amazona de un azul tan penetrante que, en su honor, y desde esa fecha se le dio el nombre de “azul cristino”.

Según recogen la crónicas, fue durante el recibimiento que el pueblo madrileño le hizo a María Cristina de Borbón, cuando se oyó entre el público la voz de un joven que gritaba: “Guapa, muero por ti”. Quizá fue un presagio de lo que años después sucedería, cuando miles de españoles morirían por defenderla a ella y a su hija Isabel durante las guerras carlistas.

Desconocido

Cosa de brujas.

Cosa de brujas.

Espero que me disculpéis, porque esto es un lío.

Resulta que abro donde ponen comentarios, y algunos no los veo. Como se me avisa en el correo, yo estoy respondiéndolos; pero me acabo de dar cuenta de qe todos los que respondo se van a un escrito antiguo sobre los gatos...

Anaktub, te respondí a varios, y todos se fueron allí, jajajaja.

Hay brujas en el blog.

 

Hoy...

Hoy...

Hoy me vienen a la cabeza una serie de preguntas:

¿Somos objetivos?
¿Somos ecuánimes?
¿Somos iguales? (esto va por los derechos de igualdad)

Creo que algunas personas si son más objetivas que otras, aunque la objetividad sea relativa porque vemos las cosas desde nuestro prisma. Pero, hay personas con talante abierto, tolerantes; y hay otras cuadriculadas y fanáticas.

Para ser ecuánime, hay que tener un poco de psicología con las personas, y entender sus por qué. No hay que dejarse llevar por los sentimientos a la hora de serlo. Se puede ser ecuánime; pero...también con reservas, porque no siempre se puede uno vaciar de los cariños.

No somos iguales, eso es evidente; pero creo que si se pueden dar unas directrices de igualdad, unos patrones que se ajusten a las necesidades de la mayoría. En lo que sí nos igualamos siempre, y creo que no hay que olvidar, es como personas, como seres humanos. Esto sería para desarrollarlo mucho más, por supuesto.

Lo que si creo es que de las desigualdades que existen en el mundo, nadie tiene la culpa, sino nosotros mismos, el hombre. Hay en el mundo lo suficiente, para que todos vivamos con dignidad; pero...Hay ciudades como Dubai, y personas que la habitan.

Sakkarah

Volamos

Volamos

 Como puesta ante un apacible e inofensivo misterio, que puede serlo, con ganas de hablar, que a mí me faltan, me cuenta de su gato.
   Es, sí. Claro que es; pero... Ante todo, como es huérfano, recogido por compasión, se ignora su ascendencia. Es gato y le agrada el agua. De las acequias no prefiere los albañales, sino la corriente barrosa. Se lanza acezante, pisa fuerte y salpica: hunde las fauces y hace que toma, pero no toma, porque es de puro goloso que lo hace. Puede pensarse que no es un gato, que es un perro. También por su actitud indiferente en presencia de los demás gatos. Pero es que asimismo se limita a observar desde lejos a los perros y ni siquiera se enardece frente a una pelea callejera. Como al emitir la voz desafina espantosamente y además es ronco, no puede saberse si maúlla o ladra.
   Hago como que me asombro. Pero no abro la boca, porque de preguntar o comentar me preguntaría por qué pienso así y tendría que explicar y complicarme en un diálogo. Empero ya no me habla: se habla. Revisa lo que sabe y quiere saber más.
   Es gato y le gusta el agua. Eso no autoriza a concluir que sea un perro. Ni siquiera está la cuestión en que sea perro o gato, porque ni uno ni otro vuelan, y este animalito vuela; desde hace unos días se ha puesto a volar.
   Yo espero que me pregunte si creo que se trata de una brujería. Pero no; al parecer, no cree en eso. Yo tampoco; aunque lo pensé. Mejor dicho, pensé que ella lo pensaba. Pero no.
   ­¿No te maravillas?
   ­Sí; seguramente. Me maravillo. Cómo no. Me maravillo.
Podría maravillarme, cómo no. Pero no. Puedo maravillarme porque el gato-perro vuela. Pero es que no sólo hablo. Estoy pensando. Pienso que ella supone que he de maravillarme porque lo que creyó era gato puede ser perro o lo que puede ser gato o perro puede ser un ave o cualquier otro animal que vuele. Debiera maravillarme porque, lo que se cree que es, no es. No puedo. ¿Acaso me maravilla que tú no seas lo que tu esposo cree que eres? ¿Acaso me maravilla no ser lo que mi esposa cree que soy? Tu animalejo es un cínico, nada más. Un cínico ejercitado.

Antonio Di Benedetto

Sin mochila.

Sin mochila.

Sin mochila, con su falda mejicana (llena de lentejuelas) como único equipaje, y la blusa resbalando por sus hombros, hace el camino de tierra. Ha crecido su pelo, que cae suelto por la espalda. Allí al frente, asomándose a sus ojos, el arco iris. Sabe que esta vez va a conseguir trepar por el, y con sus pies, trenzará una melodía con los siete colores.

No necesita compañía para el viaje, la brisa camina a su lado, tiene los mimos del sol que nunca deja de abrazarla.

Atrás van quedando las casas, ahora se suceden los árboles, mientras el bosque la acoge. Sus pies avanzan ligeros, sin dejar huella. La que antes era ignorada, ahora se tornó invisible. No cualquiera podrá apreciar el brillo de las lentejuelas de su falda.

Sakkarah

Canto al amor.

Canto al amor.

El amor navega sobre las olas del tiempo

y navega sobre el olimpo de nuestras vivencias.

El amor se transforma en ese efímero instante

que penetra en el tic-tac de los segundos.

El amor no es ocurrente ni pasajero,

es audaz en su supervivencia.

El amor surge de sus aplastantes reveses

desafiando sus propias contradicciones.

El amor no se apaga como una luz,

brilla como un astro en el centro de la existencia.

El amor es la fiebre espiritual sin medicinas

ni diagnósticos.

El amor es eterno en su procreación

abriendo todas las páginas.

El amor es entonces la cárcel de nuestros

deseos, la libertad de nuestra imaginación,

es toda nuestra gloria resumida en un acto,

es ya el momento cumbre de la vida hecha

resignación detrás de su eco.

Ali Salem Iselmu

                                                                     

 

¿Cuánto...?

¿Cuánto...?

¿Cuánto dura un sueño?

En mi...un instante. Escuchar una música, cerrar los ojos, imaginar una persona, y yo en sus brazos. Después, con miedo, abrirlos corriendo. Sí, con miedo a perderme en un sueño irrealizable.

Siempre tuve facilidad para soñar, la misma que tuve para cargarme los sueños. Imagino que para todo hay que tener arte, y yo, a pesar de mi edad, aún voy en el camino de encontrar para qué lo tengo.

No pasa nada, unos persiguen una meta, yo persigo encontrar la fórmula de hacer las cosas como se deben hacer.

Y es que perseguir, se pueden perseguir tantas cosas...Unos persiguen conejos, otros saciar su sed de sangre, otros juzgar al resto, otros descargar en los demás sus frustraciones...Podríamos seguir nombrando eternamente.

Me quedo con una música, y un torso para apoyar mi cabeza.

Sakkarah

Me gustan...

Me gustan...

Me gustan las historias de naufragios, tengo la sensación de que pertenecen al mundo de los sueños. Al leer sobre ello, la imaginación enseguida vuela a sus últimos momentos, o a sus fastuosidades de a bordo cuando iba en calma.

Leo lo de El cisne negro, y la dispu.ta de la empresa de Estados Unidos con España. Aunque el barco no era español, transportaba en su gran mayoría dinero nuestro, la paga de los soldados españoles que estaban en Flandes. Además ha sido encontrado en aguas Españolas. Este barco había repostado en Cádiz. Se hundió en 1.641 y su nombre verdadero era Merchant Royal.

Murieron 18 de sus hombres de los cuales...nada quedará, quizá su espíritu por las aguas, o a lo mejor quedaron alojados en el corazón de las sirenas, quien sabe.

La embarcación dicen que portaba 100.000 monedas de oro, 400 lotes de plata mexicana y 500.000 monedas de plata. Parte pertenecería a España. Imagino los pobres soldados de Flandes pasando penurias, por el retraso de sus sueldos.

Tiene que ser una pasada ser submarinista, y ver aparecer los lingotes de oro y plata, además de otros restos; pero a la vez, tendría un miedo terrible a perder el aire y ahogarme allí. Aunque quien sabe si alguno de los que perecieron de la tripulación vendría a tomarme de la mano para llevarme con él...Me lo imaginaré guapo.

Sakkarah

Leí...

Leí...

Leí que alguien decía que somos flores y estamos llamados a aromar la tierra...¡Se necesita fe! Yo aún tengo un poco, pero no tanta como para pensar que somos flores. Casi se podría decir que ni aun a cardos llegamos muchas veces.

Lo que si es cierto, es que la mayoría de nuestras dolencias provienen de nuestro carácter, de nuestras acciones. No estar en paz con nosotros mismos, ni con el resto, genera una serie de molestias importantes. Incluso la mayoría de los llamados virus, no son otra cosa que la consecuencia de nuestro mal estar.

A veces quisiera recuperar parte de esa fe que ya perdí; pero es mejor que tenga menos, porque a la ingenuidad le llueven estacazos. De esta forma, al menos, los espero.

Sakkarah

En su locura...

En su locura...

 En su locura se olvidó de medio mundo.
El perro la comprendía, siendo en soledad, su compañía.
Los diarios golpean sus ojos ciegos con grandes titulares.

Alrededor de los pies, en el suelo, cenizas
Todos los recuerdos consumidos
Ardió la vida y no quedan ni pavesas.

Hace un solitario sobre la mesa,
Sigue perdiendo en la baraja
Los naipes se alargan como sueños muertos

Sombras, los pasos del silencio
El vacío enloquece en sus oídos,
Y una nana toca a muerto

Sakkarah

Abrí...

Abrí...

Abrí la parte de arriba de la puerta, y el patio parecía de plata. Invadido por la luna llamaba al viaje, a la fantasía. Subí a vestirme, algo me empujaba a pasear, a perderme por los caminos del miedo.

Las casas dormían sus fantasmas, y sus piedras estiraban sus bocas silenciosas, comunicándose con su lenguaje mudo. El río susurraba su canción eterna, dejando entrever el secreto de sus ahogados.

Mis pasos dudaban, todo mi cuerpo era atenazado por el miedo, pero una voz lejana, casi inaudible, me llamaba. Nada podía pararme ante su voz aún desconocida. Sólo era un sonido del alma.

Las estrellas rutilaban al unísono de mis temores, acompasando mi pulso. Mis pies iban adquiriendo alas mientras la piel de mis labios ardía. Allí al fondo, entre luces y sombras, rodeado de niebla, él. Sus brazos me aguardaban para el abrazo, sólo quedaba fundirme, desintegrarme en amor.

Mi pelo pudo sentir la ternura de su pecho; mi torso, sus manos mientras mi corazón paraba. El vacío me inundó mientras otra, en su estela, se llevaba mi luz. Mi soledad latía en la oscuridad, por siempre, y yo ya no temí a los lagartos. En la humedad del suelo me tendí me abandoné a esta muerte.

Sakkarah