El poder siempre ofrece sus escaños para que los hombres suban. A cada escaño le corresponde una corona de laureles que conecta con el narcisismo, despotismo, y egoísmo. La sabiduría adquirida con cada fracaso por el pueblo, por cada uno de nosotros, no nos libra de seguir desfilando camino de ocuparlos.
Aún no termino de explicarme, como el hombre, se siente bien cuando sabe que tiene al resto bajo sus pies. ¿Por qué creerse importante en esas situaciones? Supongo que en el fondo, corremos tras la adulación, y nos importa demasiado que piense el resto de nosotros. Hay un tipo de alabanzas que no son naturales, que se compran, pero aún sabiéndolo, nos queremos hacer con ellas a costa de lo que sea.
Es como si todos fuéramos capaces de vendernos por un plato de lentejas, y seguramente, el regusto que deja, debe ser amargo.
Me gusta lo secreto, y hay veces que te has pasado años tras el misterio, con la ilusión de encontrar un tesoro. Un día, se hace la luz, y te das cuenta que lo que hay detrás de la intriga es algo ruin, que los velos de lo oculto sólo eran capas que intentaban tapar algo sucio.
Suele pasar que lo que menos vale, se debe cubrir con ínfulas extrañas para no dejar ver su miseria.
No, no siempre es bueno correr tras lo enigmático. La desilusión es descomunal.
Me quedé admirando el retablo desde fuera, y he dado el paso decisivo. Ahora he pasado aformar parte de las tallas hieráticas, de corazón frío y feliz.
Hago frente a la vida desde otra perspectiva, desenrollada de la venda que cuelga del bolsillo de tu camisa. He roto el lazo que me sostenía colgando en un mundo ocupado, sin espacio para un sentimiento como el mío. Me columpiaba en desprecios, y la noche me arropaba con tu indiferencia.
Tu boca se seguirá prodigando, sedienta siempre de nuevos placeres; pero mis oídos han dejado de escuchar, no se mueven mis celos por el eco. He pasado a formar parte de este vacío que resalta la piedra de mi ser. Se ha roto la clepsidra, pero conservaré la pieza que midió mi gran amor.
Aún refulges en la oscuridad, Un pequeño destello de tu luz, no se apaga; pero mi viaje continúa a donde no se ocultan los soles, donde cada estrella se hace cercana. No dejo por ello de mirarte lejano, a sabiendas de todo lo que bajo tu luz se posa. Ya no importa, descubrí que todo el mundo tiene luz propia, y que hay más claridad donde se posan menos sombras.
El camino es seda bajo mis pies, que vuelan. El horizonte es claro, pues sé hacia donde me dirijo. Hoy el aplomo me sostiene.
Peregrina me alejé de tu vida, sin estelas, sin huellas. Con una retórica encaminada al silencio. Me quejé, pataleé, y el cansancio me hizo desistir. Hoy ya la vida me dio nuevo aliento.
El céfiro me empuja sin darme tregua, y yo me dejo.
Tu beso tembloroso y programa doble, cinco pesetas en el momento justo nos enchufaban con la linterna. Cuántos atardeceres por las callejas sin darnos tregua que distintos los besos cuando pasabas de ir a la escuela.
Del beso aquel de Judas que descubrimos sin darnos cuenta junto a los corazones atravesados por una flecha. Cuando tir´ su anillo el agua del róso se volvió negra. Esto hace treinta y cinco y jamas he vuelto a pisar su acera.
A dónde irán los besos que guardados que no damos, dónde se va ese abrazo sino llegas nunca a darlo Dónde irán tantas cosas que juramos un verano. Bailando con la orquesta prometimos no olvidarnos.
Y el beso que te llega en aquella carta que nunca esperas como no está firmada miras distinto a las compañeras. Todo el francés que supe y que sabré nunca fue culpa de ella. La llamaban Bebé y yo la ví en ballet de "Se fue a la guerra".
A dónde irán los besos que guardados que no damos, dónde se va ese abrazo sino llegas nunca a darlo Dónde irán tantas cosas que juramos un verano. Bailando con la orquesta prometimos no olvidarnos.
Sobre el río duerme la sombra, y los lirios se esconden a su orilla. Pasa la tarde con el sol vigilante. El agua corre rumorosa, ocultando sus secretos en las terrosas cuevas de su orilla.
Un amor ahogado se mece en la superficie, nadie repara en su agreste forma de flor marchita. Sus azules son tenues y asfixiados. Pálidos yacen sus amarillos, que corren hacia el mar para hacerse plancton dispuesto a ser devorado.
La noche llega negra, con sabor a ausencia, y loca, todo lo recorre sepultando los soles, engullendo la luz. Ha llegado el silencio a adueñarse de las madreselvas.
Sobre una pared rugosa empezó la historia. El lenguaje de las manos, de la mirada que lo escruta todo. El hombre necesitaba reflejar su sentimiento ante las cosas.
Eran otros ritmos los que marcaban su felicidad, pero no por ello estaba abandonado de la sensibilidad. Cada figura agreste hacía huella en su corazón, cada golpe a la piedra hacía eco en su alma. Su mirada, fija en el horizonte, no podía adivinar el hoy; pero una semilla de ese gran sueño se gestaba entre sus venas.
Velaba a sus muertos apuntalando un menhir alargado como el anhelo de la infinitud. A edad temprana, ya la vida se le presentaba caduca, pero no por ello dejaba que ensombreciera su quimera, a la que daba el nombre de eternidad.
Al llegar la noche, junto a los juncos del río, enterré al amor vivo. El me calcinaba el alma, y arrastraba mi ceniza por violentas espirales. Las chispas del dolor, como lluvia me empapaban. Y el odio estuvo a punto de alcanzarme, convirtiéndome en roca.
Hoy renazco, y perdida me encuentro en tan novedosa estadía. La serenidad avanza, cautelosa, a mi encuentro. Un réquiem lejano invade el espacio. Vuela el amor, espíritu incorpóreo, dejándose arrastrar hacia las incesante brumas.
En la palabra te enredabas en mil formas, y crecían los montones de las cenizas muertas. Adorabas a una diosa ajada, un bicho de mil cabezas.
A tu paso no reparaste que yo estaba en el suelo, y al ras del asfalto quedé invisible, aplastada por tu pie. Llovía azufre sobre mí, el babeo de las lenguas de tu diosa salpicaba el alma.
Tus letras tomaban el rumbo de los títeres. Los hilos te sujetaban haciéndote bailar. Y yo me extendía en sentimientos aislada en la soledad oscura donde quedé esperando. Y esperaba la nada. Hoy he abierto tu corazón, he mirado y está vacío. En tu mente una actividad fatal de desenfreno. Una rueda giratoria de sexo sin color, sin norte. Una fijación que sólo será colmada en las mil y un cabezas del monstruo de azufre.
A las personas se las conoce, no sólo por lo que hacen, sino que también por lo que dicen; y si dicen y no hacen…se las conoce aún mejor.
Somos como moscas atrapadas en tela de araña, necesitamos de la historia de nuestros pueblos, de nuestros antepasados, de los recuerdos. Son hilos sutiles a los que vamos siempre atados. Damos pasos hacia delante, pero en seguida tiramos del hilo del pasado, paro no romperlo. Es como si necesitáramos apoyos, bases, ejemplos.
No somos autosuficientes, somos siempre apéndices de algo.
Poseía pocas cartas de él. No fue pródigo en palabras. Sólo las de rigor, esas que son necesarias para hacerse con la presa; pero ella las guardaba como el mayor de los tesoros.
Era el suyo un amor secreto, y al no quererse deshacer de ellas, decidió buscarles el lugar más seguro. Poco tiempo le costó hacerse un hueco en la pared. Ni los mejores albañiles dejarían un nicho tan bien hecho. Debía correr el armario el día que sintiera necesidad de su lectura; pero todo esfuerzo merecía la pena por tan gran placer.
Había pasado el tiempo, y una necesidad imperiosa de aquellas letras, la hizo ir a reencontrarse con ellas. Él no la amaba, y en un gesto inútil, ella quería vivir de un recuerdo absurdo basado en la mentira.
Su sorpresa, y desolación no se hicieron esperar, al ver un amasijo de cemento y papel. No había ni una sola letra que se pudiera salvar, ya no le quedaba ni un recuerdo a donde agarrarse. Su vecino, al taladrar para colgar un plato artesanal, se pasó con el taladro, y muy diligente, reparó el desaguisado sin darse cuenta que a ella la dejaba sin pasado.
Ya no tenía ayer, ni quería futuro; y ese maldito presente se le antojaba eterno Sus ojos vidriados quedaban perdidos, mientras sus dedos, día y noche, despacio, y con una ternura enajenada, acariciaban la pared.
Gonna tell aunt Mary, ’bout uncle John, He claim he has the misery but he’s havin’ a lot of fun, Oh baby, yes baby, woo baby, havin’ me some fun tonight.
Well, long tall Sally, she’s built for speed, She’s got everything that uncle John need, Oh baby, yes baby, woo baby, havin’ me some fun tonight. [ Letras de Canciones encontraron en es.mp3lyrics.org/53Ay ]
Well, I saw uncle John with bald headed Sally, He saw aunt Mary coming and he ducked back in the alley, Oh baby, yes baby, woo baby, havin’ me some fun tonight.
We’re gonna have some fun tonight, We’re gonna have some fun tonight, Woo, have some fun tonight, Everything’s all right, Have some fun, have me some fun tonight!
Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda, medio par de zapatos de clown y un alma en almoneda, una hispano olivetti con caries, un tren con retraso, un carné del Atleti, una cara de culo de vaso, un colegio de pago, un compás, una mesa camilla, una nuez, o bocado de Adán, menos una costilla, una bici diabética, un cúmulo, un cirro, una strato, un camello del rey Baltasar, una gata sin gato, mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero, mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros, mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas, el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa. Mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera, una lámpara de Alí Babá dentro de una chistera, no sabía que la primavera duraba un segundo, yo quería escribir la canción más hermosa del mundo. Les presento a mi abuelo bastardo, a mi esposa soltera, al padrino que me apadrinó en la legión extranjera, a mi hermano gemelo, patrón de la merca ambulante, a Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante, al putón de mi prima Carlota y su perro salchicha, a mi chupa de cota de mallas contra la desdicha, mariposas que cazan en sueños los niños con granos cuando sueñan que abrazan a Venus de Milo sin manos. Me libré de los tontos por ciento, del cuento del bisnes, dando clases en una academia de cantos de cisne, con Simón de Cirene hice un tour por el monte Calvario, ¿qué harías tú si Adelita se fuera con un comisario? Frente al cabo de poca esperanza arrié mi bandera, si me pierdo de vista esperadme en la lista de espera, heredé una botella de ron de un clochard moribundo, olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo. Nunca pude cantar de un tirón la canción de las babas del mar, del relámpago en vena, de las lágrimas para llorar cuando valga la pena, de la página encinta en el vientre de un bloc trotamundos, de la gota de tinta en el himno de los iracundos. Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo.
Una cadena invisible, cortada en algunos tramos, pero inexplicablemente continua a pesar de ello, une a los que conservan aún, corazón entre los humanos.
Aquel niño que lo tomaba todo de la vida, y que lo absorbía todo con expresión de sorpresa, fue muriendo en los adultos, y el despertar nos fue añadiendo la malicia, las envidias, la avaricia…Hemos llegado al “todo vale” por conseguir lo nuestro, y somos seres sociales para lo que nos conviene.
Pero, por suerte, la música aún nos puede tocar el alma, y hacernos vibrar. Aún vive algún sentimiento, aunque a veces queden rezagados en lo más recóndito.
El viento, a veces, nos insufla estímulos en el alma.
Últimamente, estuve preguntándome ¿Quién estará allí tomando mi lugar? Cuando vaya, necesitarás amor Para iluminar las sombras sobre tu cara Si una gran sombra debería caer Caería sobre todos nosotros Y entre la arena y la piedra ¿Podrías hacerlo por ti misma?
Si pudiera lo haría Iré dondequiera que vayas Hacia arriba o hacia abajo Iré dondequiera que vayas
Y tal vez, encontraré El camino para volver algún día Para mirarte, para guiarte A través de la oscuridad de tus días Si una gran sombra debería caer Caería sobre todos nosotros Bien, espero que haya alguien allá afuera Quien pueda volverme a ti
Si pudiera lo haría Iré dondequiera que vayas Hacia arriba o hacia abajo Iré dondequiera que vayas
Escapar con mi corazón Escapar con mi esperanza Escapar con mi amor
Yo sé, realmente como Mi vida y amor aún deben continuar En tu corazón y en tu mente Estaré contigo todo el tiempo
Si pudiera lo haría Iré dondequiera que vayas Hacia arriba o hacia abajo Iré dondequiera que vayas
Si pudiera volver el tiempo Iría dondequiera que vayas Si pudiera hacerte mía Iría dondequiera que vayas
A cada rato aporreaban la puerta, y Marina se levantaba a abrir. Siempre se encontraba con que tras ella no había nadie. Eran los fantasmas que no la dejaban tranquila. Podía no levantarse, pero siempre guardaba, en lo más recóndito, la esperanza de una visita.
Era muy especial, tanto que vivía encerrada en una caracola de mar. En lo más profundo y oscuro estaba ella, con su oído puesto, escuchándolo todo; y ese todo, dolía. No era precisamente una antigualla, pues su mente era abierta para mirar el mundo; pero su vida se desarrollaba en un círculo especial que un día se trazó. No resistía su corazón un desvío.
Se sentía bella en su soledad, y horriblemente fea en la mirada de otro; por esa razón, poco a poco, se fue fraguando en su mente la retirada del mundo. Ya sólo la perturbaban esas llamadas de fantasmas, que eran el único vínculo que sostenía con la realidad.