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Sakkarah

Escritores y poetas.

Te quiero.

Te quiero.

yo ya te procuraba.

Yo te he llamado
cuando solo sonaba la voz del viento.
Cuando el silencio llamaba a las palabras,
yo ya te llamaba.

Yo te he enamorado
cuando el amor era una hoja en blanco.
Cuando la luna enamoraba las altas cumbres,
yo ya te enamoraba.

Siempre,
desde la nieve de los tiempos,
yo, en tu alma.

Luis Cernuda

Un sueño dentro de un sueño.

Un sueño dentro de un sueño.

¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño.

Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¿Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?

EDGAR ALLAN POE

Oda

Oda

Para ser grande, sé entero: nada
Tuyo exageres o excluyas.

Sé todo en cada cosa.

Pon cuanto eres

En lo mínimo que hagas,

Por eso la luna brilla toda

                              En cada lago, porque alta vive.

Fernando Pessoa

Silogismos de amargura.

Silogismos de amargura.

El pesimista debe inventarse cada día nuevas razones de existir: es una víctima del «sentido» de la vida.

En este «gran dormitorio», como llama un texto taoísta al universo, la pesadilla es la única forma de lucidez.


 

Para vengarnos de quienes son más felices que nosotros, les inoculamos -a falta de otra cosa- nuestras angustias. Porque nuestros dolores, desgraciadamente, no son contagiosos.

Fuera de la dilatación del yo, fruto de la parálisis general, no existe ningún remedio contra las crisis del abatimiento, contra la asfixia de la nada, contra el horror de no ser más que un alma dentro de un salivazo.

Aunque pudiera luchar contra un ataque de depresión, ¿en nombre de qué vitalidad me ensañaría con una obsesión que me pertenece, que me precede?. Encontrándome bien, escojo el camino que me place; una vez «tocado», ya no soy yo quién decide: es mi mal. Para los obsesos no existe opción alguna: su obsesión ha elegido ya por ellos. Uno se escoge cuando dispone de virtualidades indiferentes; pero la nitidez de un mal es superior a la diversidad de caminos a elegir. Preguntarse si se es libre o no: bagatela a los ojos de un espíritu a quien arrastran las calorías de sus delirios. Para él, ensalzar la libertad es dar pruebas de una salud indecente. 
¿La libertad? Sofisma de la gente sana.

En la Antigüedad, el filósofo que no escribía, pero pensaba, no se exponía al desprecio; desde que nos postramos ante la eficacia, la obra se ha convertido en el absoluto del vulgo; a quienes no producen se les considera «fracasados». Sin embargo, esos «fracasados» habrían sido los sabios de otros tiempos; ellos rehabilitarán nuestra época por no haber dejado trazas en ella.

En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrían a eructar.

Emile Cioran

Acto creativo.

Acto creativo.

Por el huevo roto en el suelo
Por el 5 de julio
Por el pez en la pecera
Por el viejo de la habitación nº 9
Por el gato sobre el muro

Por ti mismo

No por la fama
Ni por el dinero

Tienes que seguir luchando

Cuanto te haces viejo
Disminuye el atractivo

Es más fácil cuando se es joven

Cualquiera puede alcanzar
Las alturas alguna que otra vez

La clave consiste en
Resistir

Cualquier cosa que sirva
Para que

Esta vida siga bailando
Frente a 
Doña Muerte

Bukowski

Pasa y olvida.

Pasa y olvida.
Peregrino que vas buscando en vano
un camino mejor que tu camino,
¿cómo quieres que yo te dé la mano,
si mi signo es tu signo, Peregrino?
No llegarás jamás a tu destino;
llevas la muerte en ti como el gusano
que te roe lo que tienes de humano...
¡lo que tienes de humano y de divino!
Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante!
Todavía te queda muy distante
ese país incógnito que sueñas...
Y soñar es un mal. Pasa y olvida,
pues si te empeñas en soñar, te empeñas
en aventar la llama de tu vida.

Rubén Darío

Tengo...

Tengo...
Tengo siempre a mi amada anhelante entre los brazos, 
mi corazón se estrecha siempre con fuerza a su pecho, 
mi cabeza se apoya siempre en sus rodillas, levanto la vista 
buscando su boca, sus ojos. 
"¡Débil!", me diría alguien. "¿Y así pasas tus días?" 
Ah, no tienes idea qué mal los paso. Escucha lo que me sucede: 
para mi desgracia, le di la espalda a la única alegría de mi vida; 
desde hace veinte días me lleva a rastras este coche. 
Me desafían Vetturine , me halaga el tesorero, 
y el criado del lugar trama mentiras y engaños. 
Si quiero escapar el jefe del correo me entretiene. 
Los carteros son los amos, y luego los aduaneros. 
"No te entiendo, te contradices. En el paraíso estabas, al parecer,  
feliz como Rinaldo".
Ah, yo me entiendo muy bien: mi cuerpo está de viaje, 
pero mi espíritu reposa ahora y siempre 
en el regazo de mi amada.
 
Johann Wolfgang von Goethe 
 
 

Pon...

Pon...

Pon tu frente sobre mi frente y tu mano
en mi mano.
Y hazme los juramentos que romperás
mañana.
Y lloremos hasta que amanezca,
mi pequeña fogosa.

Paul Verlaine

Noche de amor insomne

Noche de amor insomne

Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadenas.

Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tu por hondas lejanías
sobre tu débil corazón de arena.

La aurora nos unió sobre la cama,
las bocas puestas sobre el chorro helado
de una sangre sin fin que se derrama.

Y el sol entro por el balcón cerrado
y el coral de la vida abrió su rama
sobre mi corazón amortajado.

García Lorca

Oscura casa

Oscura casa

Oscura casa: otra vez vuelvo aquí
a tu lado, a esta larga calle inhóspita,
puertas donde mi corazón se acostumbró
a palpitar esperando una mano,

Una mano que ya no podré estrechar.
Mírame, pues no puedo dormir
y como un condenado me arrastro
muy de mañana hasta la puerta.

Él no está aquí; pero a lo lejos
comienza de nuevo el rumor de la vida
y como un espectro entre la lluvia
por las calles desiertas rompe el nuevo día.

Alfred Lord Tennyson

Nocturno

Nocturno

Cada mañana, al despertar, resucitamos;
porque al dormir morimos unas horas
en que, libres del cuerpo, recobramos
la vida espiritual que antes tuvimos
cuando aún no habitábamos la carne
que ahora nos define y nos limita,
y éramos, sin ser, misterio puro
en el ritmo total del Universo.

Porque al dormir morimos sin saberlo;
nos vamos al espacio en ágil vuelo
sin perder la unidad que nos integra,
y somos como somos: idénticos, sin cambio,
extensos y desnudos
como el azul en el temblor del aire.
No extrañamos el cuerpo; no sufrimos
la ausencia de la piel que nos cobija;
somos como antes de nacer: etéreos,
vivos en plenitud de firmamento
y penetrantes como luz en sombras.

Y nadie, cuando duerme, acaso piense
que yace en los dominios de la muerte:
porque el cansancio, apenas agonía,
nos borra la razón,
desciende con ternura nuestros párpados,
apaga nuestros ojos,
anestesia la carne y nos separa de ella
para dejarnos vivos en el sueño.

Y esta costumbre de morir a diario,
sin dolor, sin sorpresa,
natural como el agua
que se deja atraer por el declive,
no nos deja pensar que es una muerte
cada vez que dormimos,
y que, de cada muerte transitoria,
aprende nuestro ser
la verdad de morir su muerte eterna.



Elías Nandino

Aforismos

Aforismos

"La dulzura es un descenso de violetas por el surco de un párpado".

"El amor perjudica seriamente la razón".

"Cambio un adjetivo por dos besos clandestinos".

"La soga es una corbata para valientes".

"No hay aristas en los ángulos de mi tristeza. "

"Bajo una cintura de tierra hay semillas de orfandad. "

"En los manuales del viento falta un índice de nubes."

"Bajo los pétalos de la noche acecha una apoteosis de violoncelos."

"Mi nacimiento fue el primer paso de una pérdida. "

"Hay un hospicio de tinta para acentos perdidos. "

"La prórroga es el paréntesis de la paciencia."

"Para mis campanas quiero un presagio de nieve; para mi camino un salario de relámpagos. "

José Antonio Conde

 

Yo no jane.

Yo no jane.

Yo no Jane, yo mujer con labios que ya han hecho maletas.
Tu dejar sueños sin código pin y con anemia,
tu convertir cama mía en cementerio de Kleenex,
tu tener corazón de sintasol que "Autoridades Sanitarias advierten,
perjudica seriamente mi salud"...
Yo no buscar más en libro de instrucciones entenderte
yo no dejar tu fabriques con mi piel más regresos,
yo poner cero en cuenta kilómetros de corazón
y tirar nombre tuyo por desagüe.
Yo no Jane, yo mujer uñas mordidas
yo mujer al borde de tu ausencia,
en esta noche triste, como una escalera mecánica.

Olga López Portela

Casida de la muchacha dorada.

Casida de la muchacha dorada.

La muchacha dorada
se bañaba en el agua
y el agua se doraba.

Las algas y las ramas
en sombra la asombraban
y el ruiseñor cantaba
por la muchacha blanca.

Vino la noche clara,
turbia de plata mata,
con peladas montañas
bajo la brisa parda.

La muchacha mojada
era blanca en el agua,
y el agua, llamarada.

Vino el alba sin mancha,
con mil caras de vaca,
yerta y amortajada
con heladas guirnaldas.

La muchacha de lágrimas
se bañaba entre llamas,
y el ruiseñor lloraba
con las alas quemadas.

La muchacha dorada
era una blanca garza
y el agua la doraba.

Federico García Lorca

Amor, mi corazón anhela noche y día estar contigo;

El encuentro, como la muerte,

todo lo devora.

Arrebátame como una tormenta;

llévate todo lo que poseo;

penetra en mi mente dormida

y roba mis sueños…

Prívame de mi mundo.

Seamos uno en la belleza,

en la devastación,

en la desnudez profunda del espíritu.

( R. Tagore )

Historia de mi muerte.

Historia de mi muerte.

Soñé la muerte y era muy sencillo;
Una hebra de seda me envolvía,
Y a cada beso tuyo,
Con una vuelta menos me ceñía
Y cada beso tuyo
Era un día;
Y el tiempo que mediaba entre dos besos
Una noche. La muerte era muy sencilla.
Y poco a poco fue desenvolviéndose
La hebra fatal. Ya no la retenía
Sino por sólo un cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría
Y ya no me besaste...
Y solté el cabo, y se me fue la vida

Leopoldo Lugones

Cada quien con su quimera.

Cada quien con su quimera.

Bajo un vasto cielo gris, en una gran llanura polvorienta, sin sendas, sin hierva,sin cardos sin ortigas, encontré varios hombres que andaban encorvados.

Cada uno llevaba sobre su espalda una enorme quimera,tan pesada como saco de harina o carbón, o el correaje de un infante romano.

Pero la monstruosa bestia no era peso inerte; por el contrario, envolvía y oprimía al hombre con sus músculos elásticos y poderosos; se agarraba con sus dedos vastas garras al pecho de su montura, y su cabeza fabulosa superaba la frente del hombre, como aquellos cascos horribles con los que antiguos guerreros
esperaban provocar más terror en el enemigo.

Interrogue a uno a dónde iban así. Repuso que no sabían nada, ni él ni los otros, pero que evidentemente iban hacia alguna parte, pues estaban impelidos por una necesidad de caminar.

Curiosa anotación: ninguno de los viajeros tenía aire de estar irritado contra la bestia feroz, colgada de su cuello y pegada a su espalda; se diría que la consideraban parte de sí mismos. Estos rostros cansados y serios no testimoniaban ninguna desesperación; bajo la tediosa cúpula del cielo, los pies hundidos en el polvo de una tierra tan desolada como este cielo, caminaban con el aspecto resignado a quien está condenado a esperar siempre.

Y el cortejo pasó junto a mí y se hundio en el atmósfera del horizonte, por el sitio donde la superficie redondeada del planeta se oculta a la curiosidad de la mirada humana.

Por instantes me obstiné en comprender este misterio, pero pronto la irresistible indiferencia se apodero de mí, y fui abrumado con más peso que ellos mismos con sus quimeras aplastantes.

Charles Baudelaire

He aquí...

He aquí...

He aquí que tú estás sola y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.
Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.


Jaime Sabines

Amor de mis entrañas...

Amor de mis entrañas...

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

Federico García Lorca

Lo inefable.

Lo inefable.

Yo muero extrañamente... no me mata la vida,
no me mata la muerte, no me mata el amor;
muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevásteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?

¡Cumbre de los martirios...! ¡llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas como un diente feroz!

Pero arrancarla un día en una flor que abriera
¡milagrosa, inolvidable!... ¡Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!

Delmira Agustini