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Sakkarah

Capturada

Capturada

Capturada en un sueño, he recorrido billones de pasillos transparentes sin encontrar la salida. Sé que estoy a punto de alcanzarla, y aún miro atrás. Le veo empecinado en su quimera, lo que vuelve a empujarme en caminar hacia el fin.

Nadie me devolverá la caricia perdida, ni la palabra soñada. Aquellas que estaban sepultadas mucho antes de nacer. Mi tiempo se hizo amor, sólo fue eso. Se me hizo imposible dejar un poema en un beso muerto.

Si la verdad vence siempre, me tenderá su mano sin haber encontrado yo aún la puerta, y pegaré la vuelta para seguir anocheciendo cada día en sus ojos; para ir perdiéndome en su sueño, mientras mis dedos mueren enredándose en su pelo.

Sakkarah

abderramán III.

abderramán III.

El califa Abderramán III (siglo X) construyó, por amor a su esposa Zahra, una ciudadela, Madinat al-Zahra, conocida hoy como Medina Azahara, a 7 Km. de Córdoba (España), donde trasladó la espléndida corte de los califas. Esta ciudad palatina, con jardines, fuentes, piscinas... fue un recinto de ensueño. El amor, llevó a Abderramán a rodear la ciudadela de almendros con la intención de que sus flores blancas aliviaran la añoranza que sufría su esposa de las cumbres nevadas de su tierra natal. Esta obra duró poco, ya que fue arrasada pocos años después de su construcción.

Desconocido

El ultimo rincón.

El ultimo rincón.

 El último y el primero:
rincón para el sol más grande,
sepultura de esta vida
donde tus ojos no caben.

Allí quisiera tenderme
para desenamorarme.

Por el olivo lo quiero,
lo persigo por la calle,
se sume por los rincones
donde se sumen los árboles.

Se ahonda y hace más honda
la intensidad de mi sangre.

Los olivos moribundos
florecen en todo el aire
y los muchachos se quedan
cercanos y agonizantes.

Carne de mi movimiento,
huesos de ritmos mortales:
me muero por respirar
sobre vuestros ademanes.

Corazón que entre dos piedras
ansiosas de machacarte,
de tanto querer te ahogas
como un mar entre dos mares.
De tanto querer me ahogo,
y no me es posible ahogarme.

Beso que viene rodando
desde el principio del mundo
a mi boca por tus labios.
Beso que va a un porvenir,
boca como un doble astro
que entre los astros palpita
por tantos besos parados,
por tantas bocas cerradas
sin un beso solitario.

¿Qué hice para que pusieran
a mi vida tanta cárcel?

Tu pelo donde lo negro
ha sufrido las edades
de la negrura más firme,
y la más emocionante:
tu secular pelo negro
recorro hasta remontarme
a la negrura primera
de tus ojos y tus padres,
al rincón de pelo denso
donde relampagueaste.

Como un rincón solitario
allí el hombre brota y arde.

Ay, el rincón de tu vientre;
el callejón de tu carne:
el callejón sin salida
donde agonicé una tarde.

La pólvora y el amor
marchan sobre las ciudades
deslumbrando, removiendo
la población de la sangre.

El naranjo sabe a vida
y el olivo a tiempo sabe.
Y entre el clamor de los dos
mis pasiones se debaten.

El último y el primero:
rincón donde algún cadáver
siente el arrullo del mundo
de los amorosos cauces.

Siesta que ha entenebrecido
el sol de las humedades.

Allí quisiera tenderme
para desenamorarme.

Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, nadie

(Miguel Hernandez)

El mar...

El mar...

 El mar, como tapiz donde el amor resbala desde el delta del encuentro.

El marinero, encerrado en el camarote del alma,

mientras sus labios se posan en el esférico cristal evocando unos besos.

El corazón late como tormenta sobre las aguas

Palpita el incierto presente tomando vida.

Sakkarah

Sí es cierto...

Sí es cierto...

Sí es cierto que la causa de las cosas la podemos hallar en el pasado, pero no todo, simplemente algunas que respondan a una fijación importante. Las cosas que nos impactan nos dejan huella y aprendizaje.

Hay muchas formas de pasar la vida, una de ellas es ir adaptándonos a lo que nos presenta; la otra, mucho más rica, es intentando hacerse un sitio con nuestro sello y creatividad. Yo pienso que somos creadores, que tenemos una obra para continuar, y hay mucho por hacer, tanto como para lo que de la imaginación de cada uno. No obstante, perdemos mucho tiempo, aunque quizá no se pierda, ya que pensar es importante, o tomarse descansos. También, cada persona, tendrá su ritmo amoldado a sus circunstancias.

Sakkarah

Riesgo de amar.

Riesgo de amar.

No puede una lanzarse al amor
Como se tira a la piscina.
El agua amortigua el golpe,

El amor
Puede dejarte
Tetraplégica de por vida.

ÁNGELA SERNA

Si la distancia..

Si la distancia..

Si la distancia se mide por océanos, la nuestra no existe; sin embargo, ese mar que no vio en su arena nuestras pisadas juntas, nos separa. Nos separan todos los momentos no vividos.

Los días se siguen sucediendo con un ritmo melancólico. Derramas tus caricias en tu sueño, y haces vacío en el mío permitiendo que el eco de tu palabra se apodere de mi alma.

Líquidas se hacen tus palabras a mis ojos, resbalando por las paredes del olvido que se sigue haciendo invisible a mi búsqueda.

En tus apariciones, la cúpula del cielo viene a mis manos, y sujeto el universo con mis dedos. Los latidos en mi pulso se vuelven estrellas; pero tú llevas la lona que todo lo cubre cuando te alejas.

Sakkarah

Bajo la hierba.

Bajo la hierba.

Bajo la hierba yacen los secretos, en perpetuo silencio permanecen, despertando en las pisadas. La canción de la hierba, imperceptible para el viajero veloz, se desvive en el oído del que reposa, del que piensa y ama.

Los grillos intentan acallar el clamor de la hierba ante la señal de vida, ante el paso; y sólo la luna lo calma con su mirada penetrante de plata. Las piedras de esa ermita abandonada viven. Su corazón se agrieta con la sinfonía perpetua de la naturaleza, y allí, en su imaginario pecho, late la memoria.

Caminante, detente, calma tu amargura y vive respirando. Aquí corre el aire, y la luz no es violada por las sombras.

Sakkarah

Se me va el pensamiento...

Se me va el pensamiento...

Se me va el pensamiento a tiempos de los esclavos, y no lo concibo. No concibo que el hombre tuviera la idea de esclavizar al hombre, ni que ningún humano se sintiera con derechos sobre otro igual, y con tal convencimiento.

Imagino que los que nacieran ya bajo la condición de esclavos, lo asumirían con naturalidad, pero el asombro de su alma debería ser tremendo cuando advirtiesen la suerte de vida de sus ?amos?. Sus sueños siempre rondarían el poder vivir como ellos.

Lo peor de estos casos es que si ellos tuvieran la oportunidad de llegar a ser amos, a lo mejor seguían esclavizando. Pasa con los nuevos ricos, que se olvidan de su condición.

Es difícil entender este tipo de cosas, al igual que las jerarquías nacidas del poder o del dinero. No puedo entender que el hombre no considere al resto como iguales

Sakkarah

Ando ensimismada.

Ando ensimismada.

Ando ensimismada, y no me fijé en el cielo, ni en el frío. Me puedo olvidar de todo. La belleza y la tristeza se unen, como si fueran inseparables. No termina de reinar ninguna en mi vida.

Sé que pronto va a llegar el día que acuda ilusionada a algún lugar, pero no me preparo, no quiero volar como antes lo hacía, hasta acabar en todo, o nada. No quiero ser una figurita de porcelana que se rompa con facilidad, prefiero ser piel en otra piel.

El tiempo se ha hecho sabio en mi mente, y me dejaré arrastrar por el. Pasearé como una niña que, de las manos, la llevan en volandas. La izquierda me la da el tiempo, la derecha, la luz. Y así podré elevarme cada vez que ellos decidan tirar de mis brazos.

Me va gustando el camino.

Sakkarah 2-01-2008

Premio Amor perfekto.

Premio Amor perfekto.

Hoy me ha otorgado este premio, Minerva, una persona que siempre está llena de detalles y cariño para los demás. Me hace ilusión que alguien se recuerde de mi. Se lo agradezco en el alma.

Las bases de este premio:

Cada blog premiado debe exponer y exhibir el dibujo y a su autor, (correspondiente enlace), Premio "AMOR PERFEKTO" de Juan Kalvellido, http://www.kalvellido.net/ y hacer también referencias y enlace de quién lo entregó.

Cada blog premiado premiará a otros 5 bloqueros a los cuales considere que Buscan o intenten Crear con sus post el "Amor Perfekto", por su calidad artística, por su humanidad, por sus sentimientos...

El blog que entrega el premio hará saber a los premiados el punto 1 de estas bases.

Disfrutar del premio y de la amistad que nos une a todos/as en este mundo virtual aunque nadie sea perfekto.

Bueno, ahora me toca otorgar este premio a:

Mar

Viejofarero

Kathryne

Homero

Margot

Todos ellos lo merecen por su buen hacer, y por su forma especial de tratar el amor

 

Un continente...

Un continente...

Un continente tu piel para mis manos. Infinita la distancia que quiero recorrer con mi caricia. Un eco nos separa, es el abismo implacable que no salvas.

Quiere descansar este corazón agotado, y no le dejan los estertores de su agonía. No le dio tiempo a tomar altura, en su despegue ya se hirieron sus alas de fantasía. Ansia en su querer y no llegar, dolor en la impotencia, temor a la soledad eterna.

Jungla el camino hacia ti, impenetrable selva donde duermen todos mis misterios.

Sakkarah

Amar

Amar

Amar en un acto sereno de rendirse a la evidencia.
Amar sin más, sin entrega, sin palabra, sin respuesta;
pero amar.

Hay días que asemejan una eternidad,
y otros, inunda los ojos una cascada de luz,
por lo más nimio.

Mis manos se afanan en destruir muros,
mis ojos se asoman siempre.
No llego a bajar la muralla,
pero he aprendido a trepar para pasear la mirada.

Sakkarah

La importancia de la diferencia entre tener y ser.

La importancia de la diferencia entre tener y ser.

La alternativa entre tener que se opone a ser, no atrae al sentido común. Parece que tener es una función normal de la vida: para vivir, debemos tener cosas. Además, debemos tenerlas para gozarlas. En una cultura cuya meta suprema es tener (cada vez más), y en la que se puede decir de alguien que "vale un millón de dólares", (En inglés de los Estados Unidos, es la manera común de decir que tiene un millón de dólares. [T.]) ¿cómo puede haber una alternativa entre tener y ser? Al contrario, parece que la misma esencia de ser consiste en tener; y si el individuo no tiene nada, no es nadie.

Sin embargo, los grandes Maestros de la Vida han considerado la alternativa entre tener y ser como el punto más importante de sus respectivos sistemas. Buda enseña que para alcanzar la etapa más elevada del desarrollo humano, no debemos anhelar posesiones. jesucristo enseña: "Porque cualquiera que quisiera salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará. Porque ¿qué aprovecha al hombre, si se granjeara todo el mundo, y se pierda él a sí mismo, o corra peligro de sí?" (San Lucas 9:24-25). El Maestro Eckhart enseñó que no tener nada y permanecer abierto y "vacío", no permitir al ego ser un estorbo en nuestro camino, es la condición para lograr salud y fuerza espiritual. Marx enseñó que el lujo es un defecto, tanto como la pobreza, y que nuestra meta debe consistir en ser mucho, y no en tener mucho. (Me refiero aquí al verdadero Marx, al humanista radical, y no a la falsificación vulgar que presenta el comunismo soviético)

Durante muchos años he estado profundamente impresionado por esta distinción, y he buscado su base empírica estudiando concretamente individuos y grupos, mediante el método psicoanalítico. Lo que he observado me lleva a concluir que esta distinción, junto con la del amor a la vida y el amor a la muerte, representa el problema más crucial de la existencia. Los datos empíricos, antropológicos y psicoanalíticos, tienden a demostrar que tener y ser son dos modos fundamentales de la experiencia, las fuerzas que determinan la diferencia entre los caracteres de los individuos y los diversos tipos de caracteres sociales.

Erich Fromm.

La muerta.

La muerta.

¡La había amado desesperadamente! ¿Por qué se ama? Cuán extraño es ver un solo ser en el mundo, tener un solo pensamiento en el cerebro, un solo deseo en el corazón y un solo nombre en los labios... un nombre que asciende continuamente, como el agua de un manantial, desde las profundidades del alma hasta los labios, un nombre que se repite una y otra vez, que se susurra incesantemente, en todas partes, como una plegaria.

Voy a contarles nuestra historia, ya que el amor sólo tiene una, que es siempre la misma. La conocí y viví de su ternura, de sus caricias, de sus palabras, en sus brazos tan absolutamente envuelto, atado y absorbido por todo lo que procedía de ella, que no me importaba ya si era de día o de noche, ni si estaba muerto o vivo, en este nuestro antiguo mundo.

Y luego ella murió. ¿Cómo? No lo sé; hace tiempo que no sé nada. Pero una noche llegó a casa muy mojada, porque estaba lloviendo intensamente, y al día siguiente tosía, y tosió durante una semana, y tuvo que guardar cama. No recuerdo ahora lo que ocurrió, pero los médicos llegaron, escribieron y se marcharon. Se compraron medicinas, y algunas mujeres se las hicieron beber. Sus manos estaban muy calientes, sus sienes ardían y sus ojos estaban brillantes y tristes. Cuando yo le hablaba me contestaba, pero no recuerdo lo que decíamos. ¡Lo he olvidado todo, todo, todo! Ella murió, y recuerdo perfectamente su leve, débil suspiro. La enfermera dijo: "¡Ah!" ¡y yo comprendí!¡Y yo comprendí!

Me consultaron acerca del entierro pero no recuerdo nada de lo que dijeron, aunque sí recuerdo el ataúd y el sonido del martillo cuando clavaban la tapa, encerrándola a ella dentro. ¡Oh! ¡Dios mío!¡Dios mío!

¡Ella estaba enterrada! ¡Enterrada! ¡Ella! ¡En aquel agujero! Vinieron algunas personas... mujeres amigas. Me marché de allí corriendo. Corrí y luego anduve a través de las calles, regresé a casa y al día siguiente emprendí un viaje.

*

Ayer regresé a París, y cuando vi de nuevo mi habitación -nuestra habitación, nuestra cama, nuestros muebles, todo lo que queda de la vida de un ser humano después de su muerte-, me invadió tal oleada de nostalgia y de pesar, que sentí deseos de abrir la ventana y de arrojarme a la calle. No podía permanecer ya entre aquellas cosas, entre aquellas paredes que la habían encerrado y la habían cobijado, que conservaban un millar de átomos de ella, de su piel y de su aliento, en sus imperceptibles grietas. Cogí mi sombrero para marcharme, y antes de llegar a la puerta pasé junto al gran espejo del vestíbulo, el espejo que ella había colocado allí para poder contemplarse todos los días de la cabeza a los pies, en el momento de salir, para ver si lo que llevaba le caía bien, y era lindo, desde sus pequeños zapatos hasta su sombrero.

Me detuve delante de aquel espejo en el cual se había contemplado ella tantas veces... tantas veces, tantas veces, que el espejo tendría que haber conservado su imagen. Estaba allí de pie, temblando, con los ojos clavados en el cristal -en aquel liso, enorme, vacío cristal- que la había contenido por entero y la había poseído tanto como yo, tanto como mis apasionadas miradas. Sentí como si amara a aquel cristal. Lo toqué; estaba frío. ¡Oh, el recuerdo! ¡Triste espejo, ardiente espejo, horrible espejo, que haces sufrir tales tormentos a los hombres! ¡Dichoso el hombre cuyo corazón olvida todo lo que ha contenido, todo lo que ha pasado delante de él, todo lo que se ha mirado a sí mismo en él o ha sido reflejado en su afecto, en su amor! ¡Cuánto sufro!

Me marché sin saberlo, sin desearlo, hacia el cementerio. Encontré su sencilla tumba, una cruz de mármol blanco, con esta breve inscripción:

«Amó, fue amada y murió.»

¡Ella está ahí debajo, descompuesta! ¡Qué horrible! Sollocé con la frente apoyada en el suelo, y permanecí allí mucho tiempo, mucho tiempo. Luego vi que estaba oscureciendo, y un extraño y loco deseo, el deseo de un amante desesperado, me invadió. Deseé pasar la noche, la última noche, llorando sobre su tumba. Pero podían verme y echarme del cementerio. ¿Qué hacer? Buscando una solución, me puse en pie y empecé a vagabundear por aquella ciudad de la muerte. Anduve y anduve. Qué pequeña es esta ciudad comparada con la otra, la ciudad en la cual vivimos. Y, sin embargo, no son muchos más numerosos los muertos que los vivos. Nosotros necesitamos grandes casas, anchas calles y mucho espacio para las cuatro generaciones que ven la luz del día al mismo tiempo, beber agua del manantial y vino de las vides, y comer pan de las llanuras.

¡Y para todas estas generaciones de los muertos, para todos los muertos que nos han precedido, aquí no hay apenas nada, apenas nada! La tierra se los lleva, y el olvido los borra. ¡Adiós!

Al final del cementerio, me di cuenta repentinamente de que estaba en la parte más antigua, donde los que murieron hace tiempo están mezclados con la tierra, donde las propias cruces están podridas, donde posiblemente enterrarán a los que lleguen mañana. Está llena de rosales que nadie cuida, de altos y oscuros cipreses; un triste y hermoso jardín alimentado con carne humana.

Yo estaba solo, completamente solo. De modo que me acurruqué debajo de un árbol y me escondí entre las frondosas y sombrías ramas. Esperé, agarrándome al tronco como un náufrago se agarra a una tabla.

Cuando la luz diurna desapareció del todo, abandoné el refugio y eché a andar suavemente, lentamente, silenciosamente, hacia aquel terreno lleno de muertos. Anduve de un lado para otro, pero no conseguí encontrar de nuevo la tumba de mi amada. Avancé con los brazos extendidos, chocando contra las tumbas con mis manos, mis pies, mis rodillas, mi pecho, incluso con mi cabeza, sin conseguir encontrarla. Anduve a tientas como un ciego buscando su camino. Toqué las lápidas, las cruces, las verjas de hierro, las coronas de metal y las coronas de flores marchitas. Leí los nombres con mis dedos pasándolos por encima de las letras. ¡Qué noche! ¡Qué noche! ¡Y no pude encontrarla!

No había luna. ¡Qué noche! Estaba asustado, terriblemente asustado, en aquellos angostos senderos entre dos hileras de tumbas. ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Sólo tumbas! A mi derecha, a la izquierda, delante de mí, a mi alrededor, en todas partes había tumbas. Me senté en una de ellas, ya que no podía seguir andando. Mis rodillas empezaron a doblarse. ¡Pude oír los latidos de mi corazón! Y oí algo más. ¿Qué? Un ruido confuso, indefinible. ¿Estaba el ruido en mi cabeza, en la impenetrable noche, o debajo de la misteriosa tierra, la tierra sembrada de cadáveres humanos? Miré a mi alrededor, pero no puedo decir cuánto tiempo permanecí allí. Estaba paralizado de terror, helado de espanto, dispuesto a morir.

Súbitamente, tuve la impresión de que la losa de mármol sobre la cual estaba sentado se estaba moviendo. Se estaba moviendo, desde luego, como si alguien tratara de levantarla. Di un salto que me llevó hasta una tumba vecina, y vi, sí, vi claramente cómo se levantaba la losa sobre la cual estaba sentado. Luego apareció el muerto, un esqueleto desnudo, empujando la losa desde abajo con su encorvada espalda. Lo vi claramente, a pesar de que la noche estaba oscura. En la cruz pude leer:

«Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Amó a su familia, fue bueno y honrado y murió en la gracia de Dios.»

El muerto leyó también lo que había escrito en la lápida. Luego cogió una piedra del sendero, una piedra pequeña y puntiaguda, y empezó a rascar las letras con sumo cuidado. Las borró lentamente, y con las cuencas de sus ojos contempló el lugar donde habían estado grabadas. A continuación, con la punta del hueso de lo que había sido su dedo índice, escribió en letras luminosas, como las líneas que los chiquillos trazan en las paredes con una piedra de fósforo:

«Aquí yace Jacques Olivant, que murió a la edad de cincuenta y un años. Mató a su padre a disgustos, porque deseaba heredar su fortuna; torturó a su esposa, atormentó a sus hijos, engañó a sus vecinos, robó todo lo que pudo y murió en pecado mortal.»

Cuando hubo terminado de escribir, el muerto se quedó inmóvil, contemplando su obra. Al mirar a mi alrededor vi que todas las tumbas estaban abiertas, que todos los muertos habían salido de ellas y que todos habían borrado las líneas que sus parientes habían grabado en las lápidas, sustituyéndolas por la verdad. Y vi que todos habían sido atormentadores de sus vecinos, maliciosos, deshonestos, hipócritas, embusteros, ruines, calumniadores, envidiosos; que habían robado, engañado, y habían cometido los peores delitos; aquellos buenos padres, aquellas fieles esposas, aquellos hijos devotos, aquellas hijas castas, aquellos honrados comerciantes, aquellos hombres y mujeres que fueron llamados irreprochables. Todos ellos estaban escribiendo al mismo tiempo la verdad, la terrible y sagrada verdad, la cual todo el mundo ignoraba, o fingía ignorar, mientras estaban vivos.

Pensé que también ella había escrito algo en su tumba. Y ahora, corriendo sin miedo entre los ataúdes medio abiertos, entre los cadáveres y esqueletos, fui hacia ella, convencido de que la encontraría inmediatamente. La reconocí al instante sin ver su rostro, el cual estaba cubierto por un velo negro; y en la cruz de mármol donde poco antes había leído:

«Amó, fue amada y murió.»

Ahora leí:

«Habiendo salido un día de lluvia para engañar a su amante, pilló una pulmonía y murió.»

Parece que me encontraron al romper el día, tendido sobre la tumba, sin conocimiento.

Guy de Maupassant

Quiero reír...

Quiero reír...

 Quiero reír feliz, porque no se cuando
tendré que despedirme de ti sin un adiós.
Batallaba con la vida con afán de resistir
esperando lo que ya sé imposible.
He volado alto,
me subiste a la cima, y me empujaste.
Cada día es más difícil escalar la ilusión,
pero me aferro a las rocas fuertemente.
Lucho por reflejarme un segundo en tus ojos,
y hoy quiero dar fin a la batalla.
Por mirarte, mis ojos han perdido el cielo.
Hoy me vuelvo pez que escapa con el anzuelo herido.
Moriré en mí misma, en mí silencio.

Sakkarah

Enredo...

Enredo...

 Enredo mis manos en el vuelo rápido del viento, para poder acercarlas a tu piel

El frío mármol que hicieron de mi pecho, lo acerco a tu torso desnudo

Con vino he mojado mis labios, en un intento de embriagarte en el beso.

Mis dedos buscan cada hueco de tu cuerpo para refugiarse en el.
Perezosos se detienen donde te oyen gemir de placer.

Las espigas de mi pelo se acaman con el sol,
y yo, perdida en la pasión de tu abrazo.

La tormenta de este amor, que a ti me une, y de ti me aleja.

Sakkarah

Triunfar

Triunfar

El conferencista en materia de motivación Patrick O’Dooley se dirige a cientos de audiencias por año. En un momento dado de sus discursos, les pide a los asistentes que le digan las palabras que emplean para describir a un "triunfador".

Se dirige a una pizarra, y a medida que el público le va diciendo las palabras que asocian con un triunfador, él anota las primeras diez.

A lo largo de los años, O´Dooley ha conservado estas listas de las 10 cualidades más resaltantes de un ganador y, recientemente, las reunió en una lista en orden de frecuencia. Ellas son las siguientes:

1. Actitud positiva.
2. Entusiasmo
3. Determinación
4. Motivación
5. Confianza
6. Optimismo
7. Dedicación
8. Alegría
9. Capacidad de escucha
10. Paciencia.


La utilidad de esta lista radica en lo que dice, y también en lo que omite. Por ejemplo, observe que ninguna de estas cualidades de un triunfador está relacionada con la capacidad física o mental.

Como O’Dooley señala, esto indica que cualquier persona en el mundo puede ser un ganador, puesto que ganar depende más de la actitud que de la aptitud. La persona determina si será un ganador o no en su vida, a menudo independientemente de sus habilidades innatas.

Al escribir la lista de las cualidades de un ganador, que el público le va diciendo, O’Dooley siempre escribe mal una de las palabras, y alguien se lo indica.

Entonces, O’Dooley revela que es disléxico y que, a menudo, invertía las letras al leer o escribir, cuando estaba en la escuela. Sus maestros pensaban que tenía una aptitud baja, por lo que O’Dooley desarrolló lo que podía controlar, es decir, su actitud, y así él ha logrado mucho más de lo que podía obtener como un simple deletreador perfecto, pero con una actitud pobre.

Para explicar esto de otra manera, O’Dooley también sugiere a los asistentes que se imaginen que algunos de ellos vuelven a nacer como una barra de hierro bruto de 8 kilos (con un valor de aproximadamente u$s 5,00) y otros como barras de oro de 8 kilos (con un valor de aproximadamente u$s 50.000). Las barras de oro son mucho más valiosas que las barras de hierro.

Sin embargo, si las personas de oro son complacientes, y las personas de hierro trabajan en sí mismas y se transforman, por ejemplo, en resortes de reloj, pueden pasar de un valor de u$s 5,00 a cientos de miles de dólares aprovechando al máximo lo que son.


En definitiva, aun cuando no podamos cambiar mucho nuestra "materia prima", O’Dodley señala que el "proceso de refinamiento es algo que sí podemos controlar"

Desconozco autor.

No dejará...

No dejará...

No dejará la belleza de presentarse a mi vista. Pasará la tristeza, y todo llegará. No se deben retomar las cenizas de un sueño, que sólo tizna la piel.

Iré serenando el pulso hasta tomar el pálpito de las estrellas. Si el árbol se inclina a darme sombra, no necesito el sofoco que produce un corazón ajeno y atado.

No deseo una soledad con fantasmas, de un soplo saldrá por la ventana el desengaño. Sin ser una heroína, mis piernas aún caminan, y la espalda siempre cubre de la burla.

Sakkarah

Antes del tiempo.

Antes del tiempo.

Antes del tiempo te amé. Después, el hombre quiso contar las horas y poner límites a las cosas, pero no se pudo poner límite a mi amor.

Algún día, cuando el hombre decida que llegó la eternidad, tú y yo no nos extrañaremos de estar juntos; porque igual que al sacarnos de la nada, o del todo, nosotros seguimos hechos caricia, así continuaremos la vida en ese beso.

Sakkarah