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Sakkarah

Mis sentimientos

Tu silencio.

Tu silencio. Tu silencio me da vueltas, me enrosca. Intento reafirmarme, no quiero caer en un lago de indiferencia. Mi aura se diluye tras tus pasos, y tú no notas la invisible presencia.

Mis dedos dibujan un nombre en un lienzo invisible, lo que será un cuadro arrinconado en el museo ciego. No quiero profanar el muro frío que interpones, pero mis ojos se asoman.

Mientras tanto la humanidad serpentea en un jeroglífico.

Sakkarah

Guardar silencio...

Guardar silencio...

Guardar silencio, y lo inexplicable terminará haciéndose claro en la mente. Aparentemente nada cambia, pero de repente todo puede ser distinto, diferente.

La música de fondo, con el volumen bajo. Su melodía se irá llevando todo, nada me pertenece, nada quiero ya retener conmigo.

Los dedos transmiten las pocas señales que ya van quedando. Un escape de sentimiento. Son canalones que llevan estas aguas turbulentas al vacío.

No nací para héroe, llevo un jeroglífico colgado que habla de mi destino. Se necesita tiempo para ir descifrándolo, el que yo aún no he perdido; pero cada grabado saltará a la vida haciéndose realidad. ¿para qué ocuparme?

Sakkarah

Mirarse

Mirarse Mirarse en los ojos del amor, es recibir el mejor reflejo de uno mismo. Ellos traspasan toda imperfección, y bucean sacando el tesoro que quedó atrapado en el naufragio de la vida. Es donde uno se siente grande aun sin méritos.

Esa mirada te devuelve lo que desearías ser. Allí estás, con tus mejores trajes, tus delicados gestos. Es un resorte que te impele a superarte. Cuando queda mudo el tacto, sientes como tu piel se eriza presa de una caricia imaginaria, pero tan real...

Los ojos fijos, perdidos es esa quimera, donde el tiempo se hace silencioso omitiendo su tic-tac , y toma la forma de sombra salpicada de soles que habla de eternidad

Sakkarah

La piel...

La piel esta curtida a las palabras, y en el silencio transpira soledades. Todo puede ser posible cuando has desistido de todo.


El destino espera una sola nota de mis de dedos. Piano del concierto de la vida, necesita las manos aladas que den la forma a la existencia, y mi puño se cierra a la espera. Será la brisa quien empuje la pluma que escriba la próxima página de este libro mío de suspiros y vacíos.


Luna blanca y hueca. Te dejaron sin arrullo para mis sueños, y mil puñales de olvido me clavaste. Ahora fija en mis ojos, quieres velar mis noches. A tu grito exhausto solo acude mi mirada vacía, con un fondo de esperanza que va arrastrando el limo de las aguas turbulentas de la tristeza

Sakkarah

¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué es todo o nada? Siempre entre los excesos sin poder dosificar los días, sin igualar la balanza. Siempre corriendo tras la ilusión sin detenerme a recoger las sorpresas, a esperarlas.

 

Pinto sueños y los borro mientras el lienzo resiste. Un cielo desgastando nubes, un sol que ciega , una luna impaciente en la espera.

 

Y hoy, un árbol de otoño que ve caer las hojas sin poder inclinarse.

Sakkarah



Puse...

Puse...

Puse mi vista en el cielo, y me devuelve un color desvaído, como de no querer sujetar los astros para su reflejo en mi mirada. Las calles, sus empedrados, tienen sus líneas desdibujadas. La llave de la luz y de la fuerza se me esconde.

La nada se agazapa en el rimero de mis hojas muertas. A cada paso mío, un soplo de aire aleja un poco más mi felicidad. Tomé a nadie en mis manos, ofreciendo mi torpe caricia; miré con amor al vacío, haciendo una cuna en mi pecho. Sellé mi boca, y adopté el silencio para mecer la nada; pero la respuesta nula me grita mi fracaso en mi oído.

Soy guardiana fiel del desierto, y entre la arena voy enterrando las palabras.

Sakkarah

Muda

Muda Ando perdida. Camino entre la gente como ciega. Te busco donde sé que no estás, porque eres un desaparecido. Aire, sólo aire.

¿No te das cuenta que no tengo un aroma para seguirte? El eco no me puede hablar de ti.

Te buscaré a donde se me va la vida. Hago tiempo para encontrar arrestos para morir, y el tiempo me va dando la espalda. Es un viaje hacia lo incomprendido, para acabar asomando mi cuerpo a esa balconada. Mi mirada fugaz no reverberará la voz de mi alma; pero el puñal si alcanzará mi corazón.

Muda, ya me tienes muda.

Sakkarah

Qioero quedar...

Qioero quedar... Quiero quedar grabada a fuego en tu entraña, que mi voz resuene dulce y ausente en tu oído. Quiero ser lejana en tu desesperación. Sueño deseado e inalcanzable, punzada de celos en tu interior. 

Curva y cambio en tu camino, etérea sombra que se aleja. Musa en tu inspiración, recuerdo imborrable en tu conciencia.

Sakkarah

Quiso...

Quiso...

Quiso, con el silencio, presionar el corazón, como si se tratase de una botella; pero el sonido sordo del amor salía líquido, haciendo caminos por el alma.

Amanecía, y su mente adquiría la claridad que despierta al sueño vivido. Se sentó frente al Universo y  pidió una estrella. Apuró la magia sin prisas, el color iba irisando el espacio; y el eco le devolvió en susurros, la voz de su amado.

Sakkarah

Sobre la rama.

Sobre la rama. Sobre la rama, acurrucada en el nido, siempre dispuesta a volar.Observando las sierpes desde altura. Agito mis alas para cerciorarme de su fuerza. Ellas me pueden mantener sobre toda poder que se arrastra.Yo moro en la altura del pasaje donde conviven cardos con amapolas. Libre de las ataduras me transporta el viento. Esquivo al ave de rapiña en mi pirueta por el espacio.

Solo acepto lo que se me lega sin pedirme, mi verdad no la vendo ni la impongo. Soy más humana que la misma humanidad.

Sakkarah

Sobre el encerado.

Sobre el encerado.

Sobre el encerado de la vida  se van probando los colores, hasta descubrir cuál nos hace más feliz. 

Nuestra mirada atenta en los maestros, no impide que volemos hacia ese mundo donde se encuentra todo lo soñado. A veces el vuelo es tan alto, que nos perdemos sorbos de realidad que nos servirían para encarar mejor la vida. 

¡Si todo fuera tan fácil como borrar nuestras equivocaciones en una pizarra…!pero nuestra tiza es una fina aguja que se hunde haciendo surcos. 

En el silencio de esta clase hace falta reír. Elevar esa carcajada que a veces sueltan los niños, para que haga eco en el otro borrando la figura de la tristeza.

Sakkarah

La montaña.

La montaña. La montaña se había visto cubierta por los hielos, su corazón frío la alejaba, la hacía inhóspita. El sol se ocultaba como si necesitara de su alegría para aparecer radiante.

Azotaban fuertes vientos contra ella, y, a la mirada del viajero, aparecía hierática, distante, incluso tenebrosa.

El desgaste de los día la iba achatando, se iba a dejar envejecer. Pero la vida, en sus giros llevó al águila a anidar en ella. Todo el interior de la montaña, al sentir la huella que dejaba el ave, se removía. La naturaleza dio paso un milagro de alegría. La cubrió de ternura la hierba. Los árboles la acariciaban con su sombra, el sol la daba vida.

A sus pies, muy escondida nació una flor preciada llenándola de sentimiento. Su orquídea silvestre cada noche se renovaba en ella cuando el ave reposaba en su dominio.

El águila la llenaba de primavera.

Sakkarah

Despierto...

Despierto...

Despierto perdiéndome en tus ojos. Tu nombre acude a mis labios, y en el recuerdo de tu cuerpo, lo pronuncio despacio. Entre la leña, sus letras preparadas para la hoguera del amor. Excelso su humo, que se eleva dejando tu aroma. Cada noche te recreo en tus palabras, y repaso la luz que me dejó tu esencia. Torpes son mis letras cuando intento narrarte. El sentimiento, tímido, se esconde por los recovecos de mi cuerpo.

Sakkarah

Ver tus ojos.

Ver tus ojos.

Ver tus ojos bajo el amarillo miedo, les restó belleza. Mañana los miraré bajo el miel de ternura, para adivinar sus promesas caducas, pero eternamente bellas. Su pensamiento me embruja prometiéndome castillos apasionados. Quiero perderme en su laberinto espejado.

En los momentos bajos, mi pensamiento me envuelve entre tus brazos. Confío en la luz de tu mirada, en que tus ojos lleguen a perderse en mi alma. Voy buscando días futuros en donde mis ojos, al salir a tu encuentro, hallen la respuesta esperada.

Atravesaré tu cristalino, indagando tus secretos.

Sakkarah

Mullida.

Mullida.

Mullida mi caída en los precipicios de tu amor. En el rodar ciego y vertiginoso de las oscuridades se pierde el sentido de lo cierto. Sólo la llama ardiente del deseo que abrasa la piel y un lago de ternura en el alma. En tu camino incierto yo te amo.

Sakkarah

En tus ojos.

En tus ojos.

En tus ojos se diluye el tiempo. Se confunden el día con la noche en amalgama enamorada. Sólo un destello en tu mirada, alumbra todas las sombras tenebrosas; y una sombra de tristeza en ella, apaga la luz del día. Futuro, pasado, y presente, se confunden pariendo una eternidad. La tarde se hace un suspiro, la mañana un guiño, la noche vuelo.

Tú, el ojo que vigila la vida. Tu caricia, la arena que resbala señalando el tiempo.

Sakkarah

 

Sólo es el amor.

Sólo es el amor.

Sólo es el amor, y a él le superponemos imágenes diferentes, voces, palabras que terminan muriendo. Sólo pervive el, intacto hasta morir la muerte del paso, o la muerte en vida.

 

Sus manos se deslizan jabonosas, por mi piel, hasta mi fuente, surtidor de vida de la roca del delirio. La sangre corre por mis vasos a borbotones avivando la dermis, encendiendo la mente, esponjando los labios preparados para el beso. Ellos duermen ahora en la lluvia de su boca, saturados de amor.

 

Fugaces sonidos relevan a la palabra, ya no hay reglas aprendidas, se acalla el mundo. Hiere el deseo, lacera.

 

Los destellos de cada piedra preciosa en su tez, me devuelven a la vida, donde todo es fugaz, donde lo único real es mi soledad. Sólo un fantasma abraza mi corazón, y me sostiene.

Sakkarah

Hoy noto...

Hoy noto...

Hoy noto que el amor se hace humo entre mis dedos. No es tangible, y no puedo medirlo por palabras. Sé que puedo caminar con los ojos cerrados, no habrá un tropiezo en esta tierra árida, aún sin surcos, y sin espigas acamadas por el sol; pero mi voz no puede romper en sentimientos, aún no puedo mecer su corazón.

La entonación en sus palabras, alarga los sueños. Aspiro un aire limpio que guardo en mí para las madrugadas Su luz no me pierde; como luciérnaga me guía y me seduce. En silencio le sigo, si se aleja dos pasos, le extraño.

Hay un puente hacia su casa, y lleva un verdín cargado de esperanza

Sakkarah

Comunicarse

Comunicarse

Comunicarse le es fácil, es un ser sociable; pero hay momentos que quedamos algo encerrados en nosotros mismos. Esos ratos, le gusta tener la soledad como compañía. Nada está lejos, no más de lo que nosotros queramos retirarlo. Cuanto más cerca se ven las distancias, más distante se hace el corazón del hombre. Ínfimo robot que se auto protege, ciego metal que no ve lo que le rodea.

La verdad está en el centro, y va intentando recorrer todos los caminos para encontrarla. Arañando las mudas paredes, abrazando las palabras, hechas gotas rezumando.

¿Es auténtico el amor? Sólo lo comprobará amando. No le importa si es finito o corto. No hay futuros en los instantes que desea vivir.

Él es un regalo sin pegatinas con las frases hechas. Es un regalo de silencio que hay que saber descifrar, y ella lo intenta.

Sakkarah

Tantas veces...

Tantas veces...

Tantas veces me di en la vida, tantas no dejé de intentarlo por saber que era sólo un parpadeo, que maña no podría estar... Y aún así va a ser tarde para mí. Por amor deje, en ocasiones, mi dignidad colgada en un perchero. Salí con el alma desnuda y volví con ella hecha jirones. 

Mis labios nunca sellaron mis palabras, y ellas no supieron devolverme el eco para aplacar la tristeza; pero ellos no dejaron la mueca aprendida de la sonrisa. Poco pedí, y, en igual medida, fue escaso lo que recibí. No busqué apoyo, y no hubo una columna que sujetara mi espalda cuando sentí el cansancio de esta absurda existencia. No pude sujetarme a un brazo que  diera seguridad a mis pasos. 

Los contratos solo fueron para mí papeles, y no por ello dejé de estar asida a sus orillas para no rasgarlos. En cielos azules envolvía cada promesa, y todas ellas se convertían en noche. Emprendí caminos con los pasos contados, sólo pude ser arquitecto de entradas al garaje del sin sentido. Mis ojos se perdieron en horizontes de ensueño, y al alargar la mano, la niebla todo lo inundaba.

Hoy he aprendido que yo misma soy la nada. 

Sakkarah