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Sakkarah

Mis sentimientos

Las lágrimas...

Las lágrimas...

Las lágrimas fueron tan cortas como la ausencia de las cigüeñas.

Ya no me quita la luz la sombra de la tristeza. Entre las pajas del nido, encuentro la respuesta. Todo vuelve, la vida restaura, y allí tendré su mirada cada amanecer. Caí sin tocar el suelo, sin palpar el llanto callado de la piedra. El roce hizo herida de corta sangre, que ha parado el líquido incoloro de otra palabra.

Está al llegar su imagen a contraluz. Erguida señal de que el amor retorna. Se llenará de flores el lugar donde la raíz del árbol no pudo engarzarse entre la tierra. Y el clamor, la cadencia de su voz, nacerá como espejo de sol entre la brisa.

Hoy la palabra va mutilando el tiempo hasta llegar a tus brazos. Los pasos alados y lentos acortaron ya las distancias. Invisibles sonrisas, robadas a unos labios, acompañan mi día.

Sakkarah

Fuego y amor.

Fuego y amor.

Fuego y amor atados en mi con una lazada ardiente. Esperándolo todo, sin desistir, sin cejar en ese lejano empeño que se aleja.

Muchos se detienen y sigo andando como si arrastrase la cadena de un misterio. Estupefactos me ven adentrarme en la noche, donde erijo mi reinado. Ausente está el compañero de mis ritos, pero la pira arde.

El extraño aroma del amor entró en mi vida, endiosándome antes de partir sin desvirgar mi sentimiento. El movimiento de mis manos dibuja signos de ausencia cada noche, y el agua resbala por mi cuerpo, como caricia de un recuerdo que hace deshacer mi piel mientras desentraña sus secretos.

Sakkarah

Me encontré.

Me encontré.

Me encontré en todas mi facetas, sólo tuve que buscarme. Ahora me reconozco en ellas y haré un nuevo propósito de mejorarlas.

No quiero engañarme. Vivo en un cuerpo imperfecto, tengo un futuro incierto, más un pasado que, como todos, nunca podré cambiar.

Va creciendo mi fuerza y no por ello se debilita el sentimiento. Tampoco venzo la dura batalla que se presenta día a día, pero voy tomando el poder dentro de mí hasta ocupar el reinado de mi misma.

Pena y amor, instantes vivos, en una coctelera, se mueven en mi interior. Ilusión para unos, olvido para otros, pero soy.

Sakkarah

Voz en off.

Voz en off.

Finezas del amado, finezas del amor...me suena a cosa lejana, perdida. En donde lo escaso parece un mundo, se pone la nada. Todo va a la abundancia, como el dinero al rico.

Es tan difícil lucir lo poco...

Ser tronco para que el leñador lo desguace, y calentar en un hogar desconocido. Ser frío que da calor. Pertenecer a un cuento olvidado, ser cristal empolvado.

Parque sin enamorados, letra sin música de una canción. Voz en off.

Ser...Soy.

Sakkarah

Un grito...

Un grito...

Un grito lastimero ha cruzado el espacio. El manto etéreo se ha roto, quedando el universo bajo la influencia del azar.

El placer depende de tus manos que en posición de danza atraviesan el aire intentándolo atrapar. Un trozo de brisa entre tus dedos se ha quedado prendido, y con mirada ilusionada lo recreas ante tu rostro sonriente.

El puño cerrado esconde el secreto, que disimuladamente aprietas a veces contra tu pecho. Diminuta distancia y breves temporadas, van engarzadas como piedras preciosas en el broche de aura que llevas prendido.

Sakkarah

Una quimera.

Una quimera. Un beso que no se da, una quimera en el aire, un no saber ni presentir. Una duda, muchas preguntas, y la boca sellada.

La ternura suelta se expande, y quizá no sea recogida en un pequeño frasco de amor; puede ser que sólo fluya resbalando hasta el suelo. Si allí queda, yo me limitaré a pasar sobre ella con paso decidido. No voy a mirar el pavimento siendo el cielo tan azul.

El alma se asoma, se deja ver siendo valiente. Si un dardo la alcanza, quedará herida y necesitará descanso, pero tozuda, volverá a encaramarse a la palabra.

Suave piel alcanzable sólo al tacto del amor. Se cubre de soles o sedas en la espera.

Es muy fácil no adivinarme, y yo, ya sólo dejaré la respuesta a quien la encuentre en caminos insondables.

Sakkarah

El olor que levanta la lluvia.

El olor que levanta la lluvia.

El olor que levanta la lluvia me emborracha de añoranzas. La tarde se torna gris y evoca al recuerdo. Me abrigo sintiendo el contacto cálido de la lana; y le evoco.

El recuerdo del pueblo, con el sereno croar de las ranas en aquel charco del paseo. La soledad se agradece; que ni un solo murmullo se interponga en el recuerdo. Mis pasos hacia un sitio perdido, camino de la vida, haciéndome un lugar entre el tiempo.

Hoy rugieron los cielos amenazantes con el relámpago. A cubierto, sentada en la cama entre miedos y recuerdos, agradezco el calor de un techo. En la oscuridad del día se refleja la belleza que se esconde en las ruinosas casas, en las hierbas que nacen descuidadas.

Encuentro mi sentido en soledad y te añoro.

Sakkarah

La puerta se abre.

La puerta se abre.

La puerta se abre, y el amor traspasa en brazos el umbral . En el blanco lecho los cuerpos soñados yacen en el sopor de la pasión. Puedo ver como duermes, sentir tu calor que aún me quema. Las paredes encierran suspiros; el sillón se hace mudo testigo, y la alfombra aún vibra por el contacto de la piel de tus pies.

Espesa nube envuelve este pensamiento. Lo encarcela en nieblas para que no pueda huir. Las manos gigantes de la vida lo oprimen hasta hacerlo realidad. Mi despertar a tu lado se hará cierto, sin muros infranqueables, sin oponente ninguno. No será algo postizo y pasajero, por ello este gran preámbulo. Sagrada inspiración que se verá colmada, piedra activa..

Este hálito, hoy toma forma entre mis dedos.

Sakkarah

En la noche.

En la noche. En la noche, mi pensamiento hacía que mi vista se dirigiera a una pequeña luz, una llama que se iba extinguiendo. Unos labios soplaban cada día para apagar la fogata de ese amor. Seguidamente, sus pasos se encaminaban hacia una escalera de caracol, estrecha. Lentamente iba bajando los peldaños que la descolgaban de la pasión. Sus pies llevaban el peso del que parte sin ganas, del obligado por las circunstancias a emigrar de sí mismo, de su propia vida.

Dios amor con cara ambigua que se va difuminando. Hoy con mis dedos voy cerrando tus párpados. Despojándote de tu túnica, te desnudo para ver la crudeza de tu realidad esquiva.

El hálito de una mariposa en mis alas para el vuelo que me aleja de la adoración.

Sakkarah

En casiones.

En casiones.

En ocasiones el cielo aparece ante mi vista amenazante, queriendo mostrar mi pequeñez humana. Es entonces cuando al mirarlo, le envío el reflejo de tus ojos. El se calma, menguando, ante el poder del amor. Y otras muchas, me hace sentir sus lágrimas de soledad con su lluvia. Es en estos momentos, cuando con mi mano acaricio sus gotas contra mi piel.

Ni el viento, con su rugir vehemente, es capaz de achicar mi sentimiento. Impotente se me hace brisa, para emular tu caricia.

Sakkarah

Aún dudo.

Aún dudo.

Aún dudo si recomenzar, si apartar de mi todo pensamiento que no sea nuevo.
Aún me es difícil guardar sólo lo bueno en la memoria.

El vuelo cesó, y en este descanso tengo que revisar las alas como si de un avión se tratase. Aprenderé a cubrirme con alguna bruma, y quizá llegue a hacer un tupido velo de nieblas. Sólo lo autentico se mirará en mis ojos, sólo seré espejo de quien me encuentre.

El tamiz estaba roto y nada ha de quedar posado en el. Siempre envuelta en batallas, voy a librar la última. Quitaré el poder al recuerdo, nada tendrá peso sobre mi.

Hoy doy el primer paso libre de mi misma.

Sakkarah

Construir sobre recuerdos.

Construir sobre recuerdos.

Construir la vida sobre recuerdos, es hacerlo sobre pilares de algodón y pintarla del color de la añoranza. Es querer dormir en una fina tela de araña y despertar en el suelo.

Arquitecto de monumentos caricaturescos soy, peón de absurdos. Intentar atrapar el tiempo que pasó, es como atrapar el aire. Un mito llevo en el corazón, verdugo cruel que decapita mi vida.

Curvas se vuelven, las líneas rectas que intento trazar en mi sendero. Mi futuro se convierte en una incógnita sin solución, adivinanza sin sentido.

Sakkarah

Paisaje

Paisaje

Me pasé tanto tiempo jugando a las casitas en los arroyuelos secos, que ahora quisiera jugar en casa a sentarme de nuevo en ellos, a respirar ese aire sano, y esa paz de los campos castellanos con su mies amarilla.

En este momento quisiera sentir el calor que pega a primera hora de la tarde en verano, y ver ese cielo tan claro y limpio. Me encantaría tener la mirada perdida en esa carretera estrecha llena de curvas y cuestas que llevaba al pueblo cercano. ¡Tantas veces la recorrí en bicicleta…!

Desearía estar con esa sensación de espera en que aparezca el niño que ocupaba mis sueños en aquel momento, y ese jugar inocente a los sentimientos. Pero los años se suceden y a veces hasta el tiempo es cruel a su paso, no siempre.

Seguramente habrá otros latidos, otras alegrías, y otras esperas ilusionadas. Son mis ojos los que tienen que estar preparados para recrearlas.

Sakkarah

Bailarina

Bailarina La mano vacía, de donde se habían escapado las caricias, toma forma guiada por la nota musical. Su aura de ave la acompaña sin ella saberlo, y el ritmo de la vida va ondulando su cadera. Como polvo de estrellas, lleva prendida a su cintura la huella de la mano amada; su pirueta en el aire, la hace prendida del recuerdo.

Están tensos los músculos de la espera, y los párpados se cierran con la melodía; siempre propensos a soñar. Sus cejas marcan la interrogación que deja la duda no resuelta, y en su rostro se suceden los gestos ensayados en las ausencias. Un hermético enigma se apodera de su pecho, dejándola paralela al suelo. Sigue la música mientras su corazón enamorado palpita con fiereza, y en el aire danzan sus sombras en un intento de huída.

Sakkarah

Su ráfaga.

Su ráfaga.

Fue tan fuerte su ráfaga, que cegada descendí a los infiernos. Allí purgué mi soberbia abatida, mi orgullo herido. Me daban la humildad a cucharones y no quería tomarla. Me resistía a perder el poco amor propio que me quedaba. La ira era incontrolable en mi lengua, incluso los celos se apoderaron de mí. Pensé en no salir nunca de esas llamas, prefería arder que perder todo lo que me invitaba a moverme, a vivir.

Así fueron pasando los días. El fuego me hacía entrar en la locura, y quería estar loca. Yo misma me entretenía haciendo de fuelle para que no dejara de arder esa hoguera en la que me habían metido. No veía el cielo y ya no deseaba tocarlo con las manos.

Toda pared, con el tiempo se resquebraja, y una grieta dejó el paso de una pequeña luz. No quería mirarla, pero me hizo despertar y arropada en una manta, traspasé el fuego dirigiéndome hacia ella. Allí se abrió la puerta y una oleada de aire limpio inundó mis pulmones. Sé que respiré y, en ese momento, me di cuenta que yo era cielo, que no tenía que tocarlo.

Ahora solo me alcanza el vuelo libre de las aves, las nubes curiosas que intentan adentrarse en mi.

Sakkarah

 

Corre la savia.

Corre la savia.

Corre la savia en el tallo haciendo estallar el color que a la mirada, ciega y vivifica.

En su loca carrera, a veces, se tropieza y se torna gris. Un gris asfalto, que entristece el alma.

Corre la savia sin fuerza, su riego da tenues rosas. Estos ojos ya serenos, admiran, sólo admiran perdidos en la desesperanza.

Sakkarah

Quiero...

Quiero...

Quiero emprender el camino de un sueño, y la mente me lleva lejos, muy lejos. Llego a perderme en la fantasía, vivo el futuro en su reino; pero de repente despierto, y me doy cuenta que he corrido mucho, demasiado. Mi imaginación ha recorrido largos y anchos caminos, se me fue por autovías. Es entonces cuando me paro y recapacito. Me digo que no, que seguramente mi gran sueño me anda rondando cerca, tan cerca que aún no he sido capaz de verlo.

Esta manía mía, de correr y adelantarme a los acontecimientos, siempre me lleva a la equivocación. Es una falta de paciencia, o un exceso de pasión.

Sakkarah

Debí asustarme.

Debí asustarme. Debí asustarme cuando, en la nada de mi recuerdo, sentí la vida. Un sueño, aún no soñado, se presentaba con luces en mis ojos.

Reflejos olvidados iban sacudiendo mi memoria. Inservibles para evitar los tropiezos, hacían luz en mí tardíos; pero cada inflexión de ellos me hacia avanzar hacia sueños que parecían inalcanzables.

Sólo se puede vivir lo soñado. ¿Qué pesadillas pudo albergar mi mente para los instantes aciagos? Intuyo que fueron impulsos para esta onírica vivencia en que me encuentro.

Sakkarah

Los manteleros...

Los manteleros...

Los manteleros se adelantaron hoy, cubren la luz cosiendo sus trapos al cielo, con puñales. Un descanso para mis ojos esta oscuridad que me habla de mi ceguera. Noche de tinieblas, de incógnitas sin resolver. Lóbrega mente que enturbia el corazón.

Donde se suponían estelas sólo hay humo. Mi pasión escupe ese polvo negro de quemar vacíos. Los grillos exaltados me esperan, quieren gritarme al oído su canción desesperada. Escucharé su comparsa con las aves, mientras mis pasos van ebrios de miseria. Daré bandazos hasta la caída eterna.

El silencio pasó anudando mis vísceras, y la voz  se arrastra diseminada, sin acordes, hacia la boca. Allí mis labios abortan mis sinsentidos.

Sakkarah

Las aves...

Las aves...

Las aves en bandada se alejan, Mis manos impelidas por los sueños, corren a alcanzarlas. Una tan solo es el cupo en el hueco de mis palmas. 

Con los ojos cerrados, no queriendo pensar si me equivoco, la sujeto haciéndola mía. 

Tras la última caricia, en una palabra expreso mi sentimiento y, al aire, en una rama del árbol de la vida, la poso. Yo me doy la vuelta no queriendo adivinar el vacío. Aún no sé si sus alas cubrirán mi piel. Ya no jugaré a las adivinanzas. Un roce, una simple y bella sensación me anunciará que se fue la soledad.

Sakkarah