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Sakkarah

Escritores y poetas.

Tú has de volver.

Tú has de volver.

Tú has de volver a mí ¿cuándo?

¡Quién sabe?

Pero, has de retornar ¡lo he presentido!
Tú volverás a mí, cual vuelve el ave
tras larga ausencia al suspirado nido.

Retornarás, cual la abatida nave
regresa al puerto que juzgó perdido;
y encontrarás una sonrisa suave
y el fuego de mi amor siempre encendido.


Te aguardaré paciente en el sendero,
desde la aurora hasta el fulgor postrero
del astro rey. Y cuando Febo vierta


su luz de plata, encenderé mi cirio;
para aguardar con férvido delirio,
que amante vuelvas a tocar mi puerta.


Abelardo Barrera Osorio

Ritual de mis piernas.

Ritual de mis piernas.

largamente he permanecido mirando mis largas piernas, 
con ternura infinita y curiosa, con mi acostumbrada pasión, 
como si hubieran sido las piernas de una mujer "divina"
profundamente sumida en el abismo de mi tórax:
y es que, la verdad, cuando el tiempo, el tiempo pasa, 
sobre la tierra, sobre el techo, sobre mi impura cabeza, 
y pasa, el tiempo pasa, y en mi lecho no siento de noche que una 
                [mujer está respirando, durmiendo desnuda y a mi lado,
entonces, extrañas, oscuras cosas toman el lugar de la ausente, 
viciosos, melancólicos pensamientos
siembran pesadas posibilidades en mi dormitorio, 
y así, pues, miro mis piernas como si pertenecieran a otro cuerpo, 
y fuerte y dulcemente estuvieran pegadas a mis entrañas.

Como tallos o femeninas, adorables cosas, 
desde las rodillas suben, cilíndricas y espesas, 
con turbado y compacto material de existencia;
como brutales, gruesos brazos de diosa, 
como árboles monstruosamente vestidos de seres humanos,
como fatales, inmensos labios sedientos y tranquilos, 
son allí la mejor parte de mi cuerpo:
lo enteramente sustancial, sin complicado contenido
de sentidos o tráqueas o intestinos o ganglios:
nada, sino lo puro, lo dulce y espeso de mi propia vida, 
guardando la vida, sin embargo, de una manera completa.

Las gentes cruzan el mundo en la actualidad
sin apenas recordar que poseen un cuerpo y en él la vida, 
y hay miedo, hay miedo en el mundo de las palabras que designan el cuerpo, 
y se habla favorablemente de la ropa, 
de pantalones es posible hablar, de trajes, 
y de ropa interior de mujer (de medias y ligas de "señora"), 
como si por las calles fueran las prendas y los trajes vacíos por completo
y un oscuro y obsceno guardarropas ocupara el mundo.

Tienen existencia los trajes, color, forma, designio, 
y profundo lugar en nuestros mitos, demasiado lugar, 
demasiados muebles y demasiadas habitaciones hay en el mundo, 
y mi cuerpo vive entre y bajo tantas cosas abatido, 
con un pensamiento fijo de esclavitud y de cadenas. 
Bueno, mis rodillas, como nudos, 
particulares, funcionarios, evidentes, 
separan las mitades de mis piernas en forma seca:
y en realidad dos mundos diferentes, dos sexos diferentes
no son tan diferentes como las dos mitades de mis piernas.
Desde la rodilla hasta el pie una forma dura,
mineral, fríamente útil, aparece, 
una criatura de hueso y persistencia, 
y los tobillos no son ya sino el propósito desnudo, 
la exactitud y lo necesario dispuestos en definitiva.

Sin sensualidad, cortas y duras, y masculinas, 
son allí mis piernas, y dotadas
de grupos musculares como animales complementarios, 
y allí también una vida, una sólida, sutil, aguda vida
sin temblar permanece, aguardando y actuando.
En mis pies cosquillosos, 
y duros como el sol, y abiertos como flores,
y perpetuos, magníficos soldados
en la guerra gris del espacio,
todo termina, la vida termina definitivamente en mis pies,
lo extranjero y lo hostil allí comienza:
los nombres del mundo, lo fronterizo y lo remoto, 
lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi corazón
con densa y fría constancia allí se originan.

Siempre,
productos manufacturados, medias, zapatos,
o simplemente aire infinito,
habrá entre mis pies y la tierra
extremando lo aislado y lo solitario de mi ser,
algo tenazmente supuesto entre mi vida y la tierra, 
algo abiertamente invencible y enemigo.

Pablo Neruda

Y...

Y...

Y las escarchas

en ti lágrimas suaves, gota a gota,

destilaran los ojos de los astros,

que darme no supieron mejor suerte.

Al-Mu'tamid, rey y poeta

El crecimiento de un poeta.

El crecimiento de un poeta.

Junta botones de cristal en el lecho del océano.
Branquias de la mente laten en aguas insondables.
En el diccionario infinito descubre
dorados granos de arena. Cada uno tiene su gemelo
en alguna orilla del otro lado del mundo.
Ciego a lo que aún no necesita,
va a tientas sobre vidrio roto
a la única piedra que cabe en su palma.
Al abrir los ojos da a lo que contempla
el reconocimiento que ninguna mirada le había otorgado.
Se convierte en palabra.
Estremeciéndose, toma vuelo.

Denise Levertov

Rima XXXV

Rima XXXV

¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día,
me admiró tu cariño mucho más;
porque lo que hay en mi que vale algo,
eso... ni lo pudiste sospechar.

Gustavo Adolfo Bécquer

Al separarse dos.

Al separarse dos. Al separarse dos, que se han querido,
¡ay!, las manos se dan;
y suspiran y lloran,
y lloran y suspiran más y más.

Entre nosotros dos no hubo suspiros
ni hubo lágrimas...¡Ay!
Lágrimas y suspiros
reventaron después... ¡muy tarde ya!

Enrique Heine

Gracias...

Gracias...

He mordido manzanas y he besado tus labios.
Me he abrazado a los pinos olorosos y negros.
Hundí, inquieta, mis manos en el agua que corre.
He huroneado en la selva milenaria de cedros
que cruza la pradera como una serpie grave,
y he corrido por todos los pedrosos caminos
que ciñen como fajas la ventruda montaña.

¡Oh amado, no te irrites por mi inquietud sin tregua!
¡Oh amado, no me riñas porque cante y me ría!
Ha de llegar un día en que he de estarme quieta,
¡ay, por siempre, por siempre!
con las manos cruzadas y apagados los ojos;
con los oídos sordos y con la boca muda,
y los pies andariegos en reposo perpetuo
sobre la tierra negra.
¡Y estará roto el vaso de cristal de mi risa
En la grieta obstinada de mis labios cerrados!

Entonces, aunque digas: -¡Anda!, ya no andaré.
Y aunque me digas: -¡Canta!, no volveré a cantar.
Me iré desmenuzando en quietud y en silencio
bajo la tierra negra,
mientras encima mío se oirá zumbar la vida
como una abeja ebria.

¡Oh, déjame que guste el dulzor del momento
fugitivo e inquieto!

¡Oh, deja que la rosa desnuda de mi boca
se te oprima a los labios!

Después será ceniza sobre la tierra negra.




Juana de Ibarbourou

Unas pocas palabras.

Unas pocas palabras. Unas pocas palabras en tu oído diría.
Poca es la fe de un hombre incierto.
Vivir mucho es oscuro, y de pronto saber no es conocerse.
Pero aún así diría. Pues mis ojos repiten lo que copian:
tu belleza, tu nombre, el son del río, el bosque,
el alma a solas.

Todo lo vio y lo tienen. Eso dicen los ojos.
A quien los ve responden. Pero nunca preguntan.
Porque si sucesivamente van tomando
de la luz el color, del oro el cieno
y de todo el sabor el pozo lúcido,
no desconocen besos, ni rumores, ni aromas;
han visto árboles grandes, murmullos silenciosos,
hogueras apagadas, ascuas, venas, ceniza,
y el mar, el mar al fondo, con sus lentas espinas,
restos de cuerpos bellos, que las playas devuelven.

Unas pocas palabras, mientras alguien callase;
las del viento en las hojas, mientras beso tus labios.
Unas claras palabras, mientras duermo en tu seno.
Suena el agua en la piedra. Mientras, quieto,
estoy muerto.



Vicente Aleixandre

Gracias...

Gracias...

Tómame de la mano. Vámonos a la lluvia
descalzos y ligeros de ropa, sin paraguas,
con el cabello al viento y el cuerpo a la caricia
oblicua, refrescante y menuda, del agua.

¡Que rían los vecinos! Puesto que somos jóvenes
y los dos nos amamos y nos gusta la lluvia,
vamos a ser felices con el gozo sencillo
de un casal de gorriones que en la vía se arrulla.

Más allá están los campos y el camino de acacias
y la quinta suntuosa de aquel pobre señor
millonario y obeso, que con todos sus oros,

no podría comprarnos ni un gramo del tesoro
inefable y supremo que nos ha dado Dios:
ser flexibles, ser jóvenes, estar llenos de amor

Juana de IBARBOUROU

Date a volar.

Date a volar.


Anda, date a volar, hazte una abeja,
En el jardín florecen amapolas,
Y el néctar fino colma las corolas;
Mañana el alma tuya estará vieja.

Anda, suelta a volar, hazte paloma,
Recorre el bosque y picotea granos,
Come migajas en distintas manos
La pulpa muerde de fragante poma.

Anda, date a volar, sé golondrina,
Busca la playa de los soles de oro,
Gusta la primavera y su tesoro,
La primavera es única y divina.

Mueres de sed: no he de oprimirte tanto...
Anda, camina por el mundo, sabe;
Dispuesta sobre el mar está tu nave:
Date a bogar hacia el mejor encanto.

Corre, camina más, es poco aquéllo...
Aún quedan cosas que tu mano anhela,
Corre, camina, gira, sube y vuela:
Gústalo todo porque todo es bello.

Echa a volar... mi amor no te detiene,
¡Cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo!
Llore mi vida... el corazón se apene...
Date a volar, Amor, yo te comprendo.

Callada el alma... el corazón partido,
Suelto tus alas... ve... pero te espero.
¿Cómo traerás el corazón, viajero?
Tendré piedad de un corazón vencido.

Para que tanta sed bebiendo cures
Hay numerosas sendas para tí...
Pero se hace la noche; no te apures...
Todas traen a mí...

Alfonsina Storni

Inteligencia...

Inteligencia... Inteligencia es nada,
si falta sabiduría...

Optimismo no es suficiente,
si falta el ánimo...

Vida no es nada,
si falta mística...

Amistad no tiene contenido,
si falta la confianza...

Amor es nada,
si falta el valor

Yo no soy nada,
si me faltas tu...

Hans Kruppa

Consuelo.

Consuelo.

Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi amor: el
que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda: ¿quién en
verdad le amó?

     Mi amor busca su semejanza en la promesa de las
miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja
la esperanza y en seguida la desprecia. Prevalece sin
tomar parte en ello.

     Vivo en el fondo de él como un resto de felicidad.
Sin saberlo él, mi soledad es su tesoro. Es el gran meridiano
donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo vacía.

     Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi
amor: el que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda:
¿quién en verdad le amó y le ilumina de lejos para que
no caiga?

René Char

Todavía

Todavía

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría


palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto


nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa


sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía


pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro


y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido


y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.

Benedetti

La gran estupidez.

La gran estupidez.

La gran estupidez de la humanidad
consistió en considerar el amor como
una idea. El amor es un instinto.
Darle cerebro es afligirlo.

Godofredo de Alancar

Tentativa de celos.

Tentativa de celos.

¿Cómo te va la vida con otra?

Más fácil, ¿verdad? Golpe de remo. ¿Cuándo -¿pronto?- por un puente seguro se alejó de ti el recuerdo 

de mí, una isla que flota?

En el cielo, no en el agua.) Almas. No amantes,

sino hermanas son nuestras almas. 

¿Cómo te va junto a una simple mujer? ¿Sin divinidad alguna? Tras haber derrocado a tu reina (tú mismo privado del trono), 

¿cómo vives?, ¿te preocupas?,

¿te enfadas? ¿Cómo estás allevantarte? Con ésa que te ha atado al cuello

su tributo inmortal, el tedio, ¿cómo te va, 

pobrecito mío? «-Estoy harto de convulsiones, de dolor: voy a agenciarme un hogar.» ¿Cómo te va con cualquiera,

a ti, que fuiste elegido por mí? 

¿Es la comida más comestible?

y si te cansa, mala suerte.

¿Cómo puedes vivir con un idolillo, tú, digno antes del Sinaí? 

¿Cómo vives con ésa, tan distinta a nosotros? ¿Una extranjera, costilla de tu pecho?

¿ La vergüenza, ese azote de Zeus,

aún no te ha herido la frente? 

¿Cómo te va la vida? ¿Estás sano? Y las musas, ¿te llaman aún a veces? Y la dicha,

¿se hace ver? ¿Alguna vez? ¿Y esa llaga inmortal -la conciencia- qué, mi pobre? 

¿Cómo vives con un producto

del mercado? ¿Pesa mucho?

Tras el mármol de Carrara,

¿cómo te va con una prótesis de yeso? 

Del mismo bloque tallamos a Dios, para romperIo acto seguido.

¿ Va bien una cienmilésima,

para ti, que conociste a Lilit? 

¿ Estás ya harto de esa mercadería novedosa? Cansado de mi magia, ¿cómo te va con una mujer terrestre que carece .de sextos 

sentidos?

Venga, con franqueza, ¿sois felices? ¿No? ¿Cómo se vive en un abismo sin profundidad amor mío? Cuesta, ¿verdad?

¿Te cuesta tanto como a mí con otro?

Marina Tsvietáieva

Lluvia

Lluvia


La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje. 

Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante. 

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe. 

La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne. 

El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales. 

Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre. 

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe. 

¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes! 

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres. 

El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave. 

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte. 

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

Federico García Lorca

Viceversa

Viceversa
Tengo miedo de verte 
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte 
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte 
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea 
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
 
Benedetti

Sonríes.

Sonríes.

Sonríes, seductora. Sí, esto
aterra mi corazón dentro del pecho,
pues tan pronto te miro un instante,
como ya me es imposible decir una palabra,
pues mi lengua se desmaya: en seguida,
un fuego sutil irrumpe bajo mi piel,
nada veo con mis ojos, zumban
mis oídos,
se me esparce el sudor, un escalofrío
me apresa toda, estoy más pálida
que la hierba y me parece que
falta poco para morir.
Pero todo hay que soportarlo, pues Amor
es así.

Safo

Desnúdenme...

Desnúdenme...

Desnúdenme tus manos lentamente
sobrenadando senos y caderas,
y desliza tus dedos diligente
entre botones, lazos, cremalleras.
Mira mis ojos y ábreme la blusa,
y descuelga los pechos prisioneros,
que mi deseo nada te rehusa,
y ellos son del deseo mensajeros.

Se abren a tí como dos rosas tiernas,
esperando la lengua en los pezones,
y percibo temblores en mis piernas,
y un aire abrasador en los pulmones.

No hay en mi ofrecimiento ambigüedades,
va a tí sin desvergüenza o timidez,
y aunque con tinte de frivolidades,
parece siempre la primera vez.

Besa con humedad mi boca hambrienta,
y haz que ambas lenguas jueguen en contacto,
no ha de haber nada a lo que no consienta ,
mía es la voluntad, tuyo es el acto.

En la espalda hay insólitos caminos
que mi mano jamás ha transitado,
y de tus dedos brotan remolinos
erizando la piel de mi costado.

En breve y delicada sacudida
mis hombros de la blusa se desprenden;
semidesnuda estoy, y enardecida,
y alzo los brazos, que hacia tí se extienden.

Detente brevemente en la cintura,
rodéame en caricias circulares,
y explora el resto de mi arquitectura,
con paso franco a todos mis lugares.

Cae la falda a los pies..., al fin desnuda...
Qué libertad e independencia siento.
No queda en mí vacilación ni duda,
sólo serenidad..., y atrevimiento.

Están mis ojos en tus ojos fijos,
y tus manos me arropan insistentes;
suaves contactos causan regocijos,
lentas fricciones llegan más frecuentes.

Aproxímate más, cúbreme entera,
encadéname a tí, y abre mi rosa,
dame un beso total, de tal manera
que resulte en fusión voluptuosa.

Quédate en pie y recibe el doble abrazo,
y al rodear tu cuerpo con mis piernas,
introduce tu furia de un zarpazo
anegando mis cámaras internas.

El ímpetu, el gemido y los sudores
me dirán que soy tuya y eres mío;
seremos mutuamente posesores,
como el cauce y las aguas en el río.

Francisco Álvarez

El fornicio.

El fornicio.

Te besaré en la punta de las pestañas y en los pezones,
te turbulentamente besaré, mi vergonzosa,
en esos muslos de individua blanca,
tocara esos pies para otro vuelo más aire
que ese aire felino de tu fragancia,
te dijera española mía, francesa mía,
inglesa, ragazza, nórdica boreal,
espuma de la diáspora del Génesis
¿Qué más te dijera por dentro?
¿Griega, mi egipcia, romana por el mármol?
¿Fenicia, cartaginesa, o loca,
Locamente andaluza en el arco de morir
con todos los pétalos abiertos,
tensa la cítara de Dios, en la danza del fornicio?
Te oyera aullar, te fuera mordiendo
hasta las últimas amapolas, mi posesa,
te todavía enloqueciera allí, en el frescor ciego,
te nadara en la inmensidad insaciable de la lascivia,
riera frenético el frenesí con tus dientes,
me arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo de otra pureza,
oyera cantar las esferas estallantes como pitágoras,
te lamiera, te olfateara como el león a su leona,
para el sol, fálicamente mía, ¡te amara!.

Gonzalo Rojas