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Sakkarah

Mis sentimientos

Sé

Sé que llegar a ti es beber del lago de la inexistencia, pero aún así me doy prisa en apurar los instantes pensando que acortaré el camino.

Los minutos pasan lentos para el encuentro con la nada, pero hoy ya no quiero más que tu vacío.

Mi camino es hacia ninguna parte, y corro feliz sabiendo que tu mano invisible está cercana.

El amor en mí ya sólo es aire en una estancia donde se encuentra establecida una corriente.

Sakkarah

Sus manos.

Sus manos.

Sus manos se mantienen cerca dispuestas a sujetarme. Aún sigo avanzando con paso decidido, y en cada vacilación se acerca. Un resorte me impele para apartarme de ella. No sé cómo será su caricia, no sé del último sueño; pero presiento que el más bello. De tal magnitud su encanto, que me negaré a despertar. Y entonces llegará su abrazo.

Allí ya no existirá la espera, ni la duda. Compañera de nadie, amada siempre.

Ahora necesito seguir vacilando, huyendo. Sin prisa me acercaré a ese sueño donde todo me espera. Mientras, yo, aquí me entretengo.

Sakkarah

Una mente...

Una mente...

Una mente plagada de ideas y de sueños, y una cuerda trenzada que amarra, que impide la marcha por otros caminos. Sujetos la mayoría de las veces a las normas, o paralizados por el tiempo.

Sólo salen las palabras, y uno se da cuenta que hay que atarlas, que llevan a la incomprensión.

Se sienten ganas de apretar la lazada, de estrecharla más hasta la total esclavitud de la nada. Donde los labios no se mueven para pronunciar, donde la palabra ya no sale para acariciar.

No me gustan las corazas, ni los refugios; pero me voy a construir uno, oscuro, donde la luz no tiente, donde el espacio no de para más sueños.

Sakkarah

Llegó...

Llegó...

Llegó el rendimiento de mis caricias, un canto enviado a tu oído: Y como ejemplar castigo, tu silencio a mis desvergonzadas palabras. Aquí me hallo meditando como tomar enmienda.

 

Este pie flojo que tropieza y lleva repetidas veces a la misma piedra, habría que sellarlo a la tierra. Hoy desenvainaré para dar muerte al sentimiento, y una estocada certera dormirá el alma

 

Todo tiene cariz repentino, perecedero. ¿Qué puede quedar donde al completo lo abarcas tú?

Sakkarah

El cielo...

El cielo...

El cielo ha cubierto los orificios de sus oídos con las nubes. Hace caso omiso a inclinarse para que en mis manos pueda tomar un minúsculo átomo de universo.

El viento arrastró mis palabras para que no fueran escuchadas, y el árbol no da sombra a este desasosiego.

Muda acallo mis quejas, que se pierden, como una brizna de polvo, entre el gran clamor de la miseria que nunca será justificada.

El aliento que sale de mis labios, forma vaho ante el gélido corazón del hombre.

Sakkarah

Y yo aquí...

Y yo aquí... Y yo aquí, pequeña e invisible, escondida, te miro mientras el aburrimiento de ti se apodera. Quisiera acercarme despacio, volverte la cara con la mano, y mirarme en tus ojos. Así una eternidad hasta que leyeras el amor que hay en los míos. 

Soñadora de sueños, te hago mío, y te escondo entre las letras, para que nadie te atrape; pero tu refulges, sales y te clavas en otras miradas de manos más avispadas que las mías. Te acaricio lejano con mis manos conformes, atadas.

La noche duerme, eterna en tus ausencias, y esperanzada a los amaneceres en que surgirá tu encuentro.

Mi voz quisiera volver a la niñez, para volar con esa naturalidad a decirte un secreto al oído. Sí, allí, en el balcón te  susurraré lo arcano

Perdidas entre tus horas se escapan mis palabras, y tú ajeno a ellas la mayor parte de las veces. Entre cristales, sobrevivo al agua estancada, esperando que tiendas la mano para salvar nuestra distancia.

Entre las sombras, atrapo con mi mano el resplandor de uno de tus besos, y ante tus ojos ciegos, poso sobre el mis labios.

Espeleóloga en cada esquina de tu alma, esperando el amor. Voy escrutando sus cavernas, y  cada día salgo a tomar el aire desnuda de sentimiento.

En cada flor mustia de primavera, duerme este amor sin esperanza.

Yo hablo, pero no hay escucha

Sakkarah

Al fondo.

Al fondo.

Al fondo, entre los árboles, con un aspecto tenebroso, se esconde la vida.

Un poderoso señor reparte la fortuna a sus vasallos. Me quiere castigar regalándome las flores deshojadas; pero no puede callar mi palabra, que sonará como eco que cala su alma. En espera de su bondad mis dedos van trazando figuras en la hondura de su pensamiento. Mi fin hará palpitar su corazón.

 

Sakkarah

Las nubes.

Las nubes.

Las nubes sueltan la melancolía esparciendo el suelo de aroma de tristeza. Los ojos no quieren recordar la catarata continua de otro tiempo, y secos desafían tras los cristales. Las burbujas del desencuentro anuncian más penas, y el futuro se vuelve más incierto con el temporal.

Sé que el sol vendrá a mi encuentro, pero la espera es larga en pensamiento. Otro día correré tras el arco iris hasta difuminarme para poder entrar en su mirada

Todo cielo cae, como los cúmulos de amor se deshacen, y el agua corre rápida por el cauce mientras mi corazón nada contracorriente

Sakakrah

Se dilata la espera.

Se dilata la espera.

Se dilata la espera, y me fallan las palabras. Con una melodía de flauta en el pensamiento, intento encantar este sentimiento que serpentea en al entraña. Sube y baja en la espera, danza en la brisa soledad.

 

Aún corre la sangre entre las venas de nieve. Bombea en las arterias imaginando tu aliento. Mis manos pasean rozando el cristal, intentando hacer visible el sentimiento en la esfera de la indiferencia.

 

En el rocío palpita mi llamada, en las flores cercanas a tu celda. Tus ojos ciegos no pueden verme, ni tu pecho me escucha.

 

En esta llanura tan extensa, soy flor de espino.

Sakkarah

Despierto...

Despierto... Despierto perdiéndome en tus ojos. Tu nombre acude a mis labios, y en el recuerdo de tu cuerpo, lo pronuncio despacio. Entre la leña, sus letras preparadas para la hoguera del amor. Excelso su humo, que se eleva dejando tu aroma. Cada noche te recreo en tus palabras, y repaso la luz que me dejó tu esencia. Torpes son mis letras cuando intento narrarte. El sentimiento, tímido, se esconde por los recovecos de mi cuerpo.

Sakkarah

Será.

Será.

El apagón sólo es mío, yo le di la vuelta al astro. El lodo sólo mancha mis pies si a el me acerco. Sierva de mis pasiones me veo, pero íntegra y natural. Sin pigmentos que destiñen con el roce.

Ahí están mis rastros de lumbre que serán recogidos. Las noches serán de ensueño, sobre huracanes vendrá hacia mí.

Mi canto será escuchado por el oído atento. Un traqueteo nostálgico resonará en su pecho, y las rocas mostrarán sus grutas. Allí me aposentaré y el movimiento de mis labios será caricia de agua.

De mi cabello el aroma que llena el abismo, y en mis hombros el peso del amor. Labranza en su cuerpo seré, cosecharé su fuerza que abrasa. Por su espalda resbalarán mis versos. Pirámide en sus ojos, tormenta en su entraña, lumbre en su boca. El será el abismo en que me pierda.

Sakkarah

Las aguas...

Las aguas... Las aguas, hoy transcurren tranquilas; no son aguas dulces, tan siquiera amargas, son serenas e insípidas, pero no se estancan.

Los silencios son fructíferos; ahondan y encuentran. El espejo me devuelve una imagen que me complace, en la que me reconozco y me acepto. Acostumbrada a la ausencia, ya nada me enerva.

El aire trae melodías que dejaron de ser nanas. Ya no mece un corazón asustado, su vaivén mueve los sentimientos envalentonados.

Hoy puedo ser luz para ciertas miradas. Incandescente para quien mi fuego aviva, inocua para el resto, y eje para mí misma.

El amor se asoma a las balconadas de mis ojos, se me escapa por los poros de la piel. Se prende en cada mirada, en cada caricia. Como rama se enreda a tu corazón.

Sakkarah

En su período...

En su período...

En su período vital las mutaciones muestran las carencias de los seres, de las cosas. Ayer joven, hoy sus huesos porosos le sostienen con dificultad. Ayer lucía en belleza plena, hoy se desvaneció su hermosura. Imperio glorioso que cayó. Fuerza hercúlea convertida en flácida carne.

 

El nacimiento nivela el desencanto sorprendiéndonos en medio del declive. La acción en el recuerdo alimenta la mente abocada a la desilusión.

  

Mis dos almas se despliegan para dejarte en medio. Allí tu atiendes, ora la maliciosa, después la angelical. Y yo guardando el equilibrio para que no se rompa el fino hilo de seda que te ata a mi corazón.

 

Siempre hay una tercera voz que me hace alertar; entonces el corazón se detiene queriendo guardar silencio, intentando escuchar, y escucho mientras la noche va cayendo sobre mis ojos como lágrimas negras, invitando a una somnolencia que no quiere despertar.

 

La fuerza de la seda que roza mi piel, aviva mi sentido de mujer. Me crezco, como se crece la espuma si la atrapan en cáliz. Subo errática en el pensamiento hasta retomar el hilo que no se quiebra, que resiste como cadena de eses forjada en oro macizo. Nuestro amor.

Sakkarah

Siempre.

Siempre.

Siempre un hueco a mi lado, el lugar que ocupa, mi compañía invisible que no me deja estar sola. Con él no hay un espacio en blanco en mi mente.

De su mano, el arco iris se pone tan cerca, que uno es capaz de poder perderse en el. No hay momentos malos para mí, no hay tristeza en él que nuble nuestro espacio, Su sonrisa todo lo abarca haciendo que aun en la bruma, el paisaje esté totalmente vivo. Su mirada todo lo trasciende, todo lo analiza, mientras yo sólo soy capaz de admirarle.

Intento ver lo que me rodea, sabiendo que nada se fija en mi mente, solo su rostro, su figura. La música, que en mi todo lo mueve, se hace silenciosa a mi oído; sólo su voz en mi grabando y rubricando el corazón. Su tacto trazando sueños en mi cuerpo, tatuándolos para mi recuerdo.

Mi vida, mi amor, mi todo.

Sakakrah

Quedas acurrucada...

Quedas acurrucada...

A veces me pregunto por esa alegría, ese estar siempre de broma, esa vitalidad de agotar los segundos bailando o de cualquier otra forma…Se pierden tantas cosas…Ahora , con la edad, me viene a ráfagas, pero hay pausas y no quisiera que las hubiera.


Un soplo la vida, un instante que no se puede sujetar. Nací para ser un ave en libertad, y, al mirar atrás no me arrepiento de las cosas porque deduzco que todo tiene una razón de ser; pero si me entristece la cautividad.


Como el ratón al queso puesto en una ratonera, se acude a la jaula de oro donde la puerta está abierta; pero al cruzar su umbral, unas cuchillas cortan las alas, que quedan fuera. Allí, para remplazarlas haces un nido amorosamente, y pasas la vida contemplándolo con amor hasta que, un buen día, te lo arrebatan. Entonces empiezas a dar vueltas, a intentar encontrar la salida.


Las aves también sueñan, y te crecen unas alas nuevas; pero al salir al mundo ya perdiste la noción de la vida. Y en los vuelos vas dando tumbos que hieren tus alas hasta ya no poder levantar de nuevo el corto vuelo.


Otra vez, cerca de la puerta, quedas acurrucada sin saber que hacer, da igual que ya te dejen la puerta abierta, dan igual los fríos, o el calor que te despierta. Sólo queda una espera sin esperanza.

Sakkarah

El amor...

El amor...

El amor solo se puede investigar en el interior de la persona. La palabra lo empequeñece. El sentimiento únicamente se aprende en la experiencia, en lo vivido.

La suavidad del pétalo, el hondo dolor de la espina, aroma único en el amado. Rompe diques, muros, con valentía. Destroza todo obstáculo hasta el contacto, donde se hace instante infinito.

Teoría del silencio donde habla el roce que enardece el deseo. Desesperación en la distancia. Sólo hay vida en el amor.

Sakkarah

Pasó...

Pasó...

Pasó el último tren, aunque todos los sentidos se nieguen, se impone abandonar la estación. La vía en soledad y lejanía marca un camino incierto, cansado y aislado.  

El orín de los raíles habla de tiempos mejores y lejanos. Marca el fin de los sueños, el descanso sin latido. 

Hay una escalera en el nocturno cielo, me invita a subir sus peldaños despacio, mientras voy apagando las estrellas. La luna exige un mayor soplido, se apaga con el fuelle de la última quimera.  

Aire y sueños quitan la luz a la noche. Ya puedo cerrar los ojos y recostarme para la última espera.

Sakkarah

Respiro hondo.

Respiro hondo.

Respiro hondo y noto que no se puede retener el aire, pero el se renueva a cada instante para mi

Apretaba el amor entre mis manos y al notar que una gota se filtraba entre mis dedos, abrí la mano para que corriera en libertad como el agua del río.

Las olas rompen con fuerza contra mi piel y rápidas vuelven al mar dejándome llena de sentimiento...

Sakkarah

En sus manos.

En sus manos.

En sus manos se derretirá esta nieve de invierno que hace que tirite en la soledad de la noche. Retirarás la ceniza de un fuego extinguido, y el peso de tu boca lo sentiré en los labios. Fina hierba mi piel para tu espalda.

Murmullo sagrado en el altar del amor, secreto trascendente en mi oído. Suave corcel en mi cintura, tú, enorme en todo. Tiza de vida, sello incandescente en el alma.

Un ventisquero nuestro oculto a los ojos del mundo, con el sonido de tu risa, y la luz de tu mirada.

Sakkarah

En la quietud.

En la quietud.

En la quietud de la ausencia tu nombre se aleja cargando con mis dudas. Esporádicas las mariposas a ti vuelan, para volver de amor vacías.


Tu corazón solo emite hacia mí un susurro lleno de silencio. El olvido se adelanta para que llegue tarde el amor.

Sakkarah