Edad del Hierro: Costumbres arevacas y celtas.
MUJERES Y DONCELLAS
Estrabón, historiador romano del siglo I d.c., escribió que las mujeres del norte de la península llevaban vestidos con bordados de motivos florales. Quizás este gusto por los bordados de flores explique los mantones de los trajes regionales de toda España en general y de Castilla en particular..
También describe que usaban tocados cubiertos de un velo (…)
Una curiosa costumbre era que algunas doncellas se rasuraban la cabeza, pero Estrabón no menciona si eran sacerdotisas, esclavas, o alguna especie de voto.
HOMBRES
Poco sabemos de sus peinados, existen citas a que los celtas galos bebían "filtrando el líquido a través de sus grandes bigotes". Ciertamente con bigote aparecen representados en muchas esculturas (celtas y del mundo grecolatino) y así se les presenta en el famoso Axterix. En Gallaecia se ha encontrado otra figura también con bigote.
De todas formas, en otras figuras aparecen sin bigotes (rasurados o con barba) y en algunos restos humanos que se han conservado en ciénagas, aparecen con barba.
Con respecto a los vestidos, existen referencias al uso de cuadros y rayas de brillantes colores en la ropa y han aparecido restos de tejido de este tipo en las minas de sal de Hallstatt. Sin embargo, esto no podemos tomarlo por norma y existiría una lógica falta de uniformidad. En la península eran habituales pantalones más cortos que el las Galias, los braccae que luego copiaron los legionarios romanos.
LA CERVEZA
Los romanos contaron en sus crónicas que los celtas de Iberia elaboraban una bebida fermentando cereales. Así, Estrabón la llamó con el termino griego "zytuos" y más tarde, Cayo Plinio la llamó "celia" si se obtenía de cebada o "cerea", si provenía del trigo. Finalmente, los romanos adoptaron el nombre de "cerevisia", de donde procede la palabra castellana "cerveza".
Como anécdota, Orosio cita que los numantinos se embriagaron con esta bebida antes de su último y desesperado combate. Él mismo escribió cómo se obtenía: "...por medio del fuego se extrae el jugo del grano de cebada, previamente humedecido; lo dejan secar y después de reducirlo a harina, lo mezclan con jugo frescos que luego hacen fermentar, lo que le da un sabor áspero y, al beberla, se siente un calor embriagador"
Tomado de la página: http://www.maderuelo.com/
Mas no se terminó con ésto el problema pues desde Viena y enviado por Leopoldo I, llegó a Madrid otro visionario, el capuchino Fray Mauro Tenda que interrogó terroríficamente al pobre Monarca concluyendo que no estaba endemoniado pero sí hechizado y propuso un plan muy de tipo psicológico, concluyendo finalmente que “si la receta falla y el dolor persiste, será señal de que la dolencia tiene causas naturales y ha de ser curada por los médicos”.
Alguien nos ha comentado que el Síndrome de Klinefelter se acompaña de talla alta, de tipo eunucoide con extremidades largas y de ginecomastia, cosa que no tenía el Rey pero es que, aparte de las lesiones óseas propias de su raquitismo, podría tratarse de una variante de este mosaicismo con fórmula 46XY/47XXY con talla normal y sin ginecomastia y sin embargo, siempre con azoospermia, retraso mental, y a veces lesiones cardiacas y tiroiditis auntoinmunes.
Tan retrasado física y mentalmente estaba que al cumplir los 14 años en que según el testamento de Felipe IV debía ser declarado mayor de edad, su propia madre, doña Mariana de Austria, consiguió que las Cortes mantuvieran su regencia dos años más y con ella la privanza de Valenzuela, increíble episodio tragicómico de aquella España sin rumbo y sin cabeza rectora. Todo lo tenía preparado don Carlos para ser coronado llamando a su hermanastro don Juan José de Austria, el primer bastardo que tuvo Felipe IV, pero bastó una larga conversación con su madre para que saliera llorando de la estancia y ordenara que don Juan José se retirara a Nápoles y Velenzuela a la Embajada de Venecia, cosa que no cumplieron pues el valido regresó enseguida a Palacio y el bastardo, poco después de un año, llamado nuevamente por don Carlos, reuniendo fuerzas en Cataluña y Aragón se acercó a Madrid, donde se le recibió triunfalmente en enero de 1677. Así culminó don Juan José una larga marcha hacia el poder eliminando a sus tres grandes enemigos. Ya en 1667 había logrado expulsar al Jesuita Padre Nithard, Confesor y Confidente de la Reina doña Mariana y en aquellos días iniciales del 77, capturar a Valenzuela acogido al Sagrado de El Escorial desterrándole a Cavite en las Islas Filipinas y sacando de palacio a la Reina Madre.
Siempre he tenido un enorme respeto para estudiar a Carlos II como enfermo pues si cualquier personaje de los que hemos publicado tuvo un padecimiento fortuito o circunstancial como puede ser un traumatismo, una infección o una neoplasia, el último monarca de los Austrias fue un enfermo desde el mismo instante de su concepción hasta su muerte.