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Sakkarah

Me trasladé.

Me trasladé.

Me trasladé a su ciudad, dejaba atrás mis nervios rotos; ese desgarro que se siente en el alma cuando se rompe con todo, cuando de tu vida debes borrar lo imborrable. Sólo había tenido dos opciones entre las que escoger: Mi eterno infierno, en el que quedaba una parte de mi ser, o hacer la maleta del tiempo para correr tras los sueños.

 

Abrí el armario y saqué el vestido de esperanza, los zapatos de valor y un bolso de rebeldía. El interior desnudo, como mi alma.

 

Al entrar en la habitación, me recosté en la cama dejando fluir las lágrimas del olvido. Quería que al encontrarme con él sólo me iluminara mi sonrisa. El cansancio pudo con el llanto, y, al fin, quedé dormida. En mis sueños desfiló toda una vida de amor que culminaba en la escena de dos ancianos enamorados, paseando por la orilla de la playa de la mano Él, aun a veces, la sujetaba por la cintura.

 Tuve un bello despertar, me encontraba llena de confianza. Empezaba a realizar mi gran sueño, el que me acompañó toda una vida. Busqué el móvil y marqué ese número mágico del que salía una voz que hacía vibrar mi cuerpo. Sólo faltaban unos instantes para nuestro encuentro. Marqué sin ninguna inquietud, sólo el corazón latía desacompasado, emocionado.

Las palomas se van apartando de mi paso cansado. Saben que no miro donde piso, mis pies se arrastran por el peso del alma. Frenan los coches y, sus conductores me gritan cosas ininteligibles para mi. La gente a veces me empuja a mi paso, llevan prisa por llegar a un lugar determinado. No hace falta tiempo, ni lugar cuando se va hacia el camino de la nada.  Sólo encontrar una sima donde dejar caer este cuerpo tan pesado que siempre me acompaña.

 

Un salto en mi pensamiento me avisa de que algo ha pasado. En mi oído solo se escucha: “Apagado o fuera de cobertura” Esas palabras palpitan en lugar de mi corazón.

 

El frenazo chirría despertándome. Sólo se escucha un grito, enorme, hace eco en mi vacío; pero...ya viene la paz del eterno sueño.

Sakkarah

4 comentarios

Sakkarah -

Gracias, Carver.

Es un cuento que hice, no es real. Estaría muy triste al escribirlo, pero no fue así. Siento haberos equivocado.

Un beso.

Carver -

Sak, siento leerte así. Como ya te ha dicho otro amigo, la paz eterna no existe, sólo existe el vacio eterno. De verdad deseo que ese móvil deje estar apago y que él se reencuentre contigo y seais dos ancianitos de cuidado. Un abrazo.

Sakkarah -

Si soy fuerte, sí.

El pensamiento a veces nos lleva lejos, pero la razón se impone.

Gracias, Dino. Muchos besos.

Dinosaurio -

Esos sueños eternos son cantos de sirena, Sak. No me gustan nada. No se consigue así la paz. Hay que sobreponerse, lo sabes muy bien. ¿Qué podemos decirte nosotros que tu no sepas?
Eres fuerte (lo has demostrado miles de veces) y puedes también con esto.
Un beso.