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Sakkarah

La princesa y el sueño.

 

En un país muy lejano, vivía una princesa llamada Alexandra de inmensos ojos azules como el mar y de una sonrisa embaucadora. A su castillo llegó un día su principe azul, tan esperado por ella, y del cual se enamoró perdidamente. Se casaron y fueron felices durante años. Él la miraba con pasión y ella lo miraba con ternura. Nunca hubo un amor igual en todo el reino. La princesa feliz de haber hallado en la vida a su principe, no daba crédito a lo que estaba viviendo...y cada día aunmentaba más su felicidad. Se entregó a él en cuerpo y alma. Todo le parecía poco para hacer feliz a su principe.

Pero su principe, empezó a cambiar con ella. Todos los años vividos tan felices se tornaron amargos. La encerró en el castillo en una mazmorra, y la maltrató hasta que sus gritos se oían fuera del reino. La princesa no sabía porque el principe se comportaba así con ella. Le pedía clemencia, pero él no le hacía caso.

Hasta que un buen día, la princesa, ayudada por sus hermanas, que pasaban por alli, al oir sus gritos, la sacaron de la mazmorra, y del castillo, y se la llevaron lejos, muy lejos, donde el principe, no pudiera encontrarla.

Desde entonces la princesa juró que ningún principe, volvería a hacerle daño. Y así fué. Se dedicó a ayudar a los demás, y todo aquel que la necesitaba acudía a ella. Y así llenaba su vida de amor y comprensión por los demás.

Pero un día acertó a pasar por allí un extranjero, que no le pidió ayuda a la princesa, como hacían todos los demás. Sino que viendola deambular por las noches de madrugada, le intrigó su incansable insomnio. Su estado de salud tampoco era muy bueno, él se dió cuenta en seguida. Y sin mediar palabra intentó ayudar a la princesa en todo lo que vió que ella necesitaba, pero que nadie se atrevió a hacer.

Ella sorprendida y emocionada a la vez, se dejó cuidar, por tan intuitivo caballero, que le susurraba palabras tan sutiles como delicadas, y hacían de sus encuentros diarios, un verdadero cuento de hadas. Pronto volvió la ilusión a la vida de la princesa, y de nuevo brillaron sus ojos tan azules como el mar, que tiempo atrás, tanto habían llorado.

Aquel caballero extranjero, de tan refinadas palabras, nunca supo por qué la princesa tenía insomnio. Ella no quería dormir, porque cada vez que llegaba la noche, aparecía en sus sueños el principe, que tanto mal le había hecho, y éstos se volvían pesadillas. Y la princesa ante esta situación día tras día, decidió no dormir.

Solo cuando conoció al extranjero, dejó de tener pesadillas y empezó a soñar con él.
Soñaba la princesa despierta o soñaba dormida, que junto con su amigo el extranjero, se iría a conocer su país, y una vez allí, él la tomaría en sus brazos, y besandola suavemente, la dejaría caer en su lecho, y harían el amor.

Pero pronto se dió cuenta, que la que podía hacerle daño era ella y como lo quería demasiado, se alejó de él. Nunca pudo comprobar si fué un sueño o fué realidad. Lo que nunca olvidará es que él la hizo soñar.

Angel sin alas (Angelsinalas)

2 comentarios

Sakkarah -

¡Qué más quisiera yo que tener mágia...!

Es que tu escrito es bello, y antes no podía poner imágenes con movimiento, he aprendido con este tuyo.

Me alegro que te haya gustado.

Un beso.

angelsinalas -

Te ha quedado precioso, Sakk, de verdad. Y la imagen aún más. Todo lo que tocas lo conviertes en algo distinto y con magia.
Muchas gracias.

Besos, wapa.