SakkarahRomanticismo |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Mis cuentos. Mi tía...![]() Mi tía Ofelia era una mujer muy desagradable. Tenía una paloma, que cuando se le escapaba, la llenaba de insultos. La pobre paloma, amedrantada, volvía con las alas caídas. Sakkarah Venus![]() El nuevo día se acerca claro, de partículas de luz limpias. Soy una piedra tallada en proporciones bellas. Venus de corazón mutilado. Bajo la hierba.![]() Bajo la hierba yacen los secretos, en perpetuo silencio permanecen, despertando en las pisadas. La canción de la hierba, imperceptible para el viajero veloz, se desvive en el oído del que reposa, del que piensa y ama. Demasiado entretenido...![]() Demasiado entretenido el reloj de arena... Sakkarah El fuego.![]() El fuego se extiende silencioso sobre los campos. El campesino duerme, mientras se asola todo lo sembrado. La montaña.![]() La montaña se había visto cubierta por los hielos, su corazón frío la alejaba, la hacía inhóspita. El sol se ocultaba como si necesitara de su alegría para aparecer radiante. Yo, el gato.![]() La verdad es que ya me tienen bastante harto. Me prohíben pasear por donde yo quiero. Que si en las alturas no, que si me cuelgo de la lámpara, que si se cayó un tiesto, y que si la dama de porcelana la endiñó. Me tienen agobiao, no puedo hacer mis necesidades a no ser que sea entre piedras, eso sí, ellos tienen su lugar especial para no magullar sus carnes, y su papel.
Después los niñitos, que sí, que los quiero, pero ya son pesaditos con tanto sobeteo. Y cuando viene el vecino, va y me tira del rabo. ¡Si entendiera lo que le digo en esos momentos…!, el niño tiraría de donde yo le dijera.
No, yo ya he tomao mi lugar, y aquí voy a descansar, además esto es paso obligado de ratones. A ver quien es el chulo que me hace levantar de aquí. Sakkarah Al fondo.![]() Al fondo, entre los árboles, con un aspecto tenebroso, se esconde la vida. Sakkarah Hoy...![]() Hoy he decidido partir sola. Cuando lo vi a lo lejos, me acerqué despacio. ¡Cuánto tiempo si acercarme a mi viejo velero! Los colores están algo carcomidos por el salitre y el sol. Su vieja madera asoma, pero eso lo hace más preciado. He subido a cubierta, y todo está igual, sólo necesita un poco de limpieza antes de adentrarnos en alta mar. Han acudido a mí, de golpe, todos los fantasmas del recuerdo tirándome de la ropa para que les dedicara un pensamiento; pero aunque bajo mi chaleco, aun palpita mi corazón, mi cara no se ha atrevido a hacer ningún gesto. Ha quedado paralizada en su papel de frialdad. No voy a sucumbir al pasado cuando voy a atravesar el mar en soledad. La brisa mueve mi pelo, y el horizonte está raso, despoblado de sueños. Hay firmeza en mi corazón para seguir adelante, y llevo las puertas abiertas del alma para dejar adentrarse las corrientes. Sakkarah El espacio...![]() El espacio estaba abandonado, la tierra se dejó morir. Su alegría renovó el aire haciéndolo fina brisa, y la tierra, agradecida floreció. Sakkarah Los finos... Los finos y frágiles hilos invisibles fueron rotos por el sueño. La luminaria, de belleza increíble, es rauda en su caída. Una estela brillante deja esparcida en el abrazo con el espacio. Su luz abre mis ojos perezosos y cargados de somnolencia. Allí, en el alfeizar de mi ventana, se posa entregada. Mi tímida caricia hace que me abrase el alma, y mi cuerpo se estremece rememorando cada paso perdido. Su sordo latido me impulsa a explorar el desconocido camino de abismos que me perderán en asombrosas sensaciones. Sakkarah En hilera.![]() Autor imagen: Marie Laurencin En hilera paseaban ante mis ojos. Metida en el desfile me encontré. Muñeca de cartón entre porcelanas. El amor volaba cerca, muy cerca, mas nunca me podía aproximar. Hélice sobre mi cabeza que me hacia arrodillarme. Mar Tu aguas defienden la tierra de la mano del hombre. Allí el arado no la traspasa para que los corales broten libremente. Eres balsa en el paseo de los sueños y ruges porque te gusta inundar al hombre de misterio. Golpeas la roca como pasión violenta, y la rodeas de tiernas espumas que lavan las heridas de tus vaivenes. La serenidad de tus olas se acerca a la caricia, y aun no entiendo cuando tus brazos emergen a arrebatar la vida. Reflejas el resplandor de los astros y acoges las noche. El cielo te busca en unión quimérica a los ojos del hombre. Sakkarah Las nubes...![]() Autor imagen: Joaquín de Aro Las nubes estaban muy alborotadas, brillaban con gris intenso, no eran los mejores días para navegar. Ruge...![]() Ruge el viento, aleonado, amenaza con la destrucción. Es día de nieblas, y a lo lejos la sombra negra pasea haciendo recuento de sus maldades. Las cuenta con avaricia. Con la mirada doy una señal a la ventisca, que rauda arrastra la sombra, elevándola patas arriba. Divertida la imagen del mal, invertida, con las faldas cubriéndola el rostro y dirigiéndose al destierro, camino de su perdición, y de perderse. No hay farola contra la que no estrelle su cabeza a su paso. La maldad va adquiriendo formas achichonadas y grotescas. Mi liberación va tomando el perfil de la felicidad, el viento se hace brisa, el sol levanta las brumas. Voy corriendo a soñar de nuevo. Sakkarah Los cipreses...![]() Los cipreses van señalando el camino. Majestuosos, consiguen que se haga un nudo en las entrañas; pero tengo que seguir el impulso que me guía hacia delante. El caserón de estilo victoriano, no podía ser menos, impresiona por sus ruinas, pero el gato me hace pensar que dentro palpita aún la vida. El chirrido de la puerta me encoge el corazón. Trago saliva, hay que ser torera de capote al aire, que los vientos ondulen Una luz de sucio amarillo se dejaba ver por la rendija entreabierta. Azulejos gigantes, de blanco grasa, me daba su reflejo opaco. Me perdía por los grises suelos porosos y mi corazón empezó a latir acelerado al encontrarlos. Tan gigantes, poseídos. Sus caras no eran agradables, y las afeaba un rictus de amargura. No existía al sonrisa. Sus ojos de acero no reparaban en mi. Ellos tan majestuosos, con sus altos gorros blancos, sólo se ocupaban de guisar. Enormes cacerolas rojas encerraban entre sus paredes negras, lo que se cocía. Hedía, era difícil soportar el aroma que soltaba el guiso de los prepotentes ciervos. No soportaba esa mirada metálica y esa mueca torcida de sus gentes. Su altura...
Salí corriendo para sentarme al pie del primer ciprés. No podía alejarme, pero me negaría a comer sus misteriosos potingues. No quería soportar su gesto cruel, ni fría mirada. Yo, al pie del árbol, amiga de las hormigas.
Sakkarah El espejo...![]() El espejo me devuelve mi imagen. Es algo extraño estos cuernecillos que me salen; soy tan despistada que ni cuenta me daría cuándo me empezaron a nacer, por no decir, cuándo me los empezaron a poner. Pero me veo muy roja, ¿será que a estas alturas de mi vida me he vuelto apasionada? Tengo que examinarme. Nunca dejo las cosas en su sitio, salgo de la cocina y me he traído el tenedor al baño: un caso perdido lo de mi principio de alzheimer. Aunque, lo que ya me descoloca del todo es este rabo tan peludo al final; casi se podría decir que me he convertido en diablillo, o, en diablesa; esta última idea me gusta mucho más. Lo que más me agrada de los espejos, es que no revelan mi forma de ser. No se ve mi torpeza en tantas y tantas cosas, ni mi falta de carácter. Aunque al ver este enrojecimiento repentino, bien pudiera decirse que estoy airada, que no aguanto a zutanita por lo engreída que es. No me importaría que se dejara traslucir mi sentido de la justicia, pero este espejito me tiene una manía terrible; con estas rojeces , seguro que está dejando ver mi envidia por la Shifer. Aunque tengo mis dudas, porque he oído que la envidia es amarilla. Creo que lo mejor es volver a la cocina, porque, al final, terminaré viendo una rana tras de mi, y pensaré que es mi príncipe. Ya sólo me falta oír ese chiste tan machista de que me van a agrandar la cocina para darme más libertad. Me alivia mucho pensar que lucifer era el ángel más bello; hoy fijaré esto en mi pensamiento para tener la moral muy alta. Necesito que él me encuentre guapa. Sakkarah Trajín![]() Trajín de máquina, y tic-tac de reloj. Unos cables unen la noche y el día, todo muere entre las paredes Sakkarah Abría su puerta.![]() Abría su puerta leñosa para que yo entrara. Con sus brazos rama me tomaba por el hombro alentándome a entrar. Las flores se alineaban haciendo paso, y mis pies se posaban por su alfombra de raíces. El musgo tapizaba sus paredes, de las que pendían candelabros de margaritas. Me resultó curioso, ver preparar a las abejas el postre, tan laboriosas. El sol brillaba, esperando a la salida, y mi corazón latía descansado mientras, fuera, veía retozar las cabras que me traerían el desayuno. Ligero era mi peso con mi mente desinhibida, alejada del ruido, el alma se eleva a la copa; y entre amarillos y verdes se bebe el cielo. El río suena invitándome al baño, feliz me siento en este hogar aislado donde en soledad floto. Un suspiro se escapó en el aire, y en los raíles serpentea camino de la ciudad. No hay billete de vuelta. Saco el pañuelo de las ausencias, para ondearlo diciéndole adiós. Sakkarah Tan solo una hormiga.![]() En el sendero de la vida, de áridos parajes, me salgo de la fila a un frondoso parque. Alcanzo los tesoros con la vista, no pudiendo con el peso. Parada, llueve la riqueza de los desperdicios; soy sola en la carga. La fronda se hace espesa y el cansancio nubla a mi vista los colores. Triste soledad de decisión, quedo quieta, aterrorizada. Capricho![]() Es una escalera de caracol. Larga y estrecha. Todos se pelean por subir por ella, pero el caso es que para llegar abajo, a su primer peldaño, primero cayeron desde arriba. Allí, en el país de los ensueños sin pies ni cabeza, ellos se asomaban. La curiosidad les perdía y caían al abismo. Un lugar oscuro en el que sólo resaltaba la escalera de bronce. Sakkarah Posé mis ojos.![]() Posé mis ojos en las aguas del mar, allí donde siempre encontraba la serenidad. Un repentino impulso me hizo pasear para encontrar materiales. Había decidido hacerme una casa o cabaña frente a el. Nunca había construido, pero sabía que siempre que preguntara iría aprendiendo. Me di cuenta de que la gente está deseosa de instruir y de ayudar. Enseguida tuve algún ladrillo, maderas...Decidí no disponer de dinero, pues el poco que me quedaba sólo lo utilizaría para subsistir, para alimentarme frugalmente. No sería una construcción sólida, pero tampoco mi vida estaba asegurada por gran tiempo. Había decidido entregarme al azar. Podrían hacerme levantar mi casa, pero estaba en una playa apartada, escasamente visitada. Quizá se decidieran a hacer la vista gorda. Paseé por los contenedores para encontrar algún mueble que hubieran dejado a sus pies. Sabía que había gente que de allí los cogía para alquilar sus casas amuebladas. Enseguida encontré dos banquetas pero el lugar donde aposentar las posaderas estaba vacío. Si encontraba unas cuerdas lo arreglaría enseguida; total yo no pesaba demasiado, y seguro que no tendría visitas. Enseguida me dieron un colchón semi nuevo y ropa de cama. Esas personas sabían que yo nunca tendría con que agradecer sus cuidados, pero se sentían pagados con una sonrisa. Cada noche, antes de acudir el sueño, yo moría de terror. Nunca conseguí acallar mis miedos, aunque me daba igual morir. Esperaba la visita con la guadaña incluida; pero quería una muerte dulce. No podía elegir a no ser que yo misma tomara la iniciativa, y no lo haría. Hoy sé que todo acabo. No sé si soy feliz, pero ya no dependo del amor. Nada me ata mientras flotando veo lo que fue mi último reducto. Nadie puede tocarme, no me ven, pero tampoco me dañan. Pensé que no habría lágrimas para mí, pero noté como les brotaban al recoger mi cuerpo. Parecía dormida... No, no me aliviaron sus llantos, sólo hubiera necesitado detalles... Sakkarah Quiso pensar...![]() Quiso pensar, y pensó tanto que olvidó la lectura por completo. Enredada en su pensamiento, escalaba una vida extraña. Ya no la importaba nadie, era ella con su mundo imposible a cuestas. Sus ligaduras se iban debilitando y rompiendo, a poco tiempo de llegar a la cima. Al fin, pendía de un hilo y se adentraba en las espumas de la nada. Allí sintió el frío que taladraba los huesos de sus piernas, y se aferró a una roca para salvarse. Necesitaba un libro. Todo lo que necesitas lo encuentras en el lugar apropiado. Ante sus ojos, con sus páginas abiertas, la esperaba. Ella ávidamente leía, mientras iba tornando el calor a su cuerpo. Ya sentía sus pies, y se encontró ligera para poder correr en pos de la imaginación perdida. Sakkarah Entre...![]() Entre las mal colocadas, y deformes losas, nació un jardín salvaje de Pensamientos enanos. La belleza siempre sorprende en los sitios más inesperados. Sakkarah Monstruo![]() Sus ojos grandes, bien abiertos, y muertos; con la luz del mal en el fondo. Pequeño monstruo que saca pecho queriéndose estirar. Sigiloso, esperando el instante de infligir la condena. En las noches prepara su festín, y en el día se empapa para la maldad. Solitario y huraño, se retuerce de risa con otro dolor. Impecables sus manos, no manchadas de sangre. Su mente perforadora silenciosa de las almas, cuchillo carnicero. Cordero con lazos que bala a los pies de todos. Abominable víbora. Sakkarah El candelabro.![]() Los pasos van guardando equilibrio entre el empedrado, la cuesta les pone freno; pero la magia de la ciudad da alas a los pensamientos. Ellos aún no conocen los celos, el fracaso; nunca se habían dado cita con el engaño. Sakkarah Luna![]() Sola, más luminosa que ninguna, pero vigilada por todas las estrellas que te rodean.Penetras en el pensamiento de los nocturnos envolviéndolos en sueños. Guías los paseos arropándolos con un aura armónica. Reflejas esperanza musitando silencios, envuelves con tu magia, iluminas la tristeza. Coqueta, te cubres con velos algodonosos en las ocasiones propicias al misterio. Enamoras. Te sabes bella y no profieres palabras. En soledad de amor esperas cada asomo en el amanecer. Allí te fundes en el corazón del amado hasta llegar la noche donde gustas de sentirte libre aun sabiendo que mil ojos de él, como luceros te vigilan y te adoran. Sakkarah El poder corrompe.![]() Un hombre soñaba con su ideal de igualdad. Luchador nato, trabajaba y alentaba a otros para llegar a la cumbre. Manejar la política del país, sería conseguir que nadie siguiera siendo explotado. Muchos que conocían de cerca la miseria, le subieron en hombros aupándole hasta poder llegar a alcanzar el poder. Tras muchas luchas, y días intensos de trabajo, lo consiguió. El primer día de despacho, contempló el enorme y negro sillón, y decidió que antes de poner manos a la obra, debería probarlo. La piel hizo mella en su dermis, y le invitó al sopor. Allí, con prisa, llegaron los sueños a trabajar en su mente. Soñó que el dinero compraba su conciencia; que al moverse el dedo, se movían las cosas con consecuencias de grandes magnitudes; que los pelotas botaban en una danza infinita que le producía placidez… Parece ser que al despertar, se dio cuenta que el sueño era bello y cómodo. Decidió que la vida era así, y que los obreros nunca dejarían de serlo; que debía pedir consejo a todos los políticos anteriores cuya experiencia ya era un grado. Pensó, que no acabaría el hambre por el sólo hecho de dejar de lucrarse él. Y viendo que todo lo que le rodeaba era bueno, apartó de su mente las miserias que pudieran mover su corazón, y emprendió una serie de negocios que le llevarían a la cumbre. Esa cumbre de donde nadie tendría los redaños suficientes para bajarle. Decidió que era mejor que cada cual se buscase su vida, y que allá con los pobres, o explotados. Quedó muy tranquilo con el aplauso de 4 idiotas entendidos en política. Sakkarah Todo se quedó...![]() Todo se quedó en invierno, no acudió la primavera para el árbol. Allí en medio del maravilloso jardín, aún no lo talan, aunque saben muy bien que ya no resurgirá. Los gnomos que lo habitan siempre caminan agitados, en un sin vivir, buscando en otros árboles el remedio a su desnudez. Unos les atienden, otros pasan, los menos, les insultan; pero siempre vuelven de vacío. Ellos, tozudos, nunca pierden la esperanza, y día tras día repiten el mismo ritual. Sus cascadas de hojas no caen como antaño, las lágrimas verdes se secaron. Sauce solitario y muerto. Los ojos de su tronco están fijos, ciegos entre mentiras, no se cierran. Ya no tiene tiernas hojas que lloren cada engaño, cada trampa. Frío espera la tala. Sabe que a sus g nomos, ese día les nacerán alas. Sakkarah Promesa![]() Entraste por la puerta después de un día más de trabajo. Aún no podíamos creernos esa realidad. Fue durante tantos años un sueño, que temíamos que se nos pudiera evaporar. Sakkarah Caballo. El caballo corría desbocado levantando la tierra en polvo de silencio. En su entraña, el corazón palpitaba airado con la vida; la rabia daba fuerza a su galope hacia ninguna parte. Una búsqueda constante e inmisericorde del raciocinio, le llevaba hacia la desesperación del que nunca lo podría albergar en si. Búsqueda inconclusa era la suya, mientras sus herraduras se oponían a dar tregua. Relinchaba y se elevaba incontenible. Sus crines al viento quedaron como símbolo de la pasión estática. Sakkarah Entre sus hojas Entre sus hojas, los ojos del sauce se abren como platos, en la noche. Ha quedado prendido del tenue resplandor de la luna entre la niebla. En su retina, el sueño arde como estrellas, mientras los recuerdos acuden. Es testigo de sueños desconocidos y lejanos; sueños apagados con lágrimas. En los silencios intentaba adivinarla, y la incógnita la llevaría entrelazada a sus ramas hasta ser pasto de las llamas. La oscuridad de su sombra hablaba de rotas quimeras a las que no pudo aportar luz. Sus ramas colgantes como lágrimas, no pudieron rozar y enjugar la sal de las suyas. Su esperada visita, sólo podía ser producto del amor; pero ella, un fatídico día, se había resbalado de la caja de sentimientos. Se mustiaron las hierbas que esperaban sus pisadas. No fueron sus pies los que hicieron presencia. El sauce se abate en la espera desesperada de lo que no acudirá. Su rugoso tronco no recibió la caricia de esas manos soñadoras. Mientras, la vida sigue, y él pasea feliz por sus parajes. Sakkarah Camino empedrado.![]() Mi camino es de piedra incrustada en el asfalto, donde los pies resbalan por estar ya tan trillado. Cuesta empinada donde muchos caballos desfallecen y mueren antes de llevar el carruaje a su lugar de destino. Sakkarah Mi casa. Mi casa tiene innumerables puertas, pero todas de salida. Por tal razón, no hay aromas nuevos, y el ambiente se ha hecho espeso. Una tienda sin pedidos, regalos apuntados en el debe de la memoria del tiempo. Siempre urgente, atravieso las puertas al exterior, como un misil que explota antes de llegar a su destino. La aldaba cuelga llena de orín, sin conocer el toque de la mano suave. Un rumor de voces rebelándose, claman por no recibir nunca el refuerzo. Salen las palabras y no vuelven; un pueblo que habita mi mansión en aras de extinguirse. Engalanadas con sus barrocos trajes, siempre esperan a la reina que no llega. Salió prometiendo su vuelta, y su trono ha sido habitado por pequeños arácnidos que tejen la desdicha. Amor, palabra que salió acompañada de un batallón de sentimientos, y no encuentra la entrada en esta heredad de evasiones. Sakkarah La sombra.![]() Nada había para poder saciar su apetito. Se tenía que conformar recogiendo los mendrugos de pan sobrantes de otras casas. Solía guardar silencio. Veía y callaba, hasta que un día decidió quejarse. Ese día fue su sentencia, se hizo molesta al denunciar lo que estaba sucediendo.
Sakkarah
Lobo![]() En la ojeada del animal solitario se refleja el pensamiento del hombre. La soledad buscada en rebeldía, el orgullo autosuficiente. Alejado del amor, blandiendo la espada contra su destino. Sola Begoña le tomaba amor a los objetos, disfrutaba, los compraba y se rodeaba de ellos. Su casa estaba llena de muebles. Era una manera de llenar los vacíos, esos que te hacen sentir sola. También era sociable, y se llenaba de amistades. Le gustaba salir e ir por la calle tropezándose con ellos y saludando. Pero era voluble. Un buen día se levantaba y la estorbaba todo. Tanto objeto sólo le quitaba espacio, y le daba quehacer en la limpieza. Al salir a la calle no sentía ganas de pararse; daba grandes rodeos para no tener que saludar. No le apetecía comunicarse con nadie. No es que fuese mala amiga, pero necesitaba estar sola. Sus amistades sabían que si tenían necesidad de estar con ella, la encontrarían. En realidad lo que la sucedía es que se encontraba perdida. Andaba metida en un laberinto y no podía encontrar la salida. Sabía que actuando así terminaría sola; pero no podía ir en contra de lo que su más íntimo impulso la empujaba a hacer. Sakkarah Con sus grandes orejillas...![]() Con sus grandes orejillas, y sus ojos fijos me miraba de manera insistente. Yo quería comprender en su mirada. Sabía que allí se reflejaba mi futuro, que todo dependía de poder leer en esos ojos enormes. Me quedaba hipnotizada, y mi vuelta a la realidad no me aclaraba gran cosa. Cuando me cansaba me alejaba, y corría tras de mí para ponerse enfrente. Era insistente, quería que descifrara los signos grabados en chispitas negras sobre el tono marrón del iris. Yo prefería hablarle, pues con un movimiento de su boca podría entender, pero sus labios permanecían sellados. A veces pensaba que él sólo era una paranoia más de mí agotada mente. Entonces lo tocaba, y mi tacto no podía engañarme. Esa piel viscosa y gris no era una imagen creada por mí. Era real, tanto, como que mi corazón aún latía. Salí de la casa dando un portazo. Ya no soportaba más la sensación de verme acosada por su compañía. Me dirigí a la alameda. A esas horas estaba vacía, y allí, en sus jardines, yo me sentía feliz. Al fin podía respirar, y sentir en la cara la fresca brisa. No duraría mucho esta sensación. A mi lado, muy pegado a mi se encontraba él. Esta vez me sujetó la cara para que no pudiera desviar mi vista de la suya, y leí. Pude ver ese gran río de cascada azulada y blanca espuma. Entonces me di cuenta que aún, a pesar de todo, la vida me había reservado un paraíso. Supe que jamás me encontraría sola, porque el río no dejaría de fluir. Siempre me acompañaría la húmeda sensación de mi piel, después de la caricia del agua. Sakkarah Me trasladé.![]() Me trasladé a su ciudad, dejaba atrás mis nervios rotos; ese desgarro que se siente en el alma cuando se rompe con todo, cuando de tu vida debes borrar lo imborrable. Sólo había tenido dos opciones entre las que escoger: Mi eterno infierno, en el que quedaba una parte de mi ser, o hacer la maleta del tiempo para correr tras los sueños.
Abrí el armario y saqué el vestido de esperanza, los zapatos de valor y un bolso de rebeldía. El interior desnudo, como mi alma.
Al entrar en la habitación, me recosté en la cama dejando fluir las lágrimas del olvido. Quería que al encontrarme con él sólo me iluminara mi sonrisa. El cansancio pudo con el llanto, y, al fin, quedé dormida. En mis sueños desfiló toda una vida de amor que culminaba en la escena de dos ancianos enamorados, paseando por la orilla de la playa de la mano Él, aun a veces, la sujetaba por la cintura. Tuve un bello despertar, me encontraba llena de confianza. Empezaba a realizar mi gran sueño, el que me acompañó toda una vida. Busqué el móvil y marqué ese número mágico del que salía una voz que hacía vibrar mi cuerpo. Sólo faltaban unos instantes para nuestro encuentro. Marqué sin ninguna inquietud, sólo el corazón latía desacompasado, emocionado. Las palomas se van apartando de mi paso cansado. Saben que no miro donde piso, mis pies se arrastran por el peso del alma. Frenan los coches y, sus conductores me gritan cosas ininteligibles para mi. La gente a veces me empuja a mi paso, llevan prisa por llegar a un lugar determinado. No hace falta tiempo, ni lugar cuando se va hacia el camino de la nada. Sólo encontrar una sima donde dejar caer este cuerpo tan pesado que siempre me acompaña.
Un salto en mi pensamiento me avisa de que algo ha pasado. En mi oído solo se escucha: “Apagado o fuera de cobertura” Esas palabras palpitan en lugar de mi corazón.
El frenazo chirría despertándome. Sólo se escucha un grito, enorme, hace eco en mi vacío; pero...ya viene la paz del eterno sueño. Sakkarah La vuelta al bar.![]() La vuelta al bar, después de haber pasado meses, no tenía nada sorprendente. Adosados a su barra, más o menos los de siempre. Algunos de ellos en su rincón favorito, porque somos animales de costumbres, y nos asociamos siempre, o casi siempre, a unos lugares determinados. Sakkarah Los finos y frágiles... Los finos y frágiles hilos invisibles fueron rotos por el sueño. La luminaria, de belleza increíble, es rauda en su caída. Una estela brillante deja esparcida en el abrazo con el espacio. Su luz abre mis ojos perezosos y cargados de somnolencia. Allí, en el alfeizar de mi ventana, se posa entregada. Mi tímida caricia hace que me abrase el alma, y mi cuerpo se estremece rememorando cada paso perdido. Su sordo latido me impulsa a explorar el desconocido camino de abismos que me perderán en asombrosas sensaciones. Sakkarah Al entrar... Al entrar en la estancia, quedé maravillada ante lo que veía. Todo estaba cargado de riqueza. Todos me ignoraban, pero ello no importaba, admiraba el arte. Lógicamente, de la obra, pasé a intentar comprender a los artistas. Geniales personas capaces de crear. Lógicamente serían cofres llenos de sensibilidad. A pesar de ser un personajillo sin importancia, no me amedranté para acercarme a uno de ellos. Ya puestos a elegir, me fijé en el más importante. Con la imaginación le revestí de todas las virtudes que podía recopilar en mi pensamiento. Nació en mi un sentimiento de ternura como agradecimiento a la sencillez del artista. Poco tiempo después de salir de aquella galería, se apoderó de mi el sueño; no me quedó más remedio que dejarme guiar por la caricia de Morfeo. Oníricas escenas se apoderaron de mi mente. En ellas veía al gran artista, me acercaba a él despacio, con mucho cuidado. La curiosidad me tomó de la mano arrastrándome hacia su interior, y, como cirujano me dispuse a tal operación. Las gotas de sudor perlaban mi frente, no era capaz de asimilar lo que mis ojos veían. Al seccionar su tórax, no encontré vísceras. Con rapidez llamé al psicólogo que habita en mi, para ver si encontraba los sentimientos. No estaba equivocada, era muy claro lo que mi vista percibía. El color amarillento, su olor...¡No había duda! El interior lo ocupaba un gran queso gruyere. La palidez se apoderaba de mi piel, la sangre huía de mi. Al mirarme las manos, me di cuenta de que adquirían un color grisáceo; pero eso no fue lo peor. Sentía un peso a mi espalda, nunca había sentido una cosa igual. Eché mi mano, ya gris, atrás, para palparme, y....agarré algo que parecía interminable. Sentí pánico, pero volví la cara para inspeccionar lo que pasaba. En ese mismo instante creo que debí desmayarme. Al despertar del sueño, ya no había dudas. El gran artista me había convertido en ratón. Sakkarah Mi fantasma.![]() Tengo una soledad con sombra. Un fantasma al que adoro y que vaga etéreo. Yo me tropiezo en sus sábanas, sé que se da cuenta; pero, como siempre, se hace el ausente. Hoy me levanté con mi soledad más sola, ya no se vivir sin su espectro. Mejor que no lo sepa, porque si no se siente invisible, me abandona. Sakkarah El encuentro.![]() Abrí la parte de arriba de la puerta, y el patio parecía de plata. Invadido por la luna llamaba al viaje, a la fantasía. Subí a vestirme, algo me empujaba a pasear, a perderme por los caminos del miedo. Las casas dormían sus fantasmas, y sus piedras estiraban sus bocas silenciosas, comunicándose con su lenguaje mudo. El río susurraba su canción eterna, dejando entrever el secreto de sus ahogados. Mis pasos dudaban, todo mi cuerpo era atenazado por el miedo, pero una voz lejana, casi inaudible, me llamaba. Nada podía pararme ante su voz aún desconocida. Sólo era un sonido del alma. Las estrellas rutilaban al unísono de mis temores, acompasando mi pulso. Mis pies iban adquiriendo alas mientras la piel de mis labios ardía. Allí al fondo, entre luces y sombras, rodeado de niebla, él. Sus brazos me aguardaban para el abrazo, sólo quedaba fundirme, desintegrarme en amor. Mi pelo pudo sentir la ternura de su pecho; mi torso, sus manos mientras mi corazón paraba. El vacío me inundó mientras otra, en su estela, se llevaba mi luz. Mi soledad latía en la oscuridad, por siempre, y yo ya no temí a los lagartos. En la humedad del suelo me tendí me abandoné a esta muerte. |