SakkarahRomanticismo |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Escritores y poetas.. Ventanas![]() En esas habitaciones oscuras donde vivo Constantino Kavafis No sé rogar, amor.![]() Aunque mis manos se agrieten en las sombras ~ Yuri Tabak ~ |
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Alguno que ha alabado una obra ignorando quién es su autor, suele vituperarla después que lo sabe | ||||
| Tuvo Esopo famosas ocurrencias. | ||||
| ¡Qué invención tan sencilla! ¡Qué sentencias! | ||||
| He de poner, pues que la tengo a mano, | ||||
| una fábula suya en castellano. | ||||
| «Cierto -dijo un ratón en su agujero-: | ||||
| no hay prenda más amable y estupenda | ||||
| que la fidelidad; por eso quiero | ||||
| tan de veras al perro perdiguero». | ||||
| Un gato replicó: «Pues esa prenda | ||||
| yo la tengo también...» Aquí se asusta | ||||
| mi buen ratón, se esconde, | ||||
| y torciendo el hocico le responde: | ||||
| «¿Cómo? ¿La tienes tú?... Ya no me gusta». | ||||
| La alabanza que muchos creen justa, | ||||
| injusta les parece | ||||
| si ven que su contrario la merece. | ||||
| «¿Qué tal, señor lector? La fabulilla | ||||
| puede ser que le agrade y que le instruya». | ||||
| «Es una maravilla; | ||||
| dijo Esopo una cosa como suya». | ||||
| «Pues mire usted: Esopo no la ha escrito; | ||||
| salió de mi cabeza». «¿Conque es tuya?» | ||||
| «Sí, señor erudito; | ||||
| ya que antes tan feliz le parecía, | ||||
| critíquemela ahora porque es mía». | ||||
Tomás de Iriarte

Soñaba en ese entonces en forjar un poema,
de arte nervioso y nuevo obra audaz y suprema,
escogí entre un asunto grotesco y otro trágico
llamé a todos los ritmos con un conjuro mágico
Y los ritmos indóciles vinieron acercándose,
juntándose en las sombras, huyéndose y buscándose,
ritmos sonoros, ritmos potentes, ritmos graves,
unos cual choques de armas, otros cual cantos de aves,
de Oriente hasta Occidente, desde el Sur hasta el Norte
de metros y de formas se presentó la corte.
Tascando frenos áureos bajo las riendas frágiles
cruzaron los tercetos, como corceles ágiles
abriéndose ancho paso por entre aquella grey
vestido de oro y púrpura llegó el soneto rey,
y allí cantaron todos... Entre la algarabía,
me fascinó el espíritu, por su coquetería
alguna estrofa aguda que excitó mi deseo,
con el retintín claro de su campanilleo.
Y la escogí entre todas... Por regalo nupcial
le di unas rimas ricas, de plata y de cristal.
En ella conté un cuento, que huyendo lo servil
tomó un carácter trágico, fantástico y sutil,
era la historia triste, desprestigiada y cierta
de una mujer hermosa, idolatrada y muerta,
y para que sintieran la amargura, exprofeso
junté sílabas dulces como el sabor de un beso,
bordé las frases de oro, les di música extraña
como de mandolinas que un laúd acompaña,
dejé en una luz vaga las hondas lejanías
llenas de nieblas húmedas y de melancolías
y por el fondo oscuro, como en mundana fiesta,
cruzan ágiles máscaras al compás de la orquesta,
envueltas en palabras que ocultan como un velo,
y con caretas negras de raso y terciopelo,
cruzar hice en el fondo las vagas sugestiones
de sentimientos místicos y humanas tentaciones...
Complacido en mis versos, con orgullo de artista,
les di olor de heliotropos y color de amatista...
Le mostré mi poema a un crítico estupendo...
Y lo leyó seis veces y me dijo... «¡No entiendo!».
José Asunción Silva

Entre mariposas negras,
va una muchacha morena
junto a una blanca serpiente
de niebla.
Tierra de luz,
cielo de tierra.
Va encadenada al temblor
de un ritmo que nunca llega;
tiene el corazón de plata
y un puñal en la diestra.
¿Adónde vas, siguiriya
con un ritmo sin cabeza?
¿Qué luna recogerá
tu dolor de cal y adelfa?
Tierra de luz,
cielo de tierra.
Gracía Lorca

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, por quien preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime, a ti que se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegria y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las sierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
Soledad, que pena tienes!
Que pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limon
agrio de espera y de boca.
Que pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
Que pena! Me estoy poniendo
de azabache, cama y ropa.
Ay mis camisas de hilo!
Ay mis muslos de amapola!
Soledad, lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazon
en paz, Soledad Montoya.
Por abajo canta el rio,
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
O pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
O pena de cauce oculto
y madrugada remota!
Federico Garcia Lorca


El amor navega sobre las olas del tiempo
y navega sobre el olimpo de nuestras vivencias.
El amor se transforma en ese efímero instante
que penetra en el tic-tac de los segundos.
El amor no es ocurrente ni pasajero,
es audaz en su supervivencia.
El amor surge de sus aplastantes reveses
desafiando sus propias contradicciones.
El amor no se apaga como una luz,
brilla como un astro en el centro de la existencia.
El amor es la fiebre espiritual sin medicinas
ni diagnósticos.
El amor es eterno en su procreación
abriendo todas las páginas.
El amor es entonces la cárcel de nuestros
deseos, la libertad de nuestra imaginación,
es toda nuestra gloria resumida en un acto,
es ya el momento cumbre de la vida hecha
resignación detrás de su eco.

¿Por qué miras siempre hacia el otro lado?
¿Por qué piensas siempre que los otros, Amigos, conocidos y vecinos son más dichosos?, y dices con ligereza:
"A los otros les va mucho mejor, y yo doy
lo mejor de mi y no llego a nada"
La otra orilla siempre es mas bella.
Yace muy lejos.
Como petrificado, miras fijamente
hacia la bella claridad.
Jamás tuviste en cuenta que también los de la otra orilla te observan y piensan que posees mucha más felicidad, pues ellos sólo ven tu parte agradable.
Tus pequeñas y grandes preocupaciones no las conocen.
Vivir feliz es un arte, para ello conviene sentirse satisfecho...
"La felicidad no está en la otra orilla,
está en ti".
Phil Bosmans

El último y el primero:
rincón para el sol más grande,
sepultura de esta vida
donde tus ojos no caben.
Allí quisiera tenderme
para desenamorarme.
Por el olivo lo quiero,
lo persigo por la calle,
se sume por los rincones
donde se sumen los árboles.
Se ahonda y hace más honda
la intensidad de mi sangre.
Los olivos moribundos
florecen en todo el aire
y los muchachos se quedan
cercanos y agonizantes.
Carne de mi movimiento,
huesos de ritmos mortales:
me muero por respirar
sobre vuestros ademanes.
Corazón que entre dos piedras
ansiosas de machacarte,
de tanto querer te ahogas
como un mar entre dos mares.
De tanto querer me ahogo,
y no me es posible ahogarme.
Beso que viene rodando
desde el principio del mundo
a mi boca por tus labios.
Beso que va a un porvenir,
boca como un doble astro
que entre los astros palpita
por tantos besos parados,
por tantas bocas cerradas
sin un beso solitario.
¿Qué hice para que pusieran
a mi vida tanta cárcel?
Tu pelo donde lo negro
ha sufrido las edades
de la negrura más firme,
y la más emocionante:
tu secular pelo negro
recorro hasta remontarme
a la negrura primera
de tus ojos y tus padres,
al rincón de pelo denso
donde relampagueaste.
Como un rincón solitario
allí el hombre brota y arde.
Ay, el rincón de tu vientre;
el callejón de tu carne:
el callejón sin salida
donde agonicé una tarde.
La pólvora y el amor
marchan sobre las ciudades
deslumbrando, removiendo
la población de la sangre.
El naranjo sabe a vida
y el olivo a tiempo sabe.
Y entre el clamor de los dos
mis pasiones se debaten.
El último y el primero:
rincón donde algún cadáver
siente el arrullo del mundo
de los amorosos cauces.
Siesta que ha entenebrecido
el sol de las humedades.
Allí quisiera tenderme
para desenamorarme.
Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, nadie
(Miguel Hernandez)


La máxima imprudencia es poner en duda nuestra inmortalidad.
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El amor es un pajarito de muchas jaulas.
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Llora, Diana, llora... Es necesario echar fuera toda la sal que te di en mis besos.
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Que sólo sea digno de convencerte quien esté convencido; pero que sólo la verdad te convenza.
--
¿Qué hombre no ha querido explicarse al hombre? Pero, ¿quién lo ha conseguido?
--
Necesitaría esas interminables horas de razonamiento de que no dispongo para explicarme el sentido que tiene el esfuerzo que hacemos los seres humanos en atribuirnos enteramente nuestra legítima aptitud para ambicionar la grandeza.
Federico Hernández Aguilar

¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.
Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
¡Oh, dulce canto!
Rainer María Rilke

" La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se rescriben las biografías y la historia. "
_ Milan Kundera _

Regresa pronto a mí
Sin ti me asalta el miedo
Nunca antes como ahora
Tan profunda yo te sentí.
Todo cuanto yo quiero
Lo veo en realidad.
Ya no siento celos
Sin embargo, te llamo.
Osip Mandelstam

No cabe duda de que los años
tienen patas.
De otra manera
no podrían distribuir vejeces
ni emprender olvidos
que ofrecen de casa en casa,
ni cruzar umbrales
en busca de herrumbre,
ni trepar hasta la azotea
que es siempre más enana,
ni subir a los autobuses
para rasgar los asientos,
ni comprar en los comercios
tintura de canas,
ni ofrecer a los insectos
el papel de la prensa
del fin de semana,
ni tomar fotografías
de cuartos de siglo,
ni podar las ramas
de los árboles,
ni ir de bares
escupiendo en las botellas
que han de añejarse,
ni destruir la relevancia
de las alianzas.
No cabe duda de que los años
tienen patas.
De otra manera
no podrían pisotearnos.Jorge Gómez Jiménez
Autor imagen: Millais
I
En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostada en sus velos...
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.
Hace ya miles de años que la pálida Ofelia
pasa, fantasma blanco por el gran río negro;
más de mil años ya que su suave locura
murmura su tonada en el aire nocturno.
El viento, cual corola, sus senos acaricia
y despliega, acunado, su velamen azul;
los sauces temblorosos lloran contra sus hombros
y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.
Los rizados nenúfares suspiran a su lado,
mientras ella despierta, en el dormido aliso,
un nido del que surge un mínimo temblor...
y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.
II
¡Oh tristísima Ofelia, bella como la nieve,
muerta cuando eras niña, llevada por el río!
Y es que los fríos vientos que caen de Noruega
te habían susurrado la adusta libertad.
Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena,
en tu mente traspuesta metió voces extrañas;
y es que tu corazón escuchaba el lamento
de la Naturaleza –son de árboles y noches.
Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo
rompió tu corazón manso y tierno de niña;
y es que un día de abril, un bello infante pálido,
un loco miserioso, a tus pies se sentó.
Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca! .
Te fundías en él como nieve en el fuego;
tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra.
–Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.
III
Y el poeta nos dice que en la noche estrellada
vienes a recoger las flores que cortaste ,
y que ha visto en el agua, recostada en sus velos,
a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.
Rimbaud

Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es,
sepas ser sin desesperar.
Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar
Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro
Te deseo además que seas útil,
más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente
para mantenerte en pie.
Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.
Te deseo que siendo joven no
madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.
Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.
Te deseo que descubras,
con urgencia máxima, por encima
y a pesar de todo, que existen,
y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.
Te deseo que acaricies un perro,
alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero
erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera,
sentirás bien por nada.
Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuantas vidas
está hecho un árbol.
Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
Y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese dinero
frente a ti y digas: "Esto es mío".
sólo para que quede claro
quién es el dueño de quién.
Te deseo también que ninguno
de tus defectos muera, pero que si
muere alguno, puedas llorar
sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
Te deseo por fin que, siendo hombre,
tengas una buena mujer, y que siendo
mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y que cuando
estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.
Si todas estas cosas llegaran a pasar,
no tengo más nada que desearte.
Victor Hugo

En tiempos de siembra aprende, en la cosecha enseña y en el invierno goza.
Conduce carro y arado sobre los huesos de los muertos.La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría.
La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad.
Quien desea y no actúa engendra la plaga.
El gusano cortado perdona el arado.
Sumergid en el río a quien ama el agua.
El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.
Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca llegará a estrella.
La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.
A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena.
Las horas de la locura el reloj las mide; pero ningún reloj puede medir las de la sabiduría.
Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa.
Expone número, peso y medida en año de escasez.
No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas.
El cuerpo muerto no venga injurias.
El acto más sublime consiste en poner a otro ante ti.
Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio.
La necedad es el atuendo de la bellaquería, la vergüenza es el atuendo del orgullo.
Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los lupanares con ladrillos de religión.
La altivez del pavo real es la gloria de Dios.
La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios.
La cólera del león es la sabiduría de Dios.
La desnudez de la mujer es obra de Dios.
El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora.
El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del mar huracanado y la espada destructora son porciones de la eternidad demasiado grandes para que las aprecie el ojo humano.
El zorro condena a la trampa, no a sí mismo.
El júbilo impregna; las penas procrean.
Que el hombre vista la melena del león y la mujer el vellón de la oveja.
Para el pájaro el nido, para la araña su tela, para el hombre la amistad.
El egoísta y sonriente necio y el necio que frunce malhumorado el ceño han de considerarse sabios, que podrían ser cetros.
Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado. La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo y el elefante vigilan los frutos.
La cisterna contiene; el manantial rebosa.
Un pensamiento llena la inmensidad.
Presto has de estar para decir lo que piensas que así el ruin te evitará.
Todo lo que es posible creerse es imagen de la verdad.Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando se avino a aprender del cuervo.
El zorro provee para sí mismo; pero Dios provee para el león.
Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anochecer y duerme por la noche.
Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce.
Como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las plegarias.
Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción.
Del agua estancada espera veneno.
No sabrás lo que es bastante hasta saber lo que es más que bastante.
¡Escucha los reproches de los tontos! ¡Forman un título regio! Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua las barbas de la tierra.
El débil en coraje es fuerte en astucia.
El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer tal como el león no interroga al caballo sobre cómo atrapar la presa.
Quien recibe agradecido da copiosas cosechas.
Si otros no hubiesen sido tontos, tendríamos que serlo nosotros.
El alma de la dulce delicia no puede mancillarse. ver un águila ves una porción de genio.
¡Alza la cabeza!Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar en ellas sus huevos, el sacerdote reserva su anatema para las mejores dichas.
Crear una florecilla es labor de eras.
La condena estimula, la bendición relaja.
El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más nueva.
¡Las oraciones no aran!¡ Los elogios no cosechan!La cabeza es lo Sublime; el corazón, lo patético; los genitales, la Belleza.
Como el aire es al ave o el mar al pez es el desdén para el despreciable.El cuervo quisiera que todo fuese negro; el buho, que todo fuese blanco.La exuberancia es belleza.
Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto.
El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del genio.
Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril. La verdad nunca puede decirse de modo que sea comprendida sin ser creída.
¡Basta! o demasiado.Los antiguos poetas animaban todos los objetos sensibles con dioses o genios.
Les prestaban nombres de bosques, ríos, montañas, lagos ciudades, naciones y de todo lo que sus dilatados y numerosos sentidos podían percibir.
Y en particular estudiaban el genio de cada ciudad o país y los colocaban bajo el patrocinio de su divinidad mental.
Hasta que se formó un sistema del cual algunos se aprovecharon para esclavizar al vulgo pretendiendo comprender o abstraer las divinidades mentales de sus objetos.
Así comenzó el sacerdocio.Que escogió formas de culto tomándolas de cuentos poéticos. Hasta que por fin sentenciaron que eran los dioses quienes habían ordenado aquello.Así los hombres olvidaron que todas las deidades residen en el pecho humano
(William Blake)

En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces
y viven en tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios,
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.
Rabindranath Tagore

Autor imagen: T. Lumikko
Toda la naturaleza, escribió Yeats, está llena de gente invisible. Algunos de ellos son feos y grotescos, otros, malintencionados o traviesos, muchos tan hermosos como nadie haya jamás soñado, y los hermosos no andan lejos de nosotros cuando caminamos por lugares espléndidos y en calma”. ¿Qué significan estas palabras del gran poeta irlandés? Que hay que saber relacionarse con lo que no conocemos, con lo que no se entrega fácilmente a nuestros sentidos o nuestra comprensión. De todo esto hablan los cuentos que contamos a los niños. Nos prometen la compañía insuperable, la conversación en una gruta del bosque, el juego en el río con los seres de las corrientes, el encuentro con un elfo de la luz, que son las criaturas más delicadas que existen. Los cuentos hablan de lo que no hemos vivido, de ese lugar donde algo se perdió o donde no pudimos penetrar nunca. Su reino no es el reino de lo probable, sino el de lo posible. Es decir, el reino del alma. Es un error pensar que los adultos no tenemos que escucharlos.
Gustavo Martín Garzo

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se le puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes como te digo que te quiero cuando digo: “qué calor hace”, “dame agua”, “¿sabes manejar?”, “se hizo de noche”…Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho “ya es tarde”, y tú sabías que decía “te quiero”.)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tu quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar aun panteón.
Jaime sabines

Había estado diez días en el frente cuando ocurrió. La experiencia de ser impactado por una bala es muy interesante y pienso que merece la pena describirla con detalle.
Fue en la esquina de un parapeto, a las cinco en punto de la mañana. Esta era siempre una hora peligrosa, porque teníamos el amanecer a nuestras espaldas, y si sacabas la cabeza por encima del parapeto su silueta se delineaba perfectamente contra el cielo. Estaba hablando con los centinelas que se preparaban para un cambio de guardia. De repente, a mitad de decir algo, sentí --es muy difícil describir lo que sentí, aunque lo recuerdo con la mayor de las vivezas.
Por decirlo de alguna manera fue como la sensación de estar en el centro de una explosión. Pareció haber un sonoro bang y un flash cegador de luz alrededor mío, y caí en un tremendo shock - sin dolor, sólo un violento shock, como el que obtienes de una terminal eléctrica; con él una sensación de debilidad absoluta, un sentimiento de ser golpeado y blanqueado hasta la nada. Los sacos de arena enfrente de mí retrocedieron a una inmensa distancia. Me imagino que es sentir lo mismo que si te cayera un rayo. Supe inmediatamente que me habían dado, pero por el ruido y la luz pensé que fue un rifle cercano que se había caído accidentalmente y se había disparado. Todo ocurrió en un espacio de tiempo mucho menor que un segundo. Al momento siguiente mis rodillas cedieron y estaba cayendo, mi cabeza golpeando el suelo con un violento choque que, para mi alivio, no dolió. Tenía una sensación de indiferencia y sorpresa, una conciencia de estar malherido, pero sin dolor en el sentido ordinario.
El centinela americano con el que hablaba dijo: ¡Hey! ¡Estás herido! La gente se arremolinó alrededor. Hubo el revuelo habitual - ¡Levantádle! ¿Dónde le han dado? ¡Abridle la camisa! etc. etc. El americano pidió un cuchillo para cortar mi camisa, Sabía que había uno en mi bolsillo e intenté cogerlo pero descubrí que mi brazo derecho estaba paralizado. No teniendo dolor, sentí una vaga satisfacción. Esto debería satisfacer a mi esposa, pensé; ella siempre me quiso herido, lo que me salvaría de ser muerto cuando la gran batalla viniera. Fue entonces que se me ocurrió preguntarme dónde estaría herido y cómo de grave. No podía sentir nada, pero era consciente de uqe la bala me había impactado en algún lugar del cuerpo por delante.
Cuando intenté hablar descubrí que no tenía voz, sólo un débil gritito, pero al segundo intentó conseguí preguntar dónde había sido herido. En la garganta dijeron, Harry Webb, nuestro camillero, había traído una venda y una de las pequeñas botellas que nos daban con las vendas de emergencia para disparos. Conforme me levantaron un montón de sangré salió de mi boca. Sentí el alcohol, que de normal escocería como el demonio, caer en la herida con un agradable frescor. Me tumbaron de nuevo mientras alguien traía una camilla.
Tan pronto supe que la bala había cruzado limpia mi cuello, pensé que estaba acabado. Nunca había oído de hombre o animal que sobreviviera a una bala que le atravesara el cuello. La sangre se derramaba por una comisura de mi boca. "La arteria está destrozada", pensé. Me pregunté cuánto duras cuando tienes la carótida cortada. No muchos minutos presumiblemente. Todo estaba muy borroso.
Debieron pasar unos dos minutos en los cuales asumí que me habían matado. Y eso fue también interesante --quiero decir, es interesante conocer cuáles serían tus pensamientos en ese momento. Mi primer pensamiento, bastante convencional, fue para mi esposa. Mi segundo fue un violento resentimiento de tener que dejar este mundo que, cuando todo está dicho y hecho, encaja conmigo bastante bien. Era hora de sentir eso vívidamente. La mala suerte me enfureció. ¡La ausencia de sentido en todo eso! Caer, no en la batalla, sino en una esquina perdida de las trincheras, ¡por el descuido de un momento! Pensé, también, en el hombre que me había disparado --Me pregunté cómo sería, si sería español o extranjero, si sabía que me había dado y todo eso. No tuve ningún resentimiento hacia él. Reflexioné que siendo un fascista yo lo habría matado si hubiera podido, pero si hubiera sido hecho prisionero en ese momento y traído ante mí, simplemente le hubiera felicitado por su buena puntería. Puede ser, en cambio, que si de verdad te estuvieras muriendo tus pensamientos fueran bastante diferentes.
Me acababan de poner en la camilla cuando mi brazo paralizado volvió a la vida y empezó a doler como un maldito. Imaginé que me lo debía haber roto en la caída; pero el dolor me dio confianza, porque sabía que las sensaciones no se vuelven más agudas cuando uno se está muriendo. Comencé a sentirme más normal y a compadecerme de los cuatro pobres diablos que sudaban y andaban a tumbos con la camilla a hombros. Había milla y media hasta la ambulancia, un mal viaje por una vía resbaladiza y con escombros. Supe qué esfuerzo era ese, ayudando a cargar un herido uno o dos días antes. Las hojas de álamo plateado que, a veces, poníamos en las camillas me rozaban el rostro. Pensé que era una buena cosa estar vivo en un mundo donde crecen álamos plateados. Pero con todo el dolor de mi brazo era diabólico, haciéndome jurar y luego intentando no jurar, porque cada vez que respiraba demasiado fuerte, sangre emergía de mi boca.


Autor imagen: Valentina Maldinger
" Por supuesto, te acuestas como un ángel de nieve
más pesado que el bronce, más ligero que el corcho
sobre el amante cuyo espasmo finalmente te regocija
bajo tu fuego helado la carne se hace estatua
y a la larga, es preciso que, muerto, me acostumbre
a recibirte en mi lecho. "
Jean cocteau

Llena de signos y de árboles,
ella cruza la noche como un fuego o un río,
asciende en el silencio y la memoria,
es infinita como un hecho,
la existo, la conduzco, yo soy su certidumbre.
Juan Gelman

Llevas ya tanto tiempo dirigiendo
tus proyectiles a mi fortaleza.
Siempre dan en el blanco. Se diría
que es un arquero zen quien los dispara.
Me aburre ver mis muros abatidos
por tus bombas, y ver mis baluartes
convertidos en ruinas, y a mis hombres
negándose a luchar. Tendré que hacerlo.
Si supieras lo mucho que me cuesta.
Luis Alberto de Cuenca

Te amo
no tengo otro remedio
tanto como a las banderas rotas
tanto como a los caídos de la Comuna
que admirábamos sospechosamente como tercos topos
esperando resurrecciones.
Y te necesito
porque llegas tarde a casa
con vocabularios aprendidos muy lejos
voces que hablan de olas azules
rizadas por la ilusión de un verano soleado
No estemos tristes
Amor mío
los ríos siguen corriendo
y los niños juegan con pelotas coloreadas
como aquellas que absorbieron las horas de nuestra infancia
delicadamente viciada por la oscuridad
de los años de terror que surgirían.
Cualquiera escribe
un innumerable poema de amor justo
Algún día leerás las palabras una detrás de otra
como los oscuros días del pueblo trabajador
sin apenas esperanza
Escucharemos mañana
una suave canción de Leonard Cohen
y volveremos a la feria de la opresión
en la que siempre nos tocará ser perdedores
porque dicen que las cosas están difíciles
pero quién sabe
Por eso nos amamos
porque miramos los mismos cromos desde hace tiempo
porque compartimos el miedo
cuando los policías buscaban a los agitadores
porque tus ojos me gustan
y es que me saben a miel
Por eso el mundo es lento y caligráfico
por eso la vida
por eso estamos aquí como un volcán que va a estallar inconteniblemente
Y no habrá cauces que le marquen ni estrellas que le guíen
el camino es largo y seguro
pero el viaje no puede ser inconteniblemente eterno como tú
José Luis Rodriguez

Escucha…
¿En qué otro mundo de cerezas raras
oí tu voz? ¿En qué planeta lento
de bronces y de nieve, vi tus ojos
hace un millón de siglos? ¿Dónde estabas?
Fuiste agua hace mil años.
Yo era raíz de rosa, y me regabas…
Fuiste campana de pagoda, yo era
nervio del ojo que miró a tu bronce.
Nos hemos perseguido,
alma con alma, atravesando cuerpos
peregrinos de venas y latidos,
por pieles de animales, por estambres,
escamas, esqueletos, cortezas;
por mil cuerpos y sangres diferentes,
alma con alma, cincelando torres
de espíritu con lágrima y sonrisa.
Agustín de Foxá

¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad!
Piadoso amor que no nos hace sufrir sin fin,
amor de un solo pensamiento, que no divagas,
que eres puro, sin máscaras, sin una mancha.
Permíteme tenerte entero... ¡Sé todo, todo mío!
Esa forma, esa gracia, ese pequeño placer
del amor que es tu beso... esas manos, esos ojos divinos
ese tibio pecho, blanco, luciente, placentero,
incluso tú misma, tu alma por piedad dámelo todo,
no retengas un átomo de un átomo o me muero,
o si sigo viviendo, sólo tu esclavo despreciable,
¡olvida, en la niebla de la aflicción inútil,
los propósitos de la vida, el gusto de mi mente
perdiéndose en la insensibilidad, y mi ambición ciega!
John Keats

Autor de la imagen: Nemesio Rubio
Nadie porfíe ni espere
vencer efectos del hado,
que el que ha de ser desdichado,
entre los remedios muere.
*Villamediana, galante poeta de los amores reales*


En un derruido muro
de la huerta del convento,
en un agujero oscuro
do silvia al pasar el viento.
Y como una dolorida
queja a las piedras arranca,
hay en el fondo escondida
una calavera blanca.
De algun fraile soñador
de vida ejemplar y bella,
y dedicada al Señor,
en el mundo unica huella.
Abre los ojos sin fondo
como a visiones extrañas
y del vacio en lo hondo
forjan telas las arañas.
Humedo musgo grisoso
recubre la antigua grieta
donde, en supremo reposo
descansa ignorada y quieta.
Pero hasta aquella escondida
mansion la brisa ligera
lleva murmullos de vida
y olores de primavera.
Golondrinas que en sus marchas
dejaron el patrio río,
huyendo de las escarchas,
de las brumas y del frío.
Cuando la luz del poniente
filtra por el hondo hueco,
y hace parecer viviente
el craneo rigido y seco.
Desde las negras ruinas
alzan sosegado vuelo
y en sus vueltas peregrinas
tocan las ramas y el suelo,
como buscando en el prado
ya por la tarde, sombrio,
el espiritu elevado
que habitó el craneo vacío.
Jose Asuncion Silva

"A veces le decía:
-Cuando den las doce, piensa en mí.
Y si él confesaba no haber pensado, dirigíale abundantes reproches, que terminaban por estas eternas palabras:
-¿Me amas?
-¡Sí, te amo!
-¿Mucho?
-¡Ya lo creo!
-¿No has amado a otra? ¡Vamos!
-¿Crees haberme encontrado virgen? -exclamaba él riendo.
Emma lloraba, y él se esforzaba en consolarla, alternando con chistes sus protestas cariñosas.
-¡Oh! ¡Es que yo te amo -decía ella- hasta el punto de no poder vivir sin ti! Tengo algunas veces deseos de verte, y todas las cóleras del amor me desgarran. Y me pregunto: ¿Dónde estará? ¿Qué hace ahora? ¡Tal vez hablando con otras mujeres! ¡Y le sonríen...! ¡Se acerca a ellas! ¡Oh! ¿Es verdad que no te gusta ninguna más que yo? Las hay más bellas, ya lo sé; pero yo, yo sé amarte mejor. ¡Soy tu criada y tu concubina! ¡Tú eres mi ídolo, mi rey! ¡Tú eres bueno, tú eres hermoso, tú eres fuerte!
Habíale oído Rodolfo decir tantas veces estas palabras, que no tenían ya nada de nuevo para él. Emma se parecía a todas las amantes, y el encanto de la novedad fue poco a poco cayendo como una vestidura y dejando ver al desnudo la eterna monotonía de la pasión, que tiene siempre la misma forma y el mismo lenguaje".
Flaubert
Para algunos, mentir se ha convertido en un estilo de vida. 
¿Cómo vive esa rosa que has prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en el mundo
junto al volcán la flor.
Becquer

Autor imagen: Paulo Franco
Vengo del fondo oscuro de una noche implacable,
y contemplo los astros con un gesto de asombro.
Al llegar a tu puerta me confieso culpable,
y una paloma blanca se me posa en el hombro.
Mi corazón humilde se detiene en tu puerta
con la mano extendida como un viejo mendigo;
y tu perro me ladra de alegría en la huerta,
porque, a pesar de todo, sigue siendo mi amigo.
Al fin creció el rosal aquel que no crecía
y ahora ofrece sus rosas tras la verja de hierro:
Yo tambien he cambiado mucho desde aquel día,
pues no tienen estrellas las noches del destierro.
Quizás tu alma esta abierta tras la puerta cerrada;
pero al abrir tu puerta, como se abre a un mendigo,
mírame dulcemente, sin preguntarme nada,
y sabrás que no he vuelto ... ¡porque estaba contigo!
José Ángel Buesa

Caigo
caigo
estrepitosamente
estoy sentada en mi silla
no tengo donde agarrarme
horrible
caigo,
sostenme
piedra que arrojó la montaña
sosténganme órganos vitales
estómago, intestino, útero
no aflojen
inflen su aire
llénense de azúcares y cristales
carguen mis cavidades
de eso estoy hecha
de espejos
erráticos
que fáciles
se quiebran.
María Aranguren

Sobre la nieve se oye resbalar la noche.
La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban voces
De una mirada encendí mi cigarro
Cada vez que abro los labios
Inundo de nubes el vacío
En el puerto
Los mástiles están llenos de nidos
Y el viento
gime entre las alas de los pájaros.
Vicente Huidobro

Qué otra cosa podría ver un explorador cansado
dentro de los límites de un metro cuadrado de tristeza,
sino Caminos que los limoneros acompañan, sino Colinas
y ondulados Campos donde el vino ya se presiente;
Qué podría ver sinó Islas de Cristal, Ciudades
plateadas, áureas, Amaneceres, Barcos Rojos
que tripulaciones enloquecidas llevan sin rumbo;
Serpientes gigantescas, tigres, podría ver también
ballenas blancas sumergiéndose también en un océano cálido;
Podría ver dos mujeres de vestidos anaranjados
sentadas junto a una pared incendiada por el sol;
Podría ver todos los días irrecuperables
posándose como una bandada de pájaros imaginarios.
Bernardo Atxaga
--- Original en Euskara ---
Esploradore nekatu batek zer ikus lezake
tristeziaren metro koadratu baten mugetan,
limoiondoz inguraturiko kaminoak ezpadira;
zer ikus lezake ardo usaineko muinoak eta
eskifaia eroek gidatu ontziak gorriak salbu;
lkus lezazke apika kristalezko irla batzuk,
urre edo zilarrezko ziutate bat goizaldean;
suge erraldoiak eta tigreak, ikus lezazke
bale urdinak ozeano epel batetan murgiltzen;
ikus lezazke bi emakume soineko laranjatsuaz
eguzkiak sututako horma baten ondoan eserita;
Ikus lezazke egun berreskura ezin guzti horick
txori imajinarioen multzokada lez pausatzen.

Vas a partir, amigo.
Ahora como nunca necesito tu mano.
Vas a partir, defiéndeme
del viaje de la ausencia.
Hemos andado tanto
que todos mis caminos reconocen tu paso.
Un incendio de fieras ha estallado en mis sienes,
hay en mi pecho fiesta de garras y de dientes.
Los ecos invalidan el grito calcinado
y huracanes de lumbre clausuran el espacio.
No te hablo de aquel sueño que proyectó el espejo,
ni de aquella promesa de sal crucificada;
aéreo paraíso de tu anhelo
que sustenta mi llanto congelado.
Es mi pie sin tu ritmo,
mi pulso sin tu sangre,
mi boca sin tu aliento,
mi voz sin tu palabra.
Son oscuras canciones perdidas en tu canto,
son mis ojos mirando sin mirada.
He perdido el contorno de mis ángeles,
el perfil de mi sombra,
los abismos de yerba,
la sed enamorada.
No encuentro ese poema que le escribí a la vida
con sonrisas, con pájaros, con jardines que cantan.
Vas a partir, ayúdame
a reconstruir la imagen depurada;
levántala en tus brazos, hazla toda de piedra
dura y fuerte y palpable como muralla.
Llévate mi alegría.
Recuérdame en la hora del silencio.
Encuéntrame en el fresco sabor de las naranjas.
Olvida que tu fiebre alucinada
naufragó en la razón del equilibrio.
Desgarra los tejidos de la angustia
de nuestro inexorable itinerario.
Aurora Reyes

Conozco a una mujer: una quietud,
una amarga fatiga de palabras,
habita en el misterio de la luz
que brilla en sus pupilas ensanchadas.
Su alma tan sólo se abre ávidamente
al cobre de la música del verso;
ante la vida larga y sus deleites
su gesto se hace sordo y altanero.
Y con tanto sigilo, y con demora,
qué extraño es su pausado caminar;
no se puede decir que sea hermosa,
pero es dueña de mi felicidad.
Si ansío libertades y me siento
orgulloso y feraz, la voy a ver:
para aprender lo que es dolor sereno
y dulce, en su delirio y languidez.
Ella reluce en horas de zozobra
y lleva los relámpagos asidos,
y sus sueños contrastan como sombras
del ardiente arenal del paraíso.
Nikolai Gumiliov

Pálida la palabra se rezaga
con olor a partida sin regreso;
un intento de hablar, un retroceso,
llama que ya se enciende, ya se apaga.
Es el adios irrevocable daga
hendida en la mejilla, como el beso
de quien entrega al Justo, y queda preso
de sus acciones, y al final las paga.
No sé cómo decírtelo; he venido
en sequedad de espíritu vencido,
con temor de algún día lamentarlo.
Llueve hoy en mí, y tal vez en ti mañana,
lluvia que nos separa y nos hermana,
y tan difícil hace articularlo.
Francisco Álvarez

Me preguntas, Lesbia, cuántos besos
tuyos llegarían a saciarme:
tantos como las arenas de Libia
o como las estrellas furtivas que en la noche contemplan
sin moverse los amores de los hombres.
Esos son Lesbia mía, los besos
que podrían bastar al loco Catulo;
tantos que el curioso no pueda contarlos
ni el envidioso maldecirlos.
Catulo

Has cerrado los ojos,
nace una noche
llena de falsos huecos,
de ruidos muertos
como de corchos
de redes caladas en el agua.
Tus manos se hacen como un soplo
de inviolables lontananzas,
inaferrables como las ideas,
y el equívoco de la luna
y el balancearse, dulcísimos,
si quieres posármelas sobre los ojos,
tocan el alma.
Eres la mujer que pasa
como una hoja
y dejas en los árboles un fuego de otoño.
Giuseppe Ungaretti

Qué otra cosa podría ver un explorador cansado
dentro de los límites de un metro cuadrado de tristeza,
sino Caminos que los limoneros acompañan, sino Colinas
y ondulados Campos donde el vino ya se presiente;
Qué podría ver sinó Islas de Cristal, Ciudades
plateadas, áureas, Amaneceres, Barcos Rojos
que tripulaciones enloquecidas llevan sin rumbo;
Serpientes gigantescas, tigres, podría ver también
ballenas blancas sumergiéndose también en un océano cálido;
Podría ver dos mujeres de vestidos anaranjados
sentadas junto a una pared incendiada por el sol;
Podría ver todos los días irrecuperables
posándose como una bandada de pájaros imaginarios.
Bernardo Atxaga

El amor, a qué huele? Parece, cuando se ama,
que el mundo entero tiene rumor de primavera.
Las hojas secas tornan y las ramas con nieve,
y él sigue ardiente y joven, oliendo a rosa eterna.
Por todas partes abre guirnaldas invisibles,
todos sus fondos son líricos -risa o pena-,
la mujer a su beso cobra un sentido mágico
que, como en los senderos, sin cesar se renueva...
Vienen al alma música de ideales conciertos,
palabras de una brisa liviana entre arboledas;
se suspira y se llora, y el suspiro y el llanto
dejan como un romántico frescor de madreselvas...
Juan Ramón Jimenez

yo ya te procuraba.
Yo te he llamado
cuando solo sonaba la voz del viento.
Cuando el silencio llamaba a las palabras,
yo ya te llamaba.
Yo te he enamorado
cuando el amor era una hoja en blanco.
Cuando la luna enamoraba las altas cumbres,
yo ya te enamoraba.
Siempre,
desde la nieve de los tiempos,
yo, en tu alma.
Luis Cernuda

¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño.
Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¿Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?
EDGAR ALLAN POE

Para ser grande, sé entero: nada
Tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa.
Pon cuanto eres
En lo mínimo que hagas,
Por eso la luna brilla toda
En cada lago, porque alta vive.
Fernando Pessoa

El pesimista debe inventarse cada día nuevas razones de existir: es una víctima del «sentido» de la vida.
En este «gran dormitorio», como llama un texto taoísta al universo, la pesadilla es la única forma de lucidez.
Para vengarnos de quienes son más felices que nosotros, les inoculamos -a falta de otra cosa- nuestras angustias. Porque nuestros dolores, desgraciadamente, no son contagiosos.
Fuera de la dilatación del yo, fruto de la parálisis general, no existe ningún remedio contra las crisis del abatimiento, contra la asfixia de la nada, contra el horror de no ser más que un alma dentro de un salivazo.
Aunque pudiera luchar contra un ataque de depresión, ¿en nombre de qué vitalidad me ensañaría con una obsesión que me pertenece, que me precede?. Encontrándome bien, escojo el camino que me place; una vez «tocado», ya no soy yo quién decide: es mi mal. Para los obsesos no existe opción alguna: su obsesión ha elegido ya por ellos. Uno se escoge cuando dispone de virtualidades indiferentes; pero la nitidez de un mal es superior a la diversidad de caminos a elegir. Preguntarse si se es libre o no: bagatela a los ojos de un espíritu a quien arrastran las calorías de sus delirios. Para él, ensalzar la libertad es dar pruebas de una salud indecente.
¿La libertad? Sofisma de la gente sana.
En la Antigüedad, el filósofo que no escribía, pero pensaba, no se exponía al desprecio; desde que nos postramos ante la eficacia, la obra se ha convertido en el absoluto del vulgo; a quienes no producen se les considera «fracasados». Sin embargo, esos «fracasados» habrían sido los sabios de otros tiempos; ellos rehabilitarán nuestra época por no haber dejado trazas en ella.
En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrían a eructar.
Emile Cioran

Por el huevo roto en el suelo
Por el 5 de julio
Por el pez en la pecera
Por el viejo de la habitación nº 9
Por el gato sobre el muro
Por ti mismo
No por la fama
Ni por el dinero
Tienes que seguir luchando
Cuanto te haces viejo
Disminuye el atractivo
Es más fácil cuando se es joven
Cualquiera puede alcanzar
Las alturas alguna que otra vez
La clave consiste en
Resistir
Cualquier cosa que sirva
Para que
Esta vida siga bailando
Frente a
Doña Muerte
Bukowski

Peregrino que vas buscando en vano un camino mejor que tu camino, ¿cómo quieres que yo te dé la mano, si mi signo es tu signo, Peregrino? No llegarás jamás a tu destino; llevas la muerte en ti como el gusano que te roe lo que tienes de humano... ¡lo que tienes de humano y de divino! Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante! Todavía te queda muy distante ese país incógnito que sueñas... Y soñar es un mal. Pasa y olvida, pues si te empeñas en soñar, te empeñas en aventar la llama de tu vida. |
Rubén Darío

Tengo siempre a mi amada anhelante entre los brazos,
mi corazón se estrecha siempre con fuerza a su pecho,
mi cabeza se apoya siempre en sus rodillas, levanto la vista
buscando su boca, sus ojos.
"¡Débil!", me diría alguien. "¿Y así pasas tus días?"
Ah, no tienes idea qué mal los paso. Escucha lo que me sucede:
para mi desgracia, le di la espalda a la única alegría de mi vida;
desde hace veinte días me lleva a rastras este coche.
Me desafían Vetturine , me halaga el tesorero,
y el criado del lugar trama mentiras y engaños.
Si quiero escapar el jefe del correo me entretiene.
Los carteros son los amos, y luego los aduaneros.
"No te entiendo, te contradices. En el paraíso estabas, al parecer,
feliz como Rinaldo".
Ah, yo me entiendo muy bien: mi cuerpo está de viaje,
pero mi espíritu reposa ahora y siempre
en el regazo de mi amada.
Johann Wolfgang von Goethe

Pon tu frente sobre mi frente y tu mano
en mi mano.
Y hazme los juramentos que romperás
mañana.
Y lloremos hasta que amanezca,
mi pequeña fogosa.
Paul Verlaine

Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadenas.
Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tu por hondas lejanías
sobre tu débil corazón de arena.
La aurora nos unió sobre la cama,
las bocas puestas sobre el chorro helado
de una sangre sin fin que se derrama.
Y el sol entro por el balcón cerrado
y el coral de la vida abrió su rama
sobre mi corazón amortajado.
García Lorca

Oscura casa: otra vez vuelvo aquí
a tu lado, a esta larga calle inhóspita,
puertas donde mi corazón se acostumbró
a palpitar esperando una mano,
Una mano que ya no podré estrechar.
Mírame, pues no puedo dormir
y como un condenado me arrastro
muy de mañana hasta la puerta.
Él no está aquí; pero a lo lejos
comienza de nuevo el rumor de la vida
y como un espectro entre la lluvia
por las calles desiertas rompe el nuevo día.
Alfred Lord Tennyson

Cada mañana, al despertar, resucitamos;
porque al dormir morimos unas horas
en que, libres del cuerpo, recobramos
la vida espiritual que antes tuvimos
cuando aún no habitábamos la carne
que ahora nos define y nos limita,
y éramos, sin ser, misterio puro
en el ritmo total del Universo.
Porque al dormir morimos sin saberlo;
nos vamos al espacio en ágil vuelo
sin perder la unidad que nos integra,
y somos como somos: idénticos, sin cambio,
extensos y desnudos
como el azul en el temblor del aire.
No extrañamos el cuerpo; no sufrimos
la ausencia de la piel que nos cobija;
somos como antes de nacer: etéreos,
vivos en plenitud de firmamento
y penetrantes como luz en sombras.
Y nadie, cuando duerme, acaso piense
que yace en los dominios de la muerte:
porque el cansancio, apenas agonía,
nos borra la razón,
desciende con ternura nuestros párpados,
apaga nuestros ojos,
anestesia la carne y nos separa de ella
para dejarnos vivos en el sueño.
Y esta costumbre de morir a diario,
sin dolor, sin sorpresa,
natural como el agua
que se deja atraer por el declive,
no nos deja pensar que es una muerte
cada vez que dormimos,
y que, de cada muerte transitoria,
aprende nuestro ser
la verdad de morir su muerte eterna.
Elías Nandino

"La dulzura es un descenso de violetas por el surco de un párpado".
"El amor perjudica seriamente la razón".
"Cambio un adjetivo por dos besos clandestinos".
"La soga es una corbata para valientes".
"No hay aristas en los ángulos de mi tristeza. "
"Bajo una cintura de tierra hay semillas de orfandad. "
"En los manuales del viento falta un índice de nubes."
"Bajo los pétalos de la noche acecha una apoteosis de violoncelos."
"Mi nacimiento fue el primer paso de una pérdida. "
"Hay un hospicio de tinta para acentos perdidos. "
"La prórroga es el paréntesis de la paciencia."
"Para mis campanas quiero un presagio de nieve; para mi camino un salario de relámpagos. "
José Antonio Conde

Yo no Jane, yo mujer con labios que ya han hecho maletas.
Tu dejar sueños sin código pin y con anemia,
tu convertir cama mía en cementerio de Kleenex,
tu tener corazón de sintasol que "Autoridades Sanitarias advierten,
perjudica seriamente mi salud"...
Yo no buscar más en libro de instrucciones entenderte
yo no dejar tu fabriques con mi piel más regresos,
yo poner cero en cuenta kilómetros de corazón
y tirar nombre tuyo por desagüe.
Yo no Jane, yo mujer uñas mordidas
yo mujer al borde de tu ausencia,
en esta noche triste, como una escalera mecánica.
Olga López Portela

La muchacha dorada
se bañaba en el agua
y el agua se doraba.
Las algas y las ramas
en sombra la asombraban
y el ruiseñor cantaba
por la muchacha blanca.
Vino la noche clara,
turbia de plata mata,
con peladas montañas
bajo la brisa parda.
La muchacha mojada
era blanca en el agua,
y el agua, llamarada.
Vino el alba sin mancha,
con mil caras de vaca,
yerta y amortajada
con heladas guirnaldas.
La muchacha de lágrimas
se bañaba entre llamas,
y el ruiseñor lloraba
con las alas quemadas.
La muchacha dorada
era una blanca garza
y el agua la doraba.
Federico García Lorca

Amor, mi corazón anhela noche y día estar contigo;
El encuentro, como la muerte,
todo lo devora.
Arrebátame como una tormenta;
llévate todo lo que poseo;
penetra en mi mente dormida
y roba mis sueños…
Prívame de mi mundo.
Seamos uno en la belleza,
en la devastación,
en la desnudez profunda del espíritu.
( R. Tagore )

Soñé la muerte y era muy sencillo;
Una hebra de seda me envolvía,
Y a cada beso tuyo,
Con una vuelta menos me ceñía
Y cada beso tuyo
Era un día;
Y el tiempo que mediaba entre dos besos
Una noche. La muerte era muy sencilla.
Y poco a poco fue desenvolviéndose
La hebra fatal. Ya no la retenía
Sino por sólo un cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría
Y ya no me besaste...
Y solté el cabo, y se me fue la vida
Leopoldo Lugones

Bajo un vasto cielo gris, en una gran llanura polvorienta, sin sendas, sin hierva,sin cardos sin ortigas, encontré varios hombres que andaban encorvados.
Cada uno llevaba sobre su espalda una enorme quimera,tan pesada como saco de harina o carbón, o el correaje de un infante romano.
Pero la monstruosa bestia no era peso inerte; por el contrario, envolvía y oprimía al hombre con sus músculos elásticos y poderosos; se agarraba con sus dedos vastas garras al pecho de su montura, y su cabeza fabulosa superaba la frente del hombre, como aquellos cascos horribles con los que antiguos guerreros
esperaban provocar más terror en el enemigo.
Interrogue a uno a dónde iban así. Repuso que no sabían nada, ni él ni los otros, pero que evidentemente iban hacia alguna parte, pues estaban impelidos por una necesidad de caminar.
Curiosa anotación: ninguno de los viajeros tenía aire de estar irritado contra la bestia feroz, colgada de su cuello y pegada a su espalda; se diría que la consideraban parte de sí mismos. Estos rostros cansados y serios no testimoniaban ninguna desesperación; bajo la tediosa cúpula del cielo, los pies hundidos en el polvo de una tierra tan desolada como este cielo, caminaban con el aspecto resignado a quien está condenado a esperar siempre.
Y el cortejo pasó junto a mí y se hundio en el atmósfera del horizonte, por el sitio donde la superficie redondeada del planeta se oculta a la curiosidad de la mirada humana.
Por instantes me obstiné en comprender este misterio, pero pronto la irresistible indiferencia se apodero de mí, y fui abrumado con más peso que ellos mismos con sus quimeras aplastantes.
Charles Baudelaire

He aquí que tú estás sola y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.
Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.
Jaime Sabines

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.
El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.
Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.
Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.
Federico García Lorca

Yo muero extrañamente... no me mata la vida,
no me mata la muerte, no me mata el amor;
muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevásteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?
¡Cumbre de los martirios...! ¡llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas como un diente feroz!
Pero arrancarla un día en una flor que abriera
¡milagrosa, inolvidable!... ¡Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!
Delmira Agustini

No es que muera de amor, muero de ti.
muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que me faltas,
en la calle donde mi abrazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triangulos obscuros e incesantes.
Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
Jaime Sabines
Todo a mí alrededor son caras conocidas
sitios gastados, caras gastadas.
Listas y despiertas para sus carreras diarias
hacia ningún sitio, hacia ningún sitio.
Sus lágrimas empañan las gafas
inexpresivas, inexpresivas.
Oculto mi cabeza, quiero ahogarme en mi pena
no hay mañana, no hay mañana.
En cierto modo resulta divertido, en cierto modo triste.
Los sueños en los que agonizo son los mejores que he tenido.
Resulta duro de decir, duro de aceptar
cuando la gente camina en círculos.
Es un mundo desquiciado.
Niños esperando el día en que se sentirán bien
Feliz cumpleaños, feliz cumpleaños
Programados para sentir en el modo en que deberían
Siéntate y escucha, siéntate y escucha.
En el colegio estaba muy nervioso
Nadie me conocía, nadie me conocía.
Maestro dime cual es mi lección
mira a través de mi, mira a través de mi.
En cierto modo resulta divertido, en cierto modo triste.
Los sueños en los que agonizo son los mejores que he tenido.
Resulta duro de decir, duro de aceptar
cuando la gente camina en círculos.
Es un mundo desquiciado.
Amplia tu mundo.
Mundo loco.

Es cangrejo porque se vuelve atrás de sus mismas opiniones francamente: abeja en el chupar: reptil en el serpentear: mimbre en lo flexible. aire en el colarse: agua en seguir la corriente: espino en el agarrarse a todo: aguja imantada en girar siempre hacia su norte: girasol en mirar al que alumbra: muy buen cristiano en no votar: y asemejarse, en fin, por lo mismo al camello en poder pasar largos días de abstinencia; así es que en la votación más decidida álzase el ministerial y exclama: Me abstengo: pero como aquel animal, sin perjuicio de desquitarse de la larga abstinencia a la primera ocasión.
Mariano José de Larra

Caía la lluvia, el viento zarandeaba los árboles deshojados, y de tiempos pasados viene una imagen, la de un hombre alto y delgado, viejo, ahora que está más cerca, por un camino inundado. Trae un callado al hombro, un gabán embarrado y antiguo, y por él se deslizan todas las aguas del cielo. Delante vienen los cerdos, con la cabeza baja, rozando el suelo con el hocico. El hombre que así se aproxima, difuso entre las cuerdas de lluvia, es mi abuelo. Viene cansado, el viejo. Arrastra consigo setenta años de vida difícil, de privaciones, de ignorancia. Y no obstante es un hombre sabio, callado, que sólo abre la boca para decir lo indispensable. Habla tan poco que todos nos callamos para oírlo cuando en el rostro se le enciende algo así como una luz de aviso. Tiene una manera extraña de mirar a lo lejos, incluso siendo ese lejos la pared de enfrente. Su cara parece haber sido tallada con una azuela, fija aunque expresiva, y los ojos pequeños y agudos, brillan de vez en cuando como si algo que estuviera pensando hubiera sido definitivamente comprendido. Es un hombre como tantos otros en esta tierra, en este mundo, tal vez un Einstein aplastado bajo una montaña de imposibles, un filósofo, un gran escritor analfabeto. Algo que no podrá ser nunca.
(...) Pero la imagen que no me abandona en esta hora de melancolía es la del viejo que avanza bajo la lluvia, obstinado, silencioso, como quien cumple un destino que no podrá modificar.
José Saramago

León Felipe

Soy el que sabe que no es menos vano
Que el vano observador que en el espejo
De silencio y cristal sigue el reflejo
O el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe
Que no hay otra venganza que el olvido
Ni otro perdón. Un dios ha concedido
Al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos
De errar, no ha descifrado el laberinto
Singular y plural, arduo y distinto,
Del tiempo, que es de uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
En la guerra. Soy eco, olvido, nada.
Borges

Florecer desan ellas
y florecer es mostrar la propia hermosura
Madurar queremos nosotros
y eso es ser algo sin to oscuro
y esforzarte sin tregua.
Rilke

Entró y se inclinó hasta besarla
Porque de ella recibía la fuerza.
(La mujer lo miraba sin respuesta.)
Había un espejo humedecido
Que imitaba la vida vagamente.
Se apretó la corbata,
El corazón,
Sorbió un café desvanecido y turbio,
Explicó sus proyectos
Para hoy,
Sus sueños para ayer y sus deseos
Para nunca jamás.
(Ella lo contemplaba silenciosa.)
Habló de nuevo. Recordó la lucha
De tantos días y el amor
Pasado. La vida es algo inesperado,
Dijo. (Más frágiles que nunca las palabras.)
Al fin calló con el silencio de ella,
Se acercó hasta sus labios
Y lloró simplemente sobre aquellos
Labios ya para siempre sin respuesta.
José Ángel Valente

Ni un beso... ni siquiera una sonrisa
he de pedirte yo.
Con la dicha de un beso de tus labios
no ha soñado jamás mi corazón.
¿Sabes tú lo que quiero, lo que ansío
en mi amoroso afán?
Sólo besar el aire embalsamado
que con tus alas te besó al pasar
Alphonse Lamartine

Mi callada nostalgia se agigantó una tarde
cuando el azul del cielo se perdía entre las nubes;
se observaba borrosa la silueta de un sueño
que acarició placeres de una niña infinita.
Tus besos encendían el origen ameno
de una palabra incauta que el viento hizo pedazos;
luego fueron cayendo los débiles momentos,
que iban esfumando la ausencia de una pena.
Se suspende el crepúsculo en medio de la tarde,
se arrastra la alborada buscando la mañana,
la mañana de ausencia, de enrojecidos sueños,
que se desvanecieron al saberte lejana.
Y mi mundo amanece como todas las veces.
Ya el cielo desnuda su cuerpo azulado,
cuando tristemente se aleja lo ameno
y el dolor eleva su grito triunfal.
Cae una palabra como una hoja seca,
que el viento a empujones destroza a su antojo.
Se va una sonrisa con semblante ausente
y crece la inocencia que anida en mi alma.
Mis manos se hacen nudos, impacientes, sedientas;
extrañan el camino que formaba tu cuerpo.
Más que mías eran tuyas de tanto conocerlas,
porque tú las sentías más que a tu propia piel.
En los brazos del viento descansan mis palabras,
en la sonrisa tibia de un lento atardecer,
en el perfume húmedo de rosas bailarinas,
en el enjambre inquieto del beso de un adiós.
Te presentí tan cerca, silenciosa y ausente,
y luego tan distante con tu furioso encanto.
Soy un astro sin brillo, inútil en su empeño;
fuiste avasalladora como una gran tormenta.
Mi penar se refleja cuando te estoy pensando,
y me apresuro a veces para ser siempre el mismo.
Me adelanto en mi furia, mas siempre estoy inmóvil
en un silencio frío tristemente salvaje.
Cuando vertí en tu cuerpo mis caricias volcánicas,
quede henchido de ti, como tarde soleada.
Después de iluminar como un rayo en la noche,
dejas que las tinieblas ahora cubran mi alma.
Francisco Santana.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Julio Cortazar
Gracias, amor, de nuevo tu criatura 
A veces
por supuesto
usted sonríe
y no importa lo linda
o lo fea
lo vieja
o lo joven
lo mucho
o lo poco
que usted realmente
sea
sonríe
cual si fuese
una revelación
y su sonrisa anula
todas las anteriores
caducan al instante
sus rostros como máscaras
sus ojos duros
frágiles
como espejos en óvalo
su boca de morder
su mentón de capricho
sus pómulos fragantes
sus párpados
su miedo
sonríe
y usted nace
asume el mundo
mira
sin mirar
indefensa
desnuda
transparente
y a lo mejor
si la sonrisa viene
de muy
de muy adentro
usted puede llorar
sencillamente
sin desgarrarse
sin desesperarse
sin convocar la muerte
ni sentirse vacía
llorar
sólo llorar
entonces su sonrisa
si todavía existe
se vuelve un arco iris.
Benedetti

Autor imagen: CoccaOn
Yo no lo sé de cierto
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio.
Como se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo)
Jaime sabines

Esto de la humildad es también un truco, una manera de conseguir una posición segura. Al que se rebaja, ya no hay manera de rebajarle. La humildad tiene una fuerza terrible
José Luis Sampedro

Encantadora mía, ten dulzura, dulzura...
calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional;
la amante, a veces, debe tener una hora pura
y amarnos con un suave cariño fraternal.
Sé lánguida, acaricia con tu mano mimosa;
yo prefiero al espasmo de la hora violenta
el suspiro y la ingenua mirada luminosa
y una boca que me sepa besar aunque me mienta.
Dices que se desborda tu loco corazón
y que grita en tu sangre la más loca pasión;
deja que clarinee la fiera voluptuosa.
En mi pecho reclina tu cabeza galana;
júrame dulces cosas que olvidarás mañana
Y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.
Paul Verlaine

Sólo yo lo sabía,
y la noche
lo sabía en silencio,
pero estabas de siempre en el alma
que acaricia los sueños.
Sólo yo lo sabía,
y el aire
lo sabía en sus dedos,
pero estabas por siempre dormido
en las alas del tiempo.
Sólo yo lo sabía,
del agua
lo sabía el reflejo,
pero estabas de siempre en las fuentes
de los cántaros llenos.
Sólo yo lo sabía,
y el campo
lo sabía en su seno,
pero estabas por siempre florido
en la flor del espliego.
Sólo yo lo sabía,
y el alma
lo sabía en secreto,
pues estabas de siempre en la vida
que latía en su centro.
(Antonia Álvarez)

No hay otra verdad que el dolor; no hay otra realidad que el sufrimiento; dolor y sufrimiento en toda gota de agua, toda hoja de hierba, en cada sonido de voz viviente, en sueño y vigilia, en vida, antes de la vida y tal vez después de la muerte.
Ivo Andric

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabé la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones...
Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.
Silvio Rodríguez

Cuando el amor te llame, síguelo.
Aunque su camino sea arduo y penoso.
Y cuando sus alas te envuelven, entrégate.
Aunque la espada, entre ellas disimula, te lastimara.
Y cuando te hable, cree en él.
Aunque su voz desgarre tus sueños,
como el viento del norte agosta el jardín.
Porque así como el amor te enaltece, así te crucifica.
Así como te acrece, así te poda.
Así como te eleva a lo más alto,
y acaricia tus ramas más tiernas,
que palpitan bajo el sol,
así descenderá hasta tus raíces
y las conmoverá en un abrazo con la tierra.
Todo esto hará el amor en ti,
para que puedas entender los secretos de tu corazón.
Y convertirte, por ese entendimiento,
en un fragmento del corazón de la vida.
Kalhil Gibran

Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre
La cama
Me da tanta pena
Mi mujer
Ella verá este
Cuerpo
Blanco
Rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás
Otra:
<Hank>
Hank no
Responderá.
No es mi muerte lo que
Me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este
Montón de
Nada.
Quiero que
Sepa
Sin embargo
Que todas las noches
Que he dormido a su lado
Incluso las discusiones
Más inútiles
Siempre fueron
Algo espléndido
Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
Decir
Pueden decirse
Ahora:
Te amo.
Bukowski

En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eras mía, eres mía, mujer de labios dulces
y viven en tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios,
oh segadora de mi canción de atardecer,
cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.
Rabindranath tagore

Nunca te quejes de nadie, ni de nada
porque fundamentalmente tu has hecho
lo que querías en tu vida.
Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo
y el valor de empezar corrigiendote.
El triunfo del verdadero hombre surge
de las cenizas de su error.
Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte,
enfréntala con valor y aceptala.
De una manera u otra es el resultado de tus actos
No te amargues de tu propio fracaso
ni se lo cargues a otro, acéptate ahora...
Recuerda que cualquier momento es bueno
para comenzar y que ninguno es tan terrible
para claudicar.
No olvides que la causa de tu presente es tu pasado
así como la causa de tu futuro será tu presente...
Aprende a nacer desde el dolor
y a ser mas grande
que el mas grande de los obstaculos...
Tu mismo eres tu destino.
Levántate y mira el sol por las mañanas
y respira la luz del amanecer.
Tu eres parte de la fuerza de tu vida,
decídete y triunfaras en la vida:
nunca pienses en la suerte,
porque la suerte es:
"el pretexto de los fracasados"
Pablo Neruda

Quisiera ser convexo
Para tu mano cóncava,
Y como un tronco hueco
Para acogerte en mi regazo
Y darte sombra y sueño.
Suave y horizontal e interminable
Para la huella alterna y presurosa
De tu pie izquierdo
Y de tu pie derecho.
La de todas las formas
Como agua, siempre a gusto, en cualquier vaso,
Siempre abrazándote por dentro.
Y también como vaso
Para abrazar por fuera al mismo tiempo.
Como el agua hecha vaso
Tu confín -dentro y fuera- siempre exacto.
Gerardo Diego

Pequeña rosa, rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece que en una mano mía cabes,
que así voy a cercarte y a llevarte a mi boca,
pero de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.
Neruda
" Si me está negado el amor, ¿por qué, entonces, amanece; 
Yo muero extrañamente... no me mata la vida,
no me mata la muerte, no me mata el amor;
muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevásteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?
¡Cumbre de los martirios...! ¡llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas como un diente feroz!
Pero arrancarla un día en una flor que abriera
¡milagrosa, inolvidable!... ¡Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!
Delmira Agustini

Ella daba dos pasos hacia delante
Daba dos pasos hacia atrás
El primer paso decía buenos días señor
El segundo paso decía buenos días señora
Y los otros decían cómo está la familia
Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo
Ella llevaba una camisa ardiente
Ella tenía ojos de adormecedora de mares
Ella había escondido un sueño en un armario oscuro
Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza
Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla
Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
Era hermosa como un cielo bajo una paloma
Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas
El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
Antes que el viento norte abra sus ojos
Era hermosa en sus horizontes de huesos
Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
Como el cielo a caballo sobre las palomas
Vicente Huidobro

Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche
lejano, un eco vago, un ligero rüido...
En los instantes del silencio misterioso,
cuando surgen de su prisión los olvidados,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo,
sabréis leer estos versos de amargor impregnados...
Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.
y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
la pérdida del reino que estaba para mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!
Todo esto viene en medio del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
que penetra y conmueve mi propio corazón.
Rubén Darío
"Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén" Miguel de Cervantes: Don Quijote de la Mancha


Ha pasado mucha agua bajo los puentes
y enormes cantidades de sangre
Pero a los pies del amor
corre un gran arroyo blanco
Y en los jardines de la luna
en los que cada día se celebra tu fiesta
ese arroyo canta mientras duerme
Y esa luna es mi cabeza
donde gira un enorme sol azul
Y ese sol son tus ojos
Jacques prévert

Anda, date a volar, hazte una abeja,
En el jardín florecen amapolas,
Y el néctar fino colma las corolas;
Mañana el alma tuya estará vieja.
Anda, suelta a volar, hazte paloma,
Recorre el bosque y picotea granos,
Come migajas en distintas manos
La pulpa muerde de fragante poma.
Anda, date a volar, sé golondrina,
Busca la playa de los soles de oro,
Gusta la primavera y su tesoro,
La primavera es única y divina.
Mueres de sed: no he de oprimirte tanto...
Anda, camina por el mundo, sabe;
Dispuesta sobre el mar está tu nave:
Date a bogar hacia el mejor encanto.
Corre, camina más, es poco aquéllo...
Aún quedan cosas que tu mano anhela,
Corre, camina, gira, sube y vuela:
Gústalo todo porque todo es bello.
Echa a volar... mi amor no te detiene,
¡Cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo!
Llore mi vida... el corazón se apene...
Date a volar, Amor, yo te comprendo.
Callada el alma... el corazón partido,
Suelto tus alas... ve... pero te espero.
¿Cómo traerás el corazón, viajero?
Tendré piedad de un corazón vencido.
Para que tanta sed bebiendo cures
Hay numerosas sendas para tí...
Pero se hace la noche; no te apures...
Todas traen a mí...
Alfonsina Storni

Más allá del pecado,
indecible, te adoro,
y al buscar mis palabras
sólo encuentro unos besos.
En el pecho, en la nuca,
te quiero.
En el cáliz secreto,
te quiero.
donde tu vientre es combo,
fugitiva tu espalda,
oloroso tu cuerpo,
te quiero.
Gabriel Celaya

Esta sencilla carta
que no verán tus ojos ausentes y morenos,
ese mínimo saldo de la vida
la escribo porque el alma me reclama
que la deje vivir de tu recuerdo.
Porque mi sangre no aprendió a olvidarte,
porque tú me acompañas en el tiempo,
porque fuiste lo simple, lo callado,
lo dulce, lo pequeño,
que nos deja sentirnos algo buenos...
Escribirle a la novia de la infancia,
es ponerle "balaca" al pensamiento.
Es ignorar la palabra ortografía
que sin "s" no admite pensamiento.
Es situar en el clima de unos labios
todo el rubor que encienden los cerezos.
Es recordar dos ojos infantiles
en donde estaba repetido el cielo.
Es volver a vivir sencillamente,
es encontrarse elemental y bueno,
es fechar una carta desde el alma,
y de estampilla colocarle un beso.

Cuando a su nido vuela el ave pasajera
A quien amparo disteis, abrigo y amistad
Es justo que os dirija su cántiga postrera,
Antes que triste deje, vuestra natal ciudad.
Al pájaro viajero que abandonó su nido
Le disteis un abrigo, calmando su inquietud;
¡Oh! tantos beneficios, jamás daré al olvido
durable cual mi vida será mi gratitud.
En prueba de ella os dejo lo que dejaros puedo,
Mis versos, siempre tristes, pero los dejo así;
Porque pienso, a veces que entre sus letras quedo,
Porque al leerlos creo que os acordáis de mí.
Voy, pues, a referiros una sencilla historia,
Que en mi alma desolada, honda impresión dejó;
Me la contaron... ¿Dónde?... es frágil mi memoria...
Acaso el héroe de ella... o bien, la soñé yo.
Era una linda rosa, brillante enredadera,
Tan pura, tan graciosa, espléndida y gentil.
Que era el mejor adorno de la feliz pradera,
La joya más valiosa del floreciente abril.
Al pie de ella crecía un pobre pensamiento,
Pequeño, solitario, sin gracia ni color;
Pero miró a la rosa y respiró su aliento
Y concibió por ella el más profundo amor.
Mirando a su querida pasaba noche y día.
Mil veces ¡ay! le quiso su pena declarar;
Pero tan lejos siempre, tan lejos la veía,
Que devoraba a solas su pena y su pesar.
A veces le mandaba sus tímidos olores,
Pensando que llegaba hasta su amada flor;
Pero la brisa, al columpiar las flores,
Llevábase muy lejos la pena de su amor.
El pobre pensamiento mil lágrimas vertía,
Desoladoras lágrimas, de acíbar y de hiel,
Mientras la joven rosa, sin ver a otras crecía,
Y mientras más crecía, más se alejaba de él.
Llega un jazmín en tanto a la pradera bella,
También él a la rosa al punto que la vio;
Pero él fue mas dichoso, pudo llegar hasta ella,
Le declaró su pena, y al fin la rosa amó...
¿Comprenderéis ahora al pobre pensamiento,
Al ver correspondido a su feliz rival?
¿No comprendéis su horrible, su bárbaro tormento
Al verse condenado a suerte tan fatal?
Después lo transplantaron; vivió en otras praderas
Indiferiencia, olvido y hasta placer fingió:
Miraba flores lindas, brillantes y hechiceras,
Pero su amor constante y fiel compareció.
Por fin una mañana, estando muy distante,
El céfiro contóle las bodas del jazmín;
Él escuchó sonriente, y ciego y delirante,
loco placer fingiendo, creyó olvidar al fin.
Pero al siguiente día con lágrimas le vieron
las flores, e ignorando su oculto padecer,
«Tú lloras, pensamiento, tú lloras», le dijeron:
«No es nada, contestóles, es llanto de placer».
...................................................
Ved la sencilla historia que os ofrecí contaros,
acaso os entristezca pero la dejo así;
adiós, adiós, ya parto; me atrevo a suplicaros
que la leáis a solas y os acordéis de mí.
Manuel Acuña

Te quiero porque tienes las partes de la mujer
en el lugar preciso
y estás completa. No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.
Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras hojas.
Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya
que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.
Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.
¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.
Recoge mi cabeza. Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.
Jaime Sabines

Polvo de oro en tus manos fue mi melancolía;
sobre tus manos largas desparramé mi vida;
mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;
ahora soy un ánfora, de perfume vacia.
Cuánta dulce tortura quietamente sufrida,
cuando, picada el alma de tristeza sombría,
sabedora de engaños, me pasaba los días
besando las dos manos que me ajaban la vida.
Alfonsina Storini

¿Por qué, dime, bien mío, las rosas
tan pálidas yacen?
¿Por qué están en su césped tan muertas
las violas azules?... ¿Lo sabes?
¿Por qué, dime, tan flébil gorjea
la alondra en el aire?
¿Por qué exhalan balsámicas yerbas
hedor de cadáver?
¿Por qué llega tan torvo y sombrío
el sol a los valles?
¿Por qué, dime, se extiende la tierra,
cual sepulcro, tan parda y salvaje?
¿Por qué yazgo tan triste y enfermo
yo propio?... ¿Lo sabes?
¿Por qué, aliento vital de mi alma,
por qué me dejaste?
Enrique Heine

¿Por qué estás silenciosa? ¿acaso es tu amor
Una planta tan deleznable y pequeña,
Que el simple aire de la ausencia lo marchita?
Escucha gemir la voz en mi garganta:
Yo te he servido como a regia Infanta.
Soy mendigo que amores solicita,
¡Oh limosna de amor! piensa
Que sin tu amor mi vida se quebranta.
¡Háblame! no hay tormento peor que la duda:
Si mi amoroso pecho te ha perdido
¿No te conmueve esta triste imagen?.
¡No permanezcas a mis ruegos muda!
Que estoy más desolado que, en su nido,
El ave a la que blanca nieve cubre.
WiLLiaM WoRDSWoRTH

Tú has de volver a mí ¿cuándo?
¡Quién sabe?
Pero, has de retornar ¡lo he presentido!
Tú volverás a mí, cual vuelve el ave
tras larga ausencia al suspirado nido.
Retornarás, cual la abatida nave
regresa al puerto que juzgó perdido;
y encontrarás una sonrisa suave
y el fuego de mi amor siempre encendido.
Te aguardaré paciente en el sendero,
desde la aurora hasta el fulgor postrero
del astro rey. Y cuando Febo vierta
su luz de plata, encenderé mi cirio;
para aguardar con férvido delirio,
que amante vuelvas a tocar mi puerta.
Abelardo Barrera Osorio

largamente he permanecido mirando mis largas piernas,
con ternura infinita y curiosa, con mi acostumbrada pasión,
como si hubieran sido las piernas de una mujer "divina"
profundamente sumida en el abismo de mi tórax:
y es que, la verdad, cuando el tiempo, el tiempo pasa,
sobre la tierra, sobre el techo, sobre mi impura cabeza,
y pasa, el tiempo pasa, y en mi lecho no siento de noche que una
[mujer está respirando, durmiendo desnuda y a mi lado,
entonces, extrañas, oscuras cosas toman el lugar de la ausente,
viciosos, melancólicos pensamientos
siembran pesadas posibilidades en mi dormitorio,
y así, pues, miro mis piernas como si pertenecieran a otro cuerpo,
y fuerte y dulcemente estuvieran pegadas a mis entrañas.
Como tallos o femeninas, adorables cosas,
desde las rodillas suben, cilíndricas y espesas,
con turbado y compacto material de existencia;
como brutales, gruesos brazos de diosa,
como árboles monstruosamente vestidos de seres humanos,
como fatales, inmensos labios sedientos y tranquilos,
son allí la mejor parte de mi cuerpo:
lo enteramente sustancial, sin complicado contenido
de sentidos o tráqueas o intestinos o ganglios:
nada, sino lo puro, lo dulce y espeso de mi propia vida,
guardando la vida, sin embargo, de una manera completa.
Las gentes cruzan el mundo en la actualidad
sin apenas recordar que poseen un cuerpo y en él la vida,
y hay miedo, hay miedo en el mundo de las palabras que designan el cuerpo,
y se habla favorablemente de la ropa,
de pantalones es posible hablar, de trajes,
y de ropa interior de mujer (de medias y ligas de "señora"),
como si por las calles fueran las prendas y los trajes vacíos por completo
y un oscuro y obsceno guardarropas ocupara el mundo.
Tienen existencia los trajes, color, forma, designio,
y profundo lugar en nuestros mitos, demasiado lugar,
demasiados muebles y demasiadas habitaciones hay en el mundo,
y mi cuerpo vive entre y bajo tantas cosas abatido,
con un pensamiento fijo de esclavitud y de cadenas.
Bueno, mis rodillas, como nudos,
particulares, funcionarios, evidentes,
separan las mitades de mis piernas en forma seca:
y en realidad dos mundos diferentes, dos sexos diferentes
no son tan diferentes como las dos mitades de mis piernas.
Desde la rodilla hasta el pie una forma dura,
mineral, fríamente útil, aparece,
una criatura de hueso y persistencia,
y los tobillos no son ya sino el propósito desnudo,
la exactitud y lo necesario dispuestos en definitiva.
Sin sensualidad, cortas y duras, y masculinas,
son allí mis piernas, y dotadas
de grupos musculares como animales complementarios,
y allí también una vida, una sólida, sutil, aguda vida
sin temblar permanece, aguardando y actuando.
En mis pies cosquillosos,
y duros como el sol, y abiertos como flores,
y perpetuos, magníficos soldados
en la guerra gris del espacio,
todo termina, la vida termina definitivamente en mis pies,
lo extranjero y lo hostil allí comienza:
los nombres del mundo, lo fronterizo y lo remoto,
lo sustantivo y lo adjetivo que no caben en mi corazón
con densa y fría constancia allí se originan.
Siempre,
productos manufacturados, medias, zapatos,
o simplemente aire infinito,
habrá entre mis pies y la tierra
extremando lo aislado y lo solitario de mi ser,
algo tenazmente supuesto entre mi vida y la tierra,
algo abiertamente invencible y enemigo.
Pablo Neruda

Y las escarchas
en ti lágrimas suaves, gota a gota,
destilaran los ojos de los astros,
que darme no supieron mejor suerte.
Al-Mu'tamid, rey y poeta

Junta botones de cristal en el lecho del océano.
Branquias de la mente laten en aguas insondables.
En el diccionario infinito descubre
dorados granos de arena. Cada uno tiene su gemelo
en alguna orilla del otro lado del mundo.
Ciego a lo que aún no necesita,
va a tientas sobre vidrio roto
a la única piedra que cabe en su palma.
Al abrir los ojos da a lo que contempla
el reconocimiento que ninguna mirada le había otorgado.
Se convierte en palabra.
Estremeciéndose, toma vuelo.
Denise Levertov

¡No me admiró tu olvido! Aunque de un día,
me admiró tu cariño mucho más;
porque lo que hay en mi que vale algo,
eso... ni lo pudiste sospechar.
Gustavo Adolfo Bécquer
Al separarse dos, que se han querido, Entre nosotros dos no hubo suspiros
ni hubo lágrimas...¡Ay!
Lágrimas y suspiros
reventaron después... ¡muy tarde ya!
Enrique Heine

He mordido manzanas y he besado tus labios.
Me he abrazado a los pinos olorosos y negros.
Hundí, inquieta, mis manos en el agua que corre.
He huroneado en la selva milenaria de cedros
que cruza la pradera como una serpie grave,
y he corrido por todos los pedrosos caminos
que ciñen como fajas la ventruda montaña.
¡Oh amado, no te irrites por mi inquietud sin tregua!
¡Oh amado, no me riñas porque cante y me ría!
Ha de llegar un día en que he de estarme quieta,
¡ay, por siempre, por siempre!
con las manos cruzadas y apagados los ojos;
con los oídos sordos y con la boca muda,
y los pies andariegos en reposo perpetuo
sobre la tierra negra.
¡Y estará roto el vaso de cristal de mi risa
En la grieta obstinada de mis labios cerrados!
Entonces, aunque digas: -¡Anda!, ya no andaré.
Y aunque me digas: -¡Canta!, no volveré a cantar.
Me iré desmenuzando en quietud y en silencio
bajo la tierra negra,
mientras encima mío se oirá zumbar la vida
como una abeja ebria.
¡Oh, déjame que guste el dulzor del momento
fugitivo e inquieto!
¡Oh, deja que la rosa desnuda de mi boca
se te oprima a los labios!
Después será ceniza sobre la tierra negra.
Juana de Ibarbourou
Unas pocas palabras en tu oído diría. 
Tómame de la mano. Vámonos a la lluvia
descalzos y ligeros de ropa, sin paraguas,
con el cabello al viento y el cuerpo a la caricia
oblicua, refrescante y menuda, del agua.
¡Que rían los vecinos! Puesto que somos jóvenes
y los dos nos amamos y nos gusta la lluvia,
vamos a ser felices con el gozo sencillo
de un casal de gorriones que en la vía se arrulla.
Más allá están los campos y el camino de acacias
y la quinta suntuosa de aquel pobre señor
millonario y obeso, que con todos sus oros,
no podría comprarnos ni un gramo del tesoro
inefable y supremo que nos ha dado Dios:
ser flexibles, ser jóvenes, estar llenos de amor

Anda, date a volar, hazte una abeja,
En el jardín florecen amapolas,
Y el néctar fino colma las corolas;
Mañana el alma tuya estará vieja.
Anda, suelta a volar, hazte paloma,
Recorre el bosque y picotea granos,
Come migajas en distintas manos
La pulpa muerde de fragante poma.
Anda, date a volar, sé golondrina,
Busca la playa de los soles de oro,
Gusta la primavera y su tesoro,
La primavera es única y divina.
Mueres de sed: no he de oprimirte tanto...
Anda, camina por el mundo, sabe;
Dispuesta sobre el mar está tu nave:
Date a bogar hacia el mejor encanto.
Corre, camina más, es poco aquéllo...
Aún quedan cosas que tu mano anhela,
Corre, camina, gira, sube y vuela:
Gústalo todo porque todo es bello.
Echa a volar... mi amor no te detiene,
¡Cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo!
Llore mi vida... el corazón se apene...
Date a volar, Amor, yo te comprendo.
Callada el alma... el corazón partido,
Suelto tus alas... ve... pero te espero.
¿Cómo traerás el corazón, viajero?
Tendré piedad de un corazón vencido.
Para que tanta sed bebiendo cures
Hay numerosas sendas para tí...
Pero se hace la noche; no te apures...
Todas traen a mí...
Alfonsina Storni
Inteligencia es nada, 
Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi amor: el
que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda: ¿quién en
verdad le amó?
Mi amor busca su semejanza en la promesa de las
miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja
la esperanza y en seguida la desprecia. Prevalece sin
tomar parte en ello.
Vivo en el fondo de él como un resto de felicidad.
Sin saberlo él, mi soledad es su tesoro. Es el gran meridiano
donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo vacía.
Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi
amor: el que quiera puede hablarle. Ya no se acuerda:
¿quién en verdad le amó y le ilumina de lejos para que
no caiga?
René Char

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.
Benedetti

La gran estupidez de la humanidad
consistió en considerar el amor como
una idea. El amor es un instinto.
Darle cerebro es afligirlo.
Godofredo de Alancar

¿Cómo te va la vida con otra?
Más fácil, ¿verdad? Golpe de remo. ¿Cuándo -¿pronto?- por un puente seguro se alejó de ti el recuerdo
de mí, una isla que flota?
En el cielo, no en el agua.) Almas. No amantes,
sino hermanas son nuestras almas.
¿Cómo te va junto a una simple mujer? ¿Sin divinidad alguna? Tras haber derrocado a tu reina (tú mismo privado del trono),
¿cómo vives?, ¿te preocupas?,
¿te enfadas? ¿Cómo estás allevantarte? Con ésa que te ha atado al cuello
su tributo inmortal, el tedio, ¿cómo te va,
pobrecito mío? «-Estoy harto de convulsiones, de dolor: voy a agenciarme un hogar.» ¿Cómo te va con cualquiera,
a ti, que fuiste elegido por mí?
¿Es la comida más comestible?
y si te cansa, mala suerte.
¿Cómo puedes vivir con un idolillo, tú, digno antes del Sinaí?
¿Cómo vives con ésa, tan distinta a nosotros? ¿Una extranjera, costilla de tu pecho?
¿ La vergüenza, ese azote de Zeus,
aún no te ha herido la frente?
¿Cómo te va la vida? ¿Estás sano? Y las musas, ¿te llaman aún a veces? Y la dicha,
¿se hace ver? ¿Alguna vez? ¿Y esa llaga inmortal -la conciencia- qué, mi pobre?
¿Cómo vives con un producto
del mercado? ¿Pesa mucho?
Tras el mármol de Carrara,
¿cómo te va con una prótesis de yeso?
Del mismo bloque tallamos a Dios, para romperIo acto seguido.
¿ Va bien una cienmilésima,
para ti, que conociste a Lilit?
¿ Estás ya harto de esa mercadería novedosa? Cansado de mi magia, ¿cómo te va con una mujer terrestre que carece .de sextos
sentidos?
Venga, con franqueza, ¿sois felices? ¿No? ¿Cómo se vive en un abismo sin profundidad amor mío? Cuesta, ¿verdad?¿Te cuesta tanto como a mí con otro?
Marina Tsvietáieva

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!
Federico García Lorca

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de vertetengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallartetengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírteo sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.Benedetti

Sonríes, seductora. Sí, esto
aterra mi corazón dentro del pecho,
pues tan pronto te miro un instante,
como ya me es imposible decir una palabra,
pues mi lengua se desmaya: en seguida,
un fuego sutil irrumpe bajo mi piel,
nada veo con mis ojos, zumban
mis oídos,
se me esparce el sudor, un escalofrío
me apresa toda, estoy más pálida
que la hierba y me parece que
falta poco para morir.
Pero todo hay que soportarlo, pues Amor
es así.
Safo

Desnúdenme tus manos lentamente
sobrenadando senos y caderas,
y desliza tus dedos diligente
entre botones, lazos, cremalleras.
Mira mis ojos y ábreme la blusa,
y descuelga los pechos prisioneros,
que mi deseo nada te rehusa,
y ellos son del deseo mensajeros.
Se abren a tí como dos rosas tiernas,
esperando la lengua en los pezones,
y percibo temblores en mis piernas,
y un aire abrasador en los pulmones.
No hay en mi ofrecimiento ambigüedades,
va a tí sin desvergüenza o timidez,
y aunque con tinte de frivolidades,
parece siempre la primera vez.
Besa con humedad mi boca hambrienta,
y haz que ambas lenguas jueguen en contacto,
no ha de haber nada a lo que no consienta ,
mía es la voluntad, tuyo es el acto.
En la espalda hay insólitos caminos
que mi mano jamás ha transitado,
y de tus dedos brotan remolinos
erizando la piel de mi costado.
En breve y delicada sacudida
mis hombros de la blusa se desprenden;
semidesnuda estoy, y enardecida,
y alzo los brazos, que hacia tí se extienden.
Detente brevemente en la cintura,
rodéame en caricias circulares,
y explora el resto de mi arquitectura,
con paso franco a todos mis lugares.
Cae la falda a los pies..., al fin desnuda...
Qué libertad e independencia siento.
No queda en mí vacilación ni duda,
sólo serenidad..., y atrevimiento.
Están mis ojos en tus ojos fijos,
y tus manos me arropan insistentes;
suaves contactos causan regocijos,
lentas fricciones llegan más frecuentes.
Aproxímate más, cúbreme entera,
encadéname a tí, y abre mi rosa,
dame un beso total, de tal manera
que resulte en fusión voluptuosa.
Quédate en pie y recibe el doble abrazo,
y al rodear tu cuerpo con mis piernas,
introduce tu furia de un zarpazo
anegando mis cámaras internas.
El ímpetu, el gemido y los sudores
me dirán que soy tuya y eres mío;
seremos mutuamente posesores,
como el cauce y las aguas en el río.
Francisco Álvarez

Te besaré en la punta de las pestañas y en los pezones,
te turbulentamente besaré, mi vergonzosa,
en esos muslos de individua blanca,
tocara esos pies para otro vuelo más aire
que ese aire felino de tu fragancia,
te dijera española mía, francesa mía,
inglesa, ragazza, nórdica boreal,
espuma de la diáspora del Génesis
¿Qué más te dijera por dentro?
¿Griega, mi egipcia, romana por el mármol?
¿Fenicia, cartaginesa, o loca,
Locamente andaluza en el arco de morir
con todos los pétalos abiertos,
tensa la cítara de Dios, en la danza del fornicio?
Te oyera aullar, te fuera mordiendo
hasta las últimas amapolas, mi posesa,
te todavía enloqueciera allí, en el frescor ciego,
te nadara en la inmensidad insaciable de la lascivia,
riera frenético el frenesí con tus dientes,
me arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo de otra pureza,
oyera cantar las esferas estallantes como pitágoras,
te lamiera, te olfateara como el león a su leona,
para el sol, fálicamente mía, ¡te amara!.
Gonzalo Rojas

"¡Ah de la vida!" ... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde,
la salud y la edad se hayan huído!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.
Francisco de Quevedo

A pié van mis suspiros
camino de mi bien.
Antes de que ellos lleguen
yo llegaré.
Mi corazón con alas
mis suspiros a pié.
Abierta ten la puerta
y abierta el alma ten.
Antes de que ellos lleguen
yo llegaré.
Mi corazón con alas
mis suspiros a pié
Antonio Gala

Encima
Que te caen encima
los días
y los hechos
y la lluvia viene
a buscarte
y yo sin paraguas
para el agua
y para los días
y para los hechos
y así llego a casa
siempre
empapado
de días, agua y hechos
que te caen encima.
Juan Maes

Nacisteis juntos y juntos para siempre.
Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días.
Sí; estaréis juntos aun en la memoria silenciosa de Dios.
Pero dejad que haya espacios en vuestra cercanía.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.
Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.
Llenaos el uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.
Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.
Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Las cuerdas de un laúd están solas aunque tiemblen con la misma música.
Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.
Y estad juntos, pero no demasiado juntos.
Porque los pilares del templo están aparte.
Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.
Khalil Gibrán

Amado señor mío no tengas miedo, no te muevas, permanece en silencio, nadie nos verá.
Sigue así, quiero mirarte, yo te he mirado mucho, pero no eras para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros, y yo quiero mirarte, nunca te he visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos, y acaríciate, te lo ruego.
No abras los ojos si te es posible, y acaríciate, son tan hermosas tus manos, he soñado con ellas tantas veces, ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, te lo ruego, continúa, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate, amado señor mío, acaricia tu sexo, te lo ruego, despacio.
Es hermosa tu mano en tu sexo, no te detengas, a mí me gusta mirarla y mirarte, amado señor mío, no abras lo ojos, todavía no, no debes tener miedo, estoy cerca de ti, ¿me sientes?, estoy aquí, te puedo rozar, esto es seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel.
Tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, de repente sentirás el calor de mis labios sobre ti, no puedes saber donde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de repente.
Tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las pestañas, sentirás entrar el calor en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea en tu sexo, apoyaré mis labios, allá abajo, y los abriré bajando poco a poco.
Dejaré que tu sexo entreabra mi boca, entrando entre mis labios y empujando mi lengua, mi saliva descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo.
Hasta que al final te bese en el corazón, porque te deseo, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te deseo, y con el corazón entre mis labios tú serás mío de verdad, con mi boca en el corazón tú serás mío para siempre, si no me crees abre los ojos, amado señor mñio, y mírame, soy yo, quién podrá borrar este instante que sucede, y este cuerpo mío ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran.
Tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que te deslizas debajo de mí, aferras mis caderas, me levantas, dejas que me deslice sobre tu sexo, despacio,quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote lentamente, tus manos en mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves lentamente pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz.
Mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me alza, tus brazos que no dejan que me marche, los golpes dentro de mí, es violencia dulce, veo tus ojos que buscan en los míos, quieren saber hasta donde hacerme daño, hasta donde quieras, amado señor mío, no hay final, no acabará, ¿lo ves?, nadie podrá borrar este instante que sucede, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos separando las lágrimas de mis pestañas, mi voz dentro de la tuya, tu violencia que me tiene aferrada, no queda ya tiempo para huir ni fuerza para resistirse, tenía que ser este instante, y este instante es, céeme, amado señor mío, este instante existirá, de ahora en adelante, existirá hasta el final.
Alessandro Baricco "Seda"
Mi tierra?¿Mi gente?
Mi gente eres tú.
¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?
Luis Cernuda

"El amor no busca contentarse a sí mismo
ni tiene por sí mismo cuidado alguno,
sino que a otro da su paz
y construye un cielo en la desesperación del infierno"
Así cantaba un pequeño terrón de arcilla
Que las patas del ganado habían pisado;
Mas un guijarro del arroyo
Murmuró estos versos justos:
"El amor busca tan sólo su propio placer,
Y somete a otro a su deleite,
Goza cuando otro pierde su paz,
Y un infierno construye a despecho del cielo"
William Blake

Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
"Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más."
¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma en mis libros, ni consuelo a la perdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.
Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
"No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más".
Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
"Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído...", y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.
La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra "Leonor", que yo me atreví a susurrar...
sí, susurré la palabra "Leonor" y un eco volvióla a nombrar.
Sólo eso y nada más.
Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
"Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!".
Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.
Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
"Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"
Dijo el cuervo: "Nunca más".
Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara "Nunca más".
Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: "Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará".
Dijo entonces :"Nunca más".
Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
"Sin duda - dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
"Nunca, nunca más".
Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir qué quería la funesta ave ancestral
al repetir: "Nunca más".
Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.
Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
"¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Dios estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".
"¡Profeta! -grité -, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algún bálsamo en Galaad!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".
"¡Profeta! -grité -, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Dios que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor , ahora entre ángeles, un día podré abrazar".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".
"¡Diablo alado, no hables más!", dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".
Y el impávido cuervo osado aún sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará...¡nunca más!.
Edgar Allan Poe

(...)Un puñado de hombres conquistó México. En la batalla final el emperador Moctezuma reunió un ejército de un millón de indios y fue derrotado por los 600 aventureros de Hernán Cortés. Es como si ahora mismo nosotros, los que estamos aquí, nos embarcáramos y en pocos meses conquistáramos el Congo o Irak.
Más sorprendente -y poco conocido- es que la mayoría de los conquistadores fueron muchachos, muchas veces más jóvenes que los estudiantes universitarios de hoy día. En cuadros o películas vemos a conquistadores viejos y con barba. Pero recordemos que en esa época la expectativa de vida era de cuarenta años. Era la juventud la que andaba suelta por América. Hay un personaje interesantísimo que se llama Vicencio de Baeza. Era un veterano combatiente. Fundó San Salvador, en América Central, y luego se destacó por sus proezas guerreras en Paraguay. Parece que la fama se le fue a la cabeza, porque allí conspiró contra el gobernador Diego de Mendieta. El Gobernador mandó a torturarlo y luego lo ejecutó. Lo interesante en este caso es que Vicencio sólo tenía 21 años de edad. La sorpresa mayor, sin embargo, es que el gobernador Mendieta tenía 18 años de edad. (...)
Luis López Nieves
Qué espléndida laguna es el silencio
Son tus labios un rubí
partido por gala en dos,
arrancado para ti
de la corona de un dios.
José de Espronceda

Quise una vez y para siempre
-yo la quería desde antaño-
a ésa mujer, en cuyos ojos
bebí mi júbilo y mi daño...
Quise una vez -nunca así quise
ni así querré, como así quiero-
a ésa mujer, en cuyo espíritu
fundí mi espíritu altanero.
Quise una vez y desde nunca
-ya la querré y hasta que muera-
a ésa mujer, en cuya boca
gusté -otoñal- la Primavera.
Quise una vez -nadie así quiso
ni así querrá, que es arduo empeño-
a ésa mujer, en cuyo cálido
regazo en flor ancló mi ensueño.
Quise una vez -jamás la olvide
vivo ni muerto- a ésa mujer,
en cuyo ser de maravilla
remorí para renacer...
Y ésa mujer se llama... Nadie,
nadie lo sepa -Ella sí y yo-.
Cuando yo muera, digas -sólo-
quién amará como él amó?
Leon Greiff

Si no fuera...
por los muros
que dificultan mi tránsito por la vida...
por las piedras
que me entorpecen el paso,
que me hacen ver el suelo, a veces, tan de cerca...
por ese dolor punzante que siento venir de mis huesos
................................-cosas de la edad y del oficio-
pensaría que no soy más que un fantasma,
una idea en las neuronas de algún alguien...
un cuerpo etéreo, soñado
una imagen adherida en los recuerdos
Pero ¡No!. ¡soy mucho más!, y los tropiezos
sirven para recordarme que aún vivo.
J.L. Dasilva

Santa Diana* Por Luis López Nieves | |
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