Cuentan las crónicas de la época que, la fama de cruel y despiadado del zar ruso Iván El Terrible y que le dio dicho sobrenombre comenzó a ganársela desde muy niño. Ya desde su infancia fue responsable de toda clase de crueldades y brutalidades, sobre todo con los animales. Cuentan que se divertía torturando brutalmente toda clase de animales, sobre todo aquellos domésticos que encontraba en el palacio. Cuentan además que uno de sus pasatiempos favoritos era arrojar perros desde los tejados del palacio real. Tras la muerte de su padre, y debido a la corta de edad de Iván El Terrible, se hizo cargo de la regencia y de su educación su madre. Pero en 1538 fue asesinada y el joven zar Iván quedó a merced de los boyardos, nobles rusos de la máxima jerarquía que se disputaban el poder. Finalmente, y con tan solo trece años el joven Iván se deshizo cruelmente de los boyardos y se rodeó de un grupo de fieles que le ayudaron a imponer su autoridad en toda Rusia, todo a pesar de su corta edad. Recogen las crónicas de la época como, la primera víctima de la política de Iván El Terrible de la que se tiene constancia fue el noble Andrei Chuiski. El asesinato se produjo en 1543, cuando el joven Iván tenía apenas trece años. Realmente el no lo cometió personalmente, sino que ordenó a su guardia personal que arrojaran a Andrei Chuiski a una jauría de perros hambrientos que al parecer la guardia real tenía en palacio para esos fines. Resulta que Andrei Chuiski era el jefe del clan boyardo de Moscú, el más importante de Rusia, el mismo que posiblemente ordenó el asesinato de la madre de Iván, y que desde entonces le había mantenido dominado.
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